Mes: septiembre 2013

BREVES HISTORIAS DE OMEGA (EL TURISMO EN OMEGA)


BREVES HISTORIAS DE OMEGA VI

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NOTA INTRODUCTORIA

El esbozo de la historia de Omega me llevó algunos años y no siempre tuve claro cómo enfocar el tema. Era consciente de la necesidad de tener una idea básica de su historia, ya que aunque Diario de Ermantis transcurre en el momento presente de la narración, con algunos flashback, más o menos extensos, a la infancia del protagonista, mientras escribía la historia constantemente necesitaba de tener claras algunas ideas sobre lo que había ocurrido a lo largo de la historia de Omega.

Antes de la llegada de la inteligencia artificial Omega era un planeta esencialmente turístico. Todas las razas inteligentes de la galaxia acudían allí a pasar sus vacaciones. Se trataba de un destino turístico de primera y solo al alcance de las grandes fortunas, algo así como… en nuestra querida Tierra. ¡Para qué vamos a dar nombres!

El turismo suele iniciarse cuando una parte de la población (aristócratas, burgueses o como se les quiera llamar) alcanzan un nivel económico que les permite pasarse un tiempo o mucho tiempo ociosos y con ganas de divertirse, de viajar, de conocer lugares y gente nueva. Pero no alcanza su auge hasta que una mayoría suficiente o inmensa consigue un nivel económico básico que les permite al menos un mes de vacaciones anuales y unos ingresos con los que pagarse viajes y estancias en lugares poco o mucho alejados de su residencia habitual.

En Omega, debido al episodio del Valle de la Muerte, del que se habla en el relato, la historia habitual de la evolución de una sociedad a nivel económico sufrió una grave distorsión. Esto, unido a que tras el episodio del Mesías de Omega, ocurrido al mismo tiempo que dicha batalla, éste y la tripulación de su nave pusieron en contacto al planeta con desconocidas civilizaciones extraomeguianas de las que no se tenía el menor conocimiento, ni siquiera se imaginaban que pudieran existir. Para rematar todo este desbarajuste llegó la inteligencia artificial HDM-24 al poder y con ella se acabó el turismo extraplanetario debido al episodio de la guerra más incruenta de la historia conocida, que también se menciona en el relato. Como son historias muy extensas y complejas, aquí solo se mencionan los datos esenciales para que la historia que se cuenta tenga sentido, remitiéndose a otras historias que subiré en su momento y que son bastante más largas de lo habitual en este formato, tales como El Mesías de Omega y Batalla contra Doctor. Espero que les guste.

EL TURISMO EN OMEGA

BREVE EXTRACTO DE LA TESIS DOCTORAL DE LIVIA URDOZA PARA SU DOCTORADO EN HISTORIA PRÁCTICA DE OMEGA

No cabe la menor duda de que la historia del turismo en Omega, yo diría que toda la historia omeguiana, es tan insólita que ningún otro planeta del cuadrante ha vivido o sufrido algo parecido. A través de los archivos documentales del bueno de “H” he podido documentarme y cerciorarme por completo este dato que cuando comencé a escribir esta tesis ya daba por supuesto. En los archivos de nuestra inteligencia artificial existen copias de bibliotecas enteras de otros planetas que fueron transferidas con los correspondientes permisos o saqueadas sin más por espías del propio “H”, quienes armados con increíbles y diminutos artilugios que colocados en los edificios de estas bibliotecas, pudieron copiar hasta la última coma del último legajo escondido en bibliotecas de todos los planetas conocidos.

Para un historiador es como un prodigioso juguete infantil la posibilidad de consultar cualquier momento de nuestra historia a través de “H”. Cuando existen documentos él los tiene y cuando no, ha hecho portentosas recreaciones holográficas de lo que pudo haber sido, según los datos que almacena su memoria. De hecho solo a nosotros, “los rebeldes culturales”, se nos ha ocurrido trabajar como historiadores, entre otras disciplinas, para recopilar por nuestra cuenta y desde nuestra perspectiva todo el legado cultural e histórico que nos han dejado nuestros ancestros. El común de los omeguianos se limita a consultar a la inteligencia artificial y aceptar sus datos e informaciones sin ningún filtro ni criterio propio. Es cierto que el gran Helenio de Moroni, nuestro profesor chiflado particular, juró y perjuró que su inteligencia artificial había sido programada para que no pudiera manipular y controlar a los omiguanos, estaba a disposición nuestra, para alcanzar un mayor nivel evolutivo, no para llevarnos con engaños hacia metas solo imaginables por la privilegiada cabeza del sabio. Es posible que esto sea así, aunque somos muchos los que no estamos muy convencidos, de hecho ni muy, ni poco, al contrario, creemos que hay una programación oculta en el fondo de la memoria de “H” a la que nos gustaría acceder, aunque hasta ahora nadie lo ha conseguido, ni siquiera nuestros ingenieros informáticos rebeldes.

