Un cadáver en la carretera I


 

INTRODUCCIÓN

Un cadáver en la carretera es mi primer intento de escribir un thriller. Se trata de una novela corta y esa debe ser la razón de que consiguiera terminarla. Son muy pocas las novelas que he conseguido rematar, tal vez porque no tengo muchos alicientes para acabar historias que me entretienen. Esta historia es un experimento, todo en ella fue nuevo para mí al escribirla. Hoy no la escribiría así, por supuesto. Hay muchos fallos y no me convence, pero me divertí escribiéndola, a pesar del delirio erótico que fue el germen de la historia y que me recuerda a los delirios de los enfermos mentales. Tal vez por eso no me acaba de encajar la historia, el personaje parece normal y la chica tiene todas las características de una psicópata, pero al final uno se pregunta si el personaje normal lo era tanto. Creo que voy a corregirla y escribirla conforme la vaya subiendo, aunque hay cosas que no pueden ser cambiada sin cambiarlo todo.

UN CADÁVER EN LA CARRETERA

¡Solo con el sexo hay ya bastante…pero no lo comprendéis!

Feodor Pavlovitch a sus hijos en Los Hermanos Karamazof de Dostoievski.

PRIMERA NOCHE

I
EN LA CARRETERA

Un coche taladrando el largo túnel de la noche. Los faros iluminan tenuemente un asfalto desnudo, cortado a cuchillo por la infinita raya blanca. En el interior suena una agradable música de piano.

Al conductor le gustaría tener al lado una bella mujer, a la que susurrar a la oreja:

¡-Qué enrollado es este George Winston!, más que tocar las teclas del piano parece tocar las fibras del alma.

Quien así piensa es un joven, de unos treinta años, delgado, alto, con un algo en la expresión de su rostro que parece gustar a las mujeres. En ellas está pensando ahora precisamente. Es un buen informático, un programador al que se rifan las mejores empresas. Eso le ha permitido conseguir en pocos años aquello para lo que otros necesitan una vida entera, si es que llegan a ello: un piso lujoso en la ciudad, un extraordinario deportivo y una casita con jardín en una recóndita cala del sur.

Está liado con una mujer casada, una estupenda señora diez años mayor que él a quien conoció hace un par de meses, cuando su marido le contrató para informatizar su empresa. Ambos están muy encoñados, como se dice vulgarmente. La cama es su gran lugar de encuentro, en realidad casi el único porque en todo lo demás difieren mucho; tanto que él está pensando en el momento de la ruptura. Ese es precisamente el motivo de que viaje solo. No acostumbra a hacerlo, le suelen acompañar atractivas mujeres a las que invita ?a su casita de la playa?.

Ha decidido tomarse unas vacaciones, aprovechando un bajón en los contratos que no faltan a lo largo del año, para meditar sobre el próximo paso a dar con su amante. Los seis empleados de que consta su reciente y flamante empresa se harán cargo de lo que vaya surgiendo sin muchas dificultades, ha escogido buenos profesionales, en su mayoría amigos y puede fiarse de ellos como de sí mismo.

* * *

La música sigue sonando. Tá. Tatata.tá.tatata. tata.

Le encanta viajar de noche, algo que tiene su riesgo, pero que asume encantado, de alguna manera siempre le gustó la aventura, el azar que se cruza en el camino. La carretera tiene poco tráfico; puede poner las luces largas y acelerar un poco en las rectas; reducir en las curvas o cuando ve dos puntitos a lo lejos, las luces de otro coche al que es un placer seguir en su aproximación mientras sigue sonando esa deliciosa música de piano. Es como un viaje en el tiempo, por un negro túnel, se van atravesando nuevas dimensiones que conducen a mundos ignotos y maravillosos, tal vez solo los mundos creados por la imaginación, pero ¡qué hermosos son Dios mío!

