DIARIO DE UN MELÓMANO III


DIARIO DE UN MELÓMANO III

 

20 DE NOVIEMBRE 2013

Observo que llevo desde marzo sin anotar en este diario. La excusa de la falta de tiempo no me sirve, son demasiados meses sin tomar nota de la música que llevo escuchando todo este año.

Debido a los constantes desplazamientos por motivo de trabajo acostumbro a renovar el pendrive cada cierto tiempo y voy escuchando ciclos de música clásica y música moderna. Música escucho, y mucha, pero ando un poco remolón por anotar en este diario. Entono el “mea culpa” y trataré de enmendarme.

Aproveché las vacaciones de verano, que pasé en Potes, Picos de Europa santanderinos, para escucharme todo el ciclo sinfónico de Mahler. La grandiosidad de esa música armoniza a la perfección con la grandiosidad de la montaña. La música de Mahler siempre ha sido para mí un paisaje montañoso,, aunque algunos de sus adagios bien podrían hacerme pensar en un hermoso valle verde o en una playa desierta como es el caso del Adagio de la quinta que utilizara Visconti en su Muerte en Venecia.

Recuerdo que compré todas las sinfonías de Mahler en vinilo, allá por el año 1980, durante mi estancia en Madrid. Ahora no recuerdo si lo hice en el Corte inglés o fue en aquella tienda maravillosa de la Gran Vía cuyo nombre ahora no recuerdo, no sé si era Movierecord o Movieplay o algo así. Allí encontraba discos muy baratos y me hice con una buena colección de música celta, electrónica, rock, cantautores y algo de clásica. Aquella tienda fue uno de mis paraísos durante mi estancia en Madrid.

En casa he escuchado, en el equipo de música, el ciclo Brahms con todas sus sinfonías, conciertos para piano, etc. La cuarta ha sido siempre para mí una música de montaña, grandiosa y espectacular, lo mismo que la sinfonía alpina de Richard Strauss. Por cierto que debería escucharla ahora en invierno, la tengo en vinilo, espero que el disco no haya sufrido mucho.

En cuanto a música moderna he tenido la suerte de ver un documental sobre Arthur Russell en una cadena de pago, creo que era Sundance. Mi hija Sara ya me había hablado de él y escuché un poco de su música. El documental me ha abierto los ojos a un compositor extraordinario y marginal que murió muy joven, por desgracia.

 

 

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