Mes: agosto 2011

Todos estamos solos al caer la tarde


TODOS ESTAMOS SOLOS AL CAER LA TARDE

THRILLER

INTRODUCCIÓN

Me encanta el thriller, en el cine, como novela… es el formato moderno de la novela negra, uno de mis géneros favoritos. Por eso siempre quise escribir uno. Me puse a ello en varias ocasiones pero nunca logré una historia con la suficiente entidad como para decidirme a trabajar en ella de forma continua. Para mí es uno de los géneros literarios más difíciles. No solo tienes que crear una trama policiaca que no se te venga abajo al primer soplido del lector, sino que además debes hacer una novela excelente, con personajes mucho más sólidos que en una novela convencional y con una estructura infinitamente más compleja. Todo un reto.

Recuerdo el impacto que supuso para mí leer las primeras novelas negras que cayeron en mis manos, por ejemplo “El sueño eterno” de Chandler o las novelas de Hammett o 1280 almas de Jim Thompson. Esa era mi meta, escribir algo parecido aunque personal, muy personal. Con el tiempo disfrutaría mucho de los thrillers modernos. Hay películas de una gran altura y que merecen estar ya en letras grandes en la historia del cine.

Quitando toda la pátina cinematográfica, rascando en los personajes para quitarles su inhumanidad, esas reacciones tan poco creíbles ante los hechos más brutales, ese no dormir, no comer, no tener vida privada, ese titeretismo al servicio de un suspense que se lo traga todo, como si la vida fuera un constante sobresalto, donde solo ocurren cosas inesperadas y brutales. Quitando todo eso que no me gustaba y añadiendo mi propia perspectiva sobre el tema, pensaba conseguir algo interesante.

Cuando hace algunos años se me ocurrió la idea me puse a ello y esbocé lo fundamental de la historia. Necesitaba un pueblo cercano a un desierto, un sheriff joven y marcado por la tragedia, un asesino en serie que aparece de la nada, sembrando el terror; una reserva india, algunas chicas guapas, eso sí, que no se pasaran la novela dejándose mirar. Necesitaba un paisaje luminoso, un sol de justicia, colinas áridas, desierto suave y desierto profundo, y otro mundo nocturno, ominoso, aparentemente vacío, pero repleto de demonios invisibles. Necesitaba…necesitaba tantas cosas que acabé por bloquearme.

Esbocé lo fundamental de la historia y la dejé durmiendo, como les sucede a muchas de mis historias, la mayoría. De pronto, hace ahora un año, estando aún lejos de mi mujer y tratando de que el tiempo de espera no me devorara, decidí ver algunos documentales que tenía grabados en cintas y que no había visto hasta ese momento por falta de tiempo. Lo que ahora me sobraba era precisamente tiempo y soledad. Entre los documentales que visioné había uno, perteneciente a la serie “Esta es mi tierra” de la 2 de TVE. Una gran serie que os recomiendo. Escritores modernos nos cuentan, en menos de una hora dónde nacieron y cómo se desarrolló su vida, como personas, pero fundamentalmente como escritores. Entre los episodios que aún no había visto estaba el de un poeta asturiano, al que no conocía o solo de nombre y poco más. Teniendo en cuenta que yo soy asturiano, o al menos nací en Asturias, y que soy escritor e intenté ser poeta en algún momento de mi pasado, me resultaba muy atractivo saber quién era…quien era… Creo que es Ángel García… No, acabo de mirar en Google. Se apellida González y no García.

Su vida me llamó mucho la atención. Un profesor de literatura que emigra a Nuevo México donde da clases en la universidad, creo que en Alburquerque. Un español que huye de la guerra civil y de una postguerra durísima. Además fue maestro en un pueblo de la montaña leonesa, muy cercano a esas montañas que conozco tan bien.

