Mes: agosto 2009

La vida es pura sensación- Introducción


 
 
                    LA VIDA ES PURA SENSACIÓN-INTRODUCCIÓN
 
     Esta novela la inicié hace algunos años, intentando ocupar mi mente en otra cosa que no fuera la trilogía de Omega. Me sentía bloqueado, la ciencia-ficción puede parecer un género sencillo pero es terriblemente complicado y difícil.
 
        La idea se me ocurrió al pensar que la vida del hombre moderno es una pura sensación, se buscan estímulos, cada vez más, cada vez más intensos, cada vez más absorbentes. No pensamos en otra cosa. Un poco de tiempo para conectarnos al ordenador, para ver la tv, para escuchar el mp3, para utilizar el móvil, para idear verdaderas canalladas, grabarlas y subirlas a Youtube.
 
          Partí de una idea muy sencilla. El futuro, planeta Tierra, el cambio climático, la contaminación, las epidemias que diezman a la población. Los gobiernos se necesitan cada vez más, se forma un gobierno planetario y se intenta salvar lo que se pueda. La población es muy pequeña, se crean cúpulas sobre las principales ciudades y se aislan del entorno. Al menos los recursos son suficientes para los escasos habitantes, el gobierno no quiere interferencias ni revoluciones ni nada que les desvie del camino. Para ello da panis et circensis, alimenta gratuitamente a la población y les da un circo mediático, les facilita una holovisión con infinitos canales interactivos donde cada cual puede encontrar su estímulo favorito.
 
     Con el tiempo la población se convierte en zombis que se pasan las horas muertas delante de la holovisión, sin salir de casa. Quedan los políticos, los cuerpos de seguridad, algún que otro ciudadano despistado, "no durmiente", y los grupos terroristas que pretenden dinamitar las cúpulas y hacer que la humanidad se enfrente a la realidad o perezca.
 
     Smythe es un joven que se aburre mortalmente patrullando la ciudad. Odia la holovisión y permanece despierto a cualquier precio. Nunca sucede nada, todo el mundo vegeta ante sus aparatos holovisivos, nadie se relaciona, la humanidad parece un cementerio.
 
      Así empieza la historia. Smythe comiéndose una hamburguesa de soja y unas patatas fritas de algas en su coche patrullero, eléctrico, unipersonal.  El ordenador de la ciudad hace su ronda de control y llaman a Alfa 2. Smythe contesta y reflexiona sobre la mierda de vida que le ha tocado vivir a su generación.
 
        Con esa idea tan simple comencé a trabajar, explicando lo sucedido, describiendo la ciudad, contando cómo funciona la holovisión y su poder hipnótico sobre personas sin esperanza y sin futuro. Algo tenía que suceder y se me ocurrió que Smythe detuviera a una terrorista, guapa y con mucha rabia en su cuerpo. Ella le convence de que escamotee la detención al ordenador y le permita convencerle de que es mucho mejor que la humanidad se enfrente a su apocalipsis que no permanezca hibernada en un cementerio durante siglos. Lo que ocurre a continuación aún no lo tengo muy claro. 
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LOS PEQUEÑOS HUMILLADOS I


    

 

 

 

LOS PEQUEÑOS HUMILLADOS-NOVELA

 

 

                    A MODO DE PROLOGO

 

 

Dicen que los ancianos recuerdan mejor sus años infantiles que lo sucedido ayer. Tal vez sea cierto o puede que no, en mi caso el regreso al pasado es una obligación moral para conmigo mismo, puesto que mirar hacia el futuro es un suicidio volver la vista hacia atrás es pura lógica de supervivencia.

 

Con lo visto tan cansada que hasta mirarme en el espejo me obliga a lagrimear, he tenido que renunciar a la lectura, la gran pasión de mi vida. Aburrido hasta el hastío, en una cutre residencia de ancianos, solo me queda la mente y sus milagrosas cualidades, como los deseos cumplidos por un genio liberado de la lámpara maravillosa.

 


Con mi memoria, ayudada a veces por sus pizpiretas damas de compañía –la fantasía o imaginación y la caprichosa lógica de un -he decidido trasladarme a mi infancia, de la misma forma que lo haría un viajero en el tiempo en cuerpo mortal, solo que invisible para su entorno, no del todo para el niño que fui siempre, convencido de tener a su alrededor una presencia invisible que identificaba con el ángel de la guarda, ignorante de la prodigiosa capacidad que tienen a veces las mentes de los ancianos.

