Mes: diciembre 2013

FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO 2014


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FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO 2014 PARA TODOS LOS VISITANTES DE ESTE BLOG Y QUE TODOS RECIBAN EL REGALO DE LA FELICIDAD. ESTÁN TODOS INVITADOS A TOMARSE UNA COPITA DE CHAMPÁN FRANCÉS, REGALO DEL MILLONARIO SLICTIK, EN LA CABAÑA NAVIDEÑA DE SONYMAGE.

 

 

 

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CRAZYWORLD(EL DOCTOR SUN II)



EL DOCTOR SUN /CONTINUACIÓN

-¿Y bien?

-Nada, doctor. No se encontró nada.

-Bien. Pregunte qué ha ocurrido con el vehículo del joven. Que lo remolque una grúa hasta aquí y que un agente de seguridad lo revise a fondo.

-¿Vuelvo a llamarle, doctor?

-No, no me interrumpa. No es urgente. Luego me dirá lo que sea.

-Bien, doctor.

El peludo Sun continuaba escribiendo. Me miraba y escribía, me miraba y escribía…  y así sucesivamente.

-Creo que lo mejor será hipnotizarle, a ver si guarda algo de interés en el subconsciente.

-Preferiría que no, doctor.

-¿Le da miedo la hipnosis?

-Ahora me da miedo todo. Si no le importa, antes debería hacerme hablar un rato, tal vez mañana o pasado mañana recuerde lo suficiente para que la hipnosis no sea necesaria.

-Como quiera.

El Dr. Sun acabó de escribir en la historia clínica. Supuse que había anotado mis datos físicos a ojo. La verdad, la altura, el color de mis ojos… Se puso en pie y comenzó a pasear frente al diván. Llegaba a la pared, regresaba, caminaba hasta la otra pared… y así sucesivamente.

-Le someteré a una batería de test. Antes me interesa saber lo que recuerda y lo que no… ¿Qué recuerda del accidente?

-Poco, doctor. Cuando desperté el vehículo tenía forma de acordeón y estaba empotrado en un árbol.

-¿Cuándo despertó?

-No sé si estaba dormido, inconsciente o borracho.

Sun, el peludo Sun, regresó a la mesa y echó una ojeada a un documento.

-No, borracho no. El análisis de sangre nos revela que no existía un gramo de alcohol en su cuerpo. También dice que estaba en ayunas.

-No puedo decirle nada al respecto. No recuerdo absolutamente nada anterior al accidente.-

-Bien.

El doctor regreso a la mesa y echó otro vistazo al documento anterior. Aquel hombre no podría estarse quieto ni un solo momento.

-Lo encontraron desmayado frente a la verja. Antes pudo oprimir el timbre. ¿Recuerda algo de lo sucedido en el quirófano? Cualquier imagen puede ser reveladora.

-Solo el rostro agraciado de una mujer. Me vino a la cabeza la imagen de una vampira.

-Kathy.-

-Sí, luego me dijeron su nombre.

-Dolores.

-¿Cómo dice?

-Digo que se lo dijo Dolores.

-¿Cómo lo sabe?

-Pura deducción lógica. Aquí todo lo dice Dolores… ¿Algún sueño de esa noche?

-Ninguno. Dormí como un ceporro.

-No me extrañaría. Le dieron algo muy fuerte para dormir. Bien, ya veo que es inútil. Le haré ahora la batería de test. Responda sin titubear. No se lo piense. Es la única forma de asociar su respuesta con algo.

-De acuerdo, doctor.

Sun revolvió entre sus papeles, me miro y preguntó:

-¿Mujer?

-Kathy.

-Ya veo que ha cedido a sus encantos. A todos nos pasa al principio, luego huimos de esos encantos.

-¿Qué quiere decir?

-Nada. Ya lo comprenderá usted mismo.

-¿Muerte?

-Me libré.

-¿Qué quiere decir?

-Me libré de la muerte, no se me ocurre otra cosa.

-¿Coche?