No voy a remontarme a los tiempos prehistóricos para confeccionar este informe. Entonces todo era pura supervivencia y se viajaba para conseguir mejor caza o para huir de los depredadores. El turismo, se puede decir, que comenzó a partir de la batalla del Valle de la Muerte. La tecnología que nos prestara su comandante, más conocido por El Mesías de Omega, y la tripulación de su nave, permitió a nuestro planeta evolucionar tanto y en tan poco tiempo que en ello también somos únicos en la historia de las especies inteligentes del cuadrante.
Digamos que el turismo, como ha ocurrido en otros planetas más convencionales, comenzó siendo un pasatiempo de ricos, y conforme el nivel económico se fue elevando y alcanzado a otras clases sociales se transformó en un negocio más y muy boyante. En el caso de Omega el aterrizaje de la nave “Explorador I” nos abrió los ojos de repente a la posibilidad de existencia de vida extraomeguiana. De ahí a que la tecnología que nos prestaron sus tripulantes nos permitiera viajar por el espacio y encontrar otras especies inteligente fue una especie de salto de trampolín, rápido y efectivo.

Omega fue elegido por otros planetas como lugar de recreo y de ocio por excelencia. El turismo comenzó a florecer y nos convertimos en el planeta turístico por excelencia del cuadrante. Los omeguianos se dedicaron por completo al negocio turístico y contrataron como mano de obra a otras especies menos agraciadas económicamente para que hicieran de trabajadores y campesinos. El omeguiano llegó a ser un “relaciones públicas”o un empresario del ocio. Durante esta época el turismo alcanzó su cúspide y los hoteles de Omega fueron considerados como los más lujosos y avanzados de toda la galaxia conocida. Claro que eso costaba un “dinerito” solo al alcance de los más ricos y poderosos. Omega ganó muchísimo dinero con su negocio y esto propició que cuando nuestro chiflado particular, Helenio de Moroni, solicitara del primer Consejo planetario, un presupuesto desorbitado para confeccionar una inteligencia artificial casi mágica, que nos permitiera desentendernos del concepto de trabajo y nos ayudara a conseguir el ocio total, le fuera concedido todo lo que pidió y aún estaban dispuestos a darle más a cambio de lo único que les quedaba por conseguir: el ocio absoluto para siempre.

Sin embargo no todo dura para siempre. Cuando Omega comenzaba a prepararse para ir dejando el negocio turístico en manos de la inteligencia artificial y su “troupe” de robots fabricados específicamente para que ningún omeguiano tuviera que volver a trabajar en el turismo, entonces se produjo un acontecimiento histórico que cambiaría para siempre nuestro futuro. El planeta Noctor, el planeta guerrero por antonomasia del cuadrante, decidió invadirnos, apoderarse del planeta, de su negocio turístico y convertir a su población en soldados mercenarios. Por suerte “H” ya lo había previsto y gracias a los informes de sus espías, robotizados o no, tuvo tiempo suficiente para crear el arma de guerra que acabaría con todas las guerras, como se ha pregonado siempre en la propaganda bélica de todos los planetas de la galaxia. Esta vez fue verdad.

La invención del rayo Omega, un laser tan original y portentoso que aún nadie sabe muy bien cómo funciona, permitió a nuestra inteligencia artificial derrotar a la flota de guerra noctoriana antes incluso de acercarse al planeta. Pero esta es una historia que se narra en otra parte, concretamente en el trabajo de nuestro colega Andronius Tostis, el mejor historiador de la que él llamó “La guerra más pacífica de la historia”. Sin un solo disparo de la flota noctoriana ésta tuvo que retirarse de Omega, que de esta manera y por sugerencia de “H” que el Consejo planetario ratificó por unanimidad, nuestro planeta entró en cuarentena y ya no se permitió entrar o salir a nadie, salvo justificadas excepciones.

