AMAR LA MÚSICA CLÁSICA IV


LA MÚSICA SINFÓNICA

Aquella famosa tarde en la que descubrí la música clásica rematé con una tercera pieza sinfónica. Se trata del Capricho italiano de Rimsky Korsakof. ¿O era el capricho español? ¿El italiano es de Thaicovsky? Quedé embelesado y siempre fue un compositor cuya música melódica me resulta especialmente atractiva, sobre todo Sherezade. Es curioso que durante los primeros años como melómano solo escuchara música sinfónica. La poca música de cámara, para piano u otro instrumento que escuché, apenas me llamó la atención. Tardaría algunos años en apreciar la música de cámara. Tal vez sea cuestión de sensibilidad musical, aunque debe ser bastante frecuente que a un no entendido en música clásica le atraiga más al principio la música sinfónica que el resto de formatos. La orquesta sinfónica tiene una fuerza que para la oreja poco entrenada de un neófito es mucho más asequible que el resto de géneros musicales. Por eso recomiendo a quienes aún no sean capaces de degustar la música clásica que comiencen escuchando música sinfónica hasta lograr encontrar alguna pieza que les atraiga mucho y que puedan escuchar sin cansarse o aburrirse. Luego pueden seguir buscando compositores y obras que les lleguen sin esfuerzo. Claro que antes o después tendrán que esforzarse si quieren ser algo más que meros aficionadillos a la música clásica. Hay compositores, grandes maestros de la música clásica, que deben escucharse, sí o sí, o de lo contrario uno puede ser tildado, con toda razón, de “inculto musical”. Esta piedra de toque debe de ser superada antes o después. A mí me ocurrió con Bach, concretamente con su Pasión según San Mateo, que escucharía algún tiempo después durante los ejercicios espirituales de la Semana Santa. Eran tres días en los que era obligatorio guardar absoluto silencio. Pero ese es ya un tema para el siguiente capítulo. Es curioso que luego Bach llegara a ser mi compositor favorito tras la dificultad que tuve en escucharme su pasión entera. De lo que se deduce lo fundamental que puede resultar tener un amigo o familiar amante de la música clásica que te asesore y te inicie. De haber escuchado otra pieza de Bach al principio tal vez no me hubiera costado tanto como me costó llegar a sentir a fondo su música.

 

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