-Acordeón.

-¿Carretera?

-Noche.

Así continuó durante una media hora. Luego se levantó y me puso unos cartelones con manchas de tinta delante de los ojos.

-¿Qué ve aquí?

Se lo dije. Finalmente me hizo un test muy raro.

-Es de mi invención. Lo diseñé para casos de amnesia, aunque sirve muy bien para otras patologías.

Consistía en imaginar una personalidad ficticia para mí y desarrollarla hasta el límite. Sin saber por qué me imaginé como un vampiro que clavaba sus colmillos en el cuello de Kathy.

-¡Mala suerte que ella estuviera de guardia esa noche! Durante días su mente lo distorsionará todo.

-¿Tan peligrosa es?

-¡Ya lo verá, ya…! Sigamos con el test. Dígame qué imagen asocia a esta palabra… Padres.

-Riqueza, mucha riqueza. Me pasan una pensión muy importante. Vivo del cuento.

-Me temo que esa imagen es más un deseo que una realidad. Dígame una ciudad cualquiera. La primera que le venga a la mente.

-¡París!

-¿Por qué París? Está lejos, ¿cree que ha vivido allí?

-Ni idea. Me gusta esa ciudad. Ignoro la razón.

-¿Sabe alguna palabra en francés?

-Je t’aime, mon amour.

-Reincide en una vieja obsesión. Si digo sexo, usted dice…

-Mujer, mujeres, cuerpos desnudos, placer, infinito placer, orgasmo… Lo mejor de la vida.

-Vaya. No parece usted un joven virgen, ingenuo y romántico. Describa me a una mujer cualquiera que le venga a la mente. Que no sea Kathy, por supuesto.

-Bueno. Intentaré no acordarme de Kathy. Rubia.

-Kathy es rubia…

-Lo siento es lo primero que me viene la mente. Vamos a ver. La rubia, alta…

-Kathy es alta.

-Lo siento, doctor, me temo que mi mente está contaminada.

-Ya se elevó dice. Mire. Creo que hoy es inútil continuar. Le voy a dar una libreta y un bolígrafo. Escriba a lo largo del día  las imágenes que le vengan a la cabeza, asociadas a palabras, busqué en las más inocuas y menos emotivas.

El doctor Sun me tendió una pequeña libreta y un bolígrafo barato. Estaba de muy mal humor, como si yo hubiera puesto poco de mi parte, como si me hubiera negado a colaborar. Se inclinó hacia delante en su sillón y oprimió el botón del intercomunicador con su secretaria.

-Lucy, ¿han traído el coche de este joven?

-Aún no, doctor.

-De las órdenes oportunas hipp tráiganme todo lo que encuentren en el vehículo, equipaje en documentos… Hasta las cáscaras de pipas, si las hubiere. Diga al servicio de seguridad que rastree la zona, por sí lograran encontrar algo, cualquier cosa…¡Ah! Y que rastreen la matrícula en los ordenadores. Mañana a primera hora quiero todo sobre mi mesa.

-Bien, doctor, ¿algo más?

-Dígale a Albert que ya puede llevarse al paciente.

-Ok, doctor. Le recuerdo que está pendiente  su entrevista con nuestro director.

-Gracias, Lucy, es usted un encanto.

-Usted sí que es un encanto, doctor. ¿Para cuándo la cena que me ha prometido?

-Está bien. Busque un hueco en mi agenda.

-Lo, haré, doctor. No se librará de mí.

La puerta se abrió y entró Albert, con tan mala cara como una hora antes.

-Llévese a este joven idiota, y traígamelo mañana a la misma hora.-

-Claro doctor.

Albert se dirigió  al diván donde yo permanecía tendido y muy cómodo, por cierto. Me tomó en brazos y me dejó caer sobre la silla de ruedas sin consideración alguna.

-Hasta mañana, doctor.-

Chao, Albert y procure no descuartizarme al joven antes de tiempo. Lo quiero entero.

-Sus deseos son órdenes, amado doctor.

