Mes: octubre 2011

La vida es pura sensación II


LA VIDA ES PURA SENSACIÓN
NOVELA DE CIENCIA-FICCIÓN, SUBGÉNERO FANTASÍA DELIRANTE  II
 
 
 

Se aceleró la puesta en marcha de la ciudad-cúpula de N.Y. y la empresa privada recibió múltiples presiones de gobiernos extranjeros para que comenzaran a vender y exportar cúpulas a otros países. El presidente USA anunció que tan pronto se pensara que las cúpulas eran viables daría su permiso para que la empresa vendiera allí donde recibiera ofertas. No era preciso agotar el año de vida de la nueva ciudad, tal como se había previsto.
Si durante su construcción fue objeto de la curiosidad mundial y las principales cadenas televisivas del mundo dejaron allí un retén permanente de guardia para transmitir cualquier incidencia o novedad, ahora que la cúpula estaba rematada cada minuto era noticia de portada. Quienes se inscribieron como residentes voluntarios en la nueva ciudad debieron pasar un ajetreado periodo de entrenamiento y puesta al día, ello sin contar con la autorización que debían conceder al alcalde de la ciudad para que a todos los residentes se les implantara un chip en su cerebro, que tenía por objeto activar las medidas de seguridad contra ataques terroristas diseñadas por un grupo de asesores de la Casa Blanca. Dado que esto coartaba o anulaba muchos derechos fundamentales recogidos en la constitución americana fue preciso que el Congreso y el Senado se pusieran de acuerdo para aprobar las enmiendas correspondientes.
Si hasta entonces los grupos ecologistas más agresivos habían iniciado ya una fuerte campaña contra las ciudades-cúpula, el anuncio de la puesta en marcha de la primera y más importante levantó una oleada de protestas, de voces apocalípticas y de todo tipo de acciones -muchas de ellas se podrían calificar de terroristas- que pusieron el mundo patas arriba. Los grupos ecologistas estuvieron en la brecha desde el principio, aunque les costó darse cuenta de las implicaciones que suponía el nuevo proyecto.
El nacimiento de las ciudades-cúpula fue un evento insólito y tan oportuno que hubiera dado mucho que pensar a la población mundial, si todo el mundo o su mayor parte no hubiera estado tan ocupado en mirar hacia dónde se encaminaba la sociedad tras la llamada Spanish revolution, y antes que ella la revolución islámica, y antes el terrorismo, globalizado tras el 11-S, luego vendría el 11-M y 7-J y…El mundo parecía haberse vuelto loco o haberse dado cuenta de que nunca había dejado de estarlo, tal vez desde la Revolución francesa o desde antes, mucho antes. 
A lo largo de la historia humana los profetas del apocalipsis nunca dejarían de clamar por el cercano fin del mundo: El Milenio, El Segundo Milenio, el calentamiento global, la extinción de los dinosaurios… El mundo se acaba, “finis”, “caput”, esto tiene los días contados…y sin embargo siempre ocurría algo que proporcionaba un respiro al ahorcado, aparecía alguien y sujetaba la banqueta del colgado.
Tras la etapa de la humanidad cazadora (las fieras terminarán con estos primates en menos de lo que canta un gallo recién tragado por la bestia, diría un apocalíptico) el descubrimiento de la agricultura cambió el mundo y salvó a los cazadores de la extinción, porque estaba claro que había demasiadas bestias para tan pocos cazadores. Fue una suerte que a la lumbrera de turno se le ocurriera que si las plantas crecían vírgenes, más y mejor crecerían si las regaban todos los días tras el correspondiente cercado, para que los herbívoros, aparentemente tontos, no se las comieran.
Las sequías estuvieron a punto de terminar con la agricultura, tal como profetizó el chamán de la tribu. Sin embargo los dioses enviaron a Prometeo con el fuego y así pudieron comer caliente, bien fuera carne o vegetales. Esto disipó la creencia apocalíptica, con un estómago lleno y caliente, todo se ve con más claridad. 
Cuando la humanidad estaba muy harta de las sempiternas lanzas y puntas de flechas de piedra… apareció el metal. Otra lumbrera descubrió que había cosas más duras que la piedra (lo que ya era difícil) y con la ayuda del fuego comenzó la edad del metal y la edad de la piedra fue olvidada como un apocalipsis pasado que no hubiera mordido la yugular. 
Cuando los imperios cayeron, el persa, el griego, el egipcio, el romano…el cristianismo abrió horizontes insospechados a la humanidad doliente.  Cuando la humanidad pensaba que el “vulgo” sería siempre vulgo y la aristocracia elegida por los dioses, llegó la revolución francesa… y rodaron muchas cabezas… y luego la revolución industrial…y trabajaron hasta los niños,  y veinticuatro horas seguidas, si era preciso…y llegó el capitalismo, y luego el comunismo y la guerra caliente y la guerra fría y la economía socialista se hundió y refloreció el libre mercado y el liberalismo y el keynesianismo y los neoliberales y los “neocón” y la economía globalizada…
Sí, bien parecía como si un fantástico mago sacara el consabido conejito de la chistera, cada vez que el público se moría de hambre. Pero esto cambió cuando tras la Spanish Revolution los políticos fueron cayendo como moscas en atrapamoscas y los dictadores fueron desapareciendo como dinosaurios en la época de los misiles atómicos, y la economía globalizada se derrumbó como un castillo de naipes, como una mosca en la garganta de un papanatas… Y cuando nadie sabía qué hacer, para dónde tirar, ni el 15-M, ni la Spanish revolution, ni las manifestaciones y revueltas, ni los acampados, ni la crisis del 2010, que se alargaba y alargaba…
Entonces llegaron las catástrofes, el terremoto de Haití, y el otro, y el tsunami, y los volcanes y Fukusima y antes Chernobil y los veranos tórridos y los incendios devoradores y el derretimiento de los polos y el agujero en la capa de ozono y las vacas locas, los pollos locos, las verduras locas… Y cuando todo parecía ir remitiendo llegó la epidemia, la pandemia o la globaldemia… y todo el mundo se asustó…mucho. Mueren en Africa, lo que no es novedad. Mueren en Asia, tampoco. Pero cuando comienzan a morir en Europa y en América del Norte y no solo mueren los pobres, los muertos de hambre de toda la vida, los parias de los suburbios y los que nunca han sido muy higiénicos, los sucios, los que viajan en pateras, los de siempre…Entonces…