La línea blanca, en el lomo de la cebra negra, se extiende hasta el infinito, la mirada perdida en ensoñaciones. Tal vez alguna escultural extranjera se acerque a bañarse a la recóndita cala donde le gusta bañarse y tenga ocasión de invitarla a comer una deliciosa paella en casa con un vino de su exquisita bodega. Es un gran cocinero, también habla idiomas ?inglés, francés, se defiende en italiano- y tiene fama de buen amante entre las mujeres con las que se ha acostado. Esta vez ha elegido la soledad para plantearse la ruptura con su amante, pero no cree que pueda aguantar solo más allá de unos días. Sino hay nada interesante en la cala se acercará a alguna de las playas cercanas, más frecuentadas, siempre acabará por caer en sus redes alguna ingenua dependienta, obnuvilada por su deportivo y sus maneras elegantes. Sexo sin complicaciones, una buena lectura fácil, nada de joycismos o proustismos, tal vez una buena novela negra, un thriller, algo nuevo de ciencia-ficción o recurrir a Le Carré, aún le queda alguna novela por leer. Un cigarrillo en la arena a la luz de la luna con un sorbo de buen escocés oyendo el rumor suave del oleaje. Unas costillas a la parrilla. Si anhela soledad puede decirle a la dependienta o a la extranjera que se marchen; si desea sexo placentero, unas ardientes caricias sobre la arena. Ha tenido suerte en la vida pero también se lo ha currado en largos días de quince y hasta veinte horas.

* * *

-¿Qué es eso? ¡Dios mío! Parece el bulto de un hombre, agazapado sobre el asfalto.

Frenazo. Chirrían los neumáticos. Consigue detenerse a un par de metros del bulto. Respira con dificultad durante un par de interminables minutos hasta que se decide a bajar del coche. Ha tenido suerte. De haberlo atropellado se pasaría la mitad de las vacaciones por comisarías y juzgados. Antes de tocar el cadáver ?ahora está seguro porque su inmovilidad es absoluta y a la altura de su estómago rezuma un líquido viscoso que solo puede ser sangre- busca la bayeta, ha leído demasiadas novelas policiacas para que la idea haya surgido espontáneamente. No quiere dejar huellas en su ropa, la imaginación de los investigadores podría desbocarse. Con la bayeta le da la vuelta suavemente, es la cara de un hombre mayor, de unos sesenta años, la que tiene frente a sí, a la luz de los faros. Un rictus de sorpresa y miedo le atraviesa la pétrea expresión de hombre duro.

Tal vez esté novelando, ¿quién me dice que yo no tendría esa misma expresión con un tiro en el vientre… y otro en el pecho… en el corazón? Esto es algo muy feo, será mejor que llame a la policía…Pero de forma anónima o me amargarán las vacaciones. ¿Bastará con la bayeta tapando el móvil? Creo que ahora tienen aparatos capaces de analizar una voz como si fuera una huella digital.

Vuelve al coche y saca el móvil de la guantera. Cuando está buscando el teléfono de emergencias de la policía y se dispone a marcar una sombra surge unos cincuenta metros más allá desde detrás de unos arbustos en los que ni siquiera se había fijado. Se queda paralizado.

-Lo que me faltaba, ¡Dios mío!, venir a morir en el mejor momento de mi vida, en mitad del luminoso túnel del tiempo. Pero parece la figura de una mujer. Puede ser la esposa, que ha conseguido esconderse… No, no puede ser, es demasiado joven… pero eso no significa nada…

La duda que martillea su cabeza se resuelve en un par de segundos. Subir al coche y acelerar a fondo o esperar a la mujer. Vence la mujer. La muerte también es mujer. Digamos que vence la más joven.