-No sea pelota, Albert. Sabe que me repugna ese tipo de conducta.

Albert pateó la silla para descargar su mal humor. Me empujó hacia la puerta de salida, la abrió y volvió a patear la silla. Atravesé la puerta como un cohete y me incrusté  contra la pared de enfrente. Una mano amiga evitó que acabara por los suelos. Así conocí a Jimmy “El Pecas”.

Navidad en la cabaña de Sonymage


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ENLACE AL FORO DE SONYMAGE

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ALFREDO EL MONTAÑERO LLEGA EL PRIMERO

Con su mochila a cuestas, repleta de latas y alimentos congelados, porque en el bosque helado no se estropea nada, llega Alfredo el número uno de los montañeros, al bosque Sonymage, donde la administración nos ha ofrecido su cabaña veraniega, ahora invernal, para pasar una feliz Navidad y un próspero nuevo año 2014 que traerá buena suerte porque su número cabalístico es el 7, y sino sumad 2+1+4.

Busca la llave que le han dicho está bajo una estatua en un nicho y tras abrir la puerta se dispone a adecentar las dependencias. Coloca sus víveres en la despensa, sin saber que pronto llegará Iñaki Lizorno con las vituallas ofrecidas gentilmente por el millonario Slictik. Lo primero que hace es salir a cortar los troncos de leña artificial amontonados contra la pared de la cabaña,, porque aquí somos muy ecologistas y los árboles son nuestros amigos. Y con el hacha, la sierra y el serrucho amontona leña suficiente para pasar la navidad. Enciende la chimenea y se sirve un ponche calentito. Se sienta en el suelo, frente a la chimenea, y comienza a cantar, a grito pelado, la canción de los montañeros.

Somos, somos los montañeros,
y al entrar nos quitamos los sombreros
y como los siete enanitos
nos ponemos hacendosos
para limpiar la casita
antes de que llegue Blancanieves.

Y también llegará papá Nöel entre las nieves
con un montón de regalos para estos pelagatos.
Y hasta el gato con botas
se animará a visitarnos
y el bueno de Bambi asomará su cabecita
tras esta amplia ventanita.

Somos, somos los montañeros
y al calor de la lumbre
nos contaremos chistes
y viejas historias muy sabrosas
y comeremos y beberemos
y a los desheredados del mundo invitaremos
y entre turrón y champán francés
pondremos el mundo del revés.

Somos, somos los montañeros y etc etc

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DIARIO DE UN MELÓMANO


 

 

 

Un saludo para todos. Tengo tantas pasiones que si fueran amantes no podría satisfacerlas nunca, jeje. Pero dejémonos de bromas, no sea que mi santa aparezca por aquí, lea esto y me de con la guitarra en la cabeza.
Me apasiona la literatura, en sus dos facetas, leer y escribir, pero también amo el cine, la música en todas sus variantes, especialmente la clásica, el arte, la pintura, el ajedrez, etc etc. Aquí os presento mi Diario de un melómano que acabo de iniciar para llevar una agenda mínima de la música que escucho a lo largo del año.

DIARIO DE UN MELÓMANO

5 de octubre 2012-11-03

Este fin de semana he revisado el pendrive que llevo en el coche para escuchar música. Aprovechando que hoy tenía que acercarme a Ciudad Real a una prueba médica y que he pedido dos días de permiso, he revisado y cambiado la música para oír en el coche, entre otras cosas. Aproveché para volver a escuchar la canción de Gary Jules, Mad world, que escuché por primera vez en la película aquella en la que se le caía un motor de avión o algo parecido sobre la casa. ¿Cómo se llamaba? ¡Ah, sí! Donnie Darko. Esa escena final al ritmo de esta canción es antológica y me impresionó mucho. Me costó volver a encontrar la canción. La había borrado del pendrive para formatearlo porque solo permitía utilizar la mitad de su capacidad. No conseguí nada, sigue igual. He vuelto a poner allí la canción, la primera de la lista. La segunda es la canción de Silvio Rodriguez tocada a la guitarra y cantada por la voz angelical de una hija de un amigo virtual mexicano, que me la mandó hace ya bastantes años, cuando yo comenzaba en Internet. Es la segunda de la lista. Tiene una letra maravillosa. Comienza: Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan, para que no las puedas convertir en cristal… Es una canción romántica de un lirismo estremecedor. Me hubiera gustado escribir esa letra.

