Mes: agosto 2013

Diario de un gigoló I (Versión Sonymage)


DIARIO DE UN GIGOLÓ (VERSIÓN SONYMAGE)

CAPÍTULO I

LILIAN

Me encontraba en la bañera de mi apartamento, la cabeza sumergida bajo el agua y conteniendo la respiración todo lo que me fuera posible, como si quisiera batir algún record del mundo. Filtrado por el agua me llegaba el sonido, lejano, como desde otra dimensión, de las variaciones Golberg de Bach. Era una costumbre adquirida tras la dura ruptura con mis padres y mi familia en general. Por una de esas extrañas carambolas que a veces tiene la vida habían logrado enterarse de que había dejado el pub de Paco, donde trabajaba cinco noches a la semana, para conseguir pagarme los estudios universitarios y disponer de metálico para lo que surgiera, y me había convertido en un “puto” como decían ellos, en un gigoló más bien, como me gustaba denominarme. No pudieron asimilar algo inimaginable para sus creencias “católicas de toda la vida” y decidieron arrojarme de sus vidas, afuera, al infierno, al crujir de dientes bíblico.

Al poco tiempo tomé la decisión de abandonar la carrera de psicología que estaba cursando en la Complutense y por la que había hecho el gran sacrificio de convertirme en un gigoló, en un semental de la cuadra de Lily, mi patrona, la madame que me había reclutado en el pub de Paco. Tras la ruptura con mis padres y antes de iniciar mi trabajo nocturno en la casa número 1 de Lily, donde me esperaba una noche ajetreada, decidí darme un baño y fue entonces cuando sumergí por primera vez la cabeza bajo el agua y aguanté y aguanté hasta que mis pulmones estuvieron a punto de reventar. Mis piernas, como muelles, me sacaron del agua como la espada Excalibur en la película del mismo título, solo que no precisamente a cámara lenta. Tardé en recuperarme y cuando la sangre regresó de golpe a mi cabeza comprendí que había estado a punto de suicidarme de la forma más extravagante posible.

No era un hombre depresivo, ni siquiera cuando María, la bella y promiscua vecina que me desvirgara, me abandonó para irse con una tía a París, obligada por sus retrógrados ancestros, había pensado seriamente en el suicidio, tan solo estuve unos meses un poco cabizbajo y con ganas de quemarles la casa a los vecinos e irme a buscar a mi amada a la ciudad más bella del mundo. Me sorprendió mi reacción ante aquella ruptura que estaba cantada. No nos entendíamos, éramos como el día y la noche, y si no hubiera sido por convertirme en “puto” lo habría sido por cualquier cosa y en cualquier circunstancia. Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible, como decía un tonto compañero de estudios, con el que compartí piso una temporada, que utilizaba esa frase para justificar cada suspenso.

Me había quedado solo puesto que era el menor de seis hermanos que ya llevaban tiempo viviendo sus propias vidas, una hermana casada con un alemán y que residía en Munich, un hermano, el mayor, un vividor nato, que era el relaciones públicas de una discoteca en Marbella y se tiraba, como él decía a cuanta sueca, alemana o escoba con faldas que encontrara en su camino. Visto desde la perspectiva de mis padres, los antecedentes de mi hermano ya anunciaban mi futuro. Tal vez fuera esa sensación de soledad la que me llevara a decirle a Lily que podía contar conmigo a pleno rendimiento, que abandonaba los estudios. La patrona no se lo tomó bien, yo era el único semental de su cuadra que tenía estudios universitarios y eso era algo que daba prestigio.

Llevaba unos segundos escuchando un ruido extraño que descentraba el plácido discurrir de mis pensamientos. Tardé en darme cuenta de que se trataba del timbre del teléfono que ya debía llevar sonando un buen rato. Me puse en pie de un salto, como debí hacer la primera vez que sumergí mi dura cabeza de chorlito bajo el agua de la bañera, y me lancé hacia el pasillo donde había colocado el aparato. Intuía que la llamada era importante, y no me equivoqué. Antes arranqué la toalla del colgador, me sequé lo que pude para evitar luego tener que pasar la fregona por el baño y me la enrosqué por la cintura, no porque me estuviera viendo nadie o porque me molestara mi desnudez, simplemente era un tic adquirido tras tanta ducha después de las refriegas con las clientas, muchas de ellas eran tan puritanas o “tiquismiquis” que no soportaban ver mi miembro al aire después de haber visitado su cueva como un dragón encendido en la santa cólera del deseo.