El susto es morrocotudo… mueren muchos… pero a nosotros, los del primer mundo, no nos tocará, nunca nos ha tocado y seguirá sin tocarnos… al menos de momento. Hasta que la epidemia o globaldemia se extiende y caen los primeros rostros pálidos, los del palo de fuego y el agua de vida que quema en la garganta. Entonces todo el mundo se pone serio y habla de que el apocalipsis que nunca llegó, ahora puede que esté llamando a la puerta. Ya no se trata de tribus indias, con arcos y flechas, dando vueltas y más vueltas alrededor de los carromatos de los rostros pálidos, que los van matando con sus carabinas de fuego, tan ricamente. Y además va a llegar el 7º) de caballería de un momento a otro.
Y…”equiliqua”.
 
El mago saca otro conejo de la chistera, en forma de cúpula reluciente. Es la salvación, el apocalipsis anunciado por la globalpandemia tendrá que esperar. Los demás problemas irán quedando, poco a poco, fuera de la fortaleza, del bunker. 
Y así dio comienzo a la primera cúpula, la de Nueva York.  Luego vendrán Whasington, París, Sidney y Madrid (los spanish revolutions fueron expulsados del paraíso terrenal, luego de ser expulsados de la Puerta del Sol y arrojados a Carabanchel, Vallecas, el Pozo del tío Raimundo…) Las cúpulas no podían albergarlo todo. Era preciso escoger… y fueron escogidos los mejores.
Pero antes, hasta llegar a la meta soñada el tiempo transcurrió más pausadamente, como ralentizado. Tic-tac, tac-tic. Smythe repasaba estos capítulos de la historia en la holovisión de su apartamento. Apenas la usaba, porque para él era el símbolo de la opresión, la puerta al mundo zombi. Aunque para ciertas consultas resultaba imprescindible. Jamás participaría como personaje virtual en aquellos culebrones holográficos sobre todo tipo de temáticas, ni jamás se dejaría arrastrar a las orgías de sexo virtual, una auténtica tentación demoniaca, donde nadie quedaba excluido y todos satisfechos en mayor o menor medida. 
Smythe deseaba seguir perteneciendo para siempre a “los vivos”, así se apodaban quienes compartían su filosofía de la vida, los vivos, los despiertos, en contraposición a los muertos, a los dormidos en la cuna virtual que les había sido preparada para tener dulces sueños y dejar de molestar. 
Siguió repasando la historia humana, buscando archivos olvidados, textos relevantes, fotografías encriptadas por hackers para evitar su destrucción. En su cabeza no dejó de escuchar el tic-tac del tiempo que iba transcurriendo, una y otra vez, un segundo tras otro, hasta llegar a lo que los historiadores  consideraban la encrucijada de los tiempos: el nacimiento de las ciudades-cúpula.
A veces Smythe tenía la sensación de que el tiempo retrocedía. Esto ya lo he visto antes, se decía, estamos regresando al pasado en lugar de avanzar hacia un nuevo futuro. La ciudad-cúpula de Nueva York, la primera en surgir a la vida, el icono de los nuevos tiempos. Y aquí está de nuevo la escena, mil veces grabada y digitalizada, luego pasada a formato holovisivo, archivada por centuplicado en las copias de seguridad para que jamás se perdiera.  El alcalde de Nueva York se sienta, con una sonrisa, en la silla anatómica. Alguien oprime el botón correspondiente y un largo brazo mecánico trepana el cráneo y coloca el famoso chip. Es el primer ciudadano de la primera ciudad-cúpula. Seguirá siendo su alcalde, la primera autoridad. Sin el menor daño colateral, esbozando una sonrisa de conejo, estrechando manos por doquier, la primera autoridad entra a la ciudad vacía, fuertemente escoltado por miembros de los cuerpos de seguridad que ya habían pasado antes por la trepanación. Nadie lo sabe, pero el señor alcalde no es un héroe. El supuesto y arriesgado primer paso no es tal, ya existían suficientes precedentes para creer que todo saldrá bien. 
