TEATRO MÁGICO


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Al despertar aquella mañana inconcreta, atemporal y tachada por la niebla que palpaba desde la ventana, supo que se había vuelto loco. Ya no sabía si aquel cuerpo que palpaba era el del millonario Slictik, el del emérito académico de la R.A.G.E. Mr. Slictik, el del lobo estepario de Hesse, el de un cincuentón cuitado y gordinflón al que llamaban César, César-Antonio, César y Cleopatra o Ave-César-los-que-van-a-morir te saludan.

Tampoco recordaba muy bien lo sucedido. Si lo del Siccionario que estaba escribiendo con la mano izquierda, porque el emérito académico Mr. Bernie, lo hacía con la derecha, era un sueño o un delirio generado por la crisis económica. Tampoco sabía si la acción, propia de una película de Bollywood, ocurría en la sede de la R.A.G.E. o en el taller creativo del loco Bocavlo o del loco Bernie, o del loco Slictik, o del loco Lobo estepario en su taller de teatro mágico y del absurdo. Lo que sí recordó, unas horas más tarde, cuando comprobó sus cuentas corrientes y los fondos de su fundación “Ponga un pobre en su mesa y un loco en su cabeza”, fue que la plata, como decía Bernie, la había puesto él. El globo de sus fondos se había deshinchado tanto que ya no sabía si era rico, pobre o todo lo contrario.

Por calles estrechas, perdidas en la niebla como la economía europea, llegó hasta un teatro mágico, tal vez ambulante, alumbrado su sombrero por formidables luces de neón en color rojo chillón, con una enorme boca de lobo sobre la puerta y un letrero en luces blancas, titilantes, que decía: Teatro mágico y del absurdo, solo para locos. Taller creativo del loco “¿Bocavlo?”.

No sabía si se encontraba en alguna ciudad alemana (¿tal vez Hamburgo?) o en Londres, en alguna de sus callejuelas, en tiempos pretéritos, cuando Jack el destripador o Vlad el empalador (creo que ese era otro distinto) buscaban prostitutas por las esquinas, impotentes y absurdos. Lo cierto es que se encontraba allí y tomando la ocasión por los pelos, decidió entrar en el interior y ver si su mente delirante, y tal vez creativa, pudiera hallar el acomodo definitivo y encontrarse a gusto.

Dio un paso y un señor con sombrero hongo, levita, bastón con contera lobuna y zapatos de charol relucientes, le salió al paso.

-¿Dónde vas Slictik, dónde vas triste de ti?

-Voy en busca de Mercedes que ayer noche no la vi… Quiero decir… Usted perdone. Creo que me suena su cara. ¿No será, por casualidad, el emérito académico Mr. Bernie… o tal vez el loco Bocavlo… o el lobo estepario o…

El hombre del hongo y el bastón lobuno lo tomó por los hombros y lo empujó.

-Qué importa quién yo sea o dónde nos encontremos, lo importante es lo que haremos…

Y propinándole un gran empujón, ambos entraron en un lugar, que se llamara como se llamase, era solo para locos y propio de delirantes.

Continuará la locura..

 

http://www.sonymage.es/foro/viewtopic.php?f=59&t=15029&p=135126#p135126

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