Descolgué con brusquedad y al escuchar aquella dulce voz supe enseguida que no me había equivocado.

-Johnny… querido Johnny. ¿Cómo estás?

Por supuesto que era Marta, Martita la divina, como yo la llamaba para mi coleto. La mejor clienta de Lily, de largo, una morenaza de cuerpo espléndido, espléndidas curvas, pechos como dunas del desierto del paraíso y culo como la mejor y más sensual popa de un Bateau Mouche parisiense, vestido por Coco Chanel y en el que todos los modistos parisinos hubieran puesto su detalle chic. Adoraba su culo, me volvía loco, pero aún me afectaba más aquella voz, dulce, sensual, tan amable, tan gentil, tan…tan…tan… Mi poderoso miembro viril casi había alcanzado la máxima erección y solo tras la primera frase. ¿Qué me esperaba?

Pues una cita, ni más ni menos. Algo tan habitual llegó a emocionarme porque mi Martita llevaba mucho tiempo sin hacer acto de presencia en mi vida, desaparecida, “missing”, tras soportar estoicamente aquella repugnante debilidad que sufrí aquella malhadada noche en la que me atreví a confesar mi amor. Llegué a pensar que no la vería nunca más. Escuchar su vocecita dulce, con un punto de ironía, la que le salía del alma, sin poder evitarlo, cuando necesitaba pedirme un favor, casi produjo el milagro de mi resurrección, de la resurrección de Lázaro, escondido en su tumba hedionda durante tanto tiempo. Al menos mi pajarito sí había resucitado y deseaba cantar un aria a duo y cuanto antes.

En realidad no sería a duo, sino a trío, porque el favor que me pedía Marta era sobre todo para su amiga Esther, una amiga del alma que había descubierto que su marido le ponía los cuernos… ¡Vaya novedad! Martita lo sabía desde hacia tiempo, me lo había dicho a mí en la cama, entre las numerosas confidencias a que la llevaban mis caricias y el pequeño Johnny, siempre tan juguetón y locuelo cuando se trataba de la dulce Martita. No se lo había dicho. Ella siempre tan discreta, tan amable, tan elegante, siempre tan “chic” y tan “comme il faut”. Seguro que cuando Esther se lo comentó ella casi se desmaya del susto. “¡Tu marido! ¡Imposible! ¡Si te amaba con locura! Mi dulce Martita es una redomada hipocritilla. Tiene que serlo para triunfar en los negocios y en la jungla social de los guapos de este mundo y concretamente en la sociedad española, una de las más “ñoñas” del mundo, sino la que más.

Casi se me quiebra la voz al responder y lo que es peor, faltó el canto de un duro para que me echara a llorar como una Magdalena de Magdala. Tuve que hacer un esfuerzo ímprobo para que ella no notara nada. Me limité, pues, a confirmar que estaba muy bien, como ella comprobaría y que sería un placer consolar a su amiga y convencerla de que todos los hombres somos unos “c…” por eso mejor elegir a un gigoló, que te cuesta una pasta gansa, pero al menos es amable y le puedes despedir cuando quieras.

Continuará.

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Guía para lectores de Diario de un gigoló


DIARIO DE UN GIGOLÓ

UNA GUÍA PARA EL LECTOR

NOTA INTRODUCTORIA

La complejidad de la trama de este culebrón erótico es un auténtico laberinto, incluso para el autor, mucho más para el lector que se encuentra constantemente con personajes nuevos y con saltos en el tiempo y en las historias que lo despistan por completo. El lector poco avisado que cae sobre un capítulo por casualidad se siente tan perdido como un elefante en una cacharrería.

Para ayudar al lector a situar cada capítulo en su contexto cronológico, topográfico y a cada personaje en su rama, como cada mochuelo en su olivo, y sobre todo para ayudar al autor a no perderse en el ramaje de esta especie de secuoya erótica he confeccionado esta guía donde cada lector podrá buscar al personaje correspondiente o el capítulo de la historia que esté leyendo en ese momento. Para el autor será una valiosa herramienta a la hora de situar cada parte de la historia en el trozo de puzzle que corresponda.