 


Me he abrigado bien para el viaje, en el tiempo y luego de mucho pensarlo he decidido caer en el tranvía traqueteante que me llevaba por primera vez al colegio aparecer en el pasillo de un vagón no como caído del cielo sino más bien del futuro.


Hale-Hop, comienza la función.

 

 


                                      LIBRO I

 


                       EL FIN DE LA INFANCIA

 


                                       CAPITULO I

 

 

 


                               LLEGADA AL COLEGIO

 

 

Puedo ver a un niño sentado junto al gran cristal de la ventanilla de un tren mirando hacia el exterior en dirección a la marcha. El tren es un tranvía traqueteante y el niño soy yo, tengo diez años, he nacido un 23 de abril -precisamente el día del libro, también el día en que se recuerda al gran genio, a Cervantes, un excelente presagio que no se ha cumplido- de un año que no voy a mencionar por coquetería de anciano o más bien por cabezonería. Estamos en plena época franquista, una etapa de castigo para este país de nuestros dolores que ha recibido muchos castigos y los seguirá sufriendo por sus muchos pecados sin purgar.

 


Bajito, como todos en aquellos tiempos de hambre y miseria, puedo verme las patitas de alambre asomando debajo de mis pantaloncitos cortos. Es otoño o más bien quedan unos días para que empiece. Tal vez estamos en la primera quincena de septiembre. Torso de muñeco y cabeza grande –siempre la he tenido muy grande- siempre la he tenido demasiado grande- pero bien proporcionada, cabello ligeramente rubio (un engaño de la naturaleza puesto que en mi juventud tuve el pelo negro, y estropajoso y más tarde calvo y grisáceo) y una expresión angelical en el rostro, de la que entonces no era consciente. Ahora que puedo verme a gusto, contemplarme desde fuera, como si estuviera presenciando el rebullir de una vida que me es completamente ajena, debo confesar que comería  a besos a aquel niño. Casi todos los niños están dotados por la naturaleza de esas cualidades físicas que atraen inmediatamente la simpatía de los adultos; aún más, diría que los niños están hechos por la naturaleza para ser amados por los adultos y quien sea incapaz de amar a un niño debe buscar algún defecto en sus genes o en su corazón. En algunos casos excitan el canibalismo, a mí me pasa con frecuencia en presencia de un niño, no podía ser menos ante la imagen del niño que fui.

 


Mi nariz, o más bien la pequeña y chata nariz del niño que un día fui, permanecía pegada con fuerza al cristal de la inmensa ventanilla del tranvía que nos llevaba, adentrándose en la árida meseta castellana, hacia un destino que deseaba y temía al mismo tiempo; en él esperaba llegar a convertirme en adulto, un paso decisivo que impedía retroceder en el camino de la vida y que me daría las riendas de mi destino. Ser adulto era una posibilidad que ocupaba casi constantemente mi mente infantil, esta posibilidad la utilizaba como amuleto contra todas las desgracias que caían o imaginaban acabarían cayendo sobre mi cabeza, eran tantas que huía de pensar en ello.

 

Era consciente de que a los adultos también les ocurrían cosas malas, pero pensaba que al menos ellos tenían el poder de decidir por sí mismos aunque estuvieran equivocados –los niños siempre estábamos equivocados- y a su alrededor muchas personas tuviéramos que sufrir las consecuencias de sus errores. Por otro lado tenía miedo de abandonar para siempre el caparazón de tortuga que era mi imaginación infantil, la desbordante fantasía donde me refugiaba cuando la vida se convertía en un animal especialmente carnívoro; entonces ese duro caparazón era muy efectivo contra las afiladas garras y los temibles dientes de ese animal multiforme que siempre me estaba acechando para atacar al menor descuido.

 


Dejar el caparazón y enfrentarme sólo, con mis propias fuerzas, a esa sociedad de carnívoros  que era la vida –al menos así lo sentía yo entonces- me producía tal angustia que estoy convencido de no haber abandonado nunca completamente ese caparazón prodigioso, mágico, capaz de ayudarme a sobrevivir en las circunstancias más terribles.

