El infierno de los lujuriosos I


EL INFIERNO DE LOS LUJURIOSOS
En el centro del infierno una enorme caldera de espermatozoides hirviendo acogía a los grandes pecadores lujuriosos.
 
MESALINA


 
Al llegar al infierno el Consejo Supremo de Justicia infernal, presidido por el ínclito Satanás, decidió que la nueva penada, de nombre Mesalina, antes de ser entregada al verdugo pasaría un tiempo al servicio de dicho Consejo. Había causado tal sensación que la decisión fue unánime, caso raro.
Durante un periodo de tiempo indefinido –en el infierno no hay tiempo- fue violada brutal y persistentemente por todos los consejeros, después de que su presidente se hubiera cansado de ella.
Todos se sorprendieron mucho de que la tal Mesalina, en lugar de chillar y pedir compasión, solicitaba más y más y nunca se cansaba. Al fin, agotados todos ellos, decidieron entregarla al verdugo. Este, enterado de lo que se comentaba había hecho con ella el Consejo, decidió aprovecharse, pensando que Mesalina no elevaría queja alguna, como así fue. Terminó tan agotado que en venganza –se había vuelto impotente- la sometió a todos los tormentos del infernal lugar, empezando por los peores y terminando por los más terribles.
Asombrado elevó un informe al Consejo.
“La tal Mesalina parece no sufrir con los tormentos que se le han administrado hasta ahora. Al contrario, gime, pero como si la poseyera un placer infernal. Solicito instrucciones”.
El Consejo, reunido en sesión urgente y sumaria, deliberó hasta que a un listillo, siempre los hay, se le ocurrió mirar la ficha de la penada, pensando que el error procedía del archivero (él deseaba ocupar ese puesto tan poco trabajoso).
-Creo que el error procede del archivero, dijo, nadie llega al infierno sin una ficha detallada de sus vicios y debilidades.
El Consejo pidió la ficha y tras mirarla atentamente uno tras otro, todos dijeron: No se menciona para nada que sea resistente al dolor y al tormento. El archivero no tiene la culpa de nada.
El supremo Satanás se limitó a darle una ojeada por encima.
Cuando estaban a punto de firmar denegando la petición del demonio listillo para reemplazar al archivero, Satanás se levantó y con gran pompa dijo: Me avergüenzo de vosotros, merecéis que os destine al cielo. ¿Qué pone aquí? “Adicta al sexo, a cualquier clase de sexo y a todas sus formas y manifestaciones? ¿Acaso el masoquismo no es una clase de sexo?
Satanás decidió que al archivero fuera sustituido por el demonio listillo y abrió una deliberación sobre qué tormentos se deberían aplicar a la tal Mesalina.

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