Según se va acercando hasta el coche puede verla mejor. Sin duda es joven, tal vez de su edad, alta, largas piernas, una faldita corta rasgada brutalmente, la blusa en jirones deja ver unos hermosísimos pechos, a su boca acude un torrente de saliva. Mira su rostro, ovalado, casi perfecto, piel suave, ojos claros, tal vez azules. Tiene la expresión de una niña grande que aún desconoce qué hay en el fondo de la vida. Pero puede que esa sea una visión superficial y equivocada de aquel hermoso rostro, porque hay algo en él que le recuerda a un demonio. Es cierto que no ha visto ninguno, pero si lograra quitar la suavidad de esa cara, borrar esa artificial máscara angélica…entonces tal vez pudiera conocer el rostro desnudo del mal…Abandona horrorizado ese pensamiento. Es tan solo la sorpresa, el miedo, la situación totalmente inusual. La mujer hace ademán de desmayarse pero luego consigue recuperarse.

Sin duda ha sido violada. Han matado al marido y la han violado a ella. Es posible que los asesinos no anden lejos, buscándola.

Lo que menos desea es verse metido en un espantoso lío que podría terminar de forma sangrienta. La vida es lo que uno más aprecia porque todo lo demás se sustenta en ella. La integridad de su pellejo es para él lo más importante en aquellos momentos, pero no puede dejar allí a una mujer en aquel estado y menos a una mujer tan atractiva. Corre a su encuentro, sujetándola, con el brazo izquierdo en su hombro la ayuda a llegar hasta el coche.

-¿Cómo se encuentra usted, señora? No se preocupe la llevaré en el coche al primer hospital que encontremos de camino.

Ella no responde, parece hundida en uno de esos abismos inconscientes donde se refugian las personas cuando sufren traumas que no pueden afrontar con toda la consciencia, no al menos de momento. La ayuda a sentarse, tiene que sujetar sus piernas, doblarlas y acomodarlas como puede en el escaso espacio que deja el asiento. Al hacerlo contempla en toda su bella desnudez la longitud de aquellas hermosas piernas hasta los muslos que aparecen al descubierto entre los jirones de la falda. Observa con pudoroso sobresalto que no lleva bragas. Pero no tiene tiempo para el morbo, es preciso salir de allí cuanto antes. El cadáver sigue en la carretera interrumpiendo el paso. Busca en la guantera unos guantes viejos que suele ponerse para cambiar una rueda o manipular en el motor en caso de avería y enfundándoselos rápidamente se dirige al cadáver y lo arrastra hasta la cuneta sujetándolo por los brazos. Solo cuando queda invisible desde la carretera comprende porqué se había puesto los guantes. Como gran aficionado que es a la literatura y al cine policiaco, en un caso como aquel ha actuado como uno de sus personajes, lo mejor es permanecer al margen dentro de lo posible, sus huellas dactilares en la ropa o en la piel del difunto podrían traerle serios problemas.

* * *

Se apresura a subir al coche y arranca. A lo lejos, al salir de una curva que conoce muy bien, los faros de un coche anuncian su presencia allí en un par de minutos. No es conveniente que nadie les pueda ver allí parados, la gente recuerda muy bien lo que no debería recordar; por ejemplo un coche deportivo descapotable estacionado en el lugar donde antes o después aparecerá el cadáver. Acelera y sacude a la mujer con fuerza. Quiere enterarse de lo ocurrido, al mismo tiempo piensa que debe hacerla reaccionar de alguna manera.

-¿Entiende lo que le ha pasado?, ¿quiere ir a una comisaria o prefiere que la lleve directamente a un hospital?

La mujer curiosamente reacciona a estas palabras como si le hubiese picado un escorpión.

-No por favor, aún no. No quiero ver a nadie. ¿No puede llevarme a algún sitio donde pueda ducharme y arreglarme? ¿Conoce algún hotel cercano que sea discreto? ¿No vivirá usted por aquí cerca?