GUÌA CRONOLÓGICA, TOPOGRÁFICA Y DE PERSONAJES

ENTORNO ESPACIO-TEMPORAL

CRONOLOGÍA

Se supone que la historia se inicia hacia 1973, el dictador aún no ha fallecido. Nuestro protagonista está estudiando psicología en una universidad madrileña y al mismo tiempo trabajo en lo que puede para conseguir pagarse los estudios y para sus gastos. Sus padres le ayudan muy poco, si es que le ayudan, y necesita trabajar por las noches, como portero de discoteca o como camarero. Al comienzo de la historia nuestro personaje trabaja en el pub de Paco, donde es descubierto por la coprotagonista de la historia, Lilian o Lily para los amigos, una madame muy original, creativa y sorprendente, quien por cierto se parece un poco a Joan Collins, sí, exacto, la actriz de la serie Dinastía, entre otras.

Aunque durante la novela no se dan fechas concretas ni se sitúan los episodios en un momento concreto del tiempo, sí podemos decir que el protagonista comienza los estudios en una universidad madrileña, que pudiera ser la Complutense o cualquier otra, entre 1970 y 1973. Su reclutamiento como gigoló por Lily se sitúa antes de la muerte del dictador, sin especificar fechas.

Su primera etapa que podría durar dos o tres años, estaría entre 1974 y 1977, es decir, le pillaría la muerte del dictador y el comienzo de la transición. El resto de la historia bien podría llegar hasta 1982, más o menos, momento en el que aparece el SIDA y nuestro protagonista decide jubilarse. No se concretan fechas, aunque por los acontecimientos históricos que se mencionan el lector puede hacerse una idea bastante cabal.

ESPACIO

Estamos en Madrid, el Madrid de los últimos tiempos del franquismo y los primeros de la transición. Como el autor estuvo durante ese periodo en Madrid, más o menos, se supone que lo que nos cuente de ese entorno y ese tiempo tiene algún punto de realidad, aunque debe advertir que todo lo que sucede en la historia es absolutamente ficticio y surgido de su imaginación. En realidad en aquel espacio y en aquel tiempo aún no estaba muy en boga la prostitución masculina, que aunque existente era algo tan discreto que solo te enterabas de algo si alguien que estaba en el ajo te lo contaba. El destape, las revistas de desnudos y todo aquel “boom” sexual de la transición bien hubieran podido propiciar una historia parecida a la que se cuenta en esta novela, aunque todo es tan delirante que hasta el lector más despistado se da cuenta de que esto es pura fantasía, pura imaginación, una especie de tomadura de pelo con mucho humor y que ni el Madrid que se describe es el Madrid real, ni el entorno del negocio de la prostitución, tal como se cuenta, existió nunca, ni esa especie de limbo de prostitutos para damas de alta clase tiene mucho que ver con la cruda y dura realidad de esa lacra social que es la prostitución, que se ha convertido en un negocio muy rentable a lo largo de la historia y donde tantas mujer, especialmente mujeres, han sido esclavizadas y destrozadas para que los machos que no podían seducir a mujeres con su personalidad las pudieran comprar a traficantes de carne humana. Los lectores saben desde el principio que esta no es una historia real y por lo tanto el autor no se hace responsable de que la realidad sea muy diferente a como la cuenta.

HISTORIA Y ESTRUCTURA NARRATIVA

Se puede decir que la mayor parte de la historia se cuenta en un flashback. El protagonista se está dando un baño en la bañera de su apartamento cuando suena el teléfono y tiene que salir desnudo de la bañera para atenderlo. Es Marta, una cliente de la que está enamorado. Le pide una cita y un favor. Él accede y regresa a la bañera. Es allí cuando se produce el flashback recordando cómo fue reclutado por Lily para su negocio de prostitución y se inició su vida como gigoló.

La estructura es muy compleja, hasta el punto de que la historia principal es dividida en secciones: Cien mujeres en la vida de un gigoló; Las orgías de Lily; Los famosos de Lily, etc etc. La historia principal nos cuenta, como si fuera el tronco, lo principal, mientras que cuando hay que detenerse en historias particulares, salen las ramas y se van encuadrando en las diferentes secciones.

Para un lector no avisado toda la historia parecerá una delirante tomadura de pelo, pero hay que llegar al final para situarla en su verdadero contexto. El final explica todo lo que durante la narración pareció algo fantástico e inverosímil, pero no voy a desvelarlo porque eso le quitaría todo el suspense.

ADVERTENCIA

Debo advertir que la historia de Diario de un gigoló es para adultos, aunque tal como están los tiempos y las “mores” o costumbres, esta advertencia resulta ridícula y surrealista. Muchos adolescentes de hoy en día sabrán mucho más de sexo y habrán tenido más experiencias sexuales de todo tipo que el autor, pero como nuestra sociedad es como es, bastante hipócrita, y donde al parecer alguien supone que un adolescente no puede tener relaciones sexuales antes de llegar a la mayoría de edad y que las relaciones sexuales entre un adulto y un joven de 16 años, pongamos por caso, están en la línea roja de la legalidad, vamos a dejar esta advertencia a efectos legales, aunque con franqueza a mí casi me da la risa. Muchos adolescente podrían asesorarme para escribir esta novela.

