DICCIONARIO CHAMÁNICO IV


 

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                   DICCIONARIO CHAMÁNICO IV

                      LETRA A/ CONTINUACIÓN

           EL ARTE DE ACECHAR

         PRINCIPIOS DEL ARTE DE ACECHAR

     PRIMERO: Los guerreros eligen el campo de batalla. Un guerrero solo entra en batalla cuando sabe todo lo que puede acerca del campo de lucha.

     SEGUNDO: Los guerreros no tienen al mundo para que les proteja, así que tienen la regla.

     TERCERO: Descansa, olvídate de ti mismo, no tengas miedo a nada.Solo entonces los poderes que nos guían nos abren el camino y nos auxilian. Solo entonces.

      CUARTO: Los guerreros, cuando se enfrentan a una fuerza superior con la que no pueden luchar se retiran por un momento. Dejan que sus pensamientos corran libremente. Se ocupan de otras cosas. Cualquier cosa puede servir.

       QUINTO: Los guerreros comprimen el tiempo, todo cuenta, aunque sea un segundo. En una batalla por tu vida un segundo es una eternidad, una eternidad que puede decidir la victoria.

 

             Los nuevos videntes comenzaron a practicar el control sistemático de su conducta. Llamaron a esta práctica el arte del acecho. Del libro El fuego interno.

            Ellos son los que decidieron que se debía enseñar esta técnica a un nagual de hoy en día cuando su punto de encaje se ha movido a bastante profundidad en el lado izquierdo. El motivo de esta decisión es que el nagual tiene que aprender los principios del acecho sin el estorbo del inventario humano. Después de todo el nagual es el líder de un grupo y para guiar a ese grupo tiene que actuar con tremenda rapidez sin tener que cavilar primero en lo que va a hacer.

            Otros guerreros pueden aprender el acecho en la conciencia normal, aunque es aconsejable que lo hagan en la conciencia acrecentada sino porque le infunde al acecho un misterio que realmente no posee. El acecho es simplemente comportamiento con la gente.

           Una maniobra de los acechadores es poner el misterio frente a frente en cada uno de nosotros.

           Explicó que  las prácticas del acecho no son algo que uno pueda disfrutar abiertamente, son en verdad prácticas censurables, hasta ofensivas. Los nuevos videntes se dieron cuenta, muy rápido que no es recomendable discutir o practicar los principios del acecho en la conciencia normal.

           Así que el propósito del acecho para un nagual es doble. Primero mover el punto de encaje con la mayor constancia y el menor peligro posibles y nada puede lograr esto tan bien como el acecho, y segundo imprimir sus principios a un nivel tan profundo que el inventario humano es pasado por alto, como lo es también la reacción natural de desechar y menospreciar algo que puede ser ofensivo a la razón.

         Los acechadores son líderes naturales,, pueden ayudar a una persona a hacer cualquier cosa.

         Estos guerreros pueden ayudar a la gente a curarse o los pueden ayudar a enfermarse. Los pueden ayudar a encontrar la felicidad o los pueden ayudar a encontrar la desgracia… Estos guerreros ayudan a la gente, deberíamos decir que la afectan. El nagual Elias dijo que no solo afectan a la gente sino que la llevan y la traen activamente, como rijan las circunstancias.

            El maestro acechador obtiene la total cooperación y participación del aprendiz. Obtener la cooperación total y la participación de alguien es probablemente el más importante resultado del método de los acechadores.

            VER TAMBIÉN PINCHE TIRANO

            COMENTARIO PERSONAL: El arte del acecho fue una de las cosas que más me impactó al leer a Castaneda y que más revolvió mi ética personal. Puede parecer, a simple vista, que contradice abiertamente el evangelio. Pero si nos detenemos en una frase evangélica tal vez comprendamos mejor a qué se refiere el arte de acechar: Sed ingenuos como palomas y prudentes como serpientes. La serpiente es el símbolo clásico de la astucia por lo que unida a la paloma, el símbolo clásico de la ingenuidad y candidez (cándido como una paloma) necesariamente tiene que chocar.

           La norma evangélica de poner la otra mejilla no puede desligarse de una frase tan llamativa y tan profundamente revulsiva como la antes citada. La prudencia de la serpiente tiene mucho que ver con el arte de acechar que estamos viendo. Hay situaciones en la vida a las que no podemos enfrentarnos con la candidez de una paloma. Necesitamos entonces la astucia de la serpiente o el arte del acecho del guerrero impecable. La lucha de poder que se desarrolla a nuestro alrededor y que podemos percibir sin dificultad en cuanto nos ponemos delante del televisor y vemos los telediarios nos exige estar preparados y acechantes. De alguna manera se puede decir que los políticos son acechadores, aunque su acecho no sobrepasa nunca la conciencia del lado derecho, la conciencia normal, cotidiana. No tienen ni idea del arte de acechar que emplea un guerrero impecable y es por ello que acaban siempre pillados en su propia red.

           También puede parecer que el arte de acechar tiene poco que ver con el budismo. Me atrevo a someter a vuestra consideración el principio budista del velo de Maya. Vivimos en un constante engaño, el velo de Maya nos oculta la verdadera realidad. Quienes aún no han alcanzado el nirvana y superado el engaño deben enfrentarse de alguna manera a la realidad individual que nos muestra el velo de Maya.

           El arte de acechar y el desatino controlado se relacionan estrechamente. Adoptamos estas conductas para mover el punto de encaje y percibir otras realidades, otros mundos. En ellos nada de lo que sucede en la realidad cotidiana tiene el menor sentido ni la menor importancia, pero mientras estamos en este lado de la consciencia no podemos ser ajenos a la lucha de poder que se desarrolla en nuestro entorno. El acecho y el desatino son formas de enfrentarse a esa lucha de poder sin caer en la trampa de considerarla como real y someter nuestras vidas a las reglas que dirimen estas batallas. La regla del acechador, del nagual, es otra muy diferente, como iremos viendo.

           Hay algo de locura en el acecho y en el desatino, es el punto de locura que necesita un guerrero impecable para enfrentarse al abismo y no dejarse atrapar. Es la dosis necesaria de caos que necesita un guerrero para no resultar atrapado en la cárcel del orden establecido. La impasibilidad del guerrero se conquista con el acecho y el desatino, entre otras cosas, puesto que así se pone de manifiesto la gran verdad budista de que todo es engaño y nada es importante. Puesto que hagamos lo que hagamos no podremos cambiar los destinos del universo ni nuestros propios destinos y nada de lo que hagamos tendrá la menor importancia en un universo infinito del que nosotros solo somos una mínima partícula (perder la importancia personal) el guerrero actúa con impecabilidad, haciendo lo que tiene que hacer, aunque esto no cambie nada y su destino no esté en sus manos. Puesto que no somos dueños de nuestro destino al menos sí lo somos del instante, de hacer lo que debemos hacer en este momento y esperar con dignidad que lo hecho nos sea de alguna forma favorable, siempre que así lo decidan las poderosas fuerzas que controlan el universo.

         

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