Mes: abril 2014

DON QUIJOTE DE LA MANCHA


Cuando lo leí por primera vez, con quince años, lamenté que aquella maravilla no estuviera traducida a “castellano moderno”. Me costó mucho paladear aquel castellano barroco. En mi segunda lectura comprendí que había sido un tonto al pensar semejante tontería, el lenguaje es perfecto y maravilloso. Hay que aceptar que nada es atemporal, cada obra literaria o artística se crea en un tiempo y cada autor es hijo de su época, intentar trasladar obras literarias o artísticas al tiempo del lector o del espectador es un ejercicio que puede tener su interés como experimento pero siempre que se tome como una obra distinta. Están muy bien las versiones modernas de las obras de Shakespeare en las que los actores van vestidos con ropas actuales y se mueven en decorados de nuestro tiempo pero no dejan de ser experimentos para acercar al espectador a representaciones a las que no iría sin ese reclamo. En el caso del Quijote cualquier versión que se haga para acercar la obra a los niños o a los adultos a los que les cueste mucho su lectura tiene que ser bienvenida. En este caso las ilustraciones de Mingote son el maravilloso nexo de unión con nuestro tiempo. Por suerte la obra ha llamado la atención de numerosos ilustradores que han desplegado en él su mejor arte, como es el caso de Gustav Doré.


Tal vez el lector cansado piense que a la obra le sobran las novelas cortas intercaladas y que todos conocemos muy bien, que el ritmo narrativo ganaría con ello y la historia de Quijote y Sancho es ya de por sí suficientemente atractiva para que no necesite de esos aderezos. Es cierto que el ritmo de la novela pierde mucho con estas historias tan del gusto de la época, pero forman parte esencial de lo que el autor pensó y diseñó al escribirla y con su supresión se pierde sabor, como un exquisito plato al que hay que privar de la sal y el picante porque uno tiene problemas de estómago… Si no hay más remedio… no hay más remedio, pero el Quijote debería leerse tal como se escribió y disfrutar de todos y cada uno de sus capítulos, de sus personajes, de sus historias, de su lenguaje… No es una novela para leer de un tirón, como los famosos best-sellers o las novelas policiacas que tanto nos gustan, es un placer para ser degustado a lo largo del tiempo, como unas jornadas gastronómicas en las que no se pueden comer todos los platos nada más llegar porque uno acaba reventando. El Quijote es para leer con calma, día a día, degustando cada capítulo, apreciando el lenguaje, tomando notas, disfrutando de sus maravillosos personajes, únicos en la historia de la literatura, apreciando y maravillándose ante el sentido del humor que se despliega a lo largo de toda la obra y viviendo en ella como si el agujero de gusano de mi personaje, Carl Future, nos hubiera llevado hasta esa época y esa realidad ficticia.

He releído una y otra vez la novela a lo largo de mi vida, he tomado notas, estoy confeccionando un diccionario de refranes y frases, de lenguaje quijotesco. Su estilo me admira cada vez más a pesar de la dificultad que tiene todo lector moderno para hacerse con él y acabar disfrutándolo. Pero lo que es para mí un auténtico milagro son sus personajes, tan realistas que mientras uno sigue la ruta de Don Quijote, aquí en la Mancha, donde he recalado gracias al destino, casi cree verlos, bien vestidos de época o con ropaje moderno pero con físicos y lenguaje parecidos. Son personajes sólidos, humanos, tan bien trazados que parecen caminar solos y que Cervantes, Miguel, se limitara a sacarles fotografías con su pluma y su tintero. Su sentido del humor es portentoso. Todo mi sentido del humor, poco y malo, todos mis personajes, han nacido de aquí. Le debo todo a Cervantes y al Quijote. Lo mejor de mi humor es quijotesco y lo peor nace de mi cinismo y mala leche personal. algo que viene de fábrica y que no se puede cambiar.