Todo lo que se cuenta es pura ficción, el autor jamás vivió experiencias parecidas y jamás las vivirá. El autor es consciente de que la sexualidad humana no funciona así exactamente y que algunas cosas son imposibles físicamente, aunque se intentan hacer verosímiles gracias a los inventos de otro profesor chiflado, un sueco que trabaja en unos laboratorios en aquel país en una empresa farmacéutica de la que Lily es propietaria.

Los capítulos que comenzaré a subir son puramente narrativos y en ellos no hay prácticamente ninguna escena de sexo por lo que entiendo pueden ser leídos con la misma “asepsia” con la que se leería un relato normal.

Espero que les guste.

PERSONAJES PRINCIPALES

JOHNNY, EL GIGOLÓ.

Es el protagonista de las historias que narra en primera persona y en forma de diario.

Descripción física: Tiene la altura de un jugador de baloncesto y un cuerpo musculoso, entrenado en el gimnasio y las artes marciales. Los rasgos de su rostro son duros, aunque tiene una mirada suave y acariciadora. De adolescente fue un enclenque larguirucho y pecoso del que todo el mundo se burlaba. Jugó durante un tiempo a baloncesto, aunque no destacó.

Gustos y pasiones: Es un lector apasionado de la buena literatura que lee compulsivamente en cualquier momento libre. Le gusta la música clásica, especialmente Bach y sus variaciones Golberg. Le gusta escribir y le hubiera gustado ser escritor aunque no se considera con cualidades y su diario y otros escritos los conserva en la intimidad y no se los ha enseñado a nadie, de momento. Le gusta cocinar y comer bien, por lo que tiene que controlarse y le gusta mucho la naturaleza y perderse en la montaña.

Solo al final del relato se sabrá la verdadera edad que tiene cuando remata su diario y en qué situación vital se encuentra.

Su sentido del humor hace que lo que cuenta parezca menos sórdido de lo que en realidad fue. Solo al final se expurgará la verdadera realidad de lo que él nos cuenta. La razón de por qué ha sido tan delirante al contarnos ciertas escenas es bastante lógica y tiene mucho sentido.

LILIANA, LILY, LA MADAME

Es una mujer madura. Nunca se conocerá su verdadera edad. Se conserva muy bien y a Johnny le encanta su parecido físico con Joan Collins.

Johnny accederá al diario íntimo de Lily tras un acontecimiento trágico y de esta forma contrastará toda la información que ha ido recogiendo tras años a su servicio. Eso le permitirá saber cómo pudo llegar poseer un negocio que casi llegó a ser una multinacional y quiénes estaban tras él. Cómo era verdaderamente esta mujer y las razones que le hicieron dedicarse a la prostitución, primero, y luego a regentarlo como madame.

Su conducta en el negocio llega a ser delirante en ciertos momentos y poco verosimil, aunque cuando se conocen ciertos acontecimientos de su pasado logra entenderse su peculiaridad como madame.

Conoce a Johnny en el pub de Paco y lo recluta para su negocio. Pronto lo convertirá en su amante con quien compartirá cama esporádicamente. Es una mujer inquietante, una especie de esfinge, tan pronto dulce y amable como terrible cual capo mafioso. Solo a su amante le dejará ir accediendo poco a poco a su verdadera personalidad.

ANABÉL, ANI, PROSTITUTA Y MANO DERECHA DE LILY

Es una mulata con un gran atractivo físico. Fue reclutada por Lily en un salón de masajes. Procede de un país del Caribe y llegó a España engañada por un empresario español y huyendo de las condiciones de vida de su país.

Pronto se convertirá en amiga íntima de Johnny con quien compartirá cama y confidencias, primero escondiéndose de su madame por temor a que ella pueda vengarse y luego con su consentimiento. Su relación será tan estrecha y apasionada que en un determinado momentos ambos reflexionan sobre la posibilidad de abandonar el negocio, casarse y establecerse en un lejano país donde intentarían vivir sin recurrir a la prostitución. Solo la llegada de Marta, una cliente muy especial, de la que Johny se enamora, dará al traste con estas buenas intenciones. A pesar de ello ambos conforman una auténtica pareja y parte de la historia, la que no podría conocer Johnny, le ha sido contada por Anabél.