                                                                                                                                                  

LOS PEQUEÑOS HUMILLADOS-INTRODUCCIÓN


 
 
                     
 
 
    LOS PEQUEÑOS HUMILLADOS
 
                            INTRODUCCIÓN
 
 
         Puede que el título tenga reminiscencias de Dostoievski. Su novela, Humillados y ofendidos, fue una lectura muy impactante en mi juventud. Siempre estuve muy interesado en novelas los recuerdos de mi infancia y adolescencia, lo intenté en varios formatos sin que me satisfaciera del todo el resultado. Este es el primero que intenté, en tercera persona y como una narración clásica. Creo que ha llegado el momento de intentar rematar la historia, aunque puede que luego me guste más el segundo formato, en primera persona, en forma de diario y con el título de "Aventuras y desventuras del pequeño Celemín".
 
               Mis años interno en aquel colegio fueron muy duros, al menos así los recuerda mi memoria. Lo más duro de todo fue la soledad, luego la disciplina estricta de aquellos años de la dictadura franquista, la década de los sesenta. Los estudios eran también duros pero a mí se me daba bien estudiar, gracias a ello conseguí una beca y pude permanecer en aquel colegio, muy por encima de las posibilidades económicas de mis padres. También hubo cosas muy buenas, el futbol, el deporte en general, los paseos por el campo, etc.  Tal vez lo más oscuro de aquellos años siga siendo para mí la represión, religiosa, ideológica, sexual y de todo tipo que tuvimos que sufrir los alumnos de un colegio que a pesar de su modernidad arquitectónica, su lujo, su comodidad, dispensaba una educación bastante carca y represora. No voy a decir nombres, ni a situar la historia en un lugar concreto. Lo importante es lo que ocurre y no donde sucede.
 
 
  NOTA DE ADVERTENCIA: Las fotos que subiré para ilustrar la historia nada tienen que ver con el colegio donde yo estudié. La historia que se cuenta en esta novela es en parte ficticia y en parte absolutamente verídica. Dejo que el lector decida lo que considere conveniente respecto a las escenas reales, menos reales o ficticias.
 

Diario de Ermantis I


DEL PLANETA OMEGA – LIBRO TRILOGÍA DEL PLANETA OMEGA

TRILOGÍA DEL PLANETA OMEGA

I

DIARIO DE ERMANTIS

Diario de Ermantis I

DEL PLANETA OMEGA – LIBRO PRIMERO

                D I A R I O   DE ERMANTIS

                 CAPÍTULO I

Mi nombre es Ermantis que en la antigua lengua de los habitantes de las Montañas Negras, los oromantios, viene a significar, en traducción libre, algo así como “Hijo de la montaña”. Mis padres, Eunis y Eraia, lo tomaron prestado de un antiguo manuscrito oromántico que los granjeros rebeldes conservaban con veneración religiosa en un refugio secreto solo conocido por el sumo sacerdote ( mi abuelo materno) y los guardianes de la antiquísima creencia en la Mente Universal. El abuelo, Arminias, era un ser extraordinario en todos los aspectos pero el que a mi más me atraía era su facilidad para narrar historias y leyendas tan antiguas que ni el mismísimo HDM-24 guardaba en sus bases de datos. Fue una verdadera lástima que nuestras granjas estuvieran tan separadas y que mi padre padeciera de misantropía, era tan raro que los granjeros le llamaban “El hombre invisible” porque nunca se le veía ni el pelo ni el resto del cuerpo. Me hubiera gustado disfrutar mucho más de la compañía del abuelo pero éste ya era muy anciano y le costaba moverse de la granja y mi madre estaba demasiado ocupado con las dura tarea de mantenerla en pie para atender a mis peticiones de visitarle.

En cuanto a “H” -así llamaban abreviadamente a HDM-24 la más portentosa inteligencia artificial imaginada por seres inteligentes- formaría parte de mi vida hasta extremos impensables para cualquier omeguiano. A la muerte de Eunis, mi padre, dejaría en la granja a mi madre y a mi hermanita, Aline, para ir de visita por primera vez a Vantis, la capital planetaria. En mi corazón abrigaba amargos deseos de venganza que “H” se encargaría de transformar en amor, un sentimiento sin sentido cuando se trata de una inteligencia artificial pero no adelantemos acontecimientos.

Han pasado más de trescientos años desde que viera la luz en la granja La vieja Ahrma, así llamada en honor a la hembra de caeros regalada por los abuelos y que llegaría a ser un miembro más de la familia. El tiempo puede modificarlo todo, hasta la solidez de un planeta. Omega sufrió un cataclismo imprevisible, ahora todo el planeta se encuentra cubierto por una gruesa capa de nievo. No se trata de una glaciación temporal sino de la muerte irreversible de un organismo vivo -al menos eso fue siempre para mi Omega- en el que ya no queda más vida que unos cientos de omeguianos enjaulados en el subsuelo alrededor del gran laboratorio construido por “H” para los locos que han decidido quedarse y buscar el milagroso cambio genético que les permita seguir viviendo sobre la superficie.

