Todos estamos solos al caer la tarde VIII


-Bien, voy a llamar a Lucy, quiero que vengan todos. Tendré que preguntar al viejo sheriff, si no está muerto, sobre si alguna vez ocurrió algo parecido en este condado. Intentaremos hacer lo que se pueda, que no será suficiente, nunca es suficiente.

-¿Por qué no llama al F.B.I.?

-Andan escasos de personal y además de momento este es solo un asesinato, no hay pruebas de que ande suelto un asesino en serie.

-Seguro que usted no se lo cree sheriff, y no le servirá de nada hablar con el viejo sheriff, que aún sigue vivo, porque en este condado nunca ocurrió nada parecido.

-¿Cómo lo sabes?

Pico de Águila no respondió. Se quedó allí, en medio de la noche, mirándome impasible. Tal vez hubiera gastado ya todas las palabras que pensaba emplear en un año. Algo me decía que tendría que gastar también las del año siguiente y las del otro, porque habría mucho de qué hablar durante los próximos meses. Antes de que diera un paso él ya había abierto la puerta de su coche patrulla, como si adivinara mis pensamientos. Me senté en el asiento del piloto, tomé el micrófono y activé la emisora.

-Aquí el sheriff. ¿Estás ahí, Lucy? Cambio.

-¿Dónde quiere que esté, sheriff? Cambio.

Seguramente Pico de Águila le habría pedido, antes de venir, que fuera a la oficina. Lo hacía a veces, como un favor a quien estuviera de guardia, incluso a mí. Lucy era una mujer grande aunque otros habrían dicho que obesa, madura, soltera, una verdadera madre para todos. Además vivía cerca de las oficinas del sheriff. Nada le gustaba más que sentarse frente a la emisora por las noches, nada excepto traernos donuts por las mañanas y café del bueno que hacía ella misma en casa. El presupuesto de la oficina era tan pobre que a menudo me las veía y deseaba para poder pagarle a Lucy pequeñas cantidades mensuales, por las molestias, porque no había partida para las horas extras. Ya lo había comentado con el alcalde en más de una ocasión. Éste se había encogido de hombros y en tono sardónico me había contestado: ¿Necesita más dinero para encerrar a cuatro borrachos los fines de semana? Ahora sería distinto, debería aprovechar la ocasión para conseguir un puñado de dólares más en el presupuesto anual.

-Ya hablaremos tú y yo. Quiero que localices a todo el mundo y los mandes aquí, a Helen, a Pancho con el maletín, al fotógrafo, ya sabes, a todos. Vete personalmente a la casa del juez Roy y no consientas que su sirviente te impida el paso, la conoces y creo que no os lleváis mal. Hable personalmente con él, aunque tengas que levantarle de la cama a rastras, cuéntale que hemos encontrado el cadáver de una joven en las minas de Silver Creek, que necesitamos que venga a levantar el cadáver, esta noche, sin falta, no puede esperar a mañana o que te dé una autorización para que lo hagamos nosotros, por escrito o no hay trato. Dile que si no viene o nos da la autorización soy capaz de ir a buscarle yo en persona y sacarle de la cama a patadas. Díselo así. Vuelve cuando tengas su respuesta, la que sea y llámanos. ¿Entendido, Lucy? Cambio.

-Entendido sheriff. Alto y claro. Todo el mundo en pie de guerra. ¿No podría llamarle mejor al móvil? Cambio.

-Me lo he dejado en casa. Sabes que no me gusta, odio esos malditos chismes con los que todo el mundo puede localizarte. Llámanos por la radio. Cambio.

-Lo que usted diga jefe. ¿No podría contarme algo más? El juez Roy querrá conocer más detalles. Cambio.

-Y tú también, cotilla. Mañana habrá reunión en la oficina, hacia las diez. Ya sabes lo que quiero decir. Cambio y corto.

-Seguro que una piedra me diría más. Me pongo en marcha. Adiós sheriff. Suerte.

La comunicación se interrumpió. Todo hubiera sido más sencillo con un teléfono móvil, suponiendo que no se interrumpiera la cobertura, pero yo odiaba aquellos chismes y no podía decirle a Lucy, ni a nadie por qué. Es más fácil pillar a alguien que lleve un móvil encima y a mi podían estar siguiéndome unos cuantos buitres.

Nos quedaba algún tiempo hasta que llegara el grueso de la tropa, tal vez media hora o más. Decidí regresar a la cueva y observar otra vez la escena del crimen. Tal vez algún detalle fuera relevante. No podía permanecer allí de pie, en mitad de la noche, vomitando como un chiquillo y llamándome idiota por haber hecho caso de nuestro alcalde.

-Pico de Águila, vamos a regresar allá dentro, dicen que la primera impresión de una escena de un crimen es la más importante.  Dime algo del chico que descubrió el cadáver.

