Mes: enero 2010

Diario de un gigoló (Guía para lectores)


 

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  DIARIO DE UN GIGOLÓ

 

   UNA GUIA PARA EL LECTOR

 

NOTA INTRODUCTORIA

La complejidad de la trama de este culebrón erótico es un auténtico laberinto, incluso para el autor, mucho más para el lector que se encuentra constantemente con personajes nuevos y con saltos en el tiempo y en las historias que lo despistan por completo. El lector poco avisado que cae sobre un capítulo por casualidad se siente tan perdido como un elefante en una cacharrería.

Para ayudar al lector a situar cada capítulo en su contexto cronológico, topográfico y a cada personaje en su rama, como cada mochuelo en su olivo, y sobre todo para ayudar al autor a no perderse en el ramaje de esta especie de secuoya erótica he confeccionado esta guía donde cada lector podrá buscar al personaje correspondiente o el capítulo de la historia que esté leyendo en ese momento.  Para el autor será una valiosa herramienta a la hora de situar cada parte de la historia en el trozo de puzle que corresponda.

 

         GUIA CRONOLÓGICA, TOPOGRÁFICA Y DE PERSONAJES

INICIO DE LA HISTORIA

Johnny se encuentra en la bañera del apartamento que le ha regalado Lily, escuchando las variaciones Golberg de Bach y recordando cómo empezó todo.

Este episodio corresponde al primer capítulo de “Diario de un gigoló” ya subido a Internet.

Cronológicamente podría situarse a principios de la década de los ochenta, en Madrid. Nunca se mencionan fechas exactas ni se concretan lugares. El apartamento de Johnny bien podría estar situado por Chamartín, no muy lejos del piso de Anabél.

La historia retrocede en el tiempo, hasta el momento en el que nuestro protagonista conoce a Lily, una madame que está buscando “sementales” para su cuadra o profesionales para su negocio de sexo, como prefieran decirlo.

No se mencionan fechas, aunque bien podría situarse este momento a finales de la dictadura franquista en España, hacia 1974 o 1975.

El pub de Paco, donde Johnny trabaja por las noches para ayudarse en sus estudios universitarios de psicología, estaría situado por la zona de Bilbao o Malasaña o tal vez en el casco viejo, cerca de la Plaza Mayor, donde se desarrolla la cena con Marta y su amiga Esther, en el restaurante de comida típica, que da inicio a este episodio, subido ya en parte.

PACO

Es un personaje secundario y de transición que solo reaparecerá en algún momento puntual y que apenas tiene trascendencia en la historia. Hombre de unos sesenta años, trabajador y con cierto don para las relaciones públicas, acoge a Johnny como a un hijo y hará la vista gorda ante sus escarceos y líos con algunas clientas, que se mencionan en algún momento de la historia, cuando nuestro protagonista habla de su época universitaria.

LILY

¿Quién es Lily? Johnny la describirá como una mujer madura y que se parece mucho a Joan Collins. Nunca se sabrá su verdadera edad. Podría deducirse que al conocer a nuestro protagonista tiene una edad indefinida, entre cuarenta y cuarenta y cinco años, aunque bien podrían ser algunos menos.

Cuando Johnny descubra su diario, a la muerte de su patrona, se le aclararán muchas dudas y conocerá datos que hasta ese momento ignoraba por completo, tales como que Lily, aparte de su gran vitalidad y belleza, de su capacidad para hacer creer que no envejece, que el tiempo no pasa por ella, se ha sometido a operaciones de cirugía estética y utiliza productos, casi mágicos, que le proporcionan desde su laboratorio farmacéutico en Suecia, regentado por un sabio sueco, a quien Johnny llamará el profesor “Mefisto”.

El diario de Lily está solo esbozado y apenas he manuscrito dos o tres capítulos, el primero de los cuales está subido a Internet.

El protagonista hará mención a este diario de pasada, en diferentes momentos de la historia, y solo cobrará protagonismo en el episodio del secuestro de Lily, aún no subido.

Se supone que esta mujer ha llegado a Madrid desde Las Vegas, donde tuvo relaciones con un par de mafiosos. Ha estado montando un negocio de prostitución, en parte con dinero de la mafia, durante uno o dos años.

Johnny conocerá algo de su pasado, que le irá contando Lily, durante los meses que se prolongue su “affaire” con ella como amante fijo, mientras ésta le prueba como futuro pupilo e intenta convencerle de que acepte su fabulosa propuesta. Pero será sobre todo en el diario de su patrona donde nuestro protagonista encuentre toda la verdad sobre su vida, dura en extremo.

Solo en este diario aparece el verdadero nombre de su patrona, nacida en un pueblo castellano sin más, nunca se concreta el lugar ni se menciona nombre alguno. Allí es salvajemente violada, a sus dieciocho años, por un grupo de quintos borrachos que están celebrando su incorporación a la milicia. Este episodio se narra en toda su extensión en el segundo capítulo de su diario y tan solo se menciona muy de pasada por Johnny en algún momento puntual.

Lily nunca logrará superar este terrible trauma y toda su vida será una constante huida de este recuerdo.

Tras la violación llega a Madrid, donde trabaja como empleada de hogar en varias casas burguesas. Hastiada del acoso de sus patronos decide dar el paso de dedicarse a la prostitución. Conocerá este oficio desde muy abajo y sufrirá el maltrato y la humillación de varios chulos hasta que es rescatada por un argentino, profesor de tango en una academia de baile en la capital.

Será el gran amor de su vida. Le enseñará a bailar y formará pareja con ella creando una gran compañía de baile con la que recorrerán el mundo a lo largo de una década.

Para su desgracia recalarán en un casino de Las Vegas, donde el mafioso de turno se encapricha de ella. Manda asesinar al argentino y viola a Lily, que se niega a ser su amante. Ésta tramará su ruina y lo conseguirá, gracias a que otro mafioso se enamora de ella. El episodio de la captura y muerte del mafioso es uno de los más crudos de su diario. Johnny descubrirá asombrado que su patrona fue capaz de torturar al mafioso con saña demoniaca.