He retirado las canciones de Vainica doble, de su álbum Heliotropo, ya las había escuchado bastante.  No sé de donde las saqué. Tal vez de la carpeta de música de Sara, aunque no me parece que sea el estilo de la música que suele oír. Sí la canción de Gary Jules que me la proporcionó ella.

http://es.wikipedia.org/wiki/Vainica_Doble

La canción de Gary Jules

AMAR LA MÚSICA CLÁSICA IX


LA MÚSICA DE CÁMARA

 

Siguiendo con la historia de mi afición, más bien pasión, a la música clásica, que había dejado un poco olvidada por el camino ( tanta actividad y preocupación no debe ser buena porque me impide escuchar y seguir amando la música clásica) es hora de narrar mis juveniles devaneos con una música que no acababa de atraerme, ni mucho ni poco, la música de cámara.

Había descubierto la música clásica gracias a unas piezas sinfónicas que cayeron en mis manos por casualidad, aunque más bien debería decir en mis oídos, entonces castos aunque muy fantasiosos. Escuchar la pasión de Bach y alguna que otra obra sinfónica de mucha enjundia me costó un gran esfuerzo de voluntad, pero aún no me creía preparado para escuchar un piano a palo seco, o un violín, o un violonchelo o los tres juntos, o cualquier otra pieza que no fuera interpretada por un montón de músicos metiendo mucho ruido.

Tal vez hubiera seguido así durante un buen tiempo de no ocurrir algo que me lanzó hacia la música de cámara de cabeza. Creo que ya he contado cómo nunca pude estudiar solfeo ni nada referente a la música porque el grillado profesor de música, un fraile que había estudiado música en Alemania, la bendita tierra de Bach y Beethoven, nos había obligado a buena parte de la clase, tal vez un tercio, a ir a la huerta, con el hermano lego, a recoger patatas, verduras y otros frutos de la tierra, para las comidas del colegio que necesitaban mucho de todo porque éramos una tribu muy numerosa. Eso me impidió saber qué era una negra, una blanca, una corchea y la clave de sol, etc, pero no me alejó por completo de la música.

En aquel colegio de Fuenterrabía, donde llovía mucho, el llamado “chirimiri”, uno se pasaba la mayor parte del tiempo deambulando por el interior, buscando algo novedoso en que entretenerse. Fue así que llegué a un ala del edificio en la que había escuchado sonidos de piano. Efectivamente, al menos existían allí ocho cabinas abandonadas, donde alguna que otra vez tocaba el único músico y organista entre los estudiantes, un chico navarro con chapela y muy nacionalista a quien se le podía perdonar todo porque tocaba como los ángeles.

Un día me acerqué por allí y visto que todo estaba vacío, como quien no quiere la cosa me senté delante de un piano, levanté la tapa y comencé a tocar una tecla y otra, a ver cómo sonaba aquello. Por supuesto que sonaba muy mal, pero me entretuve un rato, incluso abrí una partitura e intenté leer aquellas cagaditas de mosca sobre unas líneas, el famoso pentagrama. No entendí nada pero no me desanimé, busqué en la biblioteca un diccionario y en él la escala musical y luego me puse a leer las partituras que había por allí. Descubrí que podía tocar escalas para ir aprendiendo a tocar un poco el piano. Y así comencé a dar la paliza con el do-re-mi etc. Era agobiante pero llegué a dominar las escalas e incluso me atreví a ir aprendiendo una pequeña pieza que encontré por allí, se trataba de “Para Elisa” de Beethoven. Conseguí llegar a tocar, aunque no muy bien, pero eso me permitió atreverme a escuchar el disco de vinilo en el que venía esa pieza junto con otras para piano. De esta manera descubrí que la música de cámara también tenía su encanto y comencé un largo y delicioso camino de descubrimiento de la música de cámara.

