HOTEL DE LOS DISPARATES-INTRODUCCIÓN


EL HOTEL DE LOS DISPARATES

UNA HISTORIA DE TREPIDANTE HUMOR Y MUCHA GUASA

EL HOTEL DE LOS DISPARATES

Papeles póstumos y archivos recuperados del club de humoristas. Recopilados por una mano amiga e introducidos por un tal Slictik, a quien nadie dice conocer, pero que se adjudica un protagonismo, sin duda inmerecido.

INTRODUCCIÓN

El hotel de los disparates nació hace ya algunos años en Internet, con el deseo de que con el tiempo llegara a convertirse en un taller literario y de creación de personajes, humorísticos o serios, de alguna enjundia y con proyección de futuro.

Nunca antes se me había ocurrido la posibilidad de intentar coordinar un taller literario. Al fin y al cabo solo era un escritor aficionado y además en ciernes. No había escrito mucho y lo poco que había escrito era malo o muy malo. A pesar de ello estaba emperrado, “erre que erre” en llegar a ser un día lejano un buen escritor, sino de prestigio o publicado, sí al menos aceptablemente bueno, aunque solo lo fuera para mí mismo.

En el año 1996 compré un ordenador y me puse a subir a los archivos de Word todo lo que había escrito hasta entonces y que aún se conservaba (no destruido por el fuego purificador en un momento muy bajo de ánimo). Comencé a escribir archivos como un poseso,, haciendo virtuales mis textos manuscritos, al tiempo que iniciaba, una tras otra, tablas de diferentes temas, cine, literatura, cultura en general, ajedrez, de todo un poco.

Pero no fue hasta años más tarde, no recuerdo cuántos, que llegaría a tomar la muy pensada decisión de conectarme a Internet. Tanta reflexión se debió a que para mí, como para muchos de mi generación, Internet era el caos, un monstruito virtual devorador y adictivo. Muy peligroso, muy tentador, y a saber qué podría encontrar uno allí de positivo.

Dicen que la ignorancia es muy atrevida. También es muy estúpida. Me las prometía muy felices con un correo que podría llegar a cualquier parte, transmitiendo mis manifiestos. Aún conservo alguno de los que escribí para “La Mente enmascarada”. Luego la realidad te pone en tu sitio, como hace siempre. Resultó que mi idea de poner un mensaje en el correo virtual y esperar que pudiera llegar a todo el mundo era estúpida, lo mismo que poner una carta en el buzón con la dirección: “A todo el mundo que quiera leerlo”.

En Internet también son precisas direcciones, si quieres que el correo llegue a alguien, y éstas había que conseguirlas (no caían de los árboles) y una vez logradas lo más fácil era que el destinatario ni lo mirara sino te conocía (escarmenté abriendo correos desconocidos, los virus sí que vuelan en Internet) y para conocer gente se podía acudir a un chat…

Esta etapa ridícula y surrealista de novato en el mundo virtual la parodio en alguno de mis textos: Mi vida ficticia en el chat, Metrópolis, Los Hackers Mates…

Quien no tiene un asesor experimentado sabe muy bien las dificultades a que se enfrenta un novato y las tonterías que se llegan a realizar. Eso me pasó a mí, solo que multiplicado por mil.

Para empezar, instalar un correo en el ordenador tiene su encanto. ¿Era preciso pagar por mandar correos? Descubrir un correo gratuito también tuvo su dificultad, lo mismo que registrarse. ¿Por qué todo el mundo utilizaba un Nick o un alias?

En aquel momento estaba leyendo una novela de Chestar Himes, uno de mis escritores de novela negra favoritos y en esa novela aparecía un personaje extravagante, Slic, que el traductor al inglés había trasvasado al español como “listillo”, según explicaba en una nota.

Al registrarme lo escribí mal y ese error me llevaría a cargar con un alias impronunciable que al final me resultaría muy divertido. Escribí Slictik y al enterarme de que bien podría ser una mezcla de “slip” calzoncillo y “lipstick” lápiz de labios sonreí de oreja a oreja y me regocijé durante un buen rato.