No quieren abandonar su hogar y eso es comprensible, casi tanto como mi actitud de esperar la cercana muerte en la misma tierra que me vio nacer. La posibilidad de que me encontrara a bordo de una nave en cualquier rincón del universo, entre estrella y estrella, era de todo punto impensable. Así lo entendió también “H” que aceptó construir un refugio subterraneo dotado de un gran laboratorio para todos los que quisieran quedarse. Con tiempo suficiente previó lo que se avecinaba y preparó la evacuación de todos los omeguianos que ya se encuentran lejos, navegando en una poderosa y numerosísima flota, camino de un nuevo hogar. No todos los que se han quedado son viejos y sin familia como Ermantis, algunos jóvenes matrimonios y sus hijos junto con un grupito de maduros solitarios tomaron la arriesgada decisión de quedarse e intentar un nuevo futuro para sus hijos aunque ello supusiera echar abajo el imposible metafísico de la adaptación de sus cuerpos a un planeta helado.

Omega significa en lengua oromantia “Madre de todos”. Desde hace milenios ha sido el planeta más envidiado del cuadrante 2NC, único habitado por vida inteligente. Al menos a esa conclusión han llegado los numerosos exploradores que se atrevieron a pasar las puertas imaginarias de las estrellas gemelas de Arian que dan acceso al universo desconocido. Su clima templado, ideal para casi todas las razas de seres inteligentes que habitan el cuadrante, le conviertieron en el planeta turístico por excelencia. Los omeguianos vivieron muchos milenios del facil trabajo de ser amables con sus visitantes hasta que la acumulación de riqueza y el lógico deseo de dejar un estado servil les llevaron a diseñar a HDM-24, la inteligencia artificial más ambiciosa diseñada por las civilizaciones inteligentes conocidas. En un principio tenía como misión la de encargarse de facilitar a los omeguianos una vida de ocio total, lo que significaba preocuparse de la alimentación, vivienda y la regulación de las estructuras sociales que permitieran a todo el mundo disfrutar de una vida tranquila haciendo lo que cada cual quisiera. Para ello se diseñó un complejísimo programa que le permitiera buscar las mejores fórmulas para solucionar los grandes problemas que alcanzar esta meta iba a generar y entre los que no era el menor de todos organizar un mecanismo de defensa muy poderoso que permitiera rechazar las invasiones que indefectiblemente se iban a producir, al menos por parte de los noctorianos.

El bunquer construido por “H” está a más de dos omeg, medida de longitud que viene a ser lo que medía una vieja nave interplanetaria. Está compuesto de un enorme laboratorio en forma circular con dormitorios y comedores en un círculo externo. Un estrecho y largo pasillo comunica con los hangares de las naves que están preparadas para la evacuación del resto de omeguianos en cuanto se de la orden. Unos gigantescos ascensores pueden colocar estas naves en la superficie en apenas unos minutos y de allí despegarían verticalmente sin la menor complicación aunque la tormenta generara vientos huracanados. Mi pequeño cubículo está justo al lado de la entrada a ese pasillo. Ormis, el comandante científico, me obligó a ocuparlo por si en el último momento cambiaba de opinión y decidía unirme a ellos. El no cree en milagros pero decidió quedarse para echarles una mano y cuidar de su viejo amigo. Otra de las razones para obligarme a aceptarlo es la conocida misantropía que continúa siendo la cualidad más llamativa de mi carácter. Nadie pasa por aquí excepto los técnicos de mantenimiento que revisan las naves cada dos o tres meses. El cubículo es tan pequeño que no podría recibir a más de tres visitantes a ala vez. Aquí duermo y me traen la comida una vez al día, otro detalle de Ormis con su viejo amigo. Aprovecho mi tiempo grabando mi diario en una grabadora holográfica regalo de “H” con el encargo expreso de escribir un diario de mi vida que ayudara a las futuras generaciones a rehacer Omega allí donde estuvieran. No pude dárselo al capitán de la flota principal de evacuación pero les llegará a través del espacio gracias a la tecnología que “H” puso a mi disposición antes de desaparecer.