Lily será amante del mafioso que le ha ayudado a conseguir la venganza, largamente buscada, hasta que éste se encapricha de una actriz de cine. Le convence entonces de que la deje regresar a España. El mafioso acepta encantado, ingresando en una cuenta en Suiza una gran cantidad de dinero de la que Lily se servirá para crear su negocio. La inyección de dinero desde Las Vegas será constante y la mafia tendrá mucho que decir en el desarrollo de esta empresa.

Johnny la conocerá cuando la estructura del entramado de sus casas de lenocinio está aún en pañales y formará parte de ella desde el principio.

Pero dejemos de momento su historia. ¿Quién es Johnny?

 

JOHNNY EL GIGOLÓ

Es él quien nos cuenta la historia en primera persona, por lo tanto no es de extrañar que los detalles que da sobre si mismo sean pocos y estén muy salpicados a lo largo de la narración. Podemos hacernos una idea aproximada de su físico y personalidad recopilando estos datos de la siguiente manera:

FÍSICO

El detalle que más menciona es el de su estatura. Se supone que mide entre 1,90 y 2,00 metros de altura. Llegaremos a saber con el tiempo que fue pivot en el baloncesto universitario y tuvo que dejarlo por una lesión de rodilla.  La mención que hace de su altura nos hace entrever que se siente un poco desplazado en una sociedad  “construida” para una altura estándar.  Sus “dificultades” como hombre alto, incluso en la cama, serán mencionadas más extensamente en algunos momentos de la historia.

Es un hombre bien formado y musculoso. Además del baloncesto, Johnny practica otros deportes. De adolescente se vio obligado a hacerlo para corregir su físico desgarbado. En su etapa como gigoló visitará el gimnasio con cierta asiduidad e incluso practicará artes marciales con su profesor, un koreano, del que se cuenta buena parte de la historia en “Nuevas historias de Johnny”.

Su rostro posee rasgos duros, aunque en el largo episodio de su estancia en USA, se verá obligado a someterse a una operación de cirugía estética para despistar a sus perseguidores de la mafia. Esta operación dará más suavidad a los rasgos de su cara. Su atractivo reside en una mirada profunda, analítica y chispeante y en una sonrisa muy vital y bastante irónica en ciertos momentos.

No se habla de la longitud de su miembro, sería imperdonable en un caballero que nos cuenta la historia en primera persona, no obstante sus lectores no andarán descaminados si piensan que es bastante inferior al miembro de “Pichabrava” del que se hablará largo y tendido en “Nuevas historias de Johnny” y algo superior, no sabemos cuánto, a la media nacional y globalizada.

Le gusta comer, a veces en exceso, y es un excelente gourmet. Sus ejercicios amatorios a menudo no son suficientes y debe recurrir con saña al gimnasio especialmente durante ciertas etapas.

Algunas características y debilidades de su corpachón se irán viendo a lo largo de la historia.

PSICOLOGÍA

La historia de Johnny se desarrolla durante un largo periodo de tiempo, yendo hacia atrás, en flashbacks a veces muy pronunciados, y hacia adelante, haciendo que atisbemos el final de la historia. Así pues la personalidad de Johnny variará mucho a lo largo del tiempo. Podemos establecer algunos datos básicos de su personalidad en varias etapas:

-Apenas nos habla de su infancia y adolescencia. Podemos deducir que fue un niño flacucho, desgarbado y con ciertos problemas de espalda que suscitaron las burlas de sus compañeros de escuela e instituto. Parece que fue un niño introvertido y sensible, muy dedicado a la lectura. Sufrió una enfermedad muy grave que a punto estuvo de costarle la vida. Casi ni la menciona, pero a lo largo de la historia aparecerá este episodio. Esto nos permitirá comprender algunas facetas extrañas de su personalidad, tales como su ironía, a veces muy cercana al sarcasmo, y una especie de extraño desprendimiento de la vida y una imperturbabilidad casi búdica en ciertos momentos.

-El episodio más llamativo de su adolescencia será su pérdida de virginidad a “manos” de María. Marcará su historia posterior, sobre todo porque deducimos que estuvo muy enamorado de ella y que fueron sus padres los que le obligaron a alejarse del amor de su vida. Johnny nunca perdonará esto a sus padres y le llevará a una ruptura total con ellos y el resto de su familia. De María hablaremos al ir colocando personaje tras personaje en su cronología correspondiente.

-Su etapa como universitario, estudiante de psicología, será narrada en su momento. La atisbamos un poco en el episodio de Nerea, en “Cien mujeres”. Johnny quería ser psiquiatra, pero deberá conformarse con la psicología dado que la carrera de medicina se le hace muy cuesta arriba y abandona casi antes de empezar, durante el primer año.  Llegaremos a saber que está muy ilusionado con esta profesión, primero pensará en dedicarse a la psicología infantil y luego hará planes para armonizarla con la sexología y dedicarse a la terapia de parejas. Su afán, a veces casi patológico y morboso, por desentrañar la psicología de sus clientas nace de esta vocación primigenia.

-El reclutamiento como gigoló por parte de Lilí, marcará uno de los engranajes, de los pivotes, sobre los que girará toda la narración. Su necesidad de trabajar para pagarse la carrera y su afición al sexo, harán muy fácil el trabajo de Lily, que se parece mucho a Joan Collins, y le llevarán por un camino que estaba muy lejos de sus perspectivas iniciales sobre su futuro.

En el próximo capítulo intentaremos esbozar una cronología aproximada de todo lo que se cuenta, tanto en “Diario de un gigoló” como en “Nuevas historias de Johnny” y en las otras diferentes secciones.

Continuará.

 

ESQUEMA CRONOLÓGICO, TOPOGRÁFICO Y DE PERSONAJES

Abandonamos de momento el esbozo de los dos personajes fundamentales de la historia, Lilí y Johnny, para intentar confeccionar un esquema básico que nos permita encajar cualquier episodio de este culebrón en el correspondiente punto concéntrico de esta tela de araña.