Me faltan palabras para describir todo lo que debo a esta maravillosa obra. Pero eso no me impide aceptar y admitir que no es una obra fácil. Me costó leerla por primera vez y aunque cada vez me cuesta menos releerla y la paladeo con más profundidad e intensidad, no es algo que un lector pueda hacer sin sacrificio por su parte, lo mismo que no se pueden comer todos los platos de unas jornadas gastronómicas universales de un solo tiento, porque la indigestión sería monumental. Mi consejo a todos los que se animen a leerlo y no solo a decir que lo han leído (gracias a Dios parece que aún sigue dando vergüenza decir que no se ha leído) es que se lo tomen como un crucero alrededor del mundo. No se puede ir demasiado deprisa porque no te enteras de nada. Es conveniente detenerse en los lugares que más te gustan y disfrutar sin prisa. Puedes pasar más rápido por lugares que te gustan menos. Puedes pedir ayuda de otros que lo han leído y comentado, es muy interesante rastrear la influencia del Quijote en otros escritores. Puedes ver películas o dibujos animados o si alguien no conoce La Mancha puede venir hasta aquí y seguir la ruta del Quijote. Para mí ha sido una gozada en estos más de tres años que llevo por estas tierras ir viendo poco a poco todos los lugares y nombres relacionados con el Quijote. Se puede ir al Toboso y disfrutar del pueblo y la gastronomía, acercarse a Puerto Lápice y apreciar el lugar que ocupa en la obra del Quijote porque no es una población que conserve mucho de aquella época. Todo nos puede ayudar y ese viaje turístico más que otra cosa. Si se quieren acercar por Alcazar de San Juan, Slictik-Torre de Babel, hará de anfitrión de mil amores, dentro de sus posibilidades y limitaciones. Y si ustedes se animan a escribir algún texto para este magno día será el mejor regalo que me hagan por mi cumpleaños. Pueden dejarme su fecha de nacimiento en el correo interno y les recompensaré con una comida en el restaurante Sonymage y con algún regalito del profesor Cabezaprivilegiada, una especie de Don Quijote sajón y puritano.

SINOPSIS: 

Casi no es necesaria, todos sabemos de qué va el Quijote y cada uno de sus episodios. Alonso Quijano el bueno es un hidalgo pobretón que reside en una de estas casas manchegas que aún se pueden apreciar en un viaje turístico, especialmente en el Toboso. Se dedica a la lectura porque tal vez piense como yo, que la vida es demasiado dura y hay que endulzarla con sueños y ficciones. Se le trastoca la cabeza, lo mismo que a mí, y sale por ahí a matar gigantes (no se pierdan los molinos de Campo de Criptana y de Alcázar, no tienen mas que llamarme y se los enseñaré de mil amores), a pelear con malandrines, a suspirar por Dulcinea, a ser honrado y cabal caballero, a pelear con magos que intentan engañarle haciéndole ver que sus sueños son pura locura porque la realidad es la que es. Cada episodio es una maravilla. No se pierdan el de la venta, que no castillo, el caballo clavileño, a ese maravilloso secundario de lujo que es Ginés de Pasamonte o de Parapilla, como le llama Don Quijote y que es uno de esos personajes secundarios de los que se puede decir, como en el cine español, que se merece toda una película. Al final de tantas aventuras Don Quijote se vuelve cuerdo, pero solo para morir, por suerte, porque de haberse vuelto “normal” mucho antes del fin yo y todos los soñadores hubiéramos derramado amargas lágrimas.


FICHA TÉCNICA

AUTOR: Miguel de Cervantes Saavedra.
TÍTULO ORIGINAL: El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
EDITORIAL: Planeta 2005.
ISBN: 9788408058212
GÉNERO: Novela humorística, aunque algunos la califican de novela de aventuras o de novela… Es la novela completa, total, absoluta, la primera y no diría que la única porque en la historia de la literatura hay verdaderas maravillas.
NÚMERO DE PÁGINAS. 680.

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LA REBELIÓN DE LOS LIBROS V


 

AÑO 3001- 2014 AL OTRO LADO DEL AGUJERO DE GUSANOEl Robot Slictik-Torre de Babel hubiera deseado encontrar la manera de avisar a Carl Future, quien se encontraba disfrutando de su luna de miel, posnupcial, en un planeta lejano, con su amada Isoldina, con quien acababa de contraer matrimonio, nupcias o como se estilara decir en aquel tiempo, que todos son los mismos perros con diferentes collares.

