EL TERRORISTA PSICOLÓGICO-INTRODUCCIÓN


          

 

      INTRODUCCIÓN

 

        Muchas de mis novelas han surgido de relatos cortos, apenas de una vaga idea que surge en un momento determinado y que queda aparcada hasta que poco a poco va creciendo en el subconsciente. Un día me encuentro con todo un mundo y me veo obligado a transformarla en novela.

 

“El terrorista psicológico” comenzó como un relato muy corto que escribí hace años, en una etapa muy dura de mi vida. La idea de la venganza es una de las peores con las que se encuentra un escritor a la hora de narrar una historia. Si además esa venganza tiene mucho que ver con su vida más vale que renuncie a ella o que logre transformarla hasta hacerla irreconocible, de otra manera el autor sufrirá un verdadero infierno y los resultados serán muy pobres.

 

Este es el caso de esta novela. La historia personal quedó relegada a una anécdota que da origen a toda la trama, pero muy poco más queda en ella de la idea original.

 

Lo mismo que sucede en “Diario de un gigoló” el protagonista se oculta tras un nombre ficticio, allí Johnny, aquí James. Ambos personajes son amantes del cine americano y de su cultura, no es extraño que a la hora de elegir un nombre para ocultarse piensen en americano y no en ruso, por ejemplo.

 

Tras una durísima experiencia que le lleva a la cárcel, ”James”, sale dispuesto a vengarse. Pero como él se considera una persona muy inteligente no elegirá el camino fácil de la violencia gratuita e indiscriminada. Su resentimiento va dirigido no solo contra las personas concretas que le hicieron daño, sino contra toda la sociedad. En vez de poner bombas “James” buscará la forma de hacer daño sin ser detectado ni encarcelado. Se transformará en un “terrorista psicológico” que pone al descubierto los mecanismos ocultos que hacen de esta sociedad una verdadera jungla, un auténtico infierno.

 

Al tiempo que busca a los “depredadores” para darles de su misma medicina, utilizará a las mujeres como el “descanso del guerrero”, no sintiendo remordimiento alguno al hacer daño a las mujeres que cree que se lo merecen.

 

Como me ha ocurrido en otras novelas el protagonista se acaba desmandando hacia derroteros eróticos y sexuales. No es sorprendente si tenemos en cuenta que la violencia, psicológica o no, que empapa el suelo de nuestra sociedad es caldo de cultivo propicio para lo que se supone es su contrapartida o el espacio contrario que recorre el péndulo que se ha escorado hacia un lado. El autor también es un apasionado del erotismo y del universo del sexo, no es de extrañar que sus protagonistas e historias desemboquen casi siempre en el mismo océano.

 

Con el tiempo “James” formulará toda una filosofía del terrorismo psicológico, escribiendo un manual que salpicará toda la narración.

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