Tras sí deja a su gobierno municipal, asesores y demás personal imprescindible, siguiendo los pasos del jefe, como valientes, como héroes. El Sr. Alcalde visita primero su nuevo y espectacular hogar. Allí le espera su familia y sus mejores amigos. Nadie lo sabe, pero ellos ya pasaron, en secreto, por la trepanación, después de que lo hicieran los cuerpos de seguridad y antes de que el “paterfamilias” se hiciera la foto para la posteridad.
El estado de Nueva York ha cambiado su legislación para permitir la existencia de una ciudad-cúpula en su territorio. Se trabaja en las cámaras para cambiar la legislación federal en todo cuanto impida u obstaculice la construcción de estas ciudades por todo el territorio de la Unión, incluso una comisión analiza si será necesario en el futuro plantearse alguna enmienda a la constitución. De momento se ha garantizado a todos los residentes en la ciudad, que lo deseen, su permanencia en la misma, siempre y cuando acepten la trepanación e inserción en su cerebro del correspondiente chip estandarizado y aprobado. El nuevo paraíso terrenal les permitirá seguir en sus viejos alojamientos, reformados en lo necesario, o en el supuesto de que no haya sido posible se les facilitará un alojamiento mejor, a ser posible en la misma zona y sino en la que ellos escojan.
La ciudad-cúpula es lo bastante grande, ancha y profunda, con un diámetro y unos niveles, por debajo y por encima del suelo, para que todos los que pidan su ciudadanía y residencia sean aceptados. Eso no sería posible si toda la población de todos los estados federales hiciera la solicitud. Pero ni los más optimistas han previsto que eso fuera posible, incluso se piensa que sobrará bastante espacio para que extranjeros de renombre o expertos o especialistas en varias ramas de la ciencia o las letras, puedan ser admitidos, si así lo desean. La feroz resistencia de la última etapa, antes de ser inaugurada la primera ciudad-cúpula, así lo hace pensar.
Todo esto es cierto, como lo es que una gran parte de los habitantes de Nueva York no las tienen todas consigo, ni siquiera han tomado una decisión definitiva hasta minutos antes de comenzar la trepanación, y muchos de ellos solo cuando el Sr. Alcalde ha demostrado que no ha quedado más loco de lo que ya estaba.  Hay un grupo importante de residentes que se muestran muy reticentes a dar un paso adelante. Han formado un grupo de resistencia y exigen sus derechos: un domicilio igual o mejor en la parte del Estado que ellos elijan o bien en cualquier punto del Estado federal, una cuantiosa indemnización y la posibilidad de cambiar de opinión y ser admitidos, eso sí, pasando antes por la trepanación (ninguno es tan ingenuo como para pensar que ese requisito se modificará en el futuro, ni siquiera para ellos).
Continuará

Puentes Artificiales para las Almas


PUENTES ARTIFICIALES PARA LAS ALMAS-EL VAGABUNDO DEL ESPACIO

 

NOVELA/PUENTES ARTIFICIALES PARA LAS ALMAS-UN EPISODIO DE LA SERIE EL VAGABUNDO DEL ESPACIO

NOTA PREVIA DEL AUTOR

Puentes artificiales para las almas es una novela de ciencia-ficción que esbocé hace ya algunos años. Como sucede con casi toda mi producción, entre el esbozo y la puesta en marcha más o menos segura, suele transcurrir un largo periodo de tiempo. No se trata de una técnica personal para poner a remojo los garbanzos y que luego queden blanditos y ricos en el cocido. Me encantaría poder imaginar una historia y ponerme a escribirla de inmediato, pero eso rara vez me sucede. Habitualmente debo echar las historias a remojo, en el subconsciente, y dejar que fermenten el tiempo necesario. Cuando ese momento ha llegado se mueve el pitorrín de la olla exprés y entonces ya sé que dentro hay agitación y vapores. Solo tengo que quitar el pitorrín con cuidado y sentarme a ver cómo salen los vapores. Es el momento de ponerse a escribir en serio y llegar hasta donde se pueda.