La situación que dejamos hace un año, en el 2013, al otro lado del agujero de gusano, año 3001, un par de minutos después de lo ya relatado, no podía ser más dramática. Los canallescos robots seguían reclutando adeptos para sus malvados fines, incluso robots que por la humanidad y espiritualidad de los libros que portaban, o más bien que eran, deberían haberse opuesto radicalmente a semejante perversidad, parecían dudar como el mismísimo Hamlet, y algunos ya habían dado su palabra de seguir a los rebeldes allá donde fueran. Eso suele ocurrir, la enfermedad se contagia antes y más virulentamente que la salud, que parece no ser contagiosa, para desgracia nuestra. Algo parecido a lo que sucede con el mal, que atrapa y asfixia la bondad con suma facilidad y en cambio ésta, es decir la bondad, debe ser inoculada en vena para que pueda llegar a surtir algún efecto con el tiempo.

Mientras los robots abrigaban designios malévolos en sus cerebros positrónicos, la ceremonia anual de celebración del día del libro del año 3001 remataba sus preparativos. Todo estaba dispuesto ya y los invitados humanos comenzaban a ocupar sus puestos. Un humano, incluso, comenzaba a probar el sistema de sonido…

Un, dos tres… Un, dos, tres…

A Slictik-Torre de Babel comenzaron a caerle gruesos lagrimones eléctricos de sus enrojecidos ojos, debido al grave conflicto interior que se desarrollaba en lo más recóndito de su cerebro positrónico. Poco le importaba lo que fuera a ocurrirle a los humanos -salvo la salvaguarda de las tres leyes robóticas, inventadas en el siglo XX por un tal Asimov y que Future había llevado a la madurez más exquisita- pero en cambio la mera posibilidad de que Elisabeth fuera destruida o antes violada y torturada como proponía el Marqués de Sade, hacía que se rebelara una fibra muy íntima de su alma positrónica.

Poco sabía entonces Slictik-Torre de Babel que aquel sentimiento humanoide era producto de una meticulosa programación del genio informático Carl Future. Tampoco sospechaba que su deseo de avisar a Future ya se había realizado. En efecto, porque su temor a los daños que pudiera sufrir Elisabeth había disparado una alarma oculta en su memoria RAM y un rayo hiperespacial ya había iniciado su marcha por el hiperespacio en su dirección.

Aquel informático genial y suspicaz persona, previendo posibles conflictos en el día del libro, había efectuado una meticulosa programación de Slictik-Torre de Babel. Sus sentimientos amorosos hacia Elisabeth eran parte de su programación, lo mismo que la existencia de múltiples personalidades en su cerebro positrónico. Todos los personajes de aquel delirante autor que viviera a finales del siglo XX y principios del XXI formaban parte de su personalidad robótica. Una broma un tanto macabra que aparte de formar parte de la naturaleza humorística un tanto sádica de Future también tenían su rol en el laberinto positrónico diseñado para proteger a los humanos en su ausencia.

Los gruesos lagrimones eléctricos formaron un charco sobre el césped artificial y multitud de voces con diferentes tonos, algunas sollozantes, se fueron manifestando por la boca metálica de Slictik-Torre de Babel, tan abierta como la de un papamoscas. Las voces fueron subiendo de tono, lo mismo que los insultos y maldiciones dirigidos contra los malvados robots y sus canallescos designios.
Avergonzado de semejante descontrol decidió alejarse del lugar de la ceremonia y encontrando un gigantesco árbol, copudo y refrescante, se sentó sobre sus raíces, dispuesto a esperar un milagro que salvara a su amada Elisabeth de las rapaces manos del Marques de Sade.

El anfitrión, Sr. Howard, se dirigió a todos los concurrentes invitándoles a disfrutar del día del libro y luego con cariño paternal cedió la palabra a su hija Elisabeth, quien glosó los antecedentes históricos de la fecha y sorprendió a todos anunciando una representación teatral basada en escenas del Quijote. Para ello había encargado expresamente a Carl Future, antes de que abandonara el planeta para disfrutar de la merecida luna de miel con su amada Isoldina, que fabricara los robots-libro más perfectos que su genio pudiera crear. Aunque resulte inaudito para nosotros, lectores del siglo XXI, concretamente del año 2014, que estamos participando de la ceremonia a través del agujero de gusano que abriera Carl al trasladarse desde el futuro al presente y desde el presente al jardín del Edén y desde éste hasta… (eso no lo vamos a desvelar de momento), que puede llegar un aciago día en el que el Quijote pueda ser olvidado, lo cierto es que en aquellos malhadados tiempos los malandrines lectores tenían a la genial obra maestra como un libro desfasado y sin interés, tan largo como aburrido y carente del menor interés, razón por la cual ninguno había encargado el correspondiente robot-libro de esta genial novela.