EL NARRADOR

Siempre será Johnny, quien cuenta la historia en primera persona, aunque a veces deje escuchar otras voces, como la de Lily en su diario y la de Anabel en sus historias de pervertidos o la del esposo de Esther, la amiga de Marta, el acosador enmascarado.

A pesar del esfuerzo de Johnny por situarse como narrador en el presente de la historia que cuenta en cada momento está claro que su punto de vista irá variando mucho según lo que cuente. Es por ello que vamos a situar al narrador en la historia de tal forma que no haya extravío posible.

NARRADOR PRESENTE

Johnny nos hablará en diferentes oportunidades de que en el momento en el que comienza a escribir la historia se encuentra ya jubilado como gigoló.  Nunca habla de su edad, aunque el lector podría situarla en una horquilla entre los cuarenta y los cincuenta.

Se supone que el narrador nos está hablando desde la década de los noventa, aunque bien pudiera ser que se haya pasado ya el fin de siglo y comenzado el siglo XXI, eso no lo sabremos hasta el final.

Johnny sigue en Madrid. Ha abandonado su nombre de guerra, pero su auténtico nombre, muy común y gris, no lo sabremos hasta el capítulo final. El narrador nos habla de que mantiene una relación sentimental con una escritora, que puede que acabe cuajando o no, esa será la sorpresa final, junto con una explicación bastante detallada de lo que hay de verdad y de ficción en toda la historia.

A partir de ese momento actual del narrador, éste retrocederá en el tiempo, en un formidable salto en flashback hasta situarse en un punto intermedio de la historia, que él vivirá como presente y desde el que retrocederá en el tiempo hacia el tiempo pasado en el que conoció a Lily y aún más atrás y se adelantará algunas veces en el tiempo para permitirnos atisbar por dónde irá la historia o para explicar algunos detalles de la trama que no podrían saberse si el narrador no nos estuviera hablando desde un futuro que ya ha sucedido.

EPISODIO CENTRAL

Al comenzar la historia, nuestro protagonista se encuentra tomando un baño mientras escucha las variaciones Golberg de Bach. Esto se narra en los primeros capítulos de Diario de un gigoló, ya subidos.

Johnny recuerda que la mujer de la que está enamorado, Marta, y a la que hace mucho tiempo que no ha visto, le acaba de llamar por teléfono, para concretar una cita para su amiga Esther.

Este será el punto central de la historia, que funcionará en círculos concéntricos, como las ondas que se forman en un lago desde el punto donde impacta el guijarro que hemos lanzado.

Johnny retrocederá en el tiempo y en flashback nos narrará cómo se hizo gigoló, cómo fue captado por su patrona, Lily, y cómo se inició en la azarosa vida del gigoló, narrándonos sus aventuras más que en forma de flecha hacia adelante, en forma de círculo que se expande y que lo mismo puede avanzar hacia el futuro que retroceder en el pasado.

PRIMER AÑO DE JOHNNY COMO GIGOLÓ

Se supone que nuestro protagonista conoce a Lily a finales de la dictadura franquista, tal vez en 1974 o 1975, o tal vez antes o un poco después. Nunca están claras las fechas y eso no tiene demasiada importancia en el desarrollo de nuestra historia.

Por entonces Johnny está estudiando en la universidad la carrera de psicología. Se supone que es una universidad pública, no privada puesto que su economía es paupérrima y debe ayudarse trabajando a veces en diferentes oficios, el último es el de barman en el pub de Paco.

Allí le capta o él pica el anzuelo, la mujer que transformará su vida para siempre.  La visión que Johnny tiene de Lily irá cambiando con el tiempo, puesto que él se supone que no sabe ciertos episodios de la vida de su patrona ni tampoco sus pensamientos más secretos y sus sentimientos más íntimos, el lector tampoco los sabrá hasta que el protagonista los vaya desvelando. Será a partir del descubrimiento del diario de Lily, tras su muerte, cuando Johnny sepa todo sobre su vida y sobre sus verdaderos sentimientos y planes de su patrona hacia su pupilo favorito. Entonces nos llevaremos algunas sorpresas.

De momento lo que podemos saber es que Lily se dedica a captar jóvenes para su negocio de sexo. También lo ha estado haciendo con mujeres, pero ahora lo que necesita y urgentemente son hombres. En su diario conoceremos sus andanzas y cómo llega hasta el pub de Paco gracias a las confidencias que le hace una de sus amigas, quien por casualidad aterrizó en el pub y sedujo al jovencito y atractivo barman. Esto no lo sabe Johnny y no lo sabrá hasta que lea el diario de Lily.

A nuestro personaje le llama la atención la elegante mujer que entra en el pub y le pide con una sonrisa incitante y una mirada pícara que le sirva una copa. Su parecido con la actriz Joan Collins hace que Johnny se sienta muy atraído por ella y sienta una curiosidad morbosa por saber quién es esta mujer. Para nuestro personaje Joan Collins no es una actriz por la que sienta adoración, en realidad es una actriz bastante mediocre, pero su físico siempre le llamó la atención desde que la viera, de adolescente, en una película. Entonces pensó que tenía cara de madame de prostíbulo y cuerpo de prostituta de lujo. Formó parte de sus mitos eróticos de adolescente y por eso ahora, al verla entrar por la puerta del pub de Paco, Johnny por un momento la confunde con la actriz y luego se siente apasionadamente seducido por ella, como si la mismísima Marilyn Monroe rediviva se apareciera en persona a la mayoría de los machos de la generación del autor. Un mito erótico de ese calibre, al alcance de la mirada, y sobre todo de la mano, crea un estado de ánimo muy especial.