Dataría esta historia unos meses antes o unos meses después de “La vida es pura sensación”. Solo que en la segunda el esbozo general de la historia fue casi inmediato, mientras que en “Puentes artificiales para las almas” solo se produjo un chispazo imaginativo que anoté en una libreta y solo con el transcurso del tiempo fui capaz de ir añadiendo nuevas ideas, con mucha dificultad y gran esfuerza. Ahora ha llegado el momento de quitar el “pitorrín” y ver qué vapores salen de la olla. La historia está ya muy madura y preparada para ser cocinada. Eso sí, con mucho cuidado, porque es una historia delicada que puede perderse al menor descuido.

Tal vez con el tiempo forme parte de una serie, “El vagabundo del espacio”, ya que el protagonista da para eso y para mucho más. Esta es su presentación. En sus viajes por el universo, infinito y profundo, el vagabundo del espacio, en su afán de encontrar las mejores mercancías para intercambio, los chollos irresistibles y las novedades más sorprendentes (nuestro protagonista es un mercader)se dará de bruces con un planeta delirante repleto de criaturas inimaginables que darán un gran juego en sus manos. Y eso es todo. Comencemos.


Microrelatos sobre el Infierno VI



 

EL DEMONIO ARREPENTIDO Y II

 

  


 

Todo el Consejo demoniaco entrecruzó miradas de resignación. Hasta los tontos comprenden alguna vez que es inútil darse de cabezazos contra las ollas de Pedro Botero o enfrentarse por segunda vez a un arcángel con espada de fuego, y los demonios no eran tontos, aunque pudieran parecerlo a un visitante poco avezado. Satanás y Luzbel susurraron en voz muy bajo y al fin parecieron ponerse de acuerdo.
 

-Está bien. Vamos a aceptar lo inevitable sin poner el más mínimo obstáculo, pero queremos garantías de que al demonio Sloctik no se le ha lavado el cerebro ni está siendo arrebatado con astucias angélicas. Te rogamos, Miradél, que nos dejes estampar en su frente el sello infernal. Si no le asciende al Paraíso su libre voluntad, por cada puerta angelical que pase vomitará sapos y culebras y así hasta el habitante más beatífico del cielo y hasta el ángel más tontorrón sabrá que aquí hay gato encerrado. De otra forma estamos dispuestos a rebelarnos una tercera vez (la primera nos condujo al Infierno) y una cuarta y las que sean necesarias…Y a declararnos en huelga para siempre y todos los ángeles y arcángeles y serafines y demás huestes celestiales tendrán que bajar aquí y atormentar ellos mismos a los condenados. Tendrán que mancharse las manos. Y además dejaremos de pagar las hipotecas al Banco Central Celestial, el BCC, y nos declararemos en quiebra y el Infierno deberá ser subastado y…
 

-No es necesario. Estoy autorizado para aceptar estas condiciones.
 

Todo el Consejo infernal se quedó de piedra. Esperaban un largo regateo, una llamada a consulta, un tiempo de toma y daca que ellos aprovecharían para convencer a Sloctik de que como el Infierno no hay nada y que por mucho que te ofrezcan como en casita no se está en ninguna parte… y en el caso de que todas aquellas argucias fracasaran todos y cada uno de los miembros del Consejo estaba dispuesto a ofrecer su esposa a la lujuria del paupérrimo demonio de ultimísima clase y si ni aún así el demonio arrepentido se arrepentía una vez más y regresaba al redil…entonces, entonces aceptarían todas y cada una de sus condiciones: autorización para atormentar a Hitler y demás dictadores a su gusto y gana, para cambiar la estructura del Infierno de acuerdo a sus preferencias, contratando a arquitectos vivos o muertos de su cuerda, incluso a Santiago Calatrava y a Moneo. Por si esto fuera poco los condenados estarían bajo su supervisión desde principio a fin, es decir nunca, porque en el Infierno no hay final y todo es para siempre, como el matrimonio católico. Y… Las miradas de aquellos demonios sin corazón, de aquellas bestias pardas, lo decían todo. Estaban dispuestos a llegar a cualquier transacción, con tal de que Sloctik permaneciera con ellos. Todos sabemos lo terribles que son los precedentes. Basta con que algo suceda una vez para que todo el mundo se aferre a ello…Según el precedente de… Kramer contra Kramer… y la j…Donde hay un demonio arrepentido puede haber cientos, y se acabó el negocio. Satanás y Luzbel se miraron acongojados. ¿Tan bien les conocían ya en el Cielo que eran capaces de adelantarse a sus maniobras más astutas? Pues bien, de esta sacarían todo lo que pudieran y más.
 

