Microrelatos sobre el Infierno VII


EL INFIERNO ECONÓMICO
  
EL TORMENTO DE LA BOLSA I
 
Hasta ahora me he negado a contarles qué hago yo en el infierno, cómo llegué a él, quién soy, etc etc. No se preocupen, seguiré “punto en boca” hasta el final de la historia. Imagino que estarán pensando en que si estoy aquí es porque soy una buena pieza y porque me lo he ganado a pulso y…Seguro que tienen razón y aún se quedan cortos. No obstante permítanme que no desvele el secreto hasta el último párrafo de esta historia. Ya saben, por eso del suspense. Bástenles con saber que soy un simple invitado y de invitado a condenado no hay precisamente mucho trecho. Te pueden invitar a visitar el Infierno y luego contar todo lo que allí ocurre, como si fueras un reportero intrépido, y luego los demonios te agarran el culo con el tridente y te arrojan a una caldera. ¿Cómo saben luego los demás demonios que eres un invitado y no un condenado, si no llevas el DNI en la boca, y aquí todo el mundo anda desnudo y sin pegatinas que digan que eres VIP o un proletario para ser molido en el molino del capitalismo y del libre-mercado? 
Es la angustia que me consume y el miedo que me hace mirar para todos los lados antes de cruzar de una caldera a otra. Me voy librando, lo que no significa que en cualquier momento cruce la línea de la que ya no se vuelve. Debo decirles que bastante tengo con la vida terrenal como para irme al infierno por propia voluntad. ¿No les parece suficiente tormento la vida que llevan en un planeta llamado Tierra? ¿Nooo? Pues no se preocupen que aquí los demonios no dirán nunca que no a torturar a un masoquista que se apunta voluntariamente al tormento. Háganme llegar su deseo y estarán en el Infierno en menos que cuento mi historia… porque como saben, aquí no existe el tiempo.
Permítanme que insista en eso del tiempo, aunque pueda parecerles un pesado, un cansino digno de que le suban la prima de riesgo hasta los cuatrocientos o incluso quinientos, si me apuran. Verán. Esto es algo bastante parecido al universo cuántico. Si no saben qué es la física cuántica es lo que ganan, porque nunca la entenderían ni aunque se lo explicara Einstein, quien por cierto está perdiendo su aureola de santo científico que descubrió el dogma sagrado etc etc. Como saben se ha descubierto alguna partícula desmadrada que supera la velocidad de la luz. Seguro que se escapó del Infierno en un descuido.
Me ha bastando con pensar en el infierno económico y ¡zape! Ya estoy aquí, sobre un montículo pelado y más negro que el carbón. Desde esta cómoda altura he podido observar cómo un condenado económico ha salido de la caldera. Algo bastante insólito, por cierto, y que solo ocurre muy de vez en cuando, de higos a peras, vamos, solo que recalentadas en el horno. Por suerte me ha sido dado poder disfrutar de un evento tan esplendoroso. Con mucho disimulo estoy siguiendo al condenado. ¡Chiiis! Les ruego silencio, no quiero que me descubra y me chafe la exclusiva.  Al parecer se trata de un especulador bursátil, uno de esos pecadores tan odiados por el 15-M y con toda razón. Un demonio negro como el carbón…mejor dicho como boca de lobo… mejor dicho… Me perdonarán pero aquí en el Infierno, con tanta oscuridad y rechinar de dientes las neuronas me patinan un poco y caigo en manidas metáforas y viejos tópicos. Decía que un demonio blanco como el Madrid (¡basta ya! Dejémonos de tonterías) y con un tridente  muy afilado, que no cesa de clavar en el trasero del especulador, para forzarle a ir más de prisa, va soltando reniegos a cada paso y a mí me está poniendo de los nervios. ¿Cuándo terminará esta tortura?
No me sorprende la reticencia del condenado. Sabe muy bien que al final del estrecho sendero que está siguiendo, sólo le espera otro tormento. Por eso se entretiene mirando el paisaje. Debo decirles que no es gran cosa. Todo está oscuro como… (pongan ustedes la metáfora, que a mí se me acaban) y tan solo una tenue luz rojiza procedente de la caldera que ha dejado atrás ilumina sus pausados pasos. A pesar de ello mira con embeleso a izquierda y derecho, como si en lugar de oscuridad contemplara una radiante alborada. Se hace el remolón. Eso está muy claro, sobre todo para el demonio que le trata como a un perro rabioso, azuzándole con el tridente y dando saltitos y soltando reniegos. A pesar de los esfuerzos del condenado por retrasar lo inevitable el especulador al fin llega a la meta mucho antes de lo que hubiera deseado.
Se trata de una gran cúpula transparente, muy iluminada, y no con luces rojizas, infernales, sino con aparatosas bombillas de bajo consumo, más propias de una discoteca moderna que de un lugar tan anticuado como el Infierno. Sobre la puerta de entrada, un óvalo perfecto, puedo ver en grandes letras: “LASCIATE OMNIA SPERANZA”.


 El condenado también las ve, así como a otro demonio que está esperando en la puerta. Debe de tratarse de un diablo VIP, porque viste de impoluto traje de Armani y en lugar de tridente porta un maletín de piel repujada en una mano. Hace un gesto despectivo al demonio del tridente, al parecer de clase ínfima, aún por debajo del proletariado, y éste se retira, no sin antes realizar un gesto obsceno con el dedo índice de su mano derecha. El diablo VIP estrecha con efusión la mano del especulador y le coloca una pegatina reflectante sobre la frente. A continuación le invita a seguirle, con muy buenas maneras.
Aprovechando que la puerta no se ha cerrado tras ellos y que no veo a nadie por los alrededores, me cuelo en el interior de la cúpula. Parece una imitación perfecta de un edificio moderno de Bolsa, incluso es mucho más lujoso y más moderno que las mejores bolsas actuales del planeta, no me atrevo a decir que también de las bolsas del futuro, porque lo más probable es que no exista ninguna. Y me disculparán que no me pare a explicárselo. En el centro o parket o como se diga, observo una gran actividad. Numerosos demonios VIP se mueven por allí, con sus trajes de Armani y sus maletines de piel. A su alrededor condenados económicos, en traje de Adán, realizan una actividad que se parece de la de una Bolsa como una gota de agua a otra. Más que condenados parecen auténticos agentes de bolsa… de una bolsa nudista, claro. Todos se sienten allí como pez en el agua o dinero en la cartera de valores.
Me acerco con disimulo y observo cómo el novato es situado sobre una pequeña plataforma móvil que no cesa de dar vueltas en el centro del reducto. A su alrededor se forma un corrillo y comienza una especie de puja surrealista. Los  agentes, en traje de Adán, de Eva las agentes, que también hay y que según la ley de igualdad del Infierno deben de ser el cincuenta por ciento del total, y que no son otra cosa que condenados que realizan ese trabajo por turno estricto, gesticulan como auténticos demonios. La puja termina y un desnudo especulador de bolsa sube a la plataforma y coloca una pegatina sobre el pecho del novato.


Continuará

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