Eso le sucederá a Johnny y solo así se explica que siga a Lily como un corderillo. Suponemos que el periodo que emplea la mujer en seducirle dura unos meses, durante los cuales es invitado a fiestas, hoteles de lujo y toda clase de espectáculos, como acompañante de la patrona, que lo paga todo.

Cuando Johnny nos hable del diario de Lily nos descubrirá que en realidad la patrona no se enamoró de él desde el principio, como el ingenuo gigoló que comienza su andadura pensó en un determinado momento. Lily le está probando, primero como semental, viendo sus cualidades y su aguante, y luego como hombre social, conociendo cómo se relaciona con otras mujeres, cómo las seduce y la fascinación que las mujeres del entorno habitual de la madame, mujeres muy curtidas, pueden llegar a sentir por él.

En un principio nuestro protagonista decide simultanear su carrera de psicología con su nueva profesión de gigoló, pero pronto se dará cuenta de que son incompatibles y abandonará la primera, dejando para más tarde, cuando tenga dinero suficiente, el regresar a su genuina vocación de estudiante y seguir sus antiguos planes.

En el próximo capítulo ordenaremos los episodios como gigoló durante su primer año. Hay episodios que aún no están subidos pero los situaremos en la parte del esquema que les corresponde para que todo el panorama quede completo.

      

FILOSOFÍA VITAL DE JOHNNY

Su filosofía de la vida es aparentemente muy simple: le gustan las mujeres, le gusta el sexo, no le disgusta en absoluto ser un gigoló. Sin embargo a lo largo de la historia iremos descubriendo rincones secretos de su personalidad que él ha procurado mantener escondidos o en un segundo plano.

Su moral parece muy elemental: vive y deja vivir, no hagas daño a nadie si puedes evitarlo e intenta sobrevivir en esta jungla social de la forma más aceptable posible. Sin embargo, y especialmente en la historia de Amako, en “Cien mujeres”, veremos a un Johnny sorprendente, interesado por el yoga, el tantrismo y todo tipo de filosofías orientales. La influencia de la dulce japonesita en este aspecto será decisiva. Nuestro personaje intenta hablar de ello lo menos posible, pero antes o después y sin pretenderlo, aflorará a la superficie en algunos momentos de su narración. Habrá una sorpresa cuando Johnny nos desvele que también escribe un diario secreto. Cuando decida desvelarlo sabremos mucho más de este tema.

El lector avisado descubrirá con el tiempo que hay muchas cosas que Johnny nos está ocultando o al menos de las que intenta hablar lo menos posible. Así llegaremos a saber que la conducta de sus padres respecto a María, la joven que lo desvirga, y de la que él admitirá haber estado muy enamorado, será algo que nunca les perdonará, que supondrá un importante trauma en su adolescencia y modificará radicalmente su visión de la vida. Cuando éstos se enteran de su profesión de gigoló, a los pocos meses de comenzar a ejercer, romperán definitivamente con su hijo, algo que Johnny aceptará con cierta ironía y agradecido a no verse obligado a seguir manteniendo una relación hipócrita con su familia.  Aceptará la vida tal como es y no como a él le gustaría que fuera. Apenas tendrá amigos, rara vez se menciona su amistad o relación con algún hombre y serán las mujeres, especialmente las clientas, las que le darán la amistad y el afecto que necesita, aparte del sexo, naturalmente.

Además de esto hay algo muy importante que Johnny nos está ocultando durante buena parte de la narración: su relación con Lily no ha sido siempre tan positiva y encantadora como nos hace creer. Ha habido momentos especialmente tensos y rupturas. Pero de ello hablaremos más detenidamente cuando hagamos un esquema cronológico y temático de su primer año como gigoló.

Johnny era un agnóstico convencido y hará gala de ello hasta que la relación con Amako modifica radicalmente su visión de la vida. Pero esto se tratará con todo detalle en la historia completa de Amako en “Cien mujeres” que tengo manuscrita pero que aún no he subido a Internet. Su filosofía se hará más espiritualista y nos sorprenderá con una perspectiva novedosa y muy personal de la existencia. Esto lo conoceremos con todo detalle en su, por el momento ignorado, “Diario secreto de Johnny”.

Johnny estará cerrado al amor durante algún tiempo.  No lo considera posible, al menos para él, después del desastroso final de su relación con María. No obstante vivirá una extraña relación, muy maternal, con Lily y llegará a plantearse dejar la profesión para compartir su vida con Anabel, su “Ani”.  Descubrirá con el tiempo que es un sueño irrealizable debido al trabajo que realizan ambos.

Marta hubiera sido la mujer de su vida, sin duda, puesto que a ella llega a entregarle todo su corazón e incluso a confiar en su palabra y en un agradable futuro juntos. No será posible puesto que acabará descubriendo en Marta un lado oscuro y ésta abandonará ese proyecto común a las primeras de cambio.

Lo que tardaremos en saber, hasta que leamos la historia de Amako, será que ésta también será una de las pocas mujeres que entran en el corazón de Johnny y por las que se planteará dejarlo todo. Pero dejemos este episodio para su lugar y su momento.

En cuanto a Lily ya hemos hablado de episodios que Johnny hace que permanezcan ocultos. Solo cuando a su muerte nuestro personaje descubra el diario de su patrona sabremos mucho de los aspectos más ocultos y oscuros de su relación. Para él Lily es una mujer extraña, con un lado muy oscuro en el que él no intenta penetrar demasiado. A pesar de ello siempre la considerará una amiga y casi una madre, la que perdió en su adolescencia. Es una de las mujeres con las que mejor se lo pasa en la cama y ello a pesar de que en su diario descubrirá que su patrona tenía un grave problema sexual. Pero eso es mejor dejarlo en suspenso hasta que llegue su momento.

Lily no es la diosa oscura y fuerte que él creía, sino una mujer frágil que ha sabido y podido sobrevivir a pesar de un pasado terrible y de un presente muy complicado. Aún después de leer de cabo a rabo su diario seguirá sintiendo una gran fascinación hacia ella y esta mujer siempre permanecerá en su recuerdo como un hermoso episodio de su vida.