Un cadáver en la carretera I


 

INTRODUCCIÓN

Un cadáver en la carretera es mi primer intento de escribir un thriller. Se trata de una novela corta y esa debe ser la razón de que consiguiera terminarla. Son muy pocas las novelas que he conseguido rematar, tal vez porque no tengo muchos alicientes para acabar historias que me entretienen. Esta historia es un experimento, todo en ella fue nuevo para mí al escribirla. Hoy no la escribiría así, por supuesto. Hay muchos fallos y no me convence, pero me divertí escribiéndola, a pesar del delirio erótico que fue el germen de la historia y que me recuerda a los delirios de los enfermos mentales. Tal vez por eso no me acaba de encajar la historia, el personaje parece normal y la chica tiene todas las características de una psicópata, pero al final uno se pregunta si el personaje normal lo era tanto. Creo que voy a corregirla y escribirla conforme la vaya subiendo, aunque hay cosas que no pueden ser cambiada sin cambiarlo todo.

UN CADÁVER EN LA CARRETERA

¡Solo con el sexo hay ya bastante…pero no lo comprendéis!

Feodor Pavlovitch a sus hijos en Los Hermanos Karamazof de Dostoievski.

PRIMERA NOCHE

I
EN LA CARRETERA

Un coche taladrando el largo túnel de la noche. Los faros iluminan tenuemente un asfalto desnudo, cortado a cuchillo por la infinita raya blanca. En el interior suena una agradable música de piano.

Al conductor le gustaría tener al lado una bella mujer, a la que susurrar a la oreja:

¡-Qué enrollado es este George Winston!, más que tocar las teclas del piano parece tocar las fibras del alma.

Quien así piensa es un joven, de unos treinta años, delgado, alto, con un algo en la expresión de su rostro que parece gustar a las mujeres. En ellas está pensando ahora precisamente. Es un buen informático, un programador al que se rifan las mejores empresas. Eso le ha permitido conseguir en pocos años aquello para lo que otros necesitan una vida entera, si es que llegan a ello: un piso lujoso en la ciudad, un extraordinario deportivo y una casita con jardín en una recóndita cala del sur.

Está liado con una mujer casada, una estupenda señora diez años mayor que él a quien conoció hace un par de meses, cuando su marido le contrató para informatizar su empresa. Ambos están muy encoñados, como se dice vulgarmente. La cama es su gran lugar de encuentro, en realidad casi el único porque en todo lo demás difieren mucho; tanto que él está pensando en el momento de la ruptura. Ese es precisamente el motivo de que viaje solo. No acostumbra a hacerlo, le suelen acompañar atractivas mujeres a las que invita ?a su casita de la playa?.

Ha decidido tomarse unas vacaciones, aprovechando un bajón en los contratos que no faltan a lo largo del año, para meditar sobre el próximo paso a dar con su amante. Los seis empleados de que consta su reciente y flamante empresa se harán cargo de lo que vaya surgiendo sin muchas dificultades, ha escogido buenos profesionales, en su mayoría amigos y puede fiarse de ellos como de sí mismo.

* * *

La música sigue sonando. Tá. Tatata.tá.tatata. tata.

Le encanta viajar de noche, algo que tiene su riesgo, pero que asume encantado, de alguna manera siempre le gustó la aventura, el azar que se cruza en el camino. La carretera tiene poco tráfico; puede poner las luces largas y acelerar un poco en las rectas; reducir en las curvas o cuando ve dos puntitos a lo lejos, las luces de otro coche al que es un placer seguir en su aproximación mientras sigue sonando esa deliciosa música de piano. Es como un viaje en el tiempo, por un negro túnel, se van atravesando nuevas dimensiones que conducen a mundos ignotos y maravillosos, tal vez solo los mundos creados por la imaginación, pero ¡qué hermosos son Dios mío!