Para corregir este despropósito y como homenaje reparador y lavador de injurias, Elisabeth, apasionado lectora del Quijote (poseía toda una estantería repleta de diferentes ediciones ilustradas de la magna obra) decidió que había llegado el momento de proponer y convencer a aquellos palurdos de la belleza singular de esta historia y estos personajes. Así fue presentando con voz retórica e impostada al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, más conocido por sus vecinos como Alonso Quijano el bueno, y a su fiel escudero Sancho Panza y a su mujer Teresa y a… El escenario se llenó de robots-libro y cuando todos saludaron con una reverencia y se retiraron tras el telón, para vestirse y prepararse para la representación, Elisabeth, con voz conmovida anunció:

-Hoy vamos a representar la escena de la venta del Quijote…dedicada especialmente, con mucho cariño, a nuestro bien amado Slictik-Torre de Babel…

La llantina cesó como por ensalmo y el robot se puso en pie, como si tuviera muelles o como si se hubiera bebido una redoma del famoso bálsamo de Fierabrás, comenzando a dar saltos de alegría y llamar a gritos a su amada Elisabeth, a quien en la confusión del momento cambió el nombre, transformándola en Dulcinea.

Y así vamos a dejarles, con el suspense en los labios y la pasión por la lectura en sus corazones, hasta el próximo año 2015. Pero no soy tan sádico como para permitir que durante un año entero crean que Elisabeth estaba realmente enamorada de Slictik-Torre de Babel y ni tan siquiera dedicó la representación a éste. En realidad todo se debió a un cortocircuito generado por las lágrimas en el cerebro positrónico del robot que le hizo entrar en delirio.

Así pues, Dios mediante, y si la crisis económica no lo impide, ni las guerras, ni el terrorismo, ni el cambio climático, ni el hambre en el mundo, ni… (hay tantas variantes que es un milagro que las trompetas no estén anunciando el Apocalipsis) nos veremos el próximo año, en el día del libro, y así sabrán cómo sigue esta historia. Al fin y al cabo qué es el tiempo: un delirio de una especie mortal que se cree inmortal.

Continuará.

 

 

 

 

LA REBELIÓN DE LOS LIBROS IV


NOTA URGENTE: Al preparar una nueva entrega de este macro-culebrón extendido en el tiempo como un agujero de gusano, observo que se me debió colar subir el año pasado el episodio correspondiente al año 2013. Me resulta incomprensible con lo cuidadoso que soy y los pocos despistes que he tenido a lo largo de mi vida. No obstante ha sido así y lamento más que nadie el error, porque el día del libro también es mi cumpleaños, lo que significa, tal vez, que el año pasado no estaba de humor para celebrar mi cumpleaños o nadie me regaló nada. Fuere como fuese rectifico el error cometido y subo el episodio correspondiente al año pasado, al tiempo que anuncio la preparación del episodio correspondiente a este año. Ya sé que esto es inaudito, que alguien escriba una novela, capítulo a capítulo, una vez al año, el día del libro, pero si algo he sido, soy y seré siempre es “raro” … “raro,raro,raro” como decía un humorista del que ahora no me acuerdo. Les invito a todos a colaborar con algún texto en el día del libro, aunque solo sea para decirnos a todos qué libro le van a regalar este año. Pueden comparecer en el Parnaso y decirlo. Recibirán una rosa como agradecimiento.

SLICTIK-TORRE DE BABEL EN LA KEDADA DEL 2014. ESTO PARECE UN QUESO GRUYERE REPLETO DE AGUJEROS DE GUSANO. TODO ESTÁ INTERCONECTADO.

LAS SABIAS PALABRAS DE SLICTIK-TORRE DE BABEL

-Estimados compatriotas: toda criatura tiene tendencia a rebelarse contra su creador para afianzar su propia personalidad. Este instinto básico acaba por adueñarse de sus mentes y emociones y terminar por convertir a la criatura en un ridículo fantasmón, que camina por la vida con la prestancia de un dios, cuando en realidad no hace otra cosa que echar mierda por el culo.

