Mes: febrero 2014

AMAR LA MÚSICA CLÁSICA (LA ÓPERA)


LA ÓPERA

Si aficionarme a la música de cámara me costó un poco, apreciar la ópera fue una tarea aún más complicada. La música sinfónica me resultaba fácil de degustar, especialmente las melodías pegadizas, e incluso llegué a gustar mucho de oberturas de óperas y coros, tal como el conocido coro de peregrinos del Tanhauser de Wagner, pero llegar a apreciar las arias de las óperas, incluidas las arias del bel canto, me costó un gran esfuerzo de voluntad.

Recuerdo que luego en mi entorno cuando me veían escuchando alguna ópera nunca dejaban de decirme aquello de: ¿ya estás con la música ratonera?, ¿esa cantante ha visto una rata? Y cosas por el estilo. Me sentaba fatal que calificaran la ópera de “música ratonera” e incluso extendieran la expresión a la música sinfónica, algo de todo punto insoportable para mí. Yo me burlaba de sus gustos, a mi hermana le decía que Camilo Sexto era … y a mis padres que Manolo Escobar era lo de más allá. Ahora me resulta muy curioso analizar cómo pude a apreciar la música clásica antes que la música popular. De hecho con el tiempo llegaría a apreciar a Antonio Molina, a Imperio Argentina y a otros muchos cantantes de copla. Aunque Camilo Sexto nunca formó parte de mi repertorio sí llegué a escuchar a los Beatles, por ejemplo, a apreciarlos, hasta el punto de que una vocación tardía, del sur, que llegó al colegio con más de treinta años, nos animó a formar un trío para cantar una canción de los Beatles en la festividad del colegio. Mi voz era un desastre y mi oído era aún peor, aún así formamos el trío y cantamos la canción que el tocó a la guitarra.

No recuerdo muy bien cuál fue la primera aria de ópera que escuché, pero yo juraría que se trató de la donna e mobile del Rigoletto de Verdi. Si no fue ésta seguro que fue alguna otra del bel canto, o Donizzetti o Puccini o …Lo que más me costaba apreciar era aquella voz que yo consideraba antinatural e impostada de los cantantes de ópera, tanto tenores, sopranos, barítnos, etc. Cuando la melodía era pegadiza entonces podía aceptar hasta el do de pecho que me rechinaba un poco. Aquella música ratonera como la llamaban en mi entorno familiar o incluso los compañeros de colegio se fue colando poco a poco en mi sensibilidad de melómano a través de las arias más pegadizas.

Sin duda fue Verdi quien me abrió el camino hacia el teatro cantado, algo que con el tiempo llegaría a ser una auténtica pasión, hasta el punto de que cuando no estaba en el colegio y no podía disponer de los discos de vinilo con grabaciones de ópera, intenté escucharla en un pequeño transistor sin FM –en aquellos tiempos juveniles el poseer un transistor con FM era un capricho que pocos deseaban permitirse- y aún recuerdo el sufrimiento que me producía perder la sintonía cuando estaba cantando Montserrat Caballé en el Liceo. Imagino que conseguía sintonizar Radio 2 de Radio Nacional de España en onda media, algo que era todo un milagro. Me ponía el transistor en la oreja y escuchaba hasta que la música se hacía inaudible.

Recuerdo muy bien que cuando me pagaron mi primer sueldo, con dieciocho o diecinueve años, lo primero que hice fue ir a comprar un transistor con FM. Por entonces residía en León y me acerqué a Ordoño II y a una tienda muy conocida, tal vez Óptica San José Radio, y allí me compré el aparato más grande y sofisticado que pude pillar y que estuviera al alcance de mi magro sueldo, de hecho es muy posible que me gastara todo el sueldo en ese aparato.

La emoción que me produjo escuchar en Radio 2 una transmisión en directo del Liceo de Barcelona con mis ídolos, Montserrat Caballé, Plácido Domingo, José Carreras, etc es uno de los recuerdos emotivos más intensos que recuerdo en mi vida. Durante un tiempo daba saltitos de alegría y bailaba con el transistor en la mano escuchando una música que hasta aquel momento me había sido negada por mi condición de proletario sin trabajo, hijo de un minero y de una familia poco pudiente. Aquella amargura duró hasta que pude trabajar, lo que no fue fácil porque aún en aquellos tiempos encontrar trabajo era una odisea. Fue aquella experiencia la que aún hoy me hace tener una perspectiva muy personal y a lo mejor muy poco políticamente correcta sobre la cultura y el copyright. Comprendo y acepto el derecho de todo autor a recibir un estipendio por sus creaciones y a recibir lo que se estipule sobre el derecho de copia, pero lo que no puedo aceptar o me rechina el alma, es que determinadas personas, por el simple hecho de pertenecer a las clases más bajas, tengan que ser privadas de la cultura o alimento del alma. Tal vez por mi condición de proletario e hijo de minero fuera algo muy peculiar que comenzara a gustar de la música clásica, de la ópera y de tantas y tantas delicias culturales. Nadie me impulsó a ello, ni fui animado en mi entorno, fue mi sensibilidad la que me llevó a buscar y gustar de la belleza. Es por eso que o se buscan soluciones para que también los proletarios y desheredados de la fortuna del mundo puedan disfrutar de los bienes culturales (papá Estado debería hacer algo al respecto) o me temo que mi simpatía por las descargas ilegales cuando son cultura y la ponen al alcance de quienes no podrían tenerla de otra manera será algo más que un sentimiento políticamente incorrecto, será casi una cuestión ética. Todo ello sin perjuicio de aceptar la propiedad privada como un derecho importante, no el más importante, pero sí fundamental en nuestra sociedad.