Viendo el documental supe de inmediato que aquel era el escenario perfecto para mi novela. Un escenario que había estado buscando durante muchos años, sin encontrarlo. En el documental el poeta visitó un pueblecito cercano a Alburquerque, donde le gustaba ir de vez en cuando para evadirse de las clases y donde nos presenta a una mujer mexicana que tiene una pequeña tienda o colmado. A pesar de estar deslumbrado por todo aquello (no me atrevo a llamar casualidad a lo que es otra cosa mucho más profunda) no pude por menos de darme cuenta de que ya tenía otro personaje para mi novela… el poeta y también aparecería la mujer del colmado. Claro que tendría que modificar mucho al poeta, acabaría resultando irreconocible y con más rasgos de mi personalidad que de la persona real.

Los que estamos en este camino del conocimiento, siguiendo vías diferentes, aunque siempre paralelas, sabemos muy bien cómo funciona la intuición, cómo a través de ciertas técnicas mentales se pueden lograr grandes cosas; cómo no importa que practiques yoga o que te leas a Castaneda o que estés en cualquiera de los caminos que llevan al conocimiento, descubrirás, antes o después que lo que algunos llaman “realidad” no deja de ser solo un telón de fondo, un decorado, la verdadera realidad está detrás, al fondo, desarrollándose en dimensiones ocultas y maravillosas.

En mi juventud había comenzado a leer a Castaneda y su personaje de Don Juan me había descubierto nuevos y maravillosos horizontes. Curiosamente Don Juan vive en Nuevo México y Carlos Castaneda lo conoce en una zona cercana al desierto de Sonora. Pertenece a la cultura yaqui y todo lo que describe del entorno, el paisaje y la forma de vida me sonaba conocido, como un “dejá vu”. Desde niño me sentí muy atraído por México, Nuevo México, California y todo el Oeste americano. Me gustaban las películas de Pancho Villa y Zapata, la forma de hablar mexicana, ese “ándele, ándele” y “cuaque, aquí hay tomate” y “manito”, etc. Era como si yo hubiera vivido por allí en alguna reencarnación, en alguna vida pasada. Y no me sorprendería nada, porque en algunos sueños yo estaba por allí, concretamente en uno pertenecía al ejercito norteamericano, a los “cuchillos largos”, al séptimo de caballería o algo parecido. Iba vestido con el típico uniforme de las películas y debía de ser un sargento o algo por el estilo. La escena onírica era demasiado real para ser una simple copia de alguna escena de película. Tal vez se deba a que alguna vez fui soldado, y tal vez en más de una ocasión, el que odie tanto la vida militar, el ejército, a que nunca me haya llamado la atención, ni lo más mínimo, como si quisiera olvidar algo y olvidarlo para siempre.

Entre los numerosos sueños que llevo anotados a lo largo de los años hay muchos, muchísimos, que se desarrollan por México o por el sur de USA, concretamente los estados donde se desarrolló la gran aventura de la conquista del Oeste. Si yo no viví por allí en alguna vida pasada es que me he sugestionado y he llegado a sentirme como en casa en un lugar que nunca pisé.

Así pues en aquel documental encontré todo lo que necesitaba: un pueblo diminuto, perdido en la aridez, colinas peladas, un desierto cercano, una reserva india… Alburquerque, la ciudad que necesitaba… Un paisaje que era tal cual yo lo había imaginado y esbozado al trazar el decorado de la historia.

Tomé notas, saqué fotografías de paisajes que aparecían en el vídeo y que eran perfectos para lo que yo quería… Sin darme un respiro me agarré a un cuaderno y volví a esbozar la historia, modificando todo lo necesario y añadiendo todo lo que se me ocurría, especialmente el personaje del poeta asturiano que pronto llegaría a adquirir una importancia inimaginable. De hecho su presencia cambió toda la historia, de arriba abajo, modificó el carácter del protagonista, del sheriff, y trazó nuevos y originales caminos para el thriller.