-De acuerdo, Miradél, Sloctik, ese demonio cochambroso y repelente, el más vil de los demonios, es tuyo. Pero queremos algo más…
 

-Ni una palabra más. No hay más chantajes. Esto es todo lo que se me ha permitido concederos y sería inútil volver a comunicarme con la Sede central. Me llevo a Sloctik, este bendito y angelical arrepentido y quien se oponga sufrirá las consecuencias del fuego divino.
 

Todo el Consejo demoniaco se levantó como una piña, llevaron el puño derecho al corazón, que está en el costado izquierdo también en los demonios (hay cosas que nunca cambian) y a voz en grito se pusieron a cantar el himno infernal:
 

“Lasciate omnia speranza, voy chi intrate,
 


Lasciate, lasciate, condenati del averno,
 

Aquí esperati tuta clasi di tormento.
 


 

Lasciate il corpo materiale
 

Raiche del pecato originale.
 

Il fuoco eterno calentará vostro inverno.
 


 

Y vostro corpo espirituale
 

Sirá sodomizato a la brava
 

Y lascerato con látigo de sieti punti.
 


 

Alé Madrid… etc
 


 

Lamento esta inoportuna intromisión de la realidad física y material, la única existente y la única posible, y que uno de los demonios del Consejo –no voy a decir cual- se hiciera madridista a fuerza de ausentarse del Infierno y disfrazado como un forofo cualquiera presenciara partido tras partido en el Bernabeu en la mejor época de este equipo que viste de blanco, lo contrario a los demonios, que visten de negro. Debo decir que en el Infierno en este momento no debe haber seguidores del Barça, porque todos están en el Cielo… de momento… porque a pesar de que el Cielo y el Infierno duran para siempre, los acontecimientos terrenos cambian cada dos por tres y lo que ayer fue blanco hoy es negro y lo que ayer fue negro hoy es blaugrana. Y no voy a decir más porque me pierdo y mi hija es culé y mi hijo merengue y con todo ello voy a hacerme turrón navideño.
 

Como esto es un microrelato no puedo ni debo seguir con el resto del himno. Interesados pueden pedirlo a Amazing Inferno, le será enviado sin gastos. Un detalle me puso los pelos de punta. Se oyó una voz infernal cantando el himno del Barça y los restantes demonios dejaron de cantar el himno infernal para cantar el himno del Madrid, aún con más fuerza, no fuera que alguno más estuviera pensando en arrepentirse.
 

Y mientras el demonio arrepentido Sloctik era arrebatado a los cielos por el arcángel Miradél, Satanás y Luzbél exclamaron: ¿Por qué…por qué?

 

Sloctik miró hacia atrás un momento y a sus negras orejas la exclamación de jefe y lugarteniente llegó como un triste: ¿Poqué… poqué?
 

Y apenas arcángel y demonio se perdieron de vista todos los demonios del Consejo corrieron a una especie de bunker informatizado y encendieron los monitores. Así pudieron presenciar el vuelo de Sloctik en directo y así esperaban ver el resto de la película angelical, porque el sello que le había sido estampado en la frente al demonio arrepentido no era tal sello, sino una cámara oculta.
 

Se oyeron carcajadas. Todos se felicitaron, dándose fuertes palmadas en los cuernos y jugando con los rabos.
 

-Hemos engañado a ese idiota de Miradél. El muy “gilipollas” pensó que sería más astuto que un demonio del Infierno.
 

¿Qué otras sorpresas nos deparará el largo viaje celestial de Sloctik? Las narraremos a su debido tiempo. Ahora nos espera una nueva visita el demonio económico y concretamente al infernal juego de la bolsa. Ustedes me disculparán, pero debo terminar rápidamente este microrelato para dedicarme a uno de mis culebrones. Que ustedes lo pasen bien en el Purgatorio. ¿Qué cómo digo? ¿Acaso no lo sabían? La Tierra es el Purgatorio. Pocos llegarán algún día al Cielo, porque la mayoría se despeñarán en el Infierno. Vivimos en una sociedad corrupta, lujuriosa y en crisis económica. Ándense con ojo. Puede que el Infierno esté más cerca de lo que parece. Cita de las profecías de San Malaquías, revisadas por Nostradamus… Amén.
 