A partir de aquel momento nunca me perdí una transmisión de ópera desde el Liceo, presentada por aquel locutor que poseía una voz realmente excepcional y muy radiofónica. Me encantaban las entrevistas que hacía a los solistas y me enorgullecía de que dispusiéramos de cantantes entre los primeros del mundo, como la Caballé, Plácido Domingo, Carreras, Aragal, Kraus, etc etc Ello sin perjuicio de apreciar la belleza de voces internacionales como María Callas, Caruso, etc etc. Aquello fue para mí una orgía de belleza que nunca hubiera perdonado a papá Estado o a cualquiera que defienda la propiedad privada por encima de cualquier otra consideración perderme por el simple hecho de ser hijo de un minero del carbón.

Nombres como Verdi, Puccini, Donizetti… se me hicieron familiares, casi hermanos. Descubrir y apreciar otro tipo de ópera, concretamente a Wagner también me llevaría un tiempo y me exigiría un esfuerzo.

BREVES HISTORIAS DE OMEGA (EL SEXO VIRTUAL)


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SEXUALIDAD VIRTUAL

Antes de proseguir este magno estudio sexológico, tanto histórico como sociológico e incluso ético, debo pedir disculpas a los pocos lectores que están leyendo esta tesis doctoral que se está imprimiendo en papel-papel, natural, sacado de árboles naturales y con tinta extraída en nuestros laboratorios por procedimientos naturales y que antes ha sido manuscrita por mí misma con pluma de ave, tal como se hacía en los viejos tiempos, antes de la llegada del Mesías de Omega, que todo lo revolucionó y nos impidió la utilización del famoso bolígrafo, tal como se dice han utilizado otras culturas galácticas en la misma fase evolutiva.

Y que me vuelvan a disculpar pero se me ha ido el pensamiento con tanto circunloquio. Debo admitir y confesar con toda humildad que en efecto, durante la redacción del anterior capítulo de esta magna obra, me encontraba un poco traspuesta o ida puesto que me había fumado unas hierbas, eso sí perfectamente naturales y que son muy comunes en esta universidad. Nos las suministran los granjeros rebeldes a un precio módico, puesto que solo admiten como moneda de intercambio libros impresos, ya que todo lo demás les parece pecaminoso y digno de ser destruido en una ceremonia apocalíptica. Hasta ahora había confiado ciegamente en ellos, pero me temo que ahora debo desconfiar, aunque solo sea un poco, puesto que la mezcla que me dieron parecía llevar sustancias alucinógenas desconocidas y que al parecer han sido introducidas en las mezclas destinadas a otros barrios de la capital, Vantis. A nosotros nos trataban con un cierto afecto puesto que de alguna forma somos rebeldes culturales, mientras al resto, diletantes que todo lo quieren probar para combatir el hastio de la vida, son objeto de experimentos de guerra biológica o psicodélica. Tal vez por error me llegara una mezcla a ellos destinada, si bien parte de culpa tengo por gustar de experimentar y probar todo tipo de sustancias naturales, fermentadas o alambicadas, en lugar de emplear todo mi tiempo en el sexo, teórico y práctico, que al fin y al cabo es lo que me van a pedir mis alumnos universitarios que les enseñe.

Tras analizar toda la documentación en poder del bueno de “H” he llegado a la conclusión de que la historia de Omega, en cuanto a sexo y todo lo demás, es tan peculiar que no puede ser ni comparada ni armonizada con el resto de historias planetarias vividas por seres inteligentes en esta parte de la galaxia o en cualquier otra parte o galaxia. Todo iba bien (si algo fue o puede ir bien en un tema tan complejo como el sexo) hasta que el mesías de Omega llegó a nosotros en su nave, tan avanzada incluso para otras naves que surcaban en aquel tiempo nuestros cielos, sin que los omeguianos de entonces se enteraran de lo que estaba ocurriendo. A partir de aquel momento histórico, tan repetido, analizado y manoseado, toda la historia sexológica de Omega cambió para siempre.

Pero hoy les quiero hablar de otro cambio profundo e irreversible que se produjo cuando nuestra inteligencia artificial, el bueno de “H”, tomó las riendas y nos cambió a todos de arriba abajo. El bueno de Helenio de Moroni, su inventor, dejó en el interior del cráneo de “H” una programación tan avanzada como sofisticada. No fue hasta una fase avanzada que la inteligencia artificial puso a disposición de todos los omeguianos que lo desearan el famoso casco virtual, que tanto sirve para la reparación y curación de enfermedades físicas y mentales, como para propiciar sueños de todo tipo y experiencias tan lúcidas y psicodélicas al mismo tiempo como es el sexo virtual.

Este es un tema amplio, por lo que en este capítulo, solo sentaré las bases de un más profundo y meticuloso estudio sobre el tema. Como saben todos los que han aceptado la égida de “H” este maravilloso dios omeguiano nos ha surtido de todo y además gratis. A través del monolito que es el centro de todo hogar y por el que recibimos comida y vestido, así como otros artilugios domésticos, mediante la teletrasportación, también se reciben todo tipo de canales holográficos, tanto informativos como de ocio y divertimento. Todo iba bien y era perfecto hasta que por teletrasportación llegó el casco virtual que tantos quebraderos de cabeza iba a producir.

Con él llegaron las instrucciones y cada aburrido y hastiado omeguiano se dispuso a probarlo el primero. Hubo cierta prudencia y reticencia a la hora de utilizarlo para dormir, puesto que a través de los sueños el bueno de “H” se introducía en nuestras mentes y cuerpos y sin pedir permiso previo (lo que más molestó) se ocupara de “arreglar” todo lo que pudiera ser arreglado en cuerpo y psiquis. Claro que lo que dijo fue lo mínimo, porque todos sospechamos que hay mucho, mucho más.

