AMAR LA MÚSICA CLÁSICA I


AMAR LA MÚSICA CLÁSICA, UNA APROXIMACIÓN POR UN MELÓMANO QUE NO SABE NADA O CASI NADA DE TÉCNICA MUSICAL

Hola amigos: Aprovecho estas fiestas navideñas para iniciar una serie sobre un tema muy querido para mí, la música clásica. No sé qué continuidad tendrá, porque estoy muy ocupado en el área literaria, pero intentaré acercarme por aquí cuando pueda. No soy músico, aunque me hubiera gustado serlo. Tampoco pude estudiar técnica musical porque durante el bachillerato, interno en un colegio religioso, un fraile nos hacía cantar la escala al principio del curso en su asignatura de música y a los que teníamos mala voz o nos salían gallos, nos mandaba con cajas destempladas a la huerta del colegio, a recoger patatas, tomates, etc. No volvíamos a pisar la clase. Una pena porque años más tarde, en otro colegio, ya preparándome para ser cura, me encontré con ocho pianos como ocho soles. A pesar de que carecía de la más mínima formación musical me puse por mi cuenta a estudiar algo de anotación musical, redondas, corcheas,etc , clave de sol, etc. Al final, como pude, en ratos libres, fui desentrañando partituras y aprendiendo a tocar por mi cuenta, con enorme dificultad, eso sí, haciendo escalas y escalas y buscando partituras sencillas. Mi esfuerzo, los que me conocen bien lo llaman cabezonería, me permitió tocar “Para Elisa de Beethoven” con cierta discreción.

Pero en realidad ese no fue mi comienzo en la música clásica. Creo que con catorce años, pasando las vacaciones de verano en un colegio que la orden tenía en Navarra, descubrí una pequeña discoteca de música clásica y un tocadiscos muy elemental, pero aceptable, y comencé a escuchar y ver si me gustaba. Me gustaría repetir aquí aquella iniciación a la música clásica. Al principio solo me gustaban pequeñas piezas muy melódicas y escogidas, luego me fue gustando todo y terminé con lo que para mí fue una hazaña en aquel tiempo: escuchar la Pasión según San Mateo de Bach en una sola tarde, durante los ejercicios espirituales que hacíamos en Semana Santa.

Apreciar la música es un don que nos concede la vida. Algunos tienen la suerte de nacer en una familia culta y apasionada de la música, otros pueden estudiarla en el conservatorio, hay quienes consiguen ser músicos (¡felices ellos!) Yo tuve que conformarme con ser un autodidacta y dejarme guiar por mi sensibilidad musical. Si yo pude llegar de esta manera a gustar de la música clásica, creo que cualquiera puede lograrlo. Me dijeron que mi oído era lo peor con que se habían encontrado nunca y que mi voz era el maullido de un gato al que hubieran limado las cuerdas vocales. No me importó. Solo se necesita sensibilidad, yo diría que espiritual, para apreciar la música clásica.

Hoy solo les propongo escuchar una pieza que yo oí por primera vez en aquel colegio, de vacaciones, a los 14 años. Dicen que Tchaicovsky es demasiado meloso y vulgar, a mi me sigue gustando y gracias a él no salí corriendo la primera vez que escuché música clásica. Les propongo la obertura 1812. Si la encuentro en Youtube. Si no la sustituiré con otra.

FELIZ AÑO 2013 PARA TODOS

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