-Como quiera sheriff, pero no creo que sirva de mucho volver dentro. He tenido tiempo de inspeccionar otros túneles y no he encontrado ninguna huella, tampoco en el lugar donde está el cadáver. Pájaro loco es un adolescente rebelde y muy imaginativo. Se pasa los días por ahí, solitario, le gustan especialmente estas minas porque en ellas idea ceremonias chamánicas sin que puedan verle.

-Parece que a Pájaro loco le viene que ni pintado el nombre.

¿Qué podíamos encontrar en el lugar del crimen que pudiera servirnos para la investigación? No esperaba tener suerte. Aquel era mi primer asesinato desde que estaba en el cargo y pocos más fueron investigados por mis antecesores. El monstruo no parecía precisamente un novato, nadie hace semejante salvajada por primera vez, sin un entrenamiento, digámoslo así. Era impensable que hubiera dejado una huella clara y aprovechable que pudiera ser cotejada con el banco de huellas del FBI, o un objeto olvidado cuya pista pudiera seguirse. Caso de que la joven hubiera sido violada, lo que parecía muy probable, el criminal habría utilizado condones (en estos tiempos todo el mundo ha visto películas policiales y está al tanto de los vestigios que un investigador va a tener en cuenta, tales como el semen en la vagina de la víctima) por lo que la posibilidad de encontrar rastros de semen que pudieran servir para darnos un perfil de ADN era como esperar que te toque la ruleta la primera vez que juegas.  Hay asesinos tontos como hay policías tontos pero yo no iba a tener tanta suerte como para que me tocara uno en mi primera investigación por asesinato.

Con los medios de que disponía la oficina del sheriff del condado solo podía esperar que Helen consiguiera algo sobre lo que empezar a trabajar y unas cuantas buenas fotos que mostrar a los agentes del FBI que aparecerían por mi oficina antes o después. Me sentía impotente y completamente estúpido pero no iba a dejar que me arrebataran el caso desde el principio. Aunque bien pensado eso era precisamente lo que debería hacer, salir corriendo, encerrarme en casa y llamar al Sr. Alcalde. Aquel mamón me había metido en aquel laberinto y era razonable que fuera él quien pagara el pato.
Sí, le llamaría para decirle que abandonaba el cargo. Pancho, el más veterano se haría cargo mientras encontraban un sustituto o convocaban nuevas elecciones. Me importaba poco lo que hicieran.

Entonces caí en la cuenta de que lo que estaba pensando era una gran estupidez. Mis perseguidores me habían perdido el rastro, o al menos eso parecía, durante años. Lo peor que podía hacer ahora sería salir en todos los medios de comunicación. Ya podía verlo en grandes titulares: SHERIFF ABANDONA EL CARGO INCAPAZ DE ENFRENTARSE A SU PRIMER ASESINATO. Verían mi foto en la primera página y sabrían dónde encontrarme. No, aquello era inaceptable. Trataría de pasar lo más desapercibido posible. Dejaría que fuera Pico de Aguila quien se enfrentara a los medios. Ni con un machete en la nuez serían capaces de sacarle algo que les interesara, o simplemente “algo”. O tal vez una cara bonita les entretendría lo suficiente para dejarme en paz, al menos por un tiempo.

Lo mejor que podía hacer era seguir como si nada hubiera ocurrido.  Necesitaba al menos unos días para iniciar la investigación y calibrar mis capacidades como investigador. Cuando llegara el momento de pedir ayuda lo haría, aunque la oficina del FBI de Alburquerque pondría todas las dificultades burocráticas que pudiera. Aún no sabíamos si era un asesino en serie, tenían muy poco personal, tal vez si se cometiera otro asesinato… Eso me daría tiempo…

Caí en la cuenta de que tal vez hubiera debido pedir ayuda a los condados vecinos y cortar las carreteras. Estaba convencido de que no serviría de nada. ¿A quién iban a buscar? No obstante eso era lo primero que se hacía en las películas y seguramente lo que más me recriminarían los agentes del FBI que se encargaran del caso.

Casi habíamos regresado al lugar donde nos esperaba aquella pobre chica desnuda y empalada y ni siquiera me había dado cuenta de mi extraño silencio tras la ráfaga de preguntas que le había dirigido a Pico de Águila. Claro que para él resultaba más sorprendente la charla que el silencio. No quería hundirme otra vez a presencia de aquel navajo imperturbable. Entonces se me ocurrió…

-¿Te importaría volver a llamar a Lucy? Me olvidé de pedirle que llamara a los sheriffs de los condados vecinos para que corten las carreteras. No tenemos ni idea de a quién buscamos pero tal vez el que echen un vistazo a los vehículos que circulen a estas horas podría darnos alguna pista.

-Claro, sheriff. Debí haberlo hecho yo, pero no me atreví sin su permiso.

 


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s