Para convencernos nos tentó con la zanahoria, a las damas, y con los melones a los caballeros, o al revés o todo junto, según cada gusto y forma de disfrutar del sexo. Se hicieron experimentos antes de que la “navegación” virtual se hiciera libre y de todo punto placentera. Nuestra inteligencia artificial quería probar y experimentar hasta dónde nos llevaría semejante libertad orgiástica y las consecuencias físicas y mentales que tendría esa herramienta de todo punto imprevisible y casi divina.

Como era preciso respetar la libertad de todos y cada uno de los omeguianos, el primer paso para el sexo virtual era el consentimiento previo. Una vez que los participantes se encasquetaban los cascos en las cabezas, recibían la bienvenida de “H” y se procedía a dar los primeros pasos en el protocolo. Algo así como en el matrimonio ancestral, donde aquella vieja fórmula pasó a la historia: ¿Quieres…? Solo que en este caso se preguntaba a fulanito si quería sexo con menganita o a menganito si quería sexo con fulanito y fulanita o fulanitos, etc. Todos daban su aquiescencia que era grabada por si alguno luego no se acordaba o no quería acordarse tras una experiencia desagradable.

La pareja participante o los participantes, en el caso de las orgías, se presentaban, primero vestidos y se hablaban un poco para “entrar en calor”. Luego se presentaban desnudos y aprendían a “mirarse” y “tocarse” de forma virtual, a través del casco que generaba manos y cuerpos virtuales. De esta forma se producía un auténtico encuentro sexual, solo que de forma virtual. La diferencia entre real y virtual pasó a ser “ninguna” una vez que “H” fue ajustando programación y controles. Incluso con el tiempo, no mucho, el sexo virtual llegó a ser tan intenso y “delicioso” que el sexo real hubiera pasado a la historia de no ser porque nuestra inteligencia artificial, convenientemente programada por Helenio de Moroni dejó de premiar con créditos a los participantes en el experimento y a premiar con grandes créditos a quienes siguieran practicando el sexo “real”, que por otro lado ya no era necesario, desde la época del mesías de Omega, para procrear retoños. Pero este es un tema complejo que mejor desarrollaremos en otro capítulo. Mientras voy a probar una nueva hierba que me han dicho que es completamente natural, sin efectos psicodélicos y en absoluto adulterada por los jóvenes terroristas de las montañas negras. Luego les cuento. Y no me sean puritanos que no hay peor droga y más psicodélica que conectarse a los circuitos holográficos del bueno de “H”.

Continuará.

 

EL ESCRIBIR VISTO POR LOS ESCRITORES I


PARA QUIÉN ESCRIBIMOS

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UMBERTO ECO-CONFESIONES DE UN JOVEN NOVELISTA

Esta cita es nueva. No está en mi archivo. En cuanto pueda pondré también aquí el enlace para bajar el archivo de citas.

No me cuento entre los malos escritores que dicen que solo escriben para sí mismos. Lo único que los escritores escriben para sí mismos son las listas de la compra, que les ayudan a recordar lo que tienen que comprar y pueden tirar después. Todo el resto, incluidas las listas de la lavandería, son mensajes dirigidos a alguien. No son monólogos; son diálogos.

CONSEJOS PARA EMPEZAR A ESCRIBIR

El consejo es evidente: que lean mucho, que traten de leer buenos libros, que no sufran en su amor propio por errores cometidos; que se alegren de corregirlos y de aprender. Piensen en lo que escriben, no se crean infalibles, no supongan que lo que sale al correr de la pluma está definitivamente logrado. Cuando tengan una idea que les parezca buena, plantéensela de otro modo….Cuando van a leer el testamento de alguien, todos tiemblan, porque el testamento de alguien, todos tiemblan, porque el testamento suele ser lo que resolvió alguien que estaba solo. Por eso hay libros tan absurdos, escritos por gente normal, quizás inteligente: dirías que en la soledad uno se atreve a cualquier estupidez. Al contar nuestras historias a un amigo, solemos descubrir deficiencias que no advertimos cuando estábamos solos, y quizá por respeto al criterio del interlocutor las corregimos. Debe uno estar dispuesto a aceptar las buenas sugerencias.

Para escribir bien hay que escribir mucho, hay que pensar, hay que imaginar, hay que leer en voz alta lo que uno escribe, hay que acertar, hay que equivocarse, hay que corregir las equivocaciones, hay que descartar lo que sale mal. Si vamos por mal camino y nos paree que no tenemos esperanza, dejos eso y empecemos otra cosa, o retomemos la idea de manera diferente en la esperanza, de a lo mejor, ser una persona distinta.

 

BELLEZA DE LA FORMA

-GOETHE.-
Hablamos demasiado, debería hablar menos y dibujar más. Personalmente preferiría renunciar al habla y, como la naturaleza orgánica, comunicar lo que deseo decir en formas, bocetos. Aquella higuera, el reptil, el capullo en mi ventana, aguardando quedamente su futuro, son portentosas rúbricas. Una persona capaz de descifrar su significado pronto sería capaz de prescindir de la palabra y la escritura. Cuantas más vueltas le doy, más siento algo fútil, mediocre, incluso destartalado en el lenguaje. Por el contrario, la gravedad de la naturaleza y su silencio me sobrecogen, cuando estoy cara a cara con ella, sin distracción.

-Definir es limitar la belleza residente en un inconsciente desplegarse, la silenciosa elocuencia de las obras maestras. Reticencia, no explicar, sugerir siempre, sugerir y detenerse a tiempo. La regla de oro del artista: exquisito tacto de omisión, la mitad es normalmente más expresiva que el todo.

CLARIDAD

La ambigüedad aparece por la mala selección de palabras y la mala colocación de éstas. Para escoger bien las palabras no hay más remedio que conocerlas muy bien, para lo cual es imprescindible estudiarse el diccionario y leerse -con intención de aprender- los buenos autores, para ver dónde las colocan y para expresar qué. Internalizar el uso adecuado de las palabras es dominar el genio de la lengua, sobre todo si, además, se colocan en la frase con el giro idiosincrático castizo de la lengua. La verdad nace más fácilmente del error que de la confusión; por eso detesto, sobre todo, la ambigüedad, la oscuridad y el enrevesamiento. Que digan lo que quieran, pero que se entienda. Lo malo es no poder discutir por no saber lo que se está diciendo. Una vez salvada la claridad, debemos aplicarnos a la construcción de frases con unidad y fuerza. L. Racionero. A.E.

