CRAZYWORLD VII (JIMMY EL PECAS)


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JIMMY EL PECAS

-Albert, mamón, como vuelvas a tratar así a mi amigo pondré una serpiente de cascabel en tu cama.

Quien hablaba era un joven alto y pecoso que miraba al celador, a aquel armario empotrado en el malhumor, a aquel cascarrabias detestable, a quien yo estaba pensando en dar una patada en sus testículos –suponiendo que los tuviera- como desde una altura olímpica, a pesar de que Albert le sacaba la cabeza y al menos dos o tres cuerpos de ventaja.

-Y ahora ya estás pidiendo disculpas a este joven y llevándolo en brazos a donde él quiera ir, ¡so mamón!

Albert bufó como si le hubiera picado la serpiente de cascabel que le había prometido Jimmy. Dio una fuerte sacudida a la silla de ruedas, hasta que caí al suelo como un fruto maduro y luego salió de estampida, rezongando algo entre dientes.

-No te preocupes, no dirá nada. Es un infecto lameculos que sabe quién paga aquí su sueldo.

Me tendió una mano, que aproveché para ponerme en pie, flexionando las piernas para hacer fuerza, porque aún me sentía muy débil.

-Soy Jimmy, aunque todos me llaman Jimmy “El Pecas”.

Estuve a punto de preguntar por qué, pero me bastó una ojeada a su rostro, picado de viruelas como un mapa de puntos, para darme cuenta de que sobraban las preguntas.

-¿Eres nuevo?

-Eso parece.

Estábamos caminando por el pasillo, uno al lado del otro. Yo no sabía dónde ir, pero esperaba que mi nuevo amigo y salvador se ofreciera para hacer de anfitrión.

-¿Cómo te llamas?

-Lo siento, pero no lo recuerdo.

-No te esfuerces. Los golpes en la cabeza tienen estas cosas, lo mismo te olvidas de todo que recuerdas haber sido Napoleón Bonaparte y Gengis Khan en una sola pieza.

-¿Cómo sabes eso?

-Jimmy lo sabe todo. Es el único que lo sabe todo en Crazyworld… Bueno, si exceptuamos a Dolores…

-Me ha servido el desayuno. Me resulta muy simpática.

-Y lo es. No te fíes de nadie en Crazyworld, amigo, ni siquiera de mí. Pero puedes fiarte de Dolores. Es la única que nunca te mentirá en este antro de perdición. Esta mañana, al despertar, ya me había enterado de que había un nuevo ingreso. No pude saludarte antes porque esa bruja malnacida de Ruth había cerrado tu puerta con llave.

-Sí, según me explicó Dolores, parece que temen que Kathy me haga una visita. Por mí puede visitarme cuando quiera. La conocí anoche, fue la enfermera que me atendió.

Noté que Jimmy se ponía muy nervioso, le cambiaba el color de la cara y las pecas resaltaban aún más.

-Te disculpo porque eres nuevo. Pero nunca me vuelvas a hablar de esa zorra. Si lo haces no respondo de mis actos.

-¿Qué ocurre, Jimmy?

-Odio a esa maldita zorra del demonio y no consiento que nadie me hable de ella.

-Está bien, no lo volveré a hacer. Tendré que aprender mucho de Crazyworld, por lo que veo.

-Te serviré de anfitrión encantado, pero recuerda mi advertencia.

-¿Por qué estás tú aquí, Jimmy?

-Adicto al sexo. La acémila de mi progenitor decidió encerrarme porque no dejaba en paz a las esposas de sus amigos, a sus hijas, a sus sobrinas y nietas, a sus criadas, a sus empleadas…

-Aunque así fuera. Me parece un poco fuerte encerrar a alguien en una clínica psiquiátrica solo porque no se puede resistir a los encantos femeninos.

-Aún no sabes nada de Crazyworld, amigo. Ya te contaré cosas que te pondrán los pelos de punta. ¿Has desayunado?

-Sí, Dolores me sirvió un espléndido desayuno antes de que Albert me llevara a la consulta del doctor Sun.

-No te preocupes por ese mamón. Ya pensaremos en algo que pondrá su culo a rebotar contra las paredes. ¿Qué te ha parecido Sun?

-Con franqueza: no me cae bien.

-Es cuestión de saber llevarle, con mano izquierda y un poco de pelotilleo. Si me aceptas como guía aprovecharemos la mañana para conocer Crazyworld. ¿Qué te parece si nos vamos fuera, nos sentamos en una tumbona y le pedimos a Alice que nos sirva un cóctel?

-¿Quién es Alice?

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-Una camarera que está de pan y moja.

Habíamos descendido hasta el vestíbulo. Amplio, suelo de mármol, muchas plantas, divanes y sillones ocupados por ociosos pacientes… Me quedé pasmado al observar a un paciente, en pijama, que tumbado en un sofá roncaba aparatosamente.

-No te enseñaré el comedor porque ya lo conocerás durante el almuerzo.

-¿Quién es aquel roncador enpijamado?

-Ven. Te voy a presentar a John Smith, el asesino múltiple, le invitaremos a un trago junto a la piscina y te contará su vida en prologo, capítulos y epílogo.

-¿No es peligroso?

-No, de momento, al menos en lo que lleva en Crazyworld no ha matado a nadie.

Continuará.

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