Estuve horas, durante una tarde y parte de la noche, escribiendo sin parar, esbozando la nueva historia sin tropiezos, con naturalidad, modificando lo que ya tenía esbozado hasta adaptarlo a los nuevos decorados y personajes.

Hasta escribí un poema que explicaba el título y que antes era solo una frase bonita que se me había ocurrido como título provisional. El personaje del poeta escribe ese poema en una noche de borrachera, en casa del sheriff, concretamente en el porche, y se lo dedica a su amigo. El poema era perfecto para explicar el título, y con un pequeño trabajo de estilo y retoques quedaría maravillosamente bien como colofón y resumen de la historia.

La modificación más importante, que se me ocurrió sobre la marcha y que cambiaría toda la novela, fue la de convertir al sheriff en un escritor de novelas de terror, que escribe bajo seudónimo, intentando permanecer en el anonimato a pesar del éxito de las mismas, que se convierten en bestsellers. El personaje del poeta explica por qué el sheriff comenzó a escribir y por qué sus historias son como son.

Esta historia paralela es el contrapunto perfecto a la historia principal, como una historia de ficción puede serlo para una historia real.  La idea básica se me ocurrió aquella tarde, aunque he estado desarrollándola todo ese tiempo, desde hace más de un año y concretamente aquí enLa Mancha, con ese calor tan peculiar que me ayuda a imaginarme al sheriff en Nuevo México. Esta historia paralela ha ido adquiriendo una importancia desmesurada, hasta el punto de que he decidido podarla, esquematizarla y adaptarla a la historia principal, apareciendo y desapareciendo, como el Guadiana, en momentos puntuales de la novela.

No sabía muy bien qué tipo de monstruos poblarían estas historias ficticias que escribe el sheriff. Al final decidí que fueran una especie de demonios que habitan el desierto en una especie de país o Estado muy parecido a Nuevo México. Toda la narración ficticia es delirante pero alcanza un terror psicológico que hasta a mí mismo me sorprendió y estremeció. El poeta le sugirió al sheriff que escribiera esas historias para sacar sus demonios al exterior. Y ahí viene una parte de la historia que ya había esbozado, pero que ahora alcanza altos vuelos.

Ya en el primer esbozo me dí cuenta de que era necesario explicar por qué el sheriff estaba allí, en un pueblo perdido, cercano a un desierto, una especie de “culo del mundo”. Y para ello tenía que esbozar la tragedia que había destrozado su vida y le había conducido hasta allí. En el primer esbozo estaba claro que era el asesinato de su novia el que le llevaba a una huida hacia ninguna parte, buscando un lugar donde pasar desapercibido y donde nadie le hiciera preguntas. Sin embargo solo con el tiempo he conseguido hacerme una idea clara de cómo era la novia del sheriff y de lo que ocurrió.

Un problema básico en el primer esbozo era el tema de los asesinatos del asesino en serie. No tenía nada claro ni cómo era el primero, ni cómo se iban sucediendo los demás. Una vez que el personaje secundario del indio navajo, ayudante del sheriff, empezó a tener consistencia, cómo ocurría el primer crimen, dónde y cómo, resultó bastante sencillo de escribir.

Conforme iba escribiendo y escribiendo (las ideas surgían una tras otra, como una ristra de chorizos) comprendí que lo que yo estaba tratando de hacer no era otra cosa que una especie de nuevo Twin Peaks, la legendaria serie de televisión de David Lynch. En ella aparecía también un ayudante del sheriff de raza india. Había algunos personajes que eran parecidos o paralelos a la historia de Lynch. Por desgracia no era capaz de crear personajes humorísticos tan maravillosos como Lucy, la telefonista de la oficina del sheriff y su novio, creo que se llamaba Andy.  Decidí que no podía dejarme influenciar demasiado por Twin Peaks o mi historia sería una pésima copia sin el menor interés. Así que me puse a trabajar pensando solo en mi personaje y en cómo desarrollar el argumento. La posibles influencias de la legendaria serie eran perfectamente asumibles y normales.