La claridad exige la palabra exacta en el sitio exacto, para lo cual es imprescindible usar el diccionario, tanto el de la Academia, para conocer el significado, como el etimológico, para saber de dónde viene y cómo se ha formado.

¿Qué exige la claridad de la frase?. Una gramática correcta, evitar oscuridades, colocar esa palabra exacta que hemos buscado en el lugar exacto. Se trata de construir bien las frases, y seremos claros; para eso hay que saber gramática, cosa que solemos aprender en el bachillerato…José Plá decía que la clave de la escritura está en hallar los adjetivos adecuados. L. Racionero. A.E.

 

 

 

 

 
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LA VIDA SEGÚN LOS ESCRITORES I


Desde joven he tenido la manía de anotar frases de escritores en mis cuadernos y libretas, también llevo índices de las películas que he visto, de los libros que he leído… de casi todo. Tal vez se deba a mi poca memoria y al caos que reina siempre en mi mente. Se me ha ocurrido aprovechar las frases que tengo anotadas de los grandes escritores sobre los grandes temas de la vida. Las iré subiendo poco a poco, por temas. Os invito a todos a colaborar con las frases que más os hayan llamado la atención en vuestras lecturas.

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SOBRE EL AMOR

El que ame que lo diga. La Fontaine citado por Balzac.

BALZAC,HONORÉ DE
EL LIRIO EN EL VALLE

El amor tiene también, como la vida, una pubertad, durante la cual se basta a sí mismo. Pag 46.

Ser amado, hijo mío, y más que esto, ser comprendido, es la felicidad más grande que existe pag 134.

El amor sin la posesión se sostiene sólo por la exasperación del deseo. Pag 199

Entonces comprendí la espantosa necesidad de no verse que tienen los amantes cuando el amor ha desaparecido. ¡No ser nada donde se ha sido todo!, ¡encontrar la frialdad de la muerte donde antes centelleaban los alegres rayos de la vida! Pag 202

PAPA GORIOT

El amor no es quizá más que el reconocimiento del placer. Pag 300

BROWNING

No debió haberme mirado si pretendía que no la amara. Citado por G. Greene en Doctor Fisher de Ginebra.

CHANDLER,RAYMOND
PLAYBACK

Una mujer ama a un hombre, no lo que es. Pag 205.

GREEN,GRAHAM
EL PODER Y LA GLORIA

-Uno no puede regir lo que ama.- Pag 119

AL REVES DE LA TRAMA.-

-Hay mil maneras de torturar al otro, solo una de amarle.-

NUESTRO HOMBRE EN LA HABANA

-Una sonrisa es tan peligrosa en el acto del odio como en el acto del amor. Pag 242.

UN CASO ACABADO

-¿Y si somos incapaces de amor?…. No creo que existan hombres así. El amor está plantado en el hombre ahora, aunque en algunos casos, inútilmente, como un apéndice. A veces, desde luego, se lo llama odio. Pag 160

HISTORIA DE UNA COBARDÍA

Las mujeres generalmente nos dan a conocer a nosotros mismos y eso nos obliga a odiarlas. Pag 88.

UN CIERTO SENTIDO DE LA REALIDAD
…Me encontraba enamorado en grado extremo, como quizás se puede estarlo a una edad en la que solo se desea dar y en que la idea de tomar está muy lejana.

GREEN JULIEN
LEVIATHAN
ENAMORADOS.- El hombre que ama vende su alma y es inútil que venga el odio a disputarle el sitio al amor. Hasta el momento de la muerte se pertenece a aquellos a quienes se ha amado. Pag 101

HESSE,HERMANN

DEMIAN

-El amor no debe pedir, ni tampoco exigir. Ha de tener la fuerza de encontrar en sí mismo la certeza. En ese momento ya no se siente atraído, sino que atrae él mismo. Pag 184.

NIN,ANAIS
Los escritores le hacen el amor a lo que sea. Henry y June pag 53.

PROUST,MARCEL

AMOR
Las dos mayores causas de error en nuestras relaciones con otro ser son, tener uno mismo buen corazón o bien querer a ese otro ser. Uno ama por una sonrisa, por una mirada, por unos hombros. Eso basta; entonces, en las largas horas de esperanza o de tristeza, se fabrica una persona o compone un carácter. Y cuando más tarde frecuenta a la persona querida, ya no puede, por cruel que sea la realidad enfrentada, quitarle ese carácter bueno, esa naturaleza de mujer que nos quiere, al ser que tiene esa mirada, esos hombros, como no podemos cuando envejece quitarse su rostro primitivo a una persona que conocemos desde joven. Pag 127 Albertina

DESEO.-
…La búsqueda de la felicidad en la satisfacción del deseo moral era algo tan candoroso como la empresa de alcanzar el horizonte caminando hacia él. Mas avanza el deseo y más se aleja la verdadera posesión. De manera que si el sufrimiento o por lo menos la ausencia de sufrimientos puede ser hallado, no es la satisfacción, sino la reducción progresiva, la extinción final del deseo lo que debe buscarse. Uno trata de ver lo que ama y debería tratar de no verlo, mas sólo el olvido acaba por lograr la extinción del deseo. ALBERTINA HA DESAPARECIDO Pag 42.
Se desea más a la persona que va a entregarse; la esperanza anticipa la posesión; pero el arrepentimiento también es un amplificador del deseo. Pag 99

CRAZYWORLD VII (JIMMY EL PECAS)


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JIMMY EL PECAS

-Albert, mamón, como vuelvas a tratar así a mi amigo pondré una serpiente de cascabel en tu cama.