LA PSICOLOGÍA OCULTA DE JOHNNY

                                                                                        

A lo largo de la historia vamos notando que Johnny, demasiado ocupado en contarnos su vida sexual y la relación que mantiene con las muchas mujeres que entran y salen de su vida, se ha olvidado un poco de hablarnos de su psicología más oculta.

Así solo casi al final, en el episodio de la escritora, sabremos que Johnny abrigaba el sueño de ser un gran escritor, simultaneando su profesión de psicólogo con este anhelo que casi no se atreve ni a confesarse a sí mismo.

Johnny siempre es extremadamente positivo con el sexo. Todo en él le parece bien y practicar sexo es para él entrar por la puerta del paraíso. No obstante en algunos momentos de su narración y especialmente en su diario secreto descubriremos que al final el sexo es solo sexo, que todo placer tiene sus límites y carencias y que las mujeres, a pesar de su halo de misterio son personitas a veces bastante mediocres y molestas. Eso no le impedirá soñar a veces con una mujer y solo una con la que compartir su vida, con una familia, unos hijos y una vida tranquila, con una profesión menos llamativa y una vida gris tras los cristales de un agradable hogar. ¿Lo conseguirá? Esa es la sorpresa final.

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VARIACIONES SOBRE LA JUSTICIA


 

NOTA INTRODUCTORIA

Ciertamente que todos los personajes y situaciones que aparecen en este relato son ficticios y cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia. No obstante más de treinta años como funcionario de Justicia en este país deben haberme predispuesto para que algo de lo que aquí se cuenta pueda tener cierto parecido o se asemeje a la realidad, lo mismo que un objeto de un determinado color se parecería a otro del mismo color de forma bastante remota en algunos casos, como podría ser que el parecido entre un elefante y un ratón fuera el color grisáceo de su piel.

Dudé mucho y aún continúo dudando sobre la persona del narrador (aquí aparece en tercera persona aunque la primera me gusta más y tal vez lo intente) y la estructura del relato. Es posible que este largo relato, puede que una novela, sufra numerosas variaciones, algunas muy profundas a lo largo del tiempo. No obstante me he decidido a subirlo porque de otra manera no lograría animarme a continuarlo.

La burocracia ya fue relatada, en toda su esperpéntica grandeza y en su terrible y trágica pompa, por uno de los genios del siglo XX, mi buen amigo Kafka, de quien leí toda su obra en mi juventud y aún la sigo releyendo de vez en cuando. Jamás podré superarlo y mucho menos emular el laberinto espiritual en el que se desenvuelven sus personajes, atrapados entre su consciencia de lo que debería ser y lo que realmente es la realidad que les rodea. Así se siente el autor al escribir esta historia. Es cierto que la justicia nunca podrá ser perfecta –no es divina- pero a veces uno se pregunta si no podría ser un poco mejor, menos burocrática, menos lenta, más humana y menos legalista, dirigida más a regular la convivencia entre los seres humanos de la forma menos lesiva para todos en lugar de intentar que todo el mundo pase por el aro de fuego de la “dura lex” encaminada a someternos a todos a una determinada ideología, filosofía de la vida, del ser humano y de lo que debería, según ellos, llegar a ser la humanidad.

Una buena justicia no evitaría errores ni corruptelas, ni la acción de jueces tan independientes que se consideran plenamente autorizados a retorcer el sentido de la ley hasta que ya no queda nada de su verdadera médula, o dicho de otra manera, que solo dejan cuellos rotos a su paso. Es cierto que todo esto es inevitable, pero al menos una buena justicia, rápida, poco burocrática, basada en el sentido común y no en la literalidad de leyes redactadas y aprobadas por quienes nunca las han aplicado ni las aplicarán y que a veces solo pisan la calle para subirse al coche oficial, ayudaría a que el ciudadano no estuviera tan alejado de la Justicia, casi como de aquí a las puertas de Orión, por donde intentan sobrevivir los replicantes en Blade Runner.

Esta historia ficticia se desarrolla en un país imaginario que evoluciona desde una dictadura de corte más o menos europeísta hasta una democracia de pleno derecho, de corte también europeísta. No se asusten si algunos episodios les recuerdan a países tercer-mundistas y a justicias que poco tienen de democráticas. La intención del autor ha sido la de recrear todas las justicias existentes en todos los países del globo, las que alguna vez existieron y las que alguna vez existirán, casi con toda seguridad. Por eso cualquier intento de situar este relato en un país concreto, protagonizado por personas concretas y reales y hacer encajar lo que se cuenta con lo que supuestamente conoce alguno de los lectores, rechinará con mucha fuerza. Les aconsejo que no lo intenten. Limítense a imaginarse la mejor de las justicias posibles, reflexionen seriamente sobre ello, denle vueltas y más vueltas a los supuestos problemas irresolubles, y cuando consigan llegar a una meta más o menos aceptable, olvídense de lo que han imaginado y degraden esa idea todo lo que puedan. A lo mejor logran escribir una historia parecida a esta

  VARIACIONES JUSTICIA

 

                 I

 

      LA TOMA DE POSESIÓN

 

El subdirector General de Relaciones con la Administración de Justicia terminó de firmar los trescientos nuevos nombramientos de auxiliares de Justicia. Lo que nunca supo uno de los nombrados, concretamente el número doscientos cincuenta y dos, fue si la firma se realizó con pluma y dicho señor firmó uno a uno los nombramiento o se utilizó un tampón con la firma del subdirector. Con el tiempo llegaría a saber cuántas firmas diarias era capaz de estampar un Juez antes de abandonar por agotamiento. Seguro que todo un subdirector no pasaría por esa tortura… ¿o sí?

Seguramente luego se trasladaría a un acto oficial o se iría a comer a un buen restaurante, si había llegado la hora de almorzar, muy satisfecho de  haber tapado uno de los enormes agujeros que tenía la Justicia de su país, a la que algunos comparaban con un queso gruyere.