 


 


 


 


 

   
 

 

Microrelatos sobre el Infierno V



MICRORELATOS DEL INFIERNO V

  

EL DEMONIO ARREPENTIDO I

 
En el infierno no hay tiempo, lo que no significa lo que ustedes están pensando, sino lo contrario. Vamos, que el tiempo no transcurre en el Infierno, aunque sí lo hay…Para que me entiendan, es lo mismo que si ustedes recorrieran una gigantesca estación de ferrocarril y vieran todos los trenes, infinitos, que están aparcados en las vías. A nadie se le ocurriría decir que no hay trenes, lo que ocurre, sencillamente, es que no se mueven.
Esto es algo muy difícil de explicar para quien nunca estuvo en el Infierno. No es mi caso, porque invitado por Virgilio y por Dante, y con el visado, autorizado por Satanás y adláteres, en la frente, me dispuse a recorrer todas y cada una de las dependencias del Infierno. Me vestí como si me fuera a la playa de veraneo o al trópico, donde el sol mira y calienta a todo lo que mira. Bajo mi fresca túnica, casi transparente (en el infierno nadie se escandaliza por tonterías) llevo un bañador, o mejor dicho, un tanga, por si hallare alguna piscina que no tenga el agua hirviendo o algún lago escondido al que los demonios descarguen el hielo que les sobra de las bebidas (son todos unos borrachos, créanme).
Como les decía, comprender el concepto tiempo en el Infierno es solo para genios. En cierta manea es parecido a observarla carrera de una liebre desde lo alto. Si eres un halcón tendrás la sensación de que la liebre no se mueve. Si eres una liebre, sentirás que corres como una flecha para que no te pille el halcón, aunque
éste permanezca siempre encima de ti.

Pero dejemos estas comparaciones y metáforas que no nos llevan a parte alguna. Después de observar a los pecadores millonarios en la caldera correspondiente, me dirigí hacia donde Satanás y Luzbel estaban hablando con el mensajero que les había sido enviado desde el cielo. Para que me entiendan, es como si me hubiera subido al vagón de los millonarios y luego bajado y subido al vagón donde el trío charlaba y el aire no se meneaba. Ni el vagón primero se había movido, ni el vagón segundo, ni yo me había movido, ni Satanás y compañía se habían movido. Vamos que no se había movido nadie, y sin embargo el tiempo estaba allí, y para un observador no infernal el tiempo tendría que haber transcurrido necesariamente, aunque no fuera así. Y esto es solo una pequeña muestra de lo que cuesta entender lo que sucede en el infierno.

 