Quien hablaba era un joven alto y pecoso que miraba al celador, a aquel armario empotrado en el malhumor, a aquel cascarrabias detestable, a quien yo estaba pensando en dar una patada en sus testículos –suponiendo que los tuviera- como desde una altura olímpica, a pesar de que Albert le sacaba la cabeza y al menos dos o tres cuerpos de ventaja.

-Y ahora ya estás pidiendo disculpas a este joven y llevándolo en brazos a donde él quiera ir, ¡so mamón!

Albert bufó como si le hubiera picado la serpiente de cascabel que le había prometido Jimmy. Dio una fuerte sacudida a la silla de ruedas, hasta que caí al suelo como un fruto maduro y luego salió de estampida, rezongando algo entre dientes.

-No te preocupes, no dirá nada. Es un infecto lameculos que sabe quién paga aquí su sueldo.

Me tendió una mano, que aproveché para ponerme en pie, flexionando las piernas para hacer fuerza, porque aún me sentía muy débil.

-Soy Jimmy, aunque todos me llaman Jimmy “El Pecas”.

Estuve a punto de preguntar por qué, pero me bastó una ojeada a su rostro, picado de viruelas como un mapa de puntos, para darme cuenta de que sobraban las preguntas.

-¿Eres nuevo?

-Eso parece.

Estábamos caminando por el pasillo, uno al lado del otro. Yo no sabía dónde ir, pero esperaba que mi nuevo amigo y salvador se ofreciera para hacer de anfitrión.

-¿Cómo te llamas?

-Lo siento, pero no lo recuerdo.

-No te esfuerces. Los golpes en la cabeza tienen estas cosas, lo mismo te olvidas de todo que recuerdas haber sido Napoleón Bonaparte y Gengis Khan en una sola pieza.

-¿Cómo sabes eso?

-Jimmy lo sabe todo. Es el único que lo sabe todo en Crazyworld… Bueno, si exceptuamos a Dolores…

-Me ha servido el desayuno. Me resulta muy simpática.

-Y lo es. No te fíes de nadie en Crazyworld, amigo, ni siquiera de mí. Pero puedes fiarte de Dolores. Es la única que nunca te mentirá en este antro de perdición. Esta mañana, al despertar, ya me había enterado de que había un nuevo ingreso. No pude saludarte antes porque esa bruja malnacida de Ruth había cerrado tu puerta con llave.

-Sí, según me explicó Dolores, parece que temen que Kathy me haga una visita. Por mí puede visitarme cuando quiera. La conocí anoche, fue la enfermera que me atendió.

Noté que Jimmy se ponía muy nervioso, le cambiaba el color de la cara y las pecas resaltaban aún más.

-Te disculpo porque eres nuevo. Pero nunca me vuelvas a hablar de esa zorra. Si lo haces no respondo de mis actos.

-¿Qué ocurre, Jimmy?

-Odio a esa maldita zorra del demonio y no consiento que nadie me hable de ella.

-Está bien, no lo volveré a hacer. Tendré que aprender mucho de Crazyworld, por lo que veo.

-Te serviré de anfitrión encantado, pero recuerda mi advertencia.

-¿Por qué estás tú aquí, Jimmy?

-Adicto al sexo. La acémila de mi progenitor decidió encerrarme porque no dejaba en paz a las esposas de sus amigos, a sus hijas, a sus sobrinas y nietas, a sus criadas, a sus empleadas…

-Aunque así fuera. Me parece un poco fuerte encerrar a alguien en una clínica psiquiátrica solo porque no se puede resistir a los encantos femeninos.

-Aún no sabes nada de Crazyworld, amigo. Ya te contaré cosas que te pondrán los pelos de punta. ¿Has desayunado?

-Sí, Dolores me sirvió un espléndido desayuno antes de que Albert me llevara a la consulta del doctor Sun.

-No te preocupes por ese mamón. Ya pensaremos en algo que pondrá su culo a rebotar contra las paredes. ¿Qué te ha parecido Sun?

-Con franqueza: no me cae bien.

-Es cuestión de saber llevarle, con mano izquierda y un poco de pelotilleo. Si me aceptas como guía aprovecharemos la mañana para conocer Crazyworld. ¿Qué te parece si nos vamos fuera, nos sentamos en una tumbona y le pedimos a Alice que nos sirva un cóctel?

-¿Quién es Alice?

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-Una camarera que está de pan y moja.

Habíamos descendido hasta el vestíbulo. Amplio, suelo de mármol, muchas plantas, divanes y sillones ocupados por ociosos pacientes… Me quedé pasmado al observar a un paciente, en pijama, que tumbado en un sofá roncaba aparatosamente.

-No te enseñaré el comedor porque ya lo conocerás durante el almuerzo.

-¿Quién es aquel roncador enpijamado?

-Ven. Te voy a presentar a John Smith, el asesino múltiple, le invitaremos a un trago junto a la piscina y te contará su vida en prologo, capítulos y epílogo.

-¿No es peligroso?

-No, de momento, al menos en lo que lleva en Crazyworld no ha matado a nadie.

Continuará.

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PROFESOR ALIEN


EL PROFESOR ALIEN, EXPERTO EN FARSAS DE CONTROL

El profesor Alien, experto en farsas de control, es un hombre gris, y como consecuencia, discreto hasta la invisibilidad, sin el menor relieve, ni físico ni en cuanto a sus cualidades o defectos de carácter. Con cierta frecuencia le suele  ocurrir que transcurren meses y meses sin que  nadie en su entorno se aperciba de su presencia, hasta que alguno, más avispado que el resto, o porque tropieza con él por casualidad, le descubre. Entonces, sorprendido, le suele preguntar cuánto tiempo lleva por allí y nadie se cree nunca su respuesta.