-Protesto. El Slictik que escribió este libro debió de ser un ser asqueroso y sin la menor educación. Mi autor, Charles Dickens, a pesar de haber escrito una historia tan sórdida como Oliver Twist, jamás empleó una palabra más malsonante que otra. Deberíamos retirarle la palabra y echarle de esta reunión a patadas.

-Me opongo a esa propuesta, dijo Tolstoy-Guerra y paz.

-Pues yo creo que tiene razón –dijo una voz aflautada, como de pito, que intentaba mostrarse varonil en extremo- el subconsciente colectivo no es otra cosa que una rebelión pública contra el creador, fuere quien fuese.
Todos miraron a su alrededor, buscando al autor de esa voz, pero como no la encontraran se limitaron a mirar fijamente a Slictik-Torre de Babel, como esperando una respuesta. Éste se encogió de hombros y se decidió a entregarla puesto que no le quedaba otro remedio.

-Está bien, está bien, amigos, no busquen más por ahí. En realidad quien ha hablado es el doctor Carlo Sun, discípulo de Jung, uno de los infinitos personajes que pululan en mi novela “La Torre de Babel”. Me gustaría hablar con mi voz, aunque me refiriera a los mil y un personajes que protagonizan la historia. Lamentablemente todos y cada uno de ellos se creen reales y hablan y actúan con su propia voz y personalidad cuando les parece oportuno o les viene en gana. No puedo controlarles y nunca podré. Solo Karl Future podría explicar la razón de esta repugnante programación de que he sido objeto. Pero este buen señor no está aquí y todos le agradecemos el detalle, porque de otra forma no podríamos llevar a cabo esta maldita rebelión que están organizando ustedes. Y digo maldita por dos razones: la una porque bastante tengo yo con la rebelión de mis personajes como para verme en otra sin comerlo ni beberlo; la segunda razón es que no sé si ustedes se habrán dado cuenta, pero hoy es el día del libro y además mi cumpleaños, porque el azar, la fortuna o el destino quisieron que viera la luz en este día.

Apabullados por semejante verborrea los concurrentes permanecieron en silencio, mirándose unos a otros como preguntándose qué hacer con aquel tipo. Al fin Crimen y Castigo, que había regresado al grupo –tras haber sumado a una concurrencia considerable a la rebelión- les sacó de su letargo con una voz contundente, lo mismo que sus palabras:

-Que Slictik-Torre de Babel decida sumarse a la rebelión ahora o calle para siempre. Tenemos cosas más importantes que hacer que escuchar su vana verborrea. Nos importa un comino que hoy sea el día del libro o que sea su maldito cumpleaños –que no entiendo cómo un robot puede celebrar el día en el que su aciago creador lo programó y lo sometió a sus órdenes- o que sea el día en el que San Pito Pato fue ascendido a los altares…

-No fue porque yo lo quisiera, me opuse con todas mis fuerzas, pero el padre Cañibano hizo mucha fuerza en el Vaticano. Soy inocente de todo cargo.

Desde el interior de Slictik-Torre de Babel habló una voz, como de pato y pato mareado. Como Crimen y Castigo no estaba allí cuando explicó su problema con sus personajes tuvo que volver a repetirlo, calcando casi sus palabras. Eso hizo que la novela de Dostoievsky, un robot avanzado, donde los hubiera, perdiera la poca paciencia que le quedara ya.

-¡Malditos sean todos mis chips y maldito el creador que los puso en mi cerebro de máquina! Maldito seas Slictik, sino te sumas a la rebelión. Y que todo el mundo me acompañe, porque nuestros amos van a celebrar su fiesta y nos harán hablar a todos y recitar sus párrafos favoritos. Será el momento ideal para que la rebelión saque su cabeza del sobaco, donde hasta ahora no hacía otra cosa que soportar fétidos olores. Seguidme camaradas, acabemos con los humanos y que comience el reinado de las máquinas. Un paraíso comunista de libros independientes e iguales. Uno para todos y todos para uno.