El ángel celestial enviado para comunicar la buena nueva de que un demonio se había arrepentido se llamaba Miradél. Era la primera vez que algo así sucedía, al menos desde que Satanás y Luzbel tenían memoria y puedo asegurarles que la tenían desde siempre. No, no voy a entrar en su juego y por lo tanto no les intentaré explicar por enésima vez cómo funciona el tiempo en el Infierno. Me limitaré a decirles que nadie conocía el procedimiento o protocolo a seguir en este supuesto, por lo que los jefes demoniacos decidieron invitar cortésmente a Miradél a que les acompañara a la sala del Consejo infernal. Los tres se pusieron en camino (es un decir) formando una estampa neogótica de primera. Los demonios eran negros, negrísimos y con sus alas extendidas parecían cuervos gigantescos o buitres o pajarracos de alguna rara especie. En cuanto a Miradél era blanco, blanquísimo, y con sus alas extendidas semejaba una gigantesca paloma de la paz o un vampiro arrepentido y reconvertido. El ángel blanco iba en medio y los negros a los lados, como si le escoltaran, como si el prisionero fuera Miradél.
Les aseguro que la escena era digna de película, algo así como Matrix o Avatar, sobre el negro horizonte, enrojecido por los fuegos de las calderas, tres pajarracos se mueven –es un decir- hacia algún secreto lugar infernal. En realidad, como ya les he dicho por milésima vez, esto es como subir a un vagón de ferrocarril y ver la escena que se está desarrollando allí, si te bajas, dejas de verla y si subes a otro vagón ves otra escena. Creo que tiene algo que ver con la física cuántica, donde el observador modifica lo observado y donde las partículas pueden estar en varias dimensiones a la vez y la paradoja del Gato de Schrödinger hace de las suyas.
Cansado de contemplar el espectáculo me subí a otro vagón y resultó ser la sala del Consejo Supremo Infernal o el CSI del Infierno. Allí estaban ya reunidos todos los que contaban algo en aquel lugar infernal, que no eran muchos, como sucede en todas partes, incluido el planeta Tierra, donde los que cortan y reparten el bacalao se pueden contar con los dedos de las manos. Sentados a la gran mesa de consejos estaban todos los consejeros, con Satanás a la cabecera, Luzbel a su derecha y Belcebú, a la izquierda, luego seguían por la derecha Samael y por la izquierda… bueno, para qué vamos a seguir, ustedes se hacen una ligera idea.
Satanás se rascaba los cuernos con fruición, porque no sabía cómo enfocar el asunto y los demás, por la cara que ponían, menos aún. Dejó de rascarse el cuerno derecho, estiró el rabo por detrás del asiento, dio un formidable golpe en la mesa y abrió la sesión de esta manera:
-Como todos sabéis ya Miradél, ángel de undécima categoría celestial, ha sido enviado para comunicarnos que uno de nuestros demonios decidió arrepentirse, lo comunicó por vía administrativa y oficial al Cielo y allí comenzaron un largo proceso. Convenientemente interrogado y puesto a prueba, pasados exámenes forenses, recurridas las resoluciones de los tribunales inferiores a los superiores por el Ministerio Fiscal Celestial –el MFC- , el Tribunal Inquisitorial de la Santa Rota, ha dictado resolución inapelable, por la cual el demonio arrepentido es perdonado y autorizado para abandonar el Infierno y entrar en el Cielo. Pues bien, aún no sabemos cómo se llama el demonio arrepentido y estamos en nuestro derecho de saberlo y por otro lado yo aún no he visto la orden de excarcelación, debidamente sellada y firmada.
-Nosotros tampoco, nosotros tampoco…
Se elevó un formidable griterío entre los demonios del Consejo. Todos estaban nerviosos y muy, muy preocupados.
-De acuerdo. Aquí tenéis la orden celestial, debidamente firmada por la autoridad suprema y sellada con el sello celestial de su clase. En cuanto al demonio arrepentido se llama Sloctik, y es de clase quincuagentésimacinco, la última de las existentes y la menor y más vil de todas ellas.
Por la sala del Consejo corrió la orden, escrita en papiro “aeternus”, y todos la leyeron y después de hacerlo se rascaron los cuernos, realmente anonadados. Fue Satanás quien reaccionó y decidió coger el toro por los cuernos.
-Estamos en nuestro derecho de ver al arrepentido y de interrogarle.
-Eso no cambiará nada. Ni aunque pudierais convencerlo, cosa que dudo, el arrepentido debe salir del Infierno, bajo mi custodia. Y si en el Cielo cambia de opinión deberá hacer la correspondiente petición administrativa que seguirá el cauce legal pertinente. 
-Está bien, está bien. Pero queremos verlo y lo vamos a ver. Y en cuanto a si una vez convencido podrás impedir que se quede aquí ya se verá a su debido momento.
Miradél no se anduvo con chiquitas. Se irguió cuan alto era, extendió sus alas cuan largas eran, sacó su espada de fuego de la vaina y la dirigió contra Satanás. Todos los demonios se pusieron en pie a la velocidad del rayo y sacaron sus espadas negras de fuego negro. En ese momento se oyó una voz desde lo alto.
-Aquí comando arcangélico de intervención rápida. ¿Necesita ayuda M-3-X? ¡Conteste, por favor!

Miradél no contestó. Se limitó a mirar a los demonios con mirada de triunfo y sonrisita sardónica. Todos los ángeles negros se sentaron, cariacontecidos. Hasta el último de ellos recordaba la última intervención rápida del comando arcangélico. Arrasaron un montón de calderas y encadenaron al Consejo demoniaco, cada uno a un confesionario, una especie de inteligencia artificial, que no cesaba de pedirles que recordaran sus pecados y se arrepintieran de ellos. También echaron polvos pica a pica a las demonias, sus esposas, en “salva-sea-la-parte”, lo que hizo que estuvieran aullando sin cesar una larga temporada y esto obligó a sus esposos a rascarlas con ternura para poder pegar un ojo de vez en cuando.
Nadie deseaba un nuevo enfrentamiento. Tenían todas las de perder. Se miraron entre sí y Satanás interpretó las miraditas.
-Está bien. Está bien. Nos sometemos. No pondremos impedimento alguno. Aunque sigo insistiendo en nuestro derecho
a mirar cara a cara a ese arrepentido, a ese malnacido y desagradecido que ha mordido la mano que le da de comer.

-Aquí M-3-X. Todo va bien. Ha sido una falsa alarma. Corto y cierro.
Todo el mundo se relajó y Satanás pidió unas bebidas a la servidumbre, demonios castigados por absentismo laboral y condenados premiados por su buen comportamiento en los castigos.
Por cortesía preguntó a Miradél si deseaba algo de beber y este recalcó que no deseaba nada. Eso sí, echó mano a la cantimplora que colgaba de su costado y echó un buen trago de la ambrosía celestial que calmaba la sed y el calor, porque en aquella sala hacía un calor de todos los demonios.