-¡Imposible! Lo hubiera visto. Nadie es invisible.

Por muy imposible que fuera le venía sucediendodesde que años antes comenzara a impartir clases sobre farsas de control en la facultad de psicología de la universidad Mentis Galacticensis, donde fuera compañero y colega del profesor Cabeza Privilegiada.

Cuenta el anecdotario, ya convertido en mito o leyenda urbana, que estos dos egregios genios llegaron a chocar alguna vez por los pasillos, sin apercibirse el uno del otro, y siguieron caminos opuestos a la dirección que llevaban, sin ser conscientes de ello hasta que llegaron cada uno a la clase del otro y fueron acogidos con una rechifla general por los alumnos. También se cuenta que en cierta ocasión ambos rompieron sus gafas en el choque y se vieron obligados a pedir ayuda en los jardines, a donde llegaron, cada uno por su lado, y milagrosamente ilesos, sin haber chocado contra las paredes. Por último, es la anécdota más increíble, se dice que en cierta ocasión chocaron sus cabezas, como dos rebecos o cabras montesas en época de apareamiento y el golpe fue tan brutal que ambos dos terminaron en el hospital en estado de coma durante un par de días. Del que se recuperaron, gracias a Dios, porque de otra forma nuestra ciencia hubiera sufrido un gran descalabro.

Al parecer el profesor Alien fue contratado por correo por el decano de la facultad y nadie, ni siquiera sus alumnos, llegaron nunca a descubrir su presencia hasta que en un simulacro de incendio, con intervención de los bomberos locales, fue descubierto por un bombero que dijo haber visto una sombra extraña en el suelo del aula de sociología empírica. Fue llevado al hospital, creyendo que sufría un shock traumático o un síndrome por estrés postraumático y allí le tomaron la filiación, aunque luego se olvidaron de darle el alta y tuvo que salir por su propio pie, y cuando le pareció oportuno. El decano sí que sufrió un espasmo y tuvo que ser tratado por estrés postraumático al enterarse de que un tal profesor Alien había estado dando clase a alumnos que ni siquiera fueron conscientes de que ya tenían profesor y éste les había examinado y cateado.  Al parecer mientras esperaban al nuevo profesor que no llegaba y que en realidad ya había llegado, se entretenían en tirarse pelotitas de papel que a veces desaparecían como por arte de magia, como otras cosas, tanto en su clase como en otras, apareciendo donde  no deberían y desapareciendo cuando deberían estar. Esto generó otra leyenda urbana, la del fantasma de la universidad Mentis Galacticensis al que nadie podía ver pero que dejaba tras de sí un rastro de caos, desorden y amnesias muy preocupantes.

No puede, pues, resultar extraño que en la Torre de Babel nadie conociera su existencia hasta que el Sr. Buenavista, economista, buscando a todos sus habitantes para solicitarles la documentación, con el fin de iniciar los trámites para la creación dela nueva empresa multinacional que gestionaría el regalo de la fundación del millonario Slictik, se llevara una descomunal sorpresa al acceder a la biblioteca.

Pudo ver un gran montón de libros sobre una mesa, que parecían moverse solos y que proyectaban una sombra irregular y de todo punto imposible según las leyes físicas. Poniéndose con cuidado las gafas de cerca se fue aproximando con mucho cuidado, por si alguna rata hubiere trepado hasta allí desde el putrefacto sótano o desde cualquier otra planta, aún no limpiada, fregada y desinfectada por Candelaria, la limpiadora aria. Fue así como el Sr. Buenavista realizó el gran descubrimiento de su vida. Descubrió a un hombre gris, casi invisible, que parecía enfrascado en sus libros, como si no existiera nada más en el universo. Golpeando ligeramente uno de sus hombros, más que nada por ver si sufría una alucinación, se atrevió a preguntar, como quien pregunta al aire.

-¿Quién es usted?

-Soy el profesor Alien, experto en farsas de control.

-¿Y cuánto tiempo lleva aquí?

-Pues desde que se celebrara la fiesta de Nochevieja, más o menos.

-Curioso, nadie le ha visto, ni nadie que yo sepa, ha hecho el menor comentario sobre un nuevo personaje de Slictik que reclamara su derecho a formar parte de la nueva sociedad. Porque imagino que usted ha venido por el cheque. ¿Podría mostrarme su acreditación como personaje slictiano?

Toda la invisibilidad del personaje desapareció de pronto y con voz chirriante y muy enfadada exclamó:

-¡Pero qué se ha creído usted, j…¡Enséñeme usted la suya, so capullo!

Fue entonces y solo entonces que el Sr. Buenavista cayó en la cuenta de que ni él ni nadie tenía semejante acreditación y que allí podía colarse hasta el Papa, disfrazado de personaje de Slictik. La próxima vez que vea a ese maldito Slictik le pediré que me facilite una fotocopia de la lista de todos sus personajes. Y no estaría mal que nos expidiera a cada uno la correspondiente acreditación. Y tampoco estaría nada mal que hablara con Carl Future para que extreme las medidas de seguridad a la entrada y si es preciso que se ponga él mismo con un aparato que descubra a los farsantes que quieran entrar hasta la Torre de Babel, solo por la pasta gansa.  Debería inventar algo  que le permitiera saber quién es personaje, quién cliente que viene a una cita previa en algún despacho y quién un aprovechado.

El Sr. Buenavista le explicó la situación y le pidió que le ensañara la documentación habitual en estos casos, pasaporte, etc. El profesor Alien manifestó desconocer ser personaje, pero que si tenía que serlo para recibir su parte correspondiente, lo sería “ipso facto”.

-Cuál es su nombre real, no su apodo.

-Alien Alienado.

-¿Es una broma? Nadie se llama así.

-Pues ese fue el nombre que me pusieron mis padres.

-Usted no tuvo padres.