La línea blanca, en el lomo de la cebra negra, se extiende hasta el infinito, la mirada perdida en ensoñaciones. Tal vez alguna escultural extranjera se acerque a bañarse a la recóndita cala donde le gusta bañarse y tenga ocasión de invitarla a comer una deliciosa paella en casa con un vino de su exquisita bodega. Es un gran cocinero, también habla idiomas ?inglés, francés, se defiende en italiano- y tiene fama de buen amante entre las mujeres con las que se ha acostado. Esta vez ha elegido la soledad para plantearse la ruptura con su amante, pero no cree que pueda aguantar solo más allá de unos días. Sino hay nada interesante en la cala se acercará a alguna de las playas cercanas, más frecuentadas, siempre acabará por caer en sus redes alguna ingenua dependienta, obnuvilada por su deportivo y sus maneras elegantes. Sexo sin complicaciones, una buena lectura fácil, nada de joycismos o proustismos, tal vez una buena novela negra, un thriller, algo nuevo de ciencia-ficción o recurrir a Le Carré, aún le queda alguna novela por leer. Un cigarrillo en la arena a la luz de la luna con un sorbo de buen escocés oyendo el rumor suave del oleaje. Unas costillas a la parrilla. Si anhela soledad puede decirle a la dependienta o a la extranjera que se marchen; si desea sexo placentero, unas ardientes caricias sobre la arena. Ha tenido suerte en la vida pero también se lo ha currado en largos días de quince y hasta veinte horas.

* * *

-¿Qué es eso? ¡Dios mío! Parece el bulto de un hombre, agazapado sobre el asfalto.

Frenazo. Chirrían los neumáticos. Consigue detenerse a un par de metros del bulto. Respira con dificultad durante un par de interminables minutos hasta que se decide a bajar del coche. Ha tenido suerte. De haberlo atropellado se pasaría la mitad de las vacaciones por comisarías y juzgados. Antes de tocar el cadáver ?ahora está seguro porque su inmovilidad es absoluta y a la altura de su estómago rezuma un líquido viscoso que solo puede ser sangre- busca la bayeta, ha leído demasiadas novelas policiacas para que la idea haya surgido espontáneamente. No quiere dejar huellas en su ropa, la imaginación de los investigadores podría desbocarse. Con la bayeta le da la vuelta suavemente, es la cara de un hombre mayor, de unos sesenta años, la que tiene frente a sí, a la luz de los faros. Un rictus de sorpresa y miedo le atraviesa la pétrea expresión de hombre duro.

Tal vez esté novelando, ¿quién me dice que yo no tendría esa misma expresión con un tiro en el vientre… y otro en el pecho… en el corazón? Esto es algo muy feo, será mejor que llame a la policía…Pero de forma anónima o me amargarán las vacaciones. ¿Bastará con la bayeta tapando el móvil? Creo que ahora tienen aparatos capaces de analizar una voz como si fuera una huella digital.

Vuelve al coche y saca el móvil de la guantera. Cuando está buscando el teléfono de emergencias de la policía y se dispone a marcar una sombra surge unos cincuenta metros más allá desde detrás de unos arbustos en los que ni siquiera se había fijado. Se queda paralizado.

-Lo que me faltaba, ¡Dios mío!, venir a morir en el mejor momento de mi vida, en mitad del luminoso túnel del tiempo. Pero parece la figura de una mujer. Puede ser la esposa, que ha conseguido esconderse… No, no puede ser, es demasiado joven… pero eso no significa nada…

La duda que martillea su cabeza se resuelve en un par de segundos. Subir al coche y acelerar a fondo o esperar a la mujer. Vence la mujer. La muerte también es mujer. Digamos que vence la más joven.

Según se va acercando hasta el coche puede verla mejor. Sin duda es joven, tal vez de su edad, alta, largas piernas, una faldita corta rasgada brutalmente, la blusa en jirones deja ver unos hermosísimos pechos, a su boca acude un torrente de saliva. Mira su rostro, ovalado, casi perfecto, piel suave, ojos claros, tal vez azules. Tiene la expresión de una niña grande que aún desconoce qué hay en el fondo de la vida. Pero puede que esa sea una visión superficial y equivocada de aquel hermoso rostro, porque hay algo en él que le recuerda a un demonio. Es cierto que no ha visto ninguno, pero si lograra quitar la suavidad de esa cara, borrar esa artificial máscara angélica…entonces tal vez pudiera conocer el rostro desnudo del mal…Abandona horrorizado ese pensamiento. Es tan solo la sorpresa, el miedo, la situación totalmente inusual. La mujer hace ademán de desmayarse pero luego consigue recuperarse.

Sin duda ha sido violada. Han matado al marido y la han violado a ella. Es posible que los asesinos no anden lejos, buscándola.

Lo que menos desea es verse metido en un espantoso lío que podría terminar de forma sangrienta. La vida es lo que uno más aprecia porque todo lo demás se sustenta en ella. La integridad de su pellejo es para él lo más importante en aquellos momentos, pero no puede dejar allí a una mujer en aquel estado y menos a una mujer tan atractiva. Corre a su encuentro, sujetándola, con el brazo izquierdo en su hombro la ayuda a llegar hasta el coche.