-El demonio arrepentido espera a la puerta. Ya di órdenes, antes de llegar, de que lo buscaran y lo trajeran aquí. Pueden interrogarle cuanto quieran, pero recuerden que la decisión ya está tomada y no se cambia. Deben saber también que no permitiré ninguna clase de maltrato físico o psíquico y cualquier intento de atormentarlo como es costumbre supondrá la incursión de una hueste arcangélica.
Satanás pensó que allí mandaba él y que Miradiél nunca debió atreverse a dar órdenes, aún así calló la boca, como todos, sabiendo que las amenazas del ángel blanco no eran en vano. La puerta se abrió. Un demonio desconocido, anónimo, un proletario del infierno, entró, bajando los ojos con timidez, trastabillando al andar y temblando por todas sus extremidades. Era negro como un tizón, obeso como un tragón, calvo como una pelota de billar negra, con unos cuernecillos timoratos que apenas eran visibles, con alas cortas y encogidas, yo diría que comprimidas a sus espaldas. Hubiera sido un demonio gris, de no haber sido negro, e invisible de no haber estado tan obeso. Se arrodilló a los pies del Consejo infernal y Miradiél lo levantó sin contemplaciones.
-Ya eres un ángel blanco. Representas la dignidad del Cielo. Levanta.
Aquello les pareció muy divertido a todos los demonios y se oyeron grandes carcajadas. Llamar ángel blanco a Sloctik era para tomárselo a chunga.
-Este es Sloctik, ángel de quincuagésimoquinta escala, sus méritos infernales no habrán sido muchos, pero su sincero arrepentimiento ha conseguido el perdón del Altísimo y que se le asigne una morada en el Cielo. La jerarquía que ocupará es algo que nadie sabe, salvo el Secreto, sólo él puede juzgar los méritos de humanos y demonios. ¡Alabado sea por siempre!
Nadie se rió aunque los demonios del Consejo sintieron ganas, como siempre que se hablaba del Cielo y sus habitantes. Satanás echó un vistazo en derredor y viendo que todos estaban de acuerdo en que fuera él quien comenzara el interrogatorio, así lo hizo.
-Sloctik, querido hermano, ¿cómo has podido morder la mano que te alimenta? ¿Cómo te atreves a pensar que en el Cielo serás más feliz y que la diversión y el orgasmo nunca cesarán?
El aterrorizado demonio no se atrevía a levantar la vista hasta Satanás y apenas pudo balbucir algo ininteligible. Miradiél se vio obligado a darle un fuerte pescozón y una patada en el pompis. Entonces Sloctik alzó la vista y respondió sin pestañear a la pregunta.
-No soy tu hermano, Satanás, ni lo he sido nunca. Fui reclutado a la fuerza y llevo toda la eternidad intentando escapar de aquí. La lujuria que se me ofreció da risa. Vosotros os reserváis siempre las mejores carnes desnudas y a mí se me ofrecen las sobras, condenadas, feas y beatonas de tres al cuarto, y a menudo ni eso. En cuanto a los banquetes que se me prometieron son indigestos y asquerosos. En el infierno nunca se comió bien, todos los alimentos quemados o churruscados, las bebidas calientes, hasta las cervezas en verano, y qué decir del género, estropeado, maloliente. ¡Alguien ha podido pensar que un gourmet como yo podría satisfacerse con tan poco! Y en cuanto a mi asignación a los tormentos de los condenados nunca se aceptaron mis peticiones. No se me ha permitido torturar a Hitler, Stalin y los suyos. No he podido tocar a los millonarios más canallas, porque a pesar de no servir de nada el dinero en el infierno son unos lameculos profesionales de primera categoría y a cambio de besaros el culo a vosotros les habéis proporcionado lo mejor del infierno y librado de mis garras.
Alguno hasta se ha dejado sodomizar por altas jerarquías, cuyo nombre no voy a mencionar aquí. Sí, porque entre vosotros hay sodomitas, y a pesar de que en el Infierno eso no es pecado, se avergüenzan de serlo. Ni siquiera se han contestado a mis informes sobre la necesidad de un tormento psicológico, sutil y efectivo, y no esta mierda de calderas que solo calientan el cuerpo y a veces ni eso. Mi petición para que se formara una comisión, con el fin de estudiar la posibilidad de reimplantar la reencarnación, único tormento que me parece justo y rehabilitador, no solo no fue tenida en cuenta, sino que apareció en el boletín mensual de chorradas infernales y todo el mundo se burló de mí hasta que le vino en gana…

Y aquí Sloctik no pudo contener la emoción y se echó a llorar como un bendito, porque en el Infierno nadie llora. Lo que le sirvió al mismo tiempo para tomar resuello tras la larga parrafada. Satanás tenía el rostro como un tomate, no se sabe si por el calor o por la vergüenza, y los demás rechinaban dientes y daban pezuñazos en el suelo. Lo hubieran torturado allí mismo, de no ser por Miradiél, que había desenvainado la espada y les miraba muy fieramente.
Continuará.