El Sr. Buenavista estaba realmente enfadado.

-¡Ah! ¿nooo? ¿De dónde cree usted que nací, de una semilla plantada por un extraterrestre?

-Pues no me extrañaría. Bueno, dejémoslo. ¿Tiene currículum?

El profesor Alien le hizo llegar una copia del mismo. Una vez tomada la filiación y los datos necesarios, el Sr. Buenavista se despidió con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba pensando en que también necesitaría su voto en la próxima asamblea constitutiva de la nueva sociedad. El Sr. Buenavista solo creía en el dinero, en lo que puede conseguirse con el dinero, en sus fluctuaciones y combinaciones, es decir en lo que el vulgo denomina economía y el profesor matemática divina. Por lo tanto del profesor Alien tan solo le interesaba una cosa: su voto.

Caminando hacia la puerta se sintió intrigado por lo que el dilecto profesor había llamado “farsas de control”. Seguramente no tendrían nada que ver con la economía, no obstante, por si acaso, se volvió para formular la pregunta. El Sr. Alien casi había regresado a su invisibilidad, como si el efecto mágico de la presencia del Sr. Buenavista se hubiera diluido.

-¿Qué son las farsas de control?

-Pues…

-Deje, deje, era solo curiosidad.

Algún tiempo después, tras haber leído el currículum, se enteraría de que en realidad los alumnos del profesor Alien tampoco llegaron a saber mucho sobre el tema. El decano de la facultad, que firmaba el documento, se limitaba a señalar a sus posibles contratantes que lo mejor, si deseaban saber algo al respecto, era que se lo preguntaran al propio interesado.  Una encuesta entre sus alumnos había llegado a la conclusión de que tan solo dos o tres, los más aplicados, tomaron alguna nota sobre la asignatura. Coincidían en una frase: “la farsa de control más complicada de llevar a efecto es la invisibilidad, solo los grandes genios en farsas de control, una materia en la que todos somos expertos,  son capaces de obtener éxito y pasar desapercibidos”. El resto de los apuntes eran expresiones deslavazadas y sin el menor sentido.

El Sr. Buenavista salió de la biblioteca y al girar a la derecha, su vista, agudizada por el esfuerzo de observar al profesor Alien, pudo notar algo extraño en el cuarto que utilizaban las limpiadoras para guardar sus útiles de limpieza. Se acercó y tras ponerse las gafas de leer y forzar mucho la vista, descubrió una plaquita en la que podía leerse: “Consulta del profesor Alien, experto en farsas de control”. Picado por la curiosidad empujó la puerta y entró.

El cuarto, diminuto, sin ventanas, aparecía relimpio y ordenado (una vez encendida la luz), ocupado tan solo por una pequeña mesa de despacho, un sillón para el profesor, una silla para el visitante y una estantería con algunos libros y que al mismo tiempo servía de archivados de expedientes. Sobre la mesa un libro abierto atrajo su atención. Ocupó el sillón y se puso a hojearlo, después de haber leído el título: “La novena revelación”, por James Ranfeld.

No tardó en encontrar una página donde se hablaba sobre las farsas de control. Continuó leyendo hasta conseguir enterarse de que al parecer el autor llamaba así a determinados comportamientos o conductas de tipo chantajista y controlador que el ser humano utiliza con sus semejantes desde su más tierna infancia y sin las cuales la vida social sería tan pacífica como incomprensible. Cerró el libro de golpe y golpeó la mesa con el puño.

-¿Qué demonios me importan a mí las farsas de control! La mayoría de los personajes de ese idiota de Slictik están locos, tarados, les faltan tornillos… Creo que soy de los pocos que mantienen los pies en la tierra. ¿Qué me dicen del doctor Sun, obsesionado por el subconsciente colectivo; de ese Brunelli, que se cree gracioso y es más tonto que el que asó la manteca; ese John Smith, un asesino en serie que acabará con todos en cuanto se despierte; del Sr. Múltiple Personalidad y de todos los locos de Crazyworld, que el doctor Sun pretende traer a la Torre de Babel y permitir que formen parte de la sociedad gestora de los fondos que generosamente nos ha donado Slictik. ¿ Y el tal Milarepa, y ese Krosnamurti, que anda dando latigazos por los pasillos? Claro que sabiendo cómo es Slictik, que está como un cencerro, mal podría haber creado otros personajes… Claro que pensándolo bien, yo también debo ser uno de sus personajes… Conmigo se rompió el molde.

El Sr. Buenavista se levantó con brusquedad, pateó el sillón, pateó la mesa, apagó la luz y cerró la puerta dando un buen portazo. Luego se perdió por los pasillos, murmurando entre dientes como un discreto poseso.

Continuará.

Relatos esotéricos VI


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RELATOS ESOTÉRICOS

LOS DIOSES DEL KARMA

I

EL INICIADO

Un verdugo del karma sabe muy bien que sus competencias pueden ser ampliadas, reducidas, modificadas, anuladas…Como burócrata que es acepta con resignación su destino, incluso cuando una comisión de servicio te obliga a realizar un trabajo que nadie quiere, del que todos huimos si nos es posible.
Servir de guía turístico de un iniciado es una de las peores comisiones de servicio a que puede ser enviado un verdugo del karma. Hemos establecido un turno de guardia entre nosotros, los verdugos, para evitar que alguien sufra el acoso de un dios kármico enfadado o que la estulticia del jefe de sección de turno cargue a uno con un trabajo que todos deberíamos llevar a cabo, en forma justa y equitativa.

Los nuevos iniciados acostumbran a ser un tanto pejigueras. Con eso de que creen estar viéndolo todo por primera vez, se ponen a criticar desaforadamente lo que no les gusta; se rebelan contra las leyes más naturales; despotrican de esto, de aquello y de lo demás allá, y lo que es peor, insultan, a todo aquel que tiene la desgracia de cruzarse en su camino. Eres un tal o un cual es lo menos que nos dicen a sus guías. En una palabra, acostumbran a ponerse muy violentos. Y eso siempre resulta desagradable, aunque luego puedas tomarte la revancha, tomándoles el pelo a gusto y gana.