Su protagonismo en la historia es tan importante que ésta quedaría coja sin su presencia.

MARTA, MARTITA

Es una mujer morena, muy atractiva, empresaria y ex de un poderoso empresario español. Se mueve en círculos sociales muy elevados y a veces sale en las portadas de las revistas del corazón. La historia comienza con su llamada a Johnny y toda ella rotará alrededor de su persona y circunstancias. Tras el largo flashback en el que el protagonista cuenta su historia hasta conocer a Marta, pasamos al presente, la cita que tiene con ella y con una amiga. Es un presente ficticio puesto que el narrador nos está engañando y el verdadero presente se conocerá al final de la historia.

La personalidad de esta mujer es apabullante. Se podría decir que casi cae en la múltiple personalidad. Es una mujer en sociedad, en sus negocios y otra, bastante diferente en su vida privada. Su personalidad más dulce es la que enamora a Johnny. Acabará cayendo en una patología de adicción al sexo y viajará a USA para curarse en una clínica privada. El viaje del gigoló a USA, acompañando a Lily, para acudir en ayuda de Marta que les ha mandado un S.O.S. porque al parecer no la dejan salir de la clínica es tan delirante como la historia de Crazyworld.

Al final de la historia tomará una decisión sobre Johnny que parece definitiva, pero en realidad es entonces cuando el narrador nos desvela su auténtico presente.

El primer capítulo de Diario de un gigoló se titula “Lilian” y nos cuenta el inicio de la historia. La única escena erótica del capítulo es la de Johnny saliendo desnudo de la bañera, pero él ni siquiera describe su cuerpo desnudo por lo que imagino que sería autorizada para todos los públicos.

Toda la novela está reescrita y reformada, capítulo a capítulo, aunque para los que la conozcan de Grupobuho no significará un cambio fundamental en lo básico de la historia.

MANUAL DEL PERFECTO ESCRITOR ERÓTICO I


MANUAL DEL PERFECTO ESCRITOR ERÓTICO

CONSIDERACIONES GENERALES

¿Qué es un relato erótico? ¿En qué se diferencia este género o subgénero literario de otros?

Un relato erótico no deja de ser un relato y por lo tanto en poco se diferencia de cualquier otro relato o narración del género que sea. Por lo tanto la mayoría de las cosas que nos funcionan en una narración convencional deben de funcionar igualmente en el género erótico. La estructura narrativa no tiene que ser diferente, salvo que cada tema requiere un tratamiento distinto y personalizado. Los personajes requieren el mismo tratamiento y funcionan igual que en cualquier otro relato, salvo que en el relato erótico los personajes suelen estar más tiempo desnudos que vestidos, pero ese no es un detalle demasiado importante.

Se puede decir que lo que diferencia al género o subgénero erótico de otros es su temática. Lo mismo que en el género negro el tema está centrado en un crimen y en su investigación, en el género erótico nos centramos en el acto sexual y en todo lo que lleva a él. Hay escritores poco duchos en el relato erótico que piensan que si no se pasan toda la narración describiendo el acto sexual es que su relato no es bueno o no es exactamente un relato erótico. Es como si un escritor de novela negra se pasara toda la novela relatando crímenes sin parar, con breves pausas, es decir, el asesino comete un crimen y luego se va a comer, comete otro y luego duerme, etc etc. Es lo mismo que hacen algunos con el relato erótico, narran una escena de sexo, luego los personajes comen o beben o hablan y luego otra vez a repetir el mecanismo mil veces descrito.

El que un relato pertenezca a un género concreto no quiere decir que no puedan tratarse otros temas y tocarse otros palos o géneros, simplemente en un relato erótico se da más importancia al sexo, lo mismo que en un relato negro o policiaco se da más importancia al crimen y su investigación que a otras cosas, pero eso no significa que esas realidades no sigan existiendo y puedan ser descritas.

La estructura narrativa, el trabajo con los personajes y todo lo demás debe ser tratado con más intensidad y profundidad en el género erótico que en otros, porque hay más peligro de que la historia se concentre exclusivamente en el sexo y nos olvidemos del resto. Si ponemos un tarro de miel abierto, las moscas irán a la miel, no es que sea malo, pero todos sabemos cómo termina la fábula “a un panal de rica miel, dos mil moscas acudieron y todas…” Sí, eso es fácil que le suceda al escritor erótico, que disfrute tanto describiendo el acto, una y otra vez, que se olvide de los demás… de que los personajes son humanos y deben ser tratados como tales, de que hay infinidad de historias adyacentes que pueden ser contadas, aunque el centro del relato será siempre el acto sexual de los personajes.