El correspondiente funcionario puso los sellos a los nombramientos ( trescientos sellos en trescientos nombramientos de auxiliares administrativos de la Administración de Justicia) los introduje en trescientos sobres y se pasó el resto de la mañana poniendo con la máquina de escribir las direcciones de los agraciados. Antes de salir a comer (entonces el horario era partido, mañana y tarde) colocó los sobres en el correo para el día siguiente. A primera hora otro funcionario llevaría el saco a la correspondiente estafeta de Correos. Por aquel entonces Correos era del Estado y existía un sello de franquicia, evitando así tener que colocar un sello de uso común en cada sobre. Los sellos de los que se hablará más adelante se refieren a los sellos que tiene cada Juzgado u oficina administrativa para certificar que el correspondiente escrito no es una falsificación.

Telefónica también era del Estado en aquel tiempo y por las llamadas que realizaban los Juzgados no se pasaba la correspondiente factura al funcionario que utilizaba el teléfono. ¡Uff! ¡Menos mal! Pensaría el recién nombrado auxiliar número 252 en cuanto se enteró del asunto.

 

·          + +

Dos días más tarde, aproximadamente (no vamos a meternos ahora en cuánto tardaba el correo en aquellos tiempos), en una pequeña ciudad de provincias un joven de unos veintidós años, más o menos, recogía un sobre oficial en el buzón de su portal.

 

Lo abrió de inmediato y subió las escaleras de dos en dos, como un cangurito gentil, hasta el tercer piso, donde habitaba. Las oposiciones se habían convocado tres años antes (más o menos, no vamos a ser tan tiquismiquis). A pesar de necesitarse muchas más plazas para cubrir vacantes solo se convocó ese número, ni una más, tal vez porque el presupuesto no permitía más dispendios. Ese sería el sino de la Justicia se su país, según acabaría sabiendo el auxiliar 252, cuando se tapaba un agujero ya se habían abierto tres o cuatro en el “intermezzo”. Supuso que eso se debía a las mezquindades del presupuesto y no a la falta de previsión de ministros o subdirectores. No le entraba en la mollera que sabiendo que al cabo de dos años se iban a necesitar trescientas plazas más, se convocara una oposición con trescientas nuevas plazas, en lugar de seiscientas, que serían las imprescindibles una vez que se cumplieran los trámites y pasaran los dos o tres años correspondientes hasta que los nuevos pudieran tomar posesión.

 

A la oposición se habían presentado diez mil -10.000- candidatos, por lo que tocaban a…( al auxiliar 252 no se le daban bien las matemáticas y dejó de calcular antes de llegar a la solución). Por supuesto que al terminar todos los exámenes, mecanografía, taquigrafía (nunca la usó en el desempeño de su función) y teórico y práctico de leyes, los aprobados fueron trescientos, ni uno más. Esta vez no se preguntó cómo sabía el tribunal a cuántos era preciso “tirar” en el primer ejercicio para que no se vieran obligados, en el segundo, a dejar fuera a opositores que realizaran un ejercicio brillante.

El que con el tiempo sería el auxiliar 252 estudió en una academia durante más de un año, simultaneando sus estudios con un trabajo de basurero, o séase recogedor de basura en camiones. Puso tanto empeño que llegó a dar casi quinientas pulsaciones (machaqueo de teclas) por minuto, cuando solo le pedían 250 pulsaciones. Siempre estaría convencido de que llevar el doble de pulsaciones de las que le pedían fue lo que le salvó la vida en la oposición. Su taquigrafía no era mala, pero ya se sabe que en los exámenes uno se pone nervioso y no rinde ni la mitad de lo que sabe. En cuanto a los temas tuvo la mala suerte de que le tocara un tema de “penal”, que no dominaba mucho, en lugar de uno de “civil” que se sabía al “dedillo”. Esto le hundió y salió del gran salón donde se había celebrado el examen tan cabizbajo como un picapedrero con una gran piedra en la nuca. Estaba convencido de que había suspendido, por lo que aquella carta oficial le alegró el alma. Le daba igual ser el número 252 que el nº 1, lo importante es que su futuro económico estaba solucionado.

Continuará

  

EL LOCO DE CIUDAD-FRÍA-PRÓLOGO


 

  EL LOCO DE CIUDAD-FRÍA

 

 

NOTA DEL AUTOR

Han pasado algunos años desde que escribiera la introducción a esta novela que pueden leer a continuación. Desde entonces muchas cosas han cambiado en mi vida, la mayoría para mejor. La obsesión que transmito en ese texto por mi supuesta locura y lo que se supone que los demás piensan, han pensado o pensarán de ese pobre loco ha ido remitiendo con el tiempo, gracias a Dios. He superado casi por completo mis viejos problemas depresivos y estoy en vías de solucionar mi fobia social. No me considero un loco, más allá de lo que implica ese concepto en el sentido de rebelde, peculiar, original o minoritario y por lo tanto no me siento obligado a dar explicaciones de lo que pienso, hago o de cómo es, o deja de ser, mi vida. Aún así sigo pensando lo mismo o parecido sobre el trato recibido de un gran número de personas de mis diferentes entornos a lo largo de las distintas etapas de mi vida. No me apeo del burro en cuanto a cómo creo que somos tratados los enfermos mentales en esta sociedad y sobre cuánta hipocresía y “mala leche” es desplegada por los “normales” o “intocables”  para marginarnos, aislarnos y mantenernos constantemente fuera de sus vidas y sus presencias. Sigo en mis trece cuando expreso mi convencimiento de que solo el amor, el cariño, la proximidad física y afectiva a los enfermos mentales puede acabar curando o atenuando sus patologías. Si hay genes torcidos será complicado curar completamente a un enfermo mental, aún así nadie me convencerá de que el amor y el cariño no podrían, incluso, enderezar un gen torcido.