Slictik llegaría a ser mi nombre de guerra. Con él me registré en un foro de gramática española, el foro Cervantes, y allí conocería a una argentina con la que establecí una relación amistosa durante un tiempo prolongado, para la fragilidad que acostumbran a tener las relaciones en este universo virtual.

Ela había creado un grupo gratuito (ignoraba que eso fuera posible) y me invitó a formar parte. Fue allí donde el Hotel de los líos, luego de los disparates, echó a caminar como un taller de creación de personajes humorísticos y en general de cualquier género y tipo.

Éramos cuatro gatos, pero lo pasábamos muy bien. Pero no fue hasta el nacimiento de la Casa de Asterión que el Hotel de los disparates se puso a deambular con cierta prestancia.

Esta historia es un homenaje a aquella etapa y a todos los que colaboraron el Hotel. Sus autores y personajes forman parte de su historia, aunque si alguna vez es publicada deberé solicitar su permiso para reproducir sus textos y servirme de sus personajes.

Antes de transformarse en la “Torre de Babel”, un rascacielos exclusivo para mis personajes humorísticos, la mayoría de ellos, sino todos pasaron por allí. Cómo empezó todo y cómo terminó, si es que alguna vez se puede decir que acabó esta saga es lo que se narra en esta larga y extravagante historia. Espero  que se diviertan.

LA LLEGADA AL HOTEL DE OLEGARIO BRUNELLI, EL HUMORISTA NUMBER ONE

¿Quién era, es y será, este personaje extravagante? Eso lo podrían ustedes saber de “pe” a “pa” si consultaran su azarosa biografía que este narrador halló entre los papeles y archivos del Hotel de los Disparates y que luego pude confirmar en los archivos digitalizados de la ”Torre de Babel” De momento nos basta con saber que Brunelli fue invitado, lo que es un decir ya que son enemigos irreconciliables, por el Sr.  Almirante, presidente de club mundial de humoristas, asociación sin ánimo de lucro, que engloba a todos los humoristas del planeta – ya que los pocos que se le enfrentaron, decidiendo según su libre albedrío continuar su espiritual y generosa tarea en solitario se vieron tan presionados y coaccionados que acabaron suplicando la admisión- a asistir al congreso mundial de humoristas que se celebraría en el país recién nacido a la independencia y que tomó el nombre provisional de “El país de la Alegría”, con motivo de la inauguración del mejor y más lujoso hotel de aquel territorio y uno de los mejores del mundo.

Debo decirles que la invitación del Sr. Almirante expresaba muy claramente que Brunelli debería pagarse el viaje y ya se vería si también la estancia, dependiendo de si el Sr. Director del hotel les invitaba a todos o no. Se dice, se cuenta, que antes el Sr. Almirante había sido invitado por el director del hotel, el Sr. Pestolazzi, pero eso es algo muy complicado de saber con exactitud, puesto que el caos que reinó al principio y que luego se acentuaría con el tiempo, hace muy complejo rastrear nada de lo que allí realmente sucedió. Por ello me perdonarán ustedes si relleno huecos con mi fantasía y me invento algún plano-secuencia sin mucha importancia.

Brunelli viajaba en un avión pagado de su bolsillo. Su destino era el aeropuerto internacional del “País de la Alegría” o “Alegría” a secas como le empezaron a llamar todos, para abreviar.  Dicho aeropuerto aún no tenía nombre, ni siquiera provisional. En cambio el hotel donde había intentado reservar habitación sin éxito sí que había sido bautizado y bien bautizado con champán francés, con el rimbombante nombre, a juego con el país, de “Joie de vivre”.  La alegría de vivir, en traducción libre y espontánea, era un hotel sin par en el negocio hostelero mundial, su único problema al principio fue el de no tener personal y carecer de casi todo. Pero su director, el Sr. Pestolazzi, acabaría por solucionar todos los problemas, con el tiempo, y los que no se arreglaron con el tiempo se pudrieron hasta desaparecer. El disparate que reinó allí en los primeros tiempos y que luego no hizo otra cosa que crecer, le cambió el nombre para siempre, transformándose en el “Hotel de los disparates”. Pero antes de contar su historia me gustaría contarles otra.

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