Pongamos un ejemplo:

Estamos escribiendo un relato, hemos elegido una sencilla historia: Una mujer y un hombre van a comer al mismo restaurante y se encuentran solos, cada uno en su propia mesa. A partir de ese momento el desarrollo de la historia puede ser muy diferente y muy bueno o muy malo.

DESARROLLO MALO

La mujer mira al hombre, el hombre mira a la mujer, la mujer o el hombre se levantan e invitan al otro a tomar una copa, luego sin muchas palabras van a la habitación de él o de ella y practican sexo. Nada más. Esto lo podrían hacer dos robots con un mínimo de programación. Como ya he comentado para mi el sexo entre robots es pornografía, con perdón de los pobres robots que no tienen culpa de nada.

DESARROLLO ACEPTABLE

El narrador nos cuenta porqué están allí esos dos personajes. Nos esboza un poco su psicología, además de darnos una somera descripción física, nos describe un poco el ambiente. Hace creíble que uno se dirija al otro. Utiliza unos diálogos verosímiles y adecuados a la personalidad de cada personaje. Nos habla de cómo uno seduce al otro o el otro al uno o ambos danzan al ritmo de la música del cortejo o nos cuenta cómo se desnudan y hacen el amor dos personas y no dos robots.

DESARROLLO BUENO

El narrador está abierto a todas las posibilidades. No le importa que en esa historia se mezclen otros géneros. Pongamos que el hombre es un asesino y la mujer se siente atraída por él. Ya hemos introducido en la historia el suspense policiaco además del sexo, típico del género erótico. Los personajes van acompañados. Podemos ampliar la historia hacia la comedia. Por ejemplo resulta que ya se conocían y no se ven desde hace años. Intentan dar de lado a los acompañantes y marcharse ellos solos por la ciudad, a recordar viejos tiempos… Las posibilidades son casi infinitas.

DESARROLLO MUY BUENO

El narrador esboza dos personajes muy sólidos y si necesita secundarios también les da un buen tratamiento, no se limita a utilizar marionetas como comparsas. Les sitúa en un entorno adecuado a sus necesidades narrativas. Decide si la historia se va a centrar en la seducción, el sexo, el amor o prefiere mezclar también otros ingredientes. Es decir, podemos hacer un gin-tonic o podemos mezclar un sofiticado cóctel. Así por ejemplo nada impide que un relato erótico se desarrolle en un mundo futuro y utilicemos la cienciaficción como un elemento del cóctel, y quien dice esto dice fantasía o novela negra o comedia o lo que sea. No se limita a presentarnos a los personajes en el presente, nos da a conocer un poco de su pasado a través de flashbacks o monólogos interiores. Construye la psicología y el pasado de los personajes como si fuera a escribir una novela, cuando en realidad los va a utilizar en un relato más o menos corto. El narrador describe la seducción y el cortejo y el acto sexual no como algo mecánico con etapas perfectamente definidas y que siempre se repiten, sino como un medio de desarrollar la psicología de los personajes, su comunicación y la historia. No estamos en una fábrica, describiendo el proceso de construcción de un automóvil, estamos ante una historia en que dos o más personas se encuentran y terminan en la cama o en el ascensor, practicando sexo, pero son personas, con una psicología, con un pasado, con una historia que contarnos. Cuando un personaje le quita al otro una prenda íntima no está quitando esa prenda de un maniquí, está viendo un cuerpo humano, donde late un corazón y en cuyo interior hay una personalidad que se expresa a través de su mirada. Describir cómo los personajes se quitan las ropas y cómo se miran las partes anatómicas y las acarician o manosean y cómo es el proceso de un coito en la especie humana, no es un buen relato erótico, estamos muy cerca de la robotización.

Y nada más por el momento. Subiré un fragmento de la “Guía para lectores de diario de un gigoló” para que veamos cómo son los personajes, cómo se les sitúa en un tiempo y en un espacio y cómo se estructura narrativamente la historia. Que ustedes-vosotros lo pasen bien y se animen a escribir un relato erótico, no es tan complicado, ni tan morboso, y puede llegar a ser algo muy divertido y placentero. Un saludo.