En cuanto a lo novela en sí, es sin duda mi novela más ambiciosa, también la más autobiográfica. Eso no quiere decir que todo lo que en ella se cuenta sea cierto y real hasta la médula. La manipulación a la que he sometido mis vivencias, mi pasado y todo lo que soy o me ha sucedido, es tan fuerte que solo un iniciado, alguien que me conociera muy a fondo, podría descubrir dónde miento descaradamente o dónde me acerco a lo más real de mí mismo o de mi trayectoria vital. No importa lo que el autor haya hecho con sus vivencias porque lo verdaderamente importante es lo que en esta novela se cuenta de la supuesta o real “locura”, de cómo reaccionan los demás ante quienes se niegan sistemáticamente a formar parte del rebaño, de cualquier rebaño, y cómo toda vida que se precie no es sino una profundización espiritual en uno mismo. Como diría Milarepa, hemos venido a esta vida para aprender las lecciones espirituales que nuestros maestros han considerado indispensables para nuestra evolución como seres espirituales. Algunos parece que necesitábamos más lecciones y mucho más severas que otros o puede ser que voluntariamente hayamos elegido las experiencias más terribles para dar un salto de gigante en nuestro progreso espiritual. Hay muchas cosas que ignoramos, sin embargo de algo sí deberíamos estar seguros: todos acabaremos aprendiendo las mismas lecciones, de una forma o de otra, todos procedemos del Todo y a él regresaremos, todos estamos expuestos a que la tortilla se voltee y cuando pensábamos que nuestro orondo trasero estaba a salvo de quemarse, lo encontremos chamuscado y maloliente. Quien crea que a él nunca le sucederá nada de lo que nos ha sucedido alguna vez a los “locos”, que las desgracias están para que las sufran los demás, no él y que su buena estrella le acompañará hasta la muerte y más allá de ella, es un auténtico ciego y más le vale que abra los ojos y empiece a ver la auténtica realidad o el golpe que acabará recibiendo antes o después será todo un apocalipsis.

Aprovechando la nueva subida de capítulos que ya tengo en otras páginas he decidido hacer una revisión concienzuda y casi definitiva del texto que me servirá para guardar en mi biblioteca, con ilustraciones y todo, a la espera de que algún día otro “loco” como yo se atreva a publicar esta novela que seguramente revolverá muchos estómagos y muchas almas sensibles, para siempre.

No espero que les guste. Mi máxima ambición sería que les disgustara hasta el límite de hacer que se replanteen sus propias vidas. Un abrazo.

 

                        EL LOCO DE CIUDAD-FRÍA 

                 A MODO DE PRÓLOGO

 

Hace unos días pude leer en la prensa una pequeña nota, perdida entre otras muchas informaciones, tal vez más importantes. En ella se decía que el 6% -han leído bien- de la población mundial, padece trastorno bipolar. Teniendo en cuenta que con casi total seguridad la mayoría de los bipolares están en países ricos ( a los pobres solo les preocupa el hambre y ni se enteran del resto de trastornos) y si a esto añadimos que además de bipolares hay paranoicos, psicóticos, neuróticos leves o menos leves, fóbicos, obsesivo-compulsivos … y podríamos seguir y seguir… la conclusión, al menos por mi parte, es que la enfermedad mental no es moco de pavo, ni por el número de enfermos, ni por las consecuencias para la persona que la sufre.

Para completar esta información pude escuchar en un programa de radio que en este país somos más de ochocientas mil personas las que hemos sufrido algún tipo de enfermedad mental a lo largo de nuestras vidas y que 1 de cada 4 españoles sufre algún trastorno psicológico. No es una estadística para olvidar, desde luego. La estadística se centraba en las pérdidas económicas que esto producía en la economía del país y creo recordar que se atrevía a cuantificarlas. Lo cierto es que a mí, particularmente, me interesa mucho más el sufrimiento por milímetro cuadrado de piel o de neurona que las pérdidas que esto puede suponer para una economía globalizada (sobre todo si quienes pierden tienen mucho, porque a los que tienen muy poco les da igual morirse de hambre hoy que mañana… es un decir sarcástico… ustedes me entienden).

Si algún día el bienestar del planeta se cuantificara por el sufrimiento de sus enfermos mentales nos daríamos cuenta que el bienestar económico es en realidad una paparrucha. El enfermo mental, aparte del sufrimiento intrínseco de su enfermedad, tiene que padecer una marginación social de no te menees, y a veces un acoso por parte de ciertos grupitos que es más propio de depredadores sin escrúpulos que de seres humanos. Se llaman a sí mismo cuerdos y normales y se burlan desvergonzadamente de quienes han tenido la desgracia de que su psiquis se resquebraje por una infinidad de motivos. A ellos, a los cuerdos y normales, los encerraría yo en una isla desierta, a ver si se devoraban entre sí o por el contrario demostraban que su cordura es auténtica y no un simple dar cuerda a los demás para que se ahorquen.

Suena duro, lo sé, muy duro, pero les aseguro que si se les ocurre leer el relato que sigue a este largo prólogo, "El loco de Ciudadfría", tal vez cambien un poco de opinión. Si bien las fronteras entre la locura y la cordura nunca han estado muy claras; si es cierto que muchas veces se confunde lo políticamente correcto con la cordura y la filosofía personal con la locura; si los surrealistas de principios del siglo XX trabajaron mucho este aspecto de la locura –el enfrentamiento con una sociedad patéticamente cuerda, hasta extremos vomitivos- y si Dalí utilizó el método paranoico-crítico ( como él lo definió) para mantener ciertos estratos de su vida y de su obra –delirios de loco- al margen del resto de su personalidad ( " La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco"), no deja de ser absolutamente cierto que la enfermedad mental y la locura existen. Bien sea debido a causas sociales, culturales, psicológicas, o a la herencia genética o a malformaciones biológicas, lo cierto es que la enfermedad mental y la locura existen….