AMAR LA MÚSICA CLÁSICA VII


LAS MELODÍAS QUE ME CONQUISTARON

 

Tras descubrir a los grandes monstruos de la música clásica, tales como Beethoven, Bach o Wagner, a los que seguirían otros muchos, atravesé una etapa fácil, digámoslo así. Aquel verano fantástico acabó y al iniciarse el nuevo curso se produjeron un montón de cambios en mi vida. Me encontraba en Fuenterrabía, hoy Ondarribia, en el país vasco, muy cerca de Irán y de San Sebastián. Allí tenía la orden religiosa un colegio que era la antesala del noviciado. Llegué con quince años y terminé sexto de bachillerato, los dos años siguientes serían una preparación para el noviciado, estudiando un montón de asignaturas que luego no me las convalidarían oficialmente aunque fueron muy instructivas. Estudié filosofía, clásica y moderna, psicología, sociología y… otras muchas que ahora no recuerdo.

Éramos muy pocos por lo que en el colegio estábamos como en familia y cada uno tenía amplio campo para desarrollar sus pasiones, ya que los estudios no eran muy estrictos y los horarios tampoco. Recuerdo un compañero, navarro, que sabía música y se convirtió en el organista del colegio. Otros tenían otras aficiones. Lo lógico hubiera sido que el navarro se encargara de la discoteca del colegio, de elegir la música que se escuchaba por los altavoces en diferentes dependencias, incluido el patio donde estaba el campo de fútbol y el frontón. Pero no quiso hacerlo y yo, que ya me encargaba de elegir las películas semanales que veríamos en la televisión (una o dos noches nos dejaban ver alguna película clásica en la 2 de tve) de bajar los cien escalones hasta la carretera, donde estaba el buzón y recoger la correspondencia y los periódicos y revistas, de servir café y una copichuela a los frailes en su salón de estar, de cuidar de los canarios del profesor de filosofía, un abuelito simpático aunque muy carca en sus ideas, de la biblioteca, de hacer de defensa central o libre en uno de los dos equipos del colegio, de…    Pues también asumí la gratísima tarea de elegir la música.

En el salón de la televisión existía un mueble con discos de vinilo y un tocadiscos. Me dieron la llave y los sábados, domingos y festivos despertaba a mis compañeros poniendo la música que me apetecía para escuchar en los dormitorios. También ponía música cuando se jugaba algún partido en el patio, si yo jugaba el partido ponía varios discos en un curioso artilugio del tocadiscos e iban cayendo conforme terminaban. También ponía música en Semana Santa, en las fiestas del colegio, etc.

Como bastantes de mis compañeros no eran muy melómanos y algunos odiaban directamente la música clásica, recibía constantes reprimendas por la música elegida, razón por la que fui escogiendo piezas cortas y con melodías fáciles, para que al menos no me protestaran mucho. De esta forma descubrí una serie de melodías sencillas y pegadizas que me entusiasmaron y que por lo menos no desagradaron en exceso a mis compañeros.

Entre aquellas piezas recuerdo algunas: En un mercado persa de Ketelby; algo de Von Suppé; el Moldava de Smétana, Orfeo en los infiernos de Offenbach, algunos fragmentos concretos de Tchaicovsky, del Lago de los cisnes o Cascanueces, etc etc.

Todas estas melodías formaron parte de mi vida cotidiana durante aquellos años y me ayudaron mucho a cimentar mi amor por la música clásica, incluso algunos compañeros comenzaron a apreciarla y esa fue una gran recompensa. Ahora mismo recuerdo Carmina Burana que también tuvo algún éxito, pero no voy a ilustrar este capítulo con ella sino con El mercado persa de Ketelby, si la encuentro en Youtube, sino buscaré otra pieza.