De esta forma el turismo pasó a ser una más de las muchas posibilidades que “H” ofreció a los ciudadanos omeguianos. Ahora mismo son pocos los omeguianos que desean viajar a una parte u otra del planeta y cuando se produce algún atasco porque todos se ponen de acuerdo para viajar a un mismo sitio, a la vez, nuestra inteligencia artificial reparte créditos preferenciales para viajes turísticos según los méritos de los ciudadanos, alcanzados de una u otra manera. “H” es muy respetuoso con nuestra libertad, pero nos incentiva, la zanahoria y el palo, para que no perdamos las buenas costumbres omeguianas en las diferentes facetas y campos de nuestra cultura.

En eso ha quedado el un tiempo floreciente turismo omeguiano, en algunos viajes con naves planetarias para ver un paisaje o un lugar determinados.

FIN

Nota final. Extracto de la tesis doctoral de la doctora Livia Urdoza, realizado por nuestro decano.

NOTA BIBLIOGRÁFICA

Para más datos sobre el turismo y los hoteles en la época floreciente de nuestro turismo les remito al gran trabajo de nuestro colega titulado “HOTEL OMEGA”.

Para más datos sobre la batalla del Valle de la Muerte y sobre la batalla más pacífica de la historia remito al trabajo conjunto que hemos hecho todos los historiadores de la facultad de historia de la universidad e Vantis.

DIARIO DE UN GIGOLÓ II (VERSIÓN SONYMAGE)


DIARIO DE UN GIGOLÓ (VERSIÓN SONYMAGE)

 

CAPÍTULO I/LILIAN (CONTINUACIÓN)

Concertada la cita nos dijimos algunos cumplidos (los míos sinceros, los suyos tendría que demostrarlo) y colgamos. Regresé a la bañera, no sin antes pasar la toalla por el suelo de parqué, para evitarle a Angélica, mi empleada de hogar, un trabajo extra por el que recibiría una buena bronca. Angelitita, como la llamo yo cuando quiero hacerla rabiar, es una matrona de buen ver, unos cuarenta años, casada, yo diría que mal casada y peor tratada, a quien escogí en un “casting” que realicé tras un anuncio en la prensa, cuando comprendí que no podía ser un buen gigoló y una buena ama de casa al mismo tiempo. Aparte de por su buen hacer, quiero decir por limpiar mejor que ninguna, como me demostró cuando me pidió una oportunidad a cualquier precio (estuve a punto de gastarle una broma machista) también la escogí por su boca, no por sus labios sensuales que deben besar como los ángeles del cielo cuando bajan al infierno en vacaciones, sino por su boca-boca, es decir es una mujer mal hablada donde las haya, pero dice unas cosas… unas cosas… Me encanta escucharla, ya despotrique de su marido, de las vecinas, del mundo en el que vivimos o hasta de nuestro Jefe del Estado, a quien Dios nos conserve muchos años… lo más lejos posible. Especialmente me gusta cuando se mete con él o con los ministros, de quienes sabe sus nombres, de todos y cada uno, o con los pantanos o con los curas, o con… Ella se mete con todo el mundo, incluso conmigo, cuando le da por ahí y hasta llega a ponerse a sí misma a caer de un burro o de una burra, porque mira que es “burra” la Angelita, y cómo se pone cuando su autoestima baja como el termómetro en invierno. A veces la tengo que consolar y ella se deja y se deja… un día de estos la voy a consolar por completo y sin que tenga que darme nada a cambio, aparte de su sonrisa de ángel maltratado por la vida.