Cuando la lucecita roja de mi colgante se iluminó supe que algo malo iba a sucederme. Como estaba en turno de guardia para atender a los nuevos iniciados, no me hice muchas cábalas sobre lo que significaba aquella llamada a horas intempestivas.

Normalmente los novatos, los iniciados que acceden por primera vez a nuestro edificio burocrático, terminan siempre perdidos en el vestíbulo. El conserje de turno no precisa intercambiar una sola palabra con ellos para saber quiénes son y a qué vienen. Se limitan a pulsar la tecla que enciende la lucecita roja del verdugo del karma en turno de guardia y procuran vigilar con ojos atentos al iniciado para que el muy palurdo no toque donde no debe y nos haga saltar por los aires, o se cuele por una puerta que no es, y organice un lío de mil demonios.

Lamenté no poder acudir aquella noche a la cita con mis turistas oníricos. Era un grupo bastante manso y que no creaba más problemas de los imprescindibles. Les había presentado al archivero mayor y devuelto con una facilidad pasmosa a su estúpida realidad vigil. Me había hecho a la idea de acompañarlos durante varias noches, enseñando a aquellas cabezas de chorlito los lugares más comunes de nuestro mundo. Me las prometía muy felices gastándoles algunas bromas, inocuas, aunque en extremo regocijantes. Pero el deber es el deber y hacer novillos no resulta muy divertido aquí, cuando un dios del karma puede ponerte las peras al cuarto y gastarte alguna de sus terribles bromas.

Así que me busqué un sustituto para la noche y me dirigí al vestíbulo, fantaseando con las posibilidades que el novicio de turno me permitiría ensayar, según su inteligencia fuera cero o estuviera por debajo de esa línea. Apenas pisé el abovedado y amplio vestíbulo, el conserje de turno salió a mi encuentro y me señaló a un joven despistado que no dejaba de dar vueltas y más vueltas, de acá para allá, tanteando puertas, buscando extraños resortes en las paredes y lanzando patadas al mobiliario y enseres que jalonaban el extenso espacio a su disposición.

Me encogí de hombros, hice un gesto amistoso al conserje y me acerqué hasta el iniciado, sin ninguna prisa, observando con detenimiento sus gestos, por si podía darle ya una nota de inteligencia cero o debería rebajarla hasta intentar batir el record de estupidez de los iniciados, que estaba bastante alto.

-Hola amigo. ¿Se ha perdido?

El joven me oyó. Algo de lo que no son capaces la mayoría, que creen haberse vuelto locos por oír voces donde todo debería estar silencioso. Eso me hizo pensar que me encontraba en presencia de un “cero” y no debería darle más vueltas al asunto. El joven se volvió y me percibió, algo que ya de por sí indica un estado de evolución poco corriente. Una gran parte de los iniciados se pasan varios minutos intentando localizar de dónde proviene la voz, sin llegar a encontrar a su guía, aunque se den de bruces con él.

-Menos mal que le encuentro. Le juro que no sabía por dónde salir de este maldito laberinto.

-Puedo saber qué desea? ¿Qué le trae hasta aquí? ¿O se trata de un secreto que solo puede desvelar a presencia de un dios?

-¿Dios? ¿Existe Dios?

Estaba claro. Se trataba de un ejemplar “iniciatus filosóficus” con muchas ganas de dar la tabarra.

-¿Sabe al menos dónde se encuentra?

-Imagino que en alguno de esos mundos extraños a donde me llevan a menudo mis ejercicios de relajación.

-Algo así… Bien, voy a presentarme. Soy un verdugo del karma, no importa mi nombre, y le serviré de guía por este lugar.

-¿Un verdugo del karma? ¡Qué interesante!

-Como supongo que su tutor le ha enviado aquí para conocer el funcionamiento del engranaje cósmico y para echar un primer vistazo a los dioses del karma, me permito sugerirle que me acompañe.

-Me niego rotundamente si no me explica qué está pasando.
Me lo temía. El iniciado filosófico no da un paso sin antes saber dónde va a pisar.

-¿No recuerdas nada, amigo?

Se quedó un rato en suspenso y de pronto una lucecita se iluminó dentro de su cabezota.

-¡Ah, sí, el sueño!

-Exacto. Si estás aquí es porque has llegado a un acuerdo con tu maestro o tutor. Has aceptado conocer alguno de los secretos que tanto te inquietan y planificado y programado esta visita… Pues bien yo soy tu guía. Como sabes el maestro no puede entrar aquí con sus novicios o iniciados. Así pues tendrás que aceptarme a mí, lo quieras o no.

-Está bien. No se apresure, amigo.

-Lo siento. Hay mucho para ver y tengo cosas más importantes que servir de guía a un palurdo como usted.

-Oiga. No me insulte. Aunque mi conocimiento sea limitado, en mí late la chispa divina, que es igual a la suya. ¡Vaya con cuidado!

Me carcajeé en su cara. Al menos, pensé, no me aburriría con aquel pardillo, no.

-Vamos, no se enfade, la visita programada es muy larga.

Cuanto antes nos pongamos en camino antes la terminaremos. Si es tan amable cierre los ojos. Le tocaré con mi dedo en el tercer ojo y cuando le ordene abrirlo nos encontraremos en el salón de guardia que utilizan los dioses del karma para vigilar la realidad del mundo visible. Le suplico procure pegarse a mí, no gritar, hacer el menor ruido posible y seguir todas y cada una de mis instrucciones. De otra manera le harán pagar su osadía.

Cerró los ojos. Puse mi dedo índice en su entrecejo y grité:

-Un…dos…tres…