AMAR LA MÚSICA CLÁSICA VI


BACH O LA ESPIRITUALIDAD HECHA MÚSICA

 

Aprovechando la Semana Santa voy a recordar cómo conocí a Bach, Johan Sebastian, y cómo a partir de aquel momento se transformó en mi músico de cámara, me acompaña a todas partes y forma parte íntima de mi vida emocional y espiritual.

Si descubrir a Beethoven cimentó mis deseos de convertirme en un melómano y si escuchar por primera vez su novena sinfonía supuso una experiencia mística que ahora estoy recordando en el hilo Primavera literaria con un relato de esta sinfonía, escuchar por primera vez a Bach fue descubrir que existía la música de las esferas, del universo, la espiritualidad echa música.

Creo recordar que andaba yo por los dieciséis años y aquella Semana Santa, como todas las que viví en aquel colegio religioso, hicimos nuestros ejercicios espirituales. Consistían en tres días, lunes, martes y miércoles, escuchando charlas de los frailes sobre temas espirituales, fundamentalmente sobre las postrimerías, todos vamos a morir y mejor hacerlo en gracia de Dios e ir al cielo que en pecado e ir al infierno, etc. Se nos obligaba a guardar absoluto silencio, desde que nos levantábamos hasta que nos acostábamos.  Había una dieta especial de Semana Santa, mucho silencio, mucho recogimiento, mucha charla religiosa y el tiempo libre se podía dedicar a pasear por el patio, en silencio, a rezar en la capilla, a leer libros sagrados y a cualquier otra actividad que nos permitiera seguir recogidos en nosotros mismos.
El padre prefecto me había facilitado la llave de un armarito donde se guardaban los discos de vinilo, la pequeña discoteca del colegio. Sabedor de mi afición a la música clásica, me entregó las llaves y me permitió poner música para despertar a los compañeros los domingos y fiestas de guardar, conectando los altavoces de los dormitorios. También podía poner música en el patio durante los partidos de futbol en los recreos de los domingos o en las fiestas. Claro que también podía desconectar todos los altavoces, excepto los del salón de televisión, que también servía de salón de música. De esta forma escuchaba mi propia música sin molestar a nadie. Aquel lunes de Pasión decidí escuchar música y buscando entre los discos de vinilo encontré la Pasión según San Mateo  de un tal Johan Sebastian Bach. Me dije que nada mejor para acompañar unos ejercicios espirituales que una Pasión.

Me bastó con escuchar el coro inicial para caer traspuesto y en estado místico. Gruesas lágrimas cayeron de mis ojos. No podía existir música tan maravillosa. Aquello era el cielo bajado a la Tierra. Me senté en una silla de tijera, de madera, que se utilizaban para ver la televisión y volví a poner el coro. ¿Por qué nadie me había hablado de una música tan maravillosa?  Decidí escuchar la Pasión al completo, aprovechando que nos habían dejado tres o cuatro horas libres, después de la comida, para aliviarnos de tanta charla.

Reconozco que fue un esfuerzo en el que intervino casi más mi voluntad que el placer de la música. Si bien encontré algún aria y algún que otro fragmento que me conmovieron,  los recitativos me resultaban muy cuesta arriba, y escuchar una obra tan larga resultó un gran sacrificio para un neófito.  Desde entonces no he dejado de escuchar la Pasión según San Mateo todas las Semanas Santas de mi vida, a veces escucho también la Pasión según San Juan o los fragmento de la Pasión según San Lucas. Aprovecho para volver a escuchar alguna cantata religiosa y si me sobra tiempo escucho sus suites para violonchelo solo o sus partitas para violín solo o sus piezas para órgano.

No podría imaginarme la música sin Bach. Y no podría entender la espiritualidad sin su música. Voy a intentar encontrar el coro inicial. En el siguiente capítulo seguiré contando cómo descubrí la música clásica, hablando cronológicamente de compositores y piezas que fui escuchando en aquella época.