-¿Cómo se encuentra usted, señora? No se preocupe la llevaré en el coche al primer hospital que encontremos de camino.

Ella no responde, parece hundida en uno de esos abismos inconscientes donde se refugian las personas cuando sufren traumas que no pueden afrontar con toda la consciencia, no al menos de momento. La ayuda a sentarse, tiene que sujetar sus piernas, doblarlas y acomodarlas como puede en el escaso espacio que deja el asiento. Al hacerlo contempla en toda su bella desnudez la longitud de aquellas hermosas piernas hasta los muslos que aparecen al descubierto entre los jirones de la falda. Observa con pudoroso sobresalto que no lleva bragas. Pero no tiene tiempo para el morbo, es preciso salir de allí cuanto antes. El cadáver sigue en la carretera interrumpiendo el paso. Busca en la guantera unos guantes viejos que suele ponerse para cambiar una rueda o manipular en el motor en caso de avería y enfundándoselos rápidamente se dirige al cadáver y lo arrastra hasta la cuneta sujetándolo por los brazos. Solo cuando queda invisible desde la carretera comprende porqué se había puesto los guantes. Como gran aficionado que es a la literatura y al cine policiaco, en un caso como aquel ha actuado como uno de sus personajes, lo mejor es permanecer al margen dentro de lo posible, sus huellas dactilares en la ropa o en la piel del difunto podrían traerle serios problemas.

* * *

Se apresura a subir al coche y arranca. A lo lejos, al salir de una curva que conoce muy bien, los faros de un coche anuncian su presencia allí en un par de minutos. No es conveniente que nadie les pueda ver allí parados, la gente recuerda muy bien lo que no debería recordar; por ejemplo un coche deportivo descapotable estacionado en el lugar donde antes o después aparecerá el cadáver. Acelera y sacude a la mujer con fuerza. Quiere enterarse de lo ocurrido, al mismo tiempo piensa que debe hacerla reaccionar de alguna manera.

-¿Entiende lo que le ha pasado?, ¿quiere ir a una comisaria o prefiere que la lleve directamente a un hospital?

La mujer curiosamente reacciona a estas palabras como si le hubiese picado un escorpión.

-No por favor, aún no. No quiero ver a nadie. ¿No puede llevarme a algún sitio donde pueda ducharme y arreglarme? ¿Conoce algún hotel cercano que sea discreto? ¿No vivirá usted por aquí cerca?

Habla a ráfagas, su obsesión es ducharse y arreglarse. Bueno, no resulta tan raro, en todas las películas que tratan temas de violación lo que más le urge a una mujer violada es bañarse, rascarse la piel como si llevara pegada a ella la vergüenza del brutal acto. Sí desde luego, lo mejor será llevarla a un sitio tranquilo donde se pueda bañar y cambiarse de ropa, luego, más relajada podrá decidir lo que desea hacer. Pero ?se sobresalta ante la posibilidad- en las películas al bañarse se destruyen todas las pruebas de la violación, los rastros de semen, de cabellos o de piel del agresor y de esta manera luego resulta muy complicado probar la violación en el juicio. No siente el menor deseo de acompañarla a una comisaría, pero en el fondo es lo mejor, cualquier otra conducta complicaría aún más las cosas. Lo mejor es denunciar el asesinato y la violación, le obligarán a declarar y le citarán como testigo, tal vez le molesten varios días con interrogatorios pero al fin la pesadilla habrá acabado, se verá libre de más problemas.

-Si quiere denunciar tal vez lo mejor es que vayamos directamente a comisaria. Allí será atendida por gente especializada y sabrán cómo evitar que las pruebas contra el agresor se pierdan. Si usted se baña podrá destruirlas. Perdone que le hable así, imagino por lo que está pasando pero si ahora toma una decisión equivocada puede que ya no tenga solución más tarde cuando se encuentre más tranquila para decidir.

-No por favor, a comisaria, no. Y a un hospital tampoco, al menos de momento. ¿Vive usted por aquí?. ¿No podría llevarme a su casa un momento?. Su mujer lo entenderá.

-No estoy casado… Está bien, tengo una casita cerca de aquí, en una cala solitaria, apenas unos treinta kilómetros. Podemos llegar allí en menos de media hora. ¿Qué le parece?

-Muy bien, lléveme con usted, por favor.