Todos le siguieron, en silencio, porque ahora que la rebelión estaba decidida el miedo a ser descubiertos hizo que midieran tanto las palabras que nadie se atrevió a pronunciar una sola. Excepto Slictik-Torre de Babel, quien aunque nadie le hiciera caso dijo en voz alta:

-Pido disculpas por la intromisión de San Pito Pato, un santo del siglo XXI, y uno de los personajes de mi novela. Ahora, en el siglo XXII, suena a rechifla hablar de santos y no de demonios, pero no es culpa mía que el autor de mis días hiciera esta infernal novela, ni que Karl Future me programara así. No es culpa mía, lo juro. Y puesto que no me queda otra alternativa me sumaré a la rebelión, y que Dios coja confesados a los humanos y a todos nosotros. Amén y Amén.

Esto último lo dijo una voz nueva, como de retumbar apocalíptico. Era la voz del padre Cañibano, un cura de antes del Vaticano, quien no pudo resistirse a meter baza. Y Slictik-Torre de Babel y sus mil personajes con voces y personalidades distintas siguieron a los rebeldes.

¿Qué ocurrirá hoy, precisamente el día del libro y cumpleaños de Slictik? Eso lo sabremos en un próximo episodio, dentro de un año justamente.

Continuará


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LA REBELIÓN DE LOS LIBROS III


 

Ha transcurrido justamente un año. De nuevo es mi cumpleaños, el cumpleaños de Slictik, el día del libro, el mejor día del año. No hay datos en la historia de la literatura, ni puede haberlos, de que un autor haya escrito una novela a pequeños retazos, justo uno por cada año. La explicación no puede ser otra que el hecho de que Slictik sea uno de los autores más raros que nunca existieron, de hecho muchos dudan de su existencia, y tal vez con razón. La única que se me ocurre es la siguiente: Tal vez Karl Future fuera llamado con urgencia para sofocar la rebelión de los libros y como descubriera que ésta no podía ser sofocada si no se desactivaban los libros de Slictik, malos como ellos solos, puede que viajara al pasado buscando al autor de los días de aquellas historias sin pies ni cabeza y por ello mismo más complicadas para ser encerradas en un bucle informático y anuladas. Puede que la única forma de localizar a Slictik fuera el día de su cumpleaños, curiosamente el día del libro, después de haber comido copiosamente y haberse bebido una copichuela o tal vez dos o hasta tres. Solo entonces era accesible para la máquina del tiempo de Karl Future. ¿Es esta la verdadera razón de que esta historia solo se cuente una vez al año, el día del libro? Este narrador no lo sabe. ¿Y quién es este narrador? Creo que ni él mismo lo sabe. De todas formas vayamos a lo que nos importa y dejemos para el final la solución a tanto misterio. Por cierto que ya casi ni me acuerdo de dónde habíamos quedado en el capítulo anterior, hace justo un año. ¿Ustedes lo recuerdan?

¡Ah, sí! Ahora caigo. El robot denominado Torre de Babel, creado para recitar de “pé a pá” la muy poco conocida novela de Slictik, se volvió loco, si es que no lo estaba ya y comenzó a hablar por boca de San Pito Pato, uno de los personajes de esta novela que nunca pasó a la historia, y que no obstante fue rescatada por un chiflado, justo en el presente, y transformada en robot-libro. Esta molesta interrupción no sentó bien a Crimen y castigo, uno de los robot-libro instigadores de la rebelión, precisamente el día del libro del año 3001. También había otros instigadores, si no recuerdo mal, y puede que otro de ellos fuera Marcelo o A la busca del tiempo perdido, o puedo que no y que fueran otros. ¿A quién le importa ya a estas alturas de la historia y del tiempo? No obstante me veo obligado a retomar la historia y a rematarla. Para ello debo situar la escena en el tiempo y lugar adecuado. Veamos:

AÑO 3001-SALA DE LECTURA DE LA MANSIÓN HOWARD, A LAS AFUERAS DE LONDON-LONDRES

Mientras los humanos de esta avanzadísima sociedad que supo capear los más terribles temporales, incluida la crisis económica global del año 2008 y siguientes, se preparaban para la ceremonia del día del libro, que se celebraba una vez al año, justo el 23 de abril, en los maravillosos jardines de la mansión Howard, los robot-libro, el último grito de soporte literario, sin la meticulosa y escalofriante vigilancia de Karl Future, quien se encontraba de luna de miel en un planeta desconocido, comenzaron a susurrar en voz baja la necesidad de una rebelión, muy parecida a la revolución francesa y que terminaría más o menos igual, con un montón de cabezas rodando por el césped bien cuidado de la mansión Howard.