Habla a ráfagas, su obsesión es ducharse y arreglarse. Bueno, no resulta tan raro, en todas las películas que tratan temas de violación lo que más le urge a una mujer violada es bañarse, rascarse la piel como si llevara pegada a ella la vergüenza del brutal acto. Sí desde luego, lo mejor será llevarla a un sitio tranquilo donde se pueda bañar y cambiarse de ropa, luego, más relajada podrá decidir lo que desea hacer. Pero ?se sobresalta ante la posibilidad- en las películas al bañarse se destruyen todas las pruebas de la violación, los rastros de semen, de cabellos o de piel del agresor y de esta manera luego resulta muy complicado probar la violación en el juicio. No siente el menor deseo de acompañarla a una comisaría, pero en el fondo es lo mejor, cualquier otra conducta complicaría aún más las cosas. Lo mejor es denunciar el asesinato y la violación, le obligarán a declarar y le citarán como testigo, tal vez le molesten varios días con interrogatorios pero al fin la pesadilla habrá acabado, se verá libre de más problemas.

-Si quiere denunciar tal vez lo mejor es que vayamos directamente a comisaria. Allí será atendida por gente especializada y sabrán cómo evitar que las pruebas contra el agresor se pierdan. Si usted se baña podrá destruirlas. Perdone que le hable así, imagino por lo que está pasando pero si ahora toma una decisión equivocada puede que ya no tenga solución más tarde cuando se encuentre más tranquila para decidir.

-No por favor, a comisaria, no. Y a un hospital tampoco, al menos de momento. ¿Vive usted por aquí?. ¿No podría llevarme a su casa un momento?. Su mujer lo entenderá.

-No estoy casado… Está bien, tengo una casita cerca de aquí, en una cala solitaria, apenas unos treinta kilómetros. Podemos llegar allí en menos de media hora. ¿Qué le parece?

-Muy bien, lléveme con usted, por favor.

-De acuerdo. ¿Pero no cree que debemos dar cuenta del lugar donde ha quedado el cadáver de su marido. ¿Se trata de su marido, no es así?. Llevo un teléfono móvil en el coche. Puedo llamar ahora mismo.

-No por favor, se lo pido por favor, no lo haga.

-Pero porqué, si es su marido, antes o después se sabrá todo y usted se verá en un problema para explicar porqué no dio cuenta de que su marido quedaba en la carretera.

-Es que no se trata de mi marido y me vería metida en un buen lío.

-De acuerdo, pero puedo llamar como un ciudadano anónimo que ha visto a un hombre tirado en la cuneta. Daré datos para que puedan localizarlo y colgaré.

-Pero ellos descubrirán quién ha llamado rastreando todas las llamadas a comisaría. No lo haga, por favor.

Tanta prevención le estaba empezando a resultar sospechosa. Una idea terrible le asaltó como el primer relámpago de la tormenta cercana. No le resultaba creíble que una mujer en su estado fuera capaz de mentir como una portentosa actriz, con tan indudable talento, pero a veces la vida nos obliga actuar así. ¿Y si fuera ella la asesina?. Podría haberle disparado a aquel hombre y luego fingir una violación, tan solo con quitarse las bragas, desgarrarse la ropa y actuar como alguien traumatizado; nada difícil para quien acaba de matar a un ser humano. Por cierto, no se ha fijado en que la mujer lleva el bolso al hombro, aferrándose a él como si le fuera en ello la vida. Ninguna mujer violada se preocuparía de su bolso…ninguna de las que él conoce.

Continuará

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3 comentarios en “Un cadáver en la carretera I

  1. Muchas gracias querido amigo, te he extra;ado mucho.
    De todas las historias que te he leído es esta la que mas me gusta.
    Te dejó un abrazo lleno de carino y muchas bendiciones.
    LunaAzul

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    1. Hola Lunita, me alegra mucho saber de ti. Yo ahora estoy jubilado y viviendo en una casita en la montaña, donde por cierto estás invitada si alguna vez vienes por España. También tengo whasap si quieres un contacto más directo. Con la jubilación me he puesto a corregir y a intentar rematar novelas que están sin terminar, poco a poco espero ir completando novelas, aunque son muchas. Un abrazo.

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