Pocos seres tan marginados e incomprendidos como el loco. ¿Han visto ustedes a algún profesional de la mendicidad utilizar a un loco como gancho de su negocio? A un amputado, a un niño, a un ser deforme, sí, a un loco nunca. El loco no produce compasión, sino instintivo rechazo. Tal vez sea debido a que lo mismo que sucede con el cáncer, nadie está libre de la depresión, la locura o la demencia senil.

Quienes se consideren cuerdos confesos e irredimibles puede que no estén aún preparados para leer estas páginas. Si este prólogo contiene palabras duras (de las que no me arrepiento) la lectura del relato que sigue "El loco de Ciudad-fría", encuadrado dentro de mi serie de "Relatos urbanitas" les revolverá la hiel, se lo garantizo. Como en el Lobo estepario de Hesese, concretamente en su Teatro Mágico (donde aparece la leyenda: solo para locos) lo que va a seguir es solo para locos, absténganse cuerdos, su vesícula biliar no soportaría el impacto.

 

No me hubiera perdonado nunca si no aprovechara la presentación de mi relato para romper una lanza, mil, todas, en favor del enfermo mental. Puede que se sientan incapaces de mirarle a la cara, pero recuerden que la condición humana es frágil, nadie está libre de padecer cáncer o de terminar loco. La vida es a veces espantosamente justa. Quizás el loco del que ustedes se burlan hoy, mañana puede estar a la puerta de su casa riéndose locamente del cáncer que arruina sus vidas.

Son palabras duras, lo sé, pero creanme si les digo que tengo serios motivos para pronunciarlas aquí. Una panda de psiquiatras ( a quienes mejor les hubiera venido un corazón más grande que tantos datos en las neuronas) me diagnosticaron en mi juventud todo tipo de patologías, con nombres terribles, incluso uno de ellos se atrevió a profetizar que yo nunca saldría adelante, y que lo mejor sería abandonarme en el monte, con las cabras.

Años más tarde, una mujer (¡tenía que ser mujer!, ellas tienen una especial sensibilidad para estos temas) una psiquiatra, tras unas horas de conversación y una batería de tests me dijo, con justa dureza, que lo mío no era una patología mental irreversible, sino mi cobardía, mi incapacidad para enfrentarme a la vida. En una palabra: yo no tenía c…. para darle cara a mis problemas.

Me reboté como el loco que me habían dicho que era y miré sus rotundos y hermosos senos con ojos de sátiro lujurioso (quería ofenderla en lo más profundo de su femineidad) pero el tiempo me hizo apreciar el inmenso favor que me regaló aquella mujer valiente y excepcional. Liberado del peso de la locura me enfrenté a la vida con valor, con arrojo. No fue fácil, pero con la ayuda de una férrea voluntad, de métodos y técnicas mentales de relajación (yoga y otras técnica que encontré buscando sin parar) y sobre todo gracias a mi esposa, que apareció en mi vida como un ángel y en el momento más oportuno, pude superar con los años el infierno en el que habité, como el más loco entre los locos.

Aquellos estúpidos psiquiatras no fueron capaces de ver en mí un joven destrozado por una educación religiosa represiva y miserable, que le fue embutida a trompazos a un niño tan necesitado de cariño que lo buscaba de las formas más insólitas y surrealistas. Me diagnosticaron la locura y muchoa gente en mi entorno me señaló con el dedo y se burló del pobre loco de "Ciudad-fría". Si ellos hubieran conocido mis pensamientos se habrían encerrado en un bunker, para que mis maldiciones lo les alcanzaran. Habría ido a la puerta de su casa para reírme del cáncer que les acababan de descubrir en los c….

Son palabras duras, muy duras, lo sé, pero no me arrepiento de ellas. Solo Dios y yo conocemos el infierno en el que tuve que vivir tantos años, porque, fuera lo que fuera lo que me estaba ocurriendo, en ninguna parte encontré una brizna de cariño, de comprensión y de respeto.

El loco de Ciudad-fría no es mi autobiografía. Forma parte de mis "Relatos urbanitas". Se desgajó de esta serie al adquirir vida propia. ¿Cuánto hay de realidad en éste texto y cuánto de ficción? Sería complicado poner un número. Digamos un 50%, mitad y mitad. En algunos episodios la realidad superará a la ficción y en otros será al contrario.

¿Por qué no escribo una autobiografía y doy la cara con todas las consecuencias? Pues sencillamente porque soy un loco, lo reconozco, pero no soy tonto. Los locos no tenemos que ser necesariamente tontos. Al contrario, muchos locos son tan inteligentes que algunos han acuñado aquella frase de que la locura y la genialidad se tocan y no se sabe dónde. Si yo escribiera todo lo que me ocurrió, con pelos y señales, nadie me creería. Es demasiado fuerte y crudo para ser real, me dirían. Como siempre la realidad supera a la ficción. Si esta ficción les parece dura y cruda imaginen cómo sería la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Para evitarles el mal trago he utilizado el material autobiográfico para manipularlo a mi gusto y gana y hacer más asimilable una historia que ninguno de ustedes creería. Estoy seguro. Como además hay mucho material lo he dividido en muchas partes. El loco de Ciudad-fría tiene la parte "más suave" y en cambio una novela que tal vez conozcan a mi muerte, una obra póstuma, y que titulo "Una temporada en el infierno" , les dará a conocer el resto.

Pero dejémonos de prólogos y vayamos al grano. Como verán el autor se ha desdoblado en el personaje del loco y en el periodista y escritor que escribe la historia para un supuesto suplemento dominical de un diario de provincial. En ambos hay mucho de mí. Las reflexiones del narrador intentan ser las mías propias, vistos los acontecimientos desde un futuro lejano y con la frialdad que da el no ser parte de ellos –supuestamente,claro-.

LES REITERO. ESTA ES UNA HISTORIA SOLO PARA LOCOS COMO LEYÓ EL LOBO ESTEPARIO DE HESSE. ABSTÉNGANSE LOS CUERDOS, PORQUE PUEDE HERIR SU SENSIBILIDAD.