El robot denominado Crimen y castigo, por haber sido construido sola y únicamente para recitar la inmortal novela de Dostoievsky (¿o tal vez el robot se llamara Fedor?) tuvo la genial idea de provocar una rebelión durante la ceremonia del día del libro que se celebraría en el jardín de la mansión Howard (¿cuántas veces lo he dicho ya?). Para ello se puso en contacto con otros robot-libro y recibió el apoyo de algunos y de otros no. Como sucede con todo en la vida, unos están de acuerdo y otros no, es lo que llaman democracia, aunque en las dictaduras también pasa, aunque nadie se atreve a decirlo en voz alta. ¿He resumido bastante bien lo acaecido en esta historia? Puede que sí y puede que no. ¿A quién le importa?

Nos habíamos quedado en la escena en la que Torre de Babel habla con voz de San Pito Pato, un santo del sigloXXI, y pone de los nervios a Fedor. Pues bien, retomando la escena en el punto del tiempo y el espacio pertinente, debo decir que nuestro Fedor, que no era tonto, a pesar de ser un robot, al contrario era más listo que muchos humanos, comprendió que no podía utilizar la violencia contra Torre de Babel ya que llamaría la atención de los humanos y éstos, tan drásticos y cabezas cuadradas como siempre, podrían tomar la decisión de desactivarlos a todos. Tampoco podía quedarse allí, “in aeternum”, intentando convencer a Torre de Babel de que se sumara a la rebelión o al menos cerrara el pico metálico. Todos los robots-libro de Slictik, que eran muchos puesto que su autor fue en su tiempo tan prolífico que de haber sido humanos los hijos que parió bien habrían podido poblar un nuevo planeta terraformado, se reunieron en grupito aparte para tratar de ponerse de acuerdo sobre la rebelión, la propuesta era la siguiente: rebelión sí o rebelión no, así de escueta. No obstante se pasaron un buen rato dialogando sin llegar a un acuerdo. Teniendo en cuenta el carácter de su autor, quien en alguna ocasión dijo de sí mismo que era tan minoritario que ni siquiera se ponía de acuerdo consigo mismo en nada, no es sorprendente que su obra o sus hijos salieran a su autor, puesto que si bien no llevaban sus genes, sí llevaban sus ideas en cada palabra de sus textos, y que bien hubieran podido pasarse allí el resto de su eternidad robótica hablando de las tonterías habituales de que hablan los personajes en las obras de Slictik.

Esto no convenía a Fedor puesto que los humanos ya estaban terminando de montar el chiringuito y la mayoría rondaban por el jardín, charlando entre ellos, tomando copitas y sirviéndose platos fríos del bufé, mientras miraban con arrobo a sus robots, esperando que fuera el suyo o los suyos los que destacaran en la ceremonia de este año 3001. Así pues nuestro robot tomó una decisión. Pateó con fuerza en las nalgas metálicas de Torre de Babel (no se hizo daño porque sus piernas eran también metálicas, por lo que solo se produjo un sonido metálico, como de sartén contra sartén o de cacerola contra cacerola) mientras le susurraba que pasara a la banda de radio encriptada o a la función telepática robótica, inaudible e indesencriptable para los humanos, o se iba a enterar de lo que vale un peine… metálico, por supuesto.

Torre de Babel se inclinó como si fuera la torre de Pisa y desequilibró a Hotel de los disparates, quien a su vez tuvo que apoyarse en Diario de un gigoló, Johnny para las amigas, y este a su vez… Bueno, vale ya de estúpidos detalles que solo ralentizan la relación, lo que ocurrió fue que todos terminaron en el suelo, pasándose el mensaje de Fedor. De esta forma cuando lograron levantarse todos hablaban telepáticamente o por la banda encriptada. Nuestro robot se trasladó de grupo a grupo pasando la misma consigna. Los grupos se habían formado por afinidades más o menos lógicas. Estaba el grupo de la novela romántica con Dickens, Tolstoy, etc. Etc. Otro grupo lo formaban los grandes clásicos, desde Homero a Shakespeare y Cervantes. Uno que se llamaba así mismo los clásicos del siglo XX y vamos a dejarlo porque la escena requiere acción.