Terminé de limpiar el suelo como pude, regresé al servicio y eché más potingues al agua, salió mucha espuma y me sumergí de nuevo. Las variaciones Golberg no habían dejado de sonar un solo instante. ¡Qué relajantes! ¡Qué divinas! Aquella noche me las había prometido muy felices puesto que era lunes y los lunes Lily cierra sus numerosos quioscos, puede que sea la única madame en el mundo que da un día de descanso a sus sementales y potrancas. Ella es única para cuidarnos y mimarnos… Que no se me olvidaran los potingues que Lily nos suministra para que seamos los mejores en la cama, fogosos e insaciables, recién traídos de su laboratorio farmacéutico en Suecia, el lugar por excelencia de la libertad sexual. Aquella noche los iba a necesitar. Martita no había llamado precisamente hoy y concertado la cita para la noche porque le viniera bien a ella, sabía muy bien que yo libraba, y así se ahorraría pedirle permiso a Lily y obligarla a cancelar mis citas, y pagar una buena pasta por ello. Sabía que yo un lunes hasta se lo haría gratis, de hecho pensaba proponérselo, aunque si hay algo en lo que Marta es generosa hasta la tontería es con sus amantes o gigolós, o al menos concretamente conmigo. No ataba la bolsa cuando venía a verme.

Me dispuse a relajarme tanto como pudiera, la faena nocturna que me esperaba iba a exigirme estar en plena forma. Me introduje en la bañera, me tumbé, colocando una almohadilla de espuma bajo la nuca y comencé a respirar rítmicamente, buscando una adecuada preparación para los mantras que me disponía a vocalizar. Necesitaba relajar y centrar mi mente. La llamada de Marta me había descentrado completamente. Mi intuición me decía que esta noche sería crucial en nuestra relación. Conociendo a aquella mujer suponía que ya había tomado su decisión, pero siempre podría cambiarla con el estímulo adecuado.

Inspiré profundamente, retuve el aliento todo lo que pude y espiré, lanzando el aire hacia el velo del paladar, procurando que todo mi cráneo retumbara al tiempo que vocalizaba el mantra. El sonido se expandió dentro de mi cabeza, haciendo vibrar carne y huesos. Cerré los ojos. Repetí el mantra tres veces, tal como me había enseñado la dulce Amako, y luego cambié a otro mantra.

¿Por qué siempre calificabade dulces a todas las mujeres que me gustaban? ¿Lo era Marta? Debería serlo, a pesar de su carácter fuerte, porque de otro modo no me habría enamorado de ella. ¿Lo era Amako? No tenía la menor duda al respecto. Ella sí era la mujer más dulce y tierna que había conocido. Mi viaje a Barcelona, un regalo de Lily, entre otros motivos, tenía por objeto que una experta masajista japonesa, Amako, me enseñara el masaje shiatsu, y también algo de yoga tántrico. Aunque pocos clientes de Lily sabían que era el tantrismo la mayoría de ellos se quedaban deseosos de que el profesional de turno les diera un buen masaje. Mi patrona, siempre tan avispada y creativa par los negocios, quería experimentar conmigo la posibilidad de ampliar las prestaciones de sus pupilos y pupilas, introduciendo el masaje y alguna novedosa forma de relación sexual.

Por lo visto Lily ya lo tenía todo pensado desde hacía tiempo y también había hablado con Amako, llegando a un acuerdo económico satisfactorio para ambas partes. Yo recibiría lecciones de shiatsu y tantrismo durante unos meses, ampliables, tanto en tiempo como en disciplinas, siempre con la aprobación de mi patrona. El acuerdo no incluía las clases de yoga mental que Amako decidió darme por su cuenta y de forma gratuita. Me enseñó a relajarme y a practicar técnicas de respiración y mantras, pero sobre todo a meditar, la cumbre de todas las disciplinas mentales según ella, algo que a mí me estaba costando tanto como subir el Everest, de habérmelo propuesto, para cumplir uno de mis sueños utípicos.

Amako fue la más dulce de mis amantes. Nuestra relación era algo muy especial. A mí nunca se me ocurrió pedirle el consabido estipendio (nuestras relaciones sexuales no eran para mí parte de mi trabajo) y a ella nunca se le pasó por la cabeza pedirme un extra por las clases de yoga mental. Por supuesto que si yo le hubiera propuesto cobrarme por las relaciones sexuales ella habría intentado desentrañar mis palabras como si fuera un koan-zén, buscando el sentido oculto. Ella no era una prostituta y su negocio no solo perfectamente legal, sino también moral. Nos hicimos amantes porque nos sentimos atraídos. Eso fue todo. Nos entendíamos casi sin hablar, solo con mirarnos, nos hicimos amigos de esta manera y dimos el paso hacia una mayor intimidad de la misma forma, con una mirada más profunda e intensa.

Continuará.