Un escritor frustrado (En casa de la mujer fantasma IV)


 

No podía estar ocurriendo, los fantasmas no existían, no existía nada que no se pudiera tocar, palpar con las manos… y aquel fenómeno no podía ser tocado, sus dedos solo sentían aire, un aire extraño, eso era cierto, pero aire al fin y al cabo. Sintió un profundo vértigo y nunca supo si se debió a la herida del tobillo o al intenso miedo, al terror, la cabeza se le fue y cayó en una profunda inconsciencia.

 

Una mujer estaba sentada en el suelo, la espalda apoyada en una pared. Córcoles reconoció el lugar, era la cocina. Era Julita, no tuvo dudas aunque nunca la había visto físicamente y las fotografías no le hacían justicia. Le estaba mirando, en sus ojos pudo ver el miedo. Pero no era a él a quien miraba. ¿Entonces a quién? Lo supo de inmediato. Entonces oyó una risa histérica que le heló el alma. La escena cambió. Un hombre, alto y fuerte como un oso, estaba hablando con Julita. Él podía verlo todo  desde el techo. Ahora notó que la mujer tenía las muñecas y los tobillos atados con cuerdas. Frente a ella, en la cocina, un hombre joven, al que Córcoles no conocía, pero que supo era su chofer y amante, también estaba atado de manos y piernas y en su mirada se podía percibir el terror más profundo.

La voz del hombre-oso resonó como un eco en la cabeza de Córcoles. Era Sisebuto, no cabía la menor duda. Le estaba diciendo algo a Julita que no podía entender. Ella parecía no hacerle mucho caso. Entonces el hombre se acercó y le soltó dos tremendas bofetadas que hicieron rebotar la cabeza de la mujer contra la pared. Quedó tendida en el suelo. Sisebuto la pateó. La mujer se desmayó. El hombre trajo un cubo de agua que había llenado en el fregadero y se lo echó por la cabeza. Ella pareció despertar sobresaltada. Sisebuto tenía un cuchillo en la mano derecha. Córcoles sentía el terror de Julita porque en realidad él era Julita. Perdió la consciencia de sí mismo, la solidez de su personalidad se diluyó. El cuerpo y las emociones de la mujer eran las suyas, él era la mujer. Oyó una risa feroz en alguna parte, como muy lejos.

Él iba a clavarle el cuchillo, el miedo a la muerte cortó su respiración. Cuando el hombre se inclinó hacia ella, comenzó a rezar un padrenuestro… La cuerda de sus muñecas se cortó de un fuerte golpe de cuchillo. Sisebuto la estaba desatando. Se arrodilló y el filo del cuchillo se introdujo entre sus tobillos, un fuerte golpe de muñeca y la cuerda se cortó con gran facilidad. Estaba libre. Intentó ponerse en pie y escapar corriendo, pero no pudo, tenía las piernas dormidas de haber mantenido tanto tiempo la incómoda postura. El hombre separó sus piernas de un manotazo y sin darle tiempo a hacerse una idea de lo que se avecinaba subió sus faldas. Ella supo entonces lo que pretendía y se resistió con todas sus fuerzas. Sisebuto le propinó un bofetón tan tremendo que ella, sin caer en la inconsciencia, notó cómo su cabeza rebotaba contra el suelo y quedaba mirando hacia un lado, como lela. El hombre introdujo su mano bajo sus bragas y tirando con fuerza las rompió. Se bajó los pantalones a toda prisa y luego los calzoncillos. Con brutalidad sus manos separaron sus muslos. Sabía lo que iba a pasar pero no podía moverse. El enorme miembro de Sisebuto se abrió paso con brutalidad.

Entonces Córcoles volvió a escuchar la espantosa risa histérica que iba y venía. Supo que era un espectador de una escena que ya conocía o intuía a través del relato de Hortensia. Algo le estaba haciendo Julita, la mujer fantasma, algo que él no podía aceptar. Quiso resistirse e intentó bucear hasta la superficie de la consciencia. Era preciso despertar, pero no pudo, algo le retenía en aquel lugar y en aquel tiempo, algo controlaba su mente. Era consciente de lo que ella estaba intentando, hacerle revivir todo lo sucedido en la casa, aquellas escenas con las que tanto había disfrutado cuando se las escuchaba contar a Hortensia. El monstruo en el que se había transformado Julita no iba a tener compasión con él, le haría revivir todo su sufrimiento y luego se apoderaría de su mente, de su consciencia, como un auténtico demonio. Quiso luchar contra lo que se le venía encima pero todo fue inútil.