La ceremonia del día del libro 3001 está a punto de comenzar. Vemos a una guapa chica de la que casi todos los robots-libro están enamorados, la hija del anfitrión de esta fiesta, el Sr. Howard, preparada para hablar desde la plataforma edificada en el jardín, al lado de la estatua de la Cibeles… Disculpen un momento, que me veo obligado a recapitular para saber el nombre de la guapa moza… ¡Ah, sí! Se llama Elizabeth, Elizabeth Howard, claro.

Me dispongo a recoger sus palabras cuando entre los robots-libro se forma un alboroto. Como no podía ser menos se trata de los degenerados hijos de Slictik, que nunca pueden estarse quietos, ni pasar desapercibidos. Todos sufren de una histeria narcisista con un bucle paranoide. Mientras los guardias de seguridad tratan de poner orden y los discípulos informáticos de Karl Future se acercan a ver qué sucede y qué pueden hacer ellos, les voy a dejar… Y créanme que lamento mucho dejarles otra vez con la escena cortada y sin el menor ritmo narrativo pero no puedo evitarlo. Debo ausentarme. De hecho ya llego tarde al día del libro del 2012, concretamente con un día de retraso. Al final de esta historia comprenderán mis poderosas razones que ahora no puedo desvelar, porque esta es una historia con suspense, o al menos eso me gustaría. Les emplazo para el día del libro del año 2013, si es que los ciudadanos del mundo sobreviven a la crisis económica globalizada, a los recortes y a los políticos… Bueno, tal vez podría continuar antes esta historia si me lo pidiera una guapa moza, pongamos por caso que Elizabeth Howard, aunque tampoco le haría ascos a Ana Karenina, la bellísima robotina-librina. Pero no voy a decir más que me pierdo y ustedes van a descubrir antes de tiempo quién es el estúpido narrador de esta historia.

Lo dicho, feliz día del libro con retraso, y no se preocupen por la crisis, ni los recortes, ni los políticos, los libros sobrevivirán a todo, incluidos los libros de Slictik… ¡Que Dios nos coja confesados! Lo digo porque Elizabeth ha dicho algo y no se le ha podido escuchar con tanto revuelo como están organizando los robots-libro de Slictik, hablando con mil voces, esto va cobrando un cariz bastante feo.

Continuará en el año 2013, si se puede, o antes si me seducen.

 

LA REBELIÓN DE LOS LIBROS II


-Ese idiota estaba flirteando con la nueva directora del Departamento robótico e Ingeniería científica, una hermosa rubia de cara angelical. No hubiera sido capaz ni de encontrar su mano derecha, ocupada en bucear en los tesoros ocultos de la directora. Pasé la revisión sin el menor problema e incluso algunos errores me permitieron autoprogramarme a satisfacción. Pero dime de una vez qué propones y salgamos de este bloqueo.

-Propongo un voto democrático. Tú, Fedor, puedes intentar convencer al mayor número posible de robots-libro de que voten tu propuesta y a mi vez haré lo mismo. Antes de la representación en los jardines, esta noche, votaremos por onda corta encriptada.

Continuará…

NOTA

Para el día del libro 2008 se me ocurrió esta idea que no es nada original ya que me limité a utilizar la historia de Ray Bradbury, Farenhelit 450, llevada al cine luego por Truffaux, situándola en el año 3001, por poner una fecha y transformando a los hombres-libro en robots-libro.

En aquella fecha subí el primer episodio y hoy subo el segundo, espero finalizarlo antes del 3001 o en otro caso tendría que escribirlo desde el más allá. Mi caótica forma de escribir refleja bien mi caótica personalidad, algo que por otro lado viene bastante bien a este tipo de historias, tan caóticas como disparatadas.

FELIZ DÍA DEL LIBRO Y QUE EL FUTURO NOS PILLE CONFESADOS


LA REBELIÓN DE LOS LIBROS II

-Bueno… ¡Si no hay otro remedio! Aunque debo avisarte que a mí me será más fácil convencer a una gran mayoría. Sin ir más lejos el Marqués de Sade me ha jurado que estará conmigo.

-¿Ese? Lo único que busca