Como me sucede cuando alguna historia que estoy imaginando me absorbe, comencé a escribir compulsivamente los días siguientes, sin parar un minuto hasta que lo básico del nuevo esbozo estuvo en el cuaderno. Apenas en un par de semanas me encontré con más material del que había conseguido reunir en años y de una calidad que me dejó asombrado. A veces lo mejor que un escritor puede hacer es encomendarse a “San Subconsciente” y dejar que el tiempo pase. Llega un día en el que “ves” la escena delante de tus ojos y solo debes tomar la cámara de vídeo y grabar lo que estás viendo.

Hubo un tiempo en el que estuve convencido de que la única manera de resolver esta historia era transformarla en un delirante amasijo de humor y personajes surrealistas, tal como me ocurrió con Crazyworld. Curiosamente esta novela humorística comenzó también siendo un thriller policiaco. Era una historia seria que esbocé como si se tratara de una auténtica novela negra. Por desgracia o por suerte tuve que abandonar aquella idea y Crazyworld se transformó en la historia humorística más delirante y divertida que he escrito nunca y que dudo vaya a ser superada por nada que escriba después. En ella permanece el substrato de los crímenes en un lugar tan extravagante como un frenopático para millonarios, pero todo lo que allí sucede ahora es tan surrealista, delirante y divertido que escribiéndola he pasado los momentos más regocijantes de mi vida. Nunca me arrepentiré de haber escrito Crazyworld y espero encontrar tiempo para rematarla de una vez.

Algo así espero que me suceda con “Todos estamos solos al caer la tarade” solo que en serio. No fue preciso transformarla en una novela humorística, bastó con encontrar la llave que abría todas las puertas. El resultado puede que no sea todo lo bueno que yo desearía, un thriller perfecto, con un suspense trepidante, una novela mágica que pase algún día a la historia de la literatura de este género, sin embargo al menos he disfrutado mucho escribiendo y espero seguir haciéndolo, tal como me gusta a mí escribir, sumergido en un océano, en aguas abisales, sin ver la luz del sol ni el escuchar el rítmico golpeteo de las olas.

Aún tengo que documentarme mucho sobre Nuevo México. Seguro que aún así resultará irreconocible para los pocos lectores que lo hayan visitado o hayan residido allí por algún tiempo. Los personajes con seguridad no serán muy americanos y el entorno sonará a ficticio desde el primer compás. No importa. No quería escribir un thriller realista, sino uno distinto, humano y demoniaco a la vez; con la soledad del ser humano transpirando de la tierra, de las áridas colinas, del desierto vacío e inescrutable, de los poros de cada uno de los personajes.

Cada creación es un universo en miniatura, personal, incompleto, repleto de monstruos del subconsciente del autor. En ese sentido la historia me ha superado, porque los monstruos de mi subconsciente han salido de las arenas del desierto y volado sobre las arenas oscuras de una noche sin fin y sin principio.

No sé en qué acabará todo esto, pero como hago siempre, comenzaré a subir este thriller a Buho, para animarme a escribir toda la historia de un tirón y no quedarme a medias, bloqueado en alguna escena. Parece una tontería pero el hecho de que algún lector la lea y esté esperando la continuación me anima a no dejarla en un cajón. Imagino que lo haré esta Navidad, cuando la historia de Córcoles en un escritor frustrado ya haya alcanzado su climas con la historia de la fantasma. Antes he querido subir esta introducción, para que los lectores fieles, algunos me consta que lo son, comiencen a sentir ese cosquilleo que al menos a mí me producen las buenas historias de ficción.

Es curioso pero a estas alturas de mi vida ya casi no echo de menos el que me editen. Me basta con lo que me divierto. Aunque, claro, si alguien quiere editarme y pagarme por divertirme creo que no le diría que no.