-De acuerdo. ¿Pero no cree que debemos dar cuenta del lugar donde ha quedado el cadáver de su marido. ¿Se trata de su marido, no es así?. Llevo un teléfono móvil en el coche. Puedo llamar ahora mismo.

-No por favor, se lo pido por favor, no lo haga.

-Pero porqué, si es su marido, antes o después se sabrá todo y usted se verá en un problema para explicar porqué no dio cuenta de que su marido quedaba en la carretera.

-Es que no se trata de mi marido y me vería metida en un buen lío.

-De acuerdo, pero puedo llamar como un ciudadano anónimo que ha visto a un hombre tirado en la cuneta. Daré datos para que puedan localizarlo y colgaré.

-Pero ellos descubrirán quién ha llamado rastreando todas las llamadas a comisaría. No lo haga, por favor.

Tanta prevención le estaba empezando a resultar sospechosa. Una idea terrible le asaltó como el primer relámpago de la tormenta cercana. No le resultaba creíble que una mujer en su estado fuera capaz de mentir como una portentosa actriz, con tan indudable talento, pero a veces la vida nos obliga actuar así. ¿Y si fuera ella la asesina?. Podría haberle disparado a aquel hombre y luego fingir una violación, tan solo con quitarse las bragas, desgarrarse la ropa y actuar como alguien traumatizado; nada difícil para quien acaba de matar a un ser humano. Por cierto, no se ha fijado en que la mujer lleva el bolso al hombro, aferrándose a él como si le fuera en ello la vida. Ninguna mujer violada se preocuparía de su bolso…ninguna de las que él conoce.

Continuará

UN CADÁVER EN LA CARRETERA-INTRODUCCIÓN


 
 
 
 
 
                      Me apasiona el género negro, la novela detectivesca, por eso he intentando escribir algo en este género, aunque me resulta mucho más dificil de lo que esperaba. Es un género extremadamente complicado. No obstante logré rematar mi primera novela breve, Un cadáver en la carretera, y estoy escribiendo una serie de relatos  breves sobre un personaje anónimo, un detective muy cínico y peculiar.
 
         Comenzaré a subir Un cadáver, intentando mejorarlo y visualizarlo con imágenes.

PLANETA OMEGA-INTRODUCCIÓN


  






         PLANETA OMEGA, TRILOGÍA DE CIENCIA-FICCIÓN


                              INTRODUCCIÓN


         Es la primera novela que comencé a escribir, allá a mis dieciocho años, tal vez por el año 1975. Entonces se titulaba "El planeta de los vampiros". Llevo décadas intentando rematar esta trilogía. He llenado cuadernos y libretas con esbozos de personajes, de capítulos, pero no hay manera de que pueda finalizar, ni siquiera la primera parte, "Diario de Ermantis".

        La trilogía se compone de tres novelas, en la primera, Diario de Ermantis, un anciano de más de trescientos años, Ermantis, nos relata cómo fue su vida, hasta llegar a presidente del Consejo Planetario de Omega y cómo este planeta finalizó su andadura para la vida.

         La segunda parte se titula "Espes" y en ella un joven asume la tarea de evacuar a los últimos habitantes de Omega, antes se había producido un gran éxodo y los que permanecieron hasta el último momento intentaron con todas sus fuerzas volver habitable el planeta, aunque para ello tuvieran que modificar su estructura biológica. Fue inutil. De aquel desgraciado experimento quedaron dos grupos de vampiros o de seres que se alimentan de energía, los vampiros "positivos o buenos" y los "negativos o malos", comandados estos últimos por el retorcido Nector.

      En la tercera parte los "buenos", comandados por Espes, arriban a un planeta habitado y donde hay alimento suficiente para los buenos, aunque es mucho mejor despensa para los malos. Descubrirán que los esbirros de Nector han llegado antes que ellos y están organizando una buena en ese planeta, al que sus habitantes llaman Tierra. Nada más sencillo que manipular a los terrestres para que permanezcan en un estado permanente de odio entre sí y de guerras constantes. De esta manera ellos pueden alimentarse de estas energías negativas. La llega de Espes cambiará la situación provocando una guerra invisible para lograr que la especie humana se decante por el bien. De esta manera los buenos podrán alimentarse de energías positivas al tiempo que ayudan a la evolución de esa especie.

       ¿Dónde está el resto mayoritario de la raza omeguiana que fue evacuada al comienzo del apocalipsis de Omega? Esa es la sorpresa final que tal vez requiera un cuarto libro, transformando esta trilogía en tetralogía.