 

Sentía crecer el miembro entre sus piernas, sentía la excitación en todo su cuerpo, percibía cómo la sangre acudía a aquel trozo de carne ansioso por apoderarse de lo que tantas veces le había sido negado. Con un fuerte golpe de cadera la violación se consumó. Ahora pudo mirar hacia aquel hombrecito aterrorizado que lo observaba todo, atado y amordazado, y una risa feroz brotó de sus entrañas y asomó a su boca, rebotando por toda la cocina. Era feliz, al placer de la posesión se unía el dulce sabor de la venganza. No le importaba nada de lo que fuera a ocurrir después. Violaría a Julita cuantas veces quisiera y aquel gusano que le había puesto los cuernos lo vería una y otra vez, una y otra vez. Antes o después lo descubrirían, alguien avisaría a la guardia civil y acabarían cercando la casa. Pero no le importaba, la decisión ya había sido tomada tras aquella dura temporada en el momento, después de aquellas noches en que bajaba del monte y acechaba la casa como un lobo en celo. Les había visto hacerlo en la cocina, donde ahora estaban, sin el menor pudor, sin cerrar las contraventanas ni correr la cortina, a la luz de una vela. Hasta había trepado, colocando con mucho cuidado la escalera, y se había asomado a la ventana del dormitorio, de su dormitorio. Les había visto refocilarse sin la menor vergüenza en su lecho, sin cerrar las contraventanas. Estaba convencido de que ella sabía que la estaba espiando. Sintió arder el odio en sus entrañas y las caderas se movieron con fuerza, como si quisieran aplastar aquel cuerpo. Cuando la mujer recobró por completo la consciencia y movió la cabeza para mirarle de frente sintió un placer infernal que se agudizó cuando ella intentó mover las piernas y golpearle con las manos. Logró, en un descuido del hombre, arañarle la cara. Él ni siquiera se inmutó, se limitó a galopar con más fuerza, con todas sus fuerzas.

 

Córcoles volvió a escuchar aquella risa demoniaca y supo que ella le había dejado regresar a su consciencia, a su personalidad por un momento, antes… antes de introducirle en su propio cuerpo. Y allí supo cuánto odio almacenaba la mujer. La violación física no era tan terrible como aquella violación de su ser más profundo. Al fin y al cabo ella había dormido con Sisebuto muchas veces en el lecho y conocía bien su cuerpo y la dureza de su miembro que la penetraba una y otra vez mientras ella gemía y agradecía. Hubieran podido ser felices de no haber sido tan celoso, aquella bestia no atendía a razones y la maltrataba cada vez con más saña. Había hecho bien marchándose de su lado y luego regresando con aquel jovencito tan amable y dulce. Sintió un desgarro en las entrañas y sus piernas se impulsaron salvajemente, como si pudieran alcanzar la cabeza de Sisebuto y hacerla explotar. Sus uñas arañaron con saña el rostro de aquel monstruo. Y entonces llegó el terrible puñetazo y volvió a caer en la inconsciencia.

 

Córcoles no podía soportarlo más. Escuchó de nuevo la risa y una voz fantasmal que le decía algo que no podía entender, aunque intuía su significado. Se estaba burlando de su deseo hacia ella, del placer obtenido imaginando su sufrimiento en las reiteradas violaciones de Sisebuto. Y de nuevo era el hombre que embestía una y otra vez y notó aquel espantoso calor en las entrañas que se iba extendiendo por todo el cuerpo y cómo el orgasmo llegaba al tiempo que un éxtasis demoniaco se abría paso hacia su garganta y salía de su boca en un grito horrísono.

 

Y entonces se despertó en la cama de aquella casa fantasmal y notó el peso de ella galopando sobre su cuerpo y sin poder evitarlo, en contra de su voluntad que le impulsaba a moverse y salir corriendo, alcanzó un orgasmo terrible, en nada comparable a todos sus orgasmos de don Juan. Sintió brotar el pegajoso líquido vital de su miembro y empapar su calzoncillo. Ahora, pensó, me dejará en paz y podré salir corriendo de este infierno. Pero ella no aflojó la presión, al contrario, su cuerpo parecía clavarse en el sueño con la propia fuerza de Sisebuto. Y allí le mantuvo, prisionero, incitándole a relajarse y disfrutar de los coletazos del orgasmo. Córcoles sintió un espantoso mareo, le entraron ganas de vomitar, pero antes de que pudiera hacerlo ya estaba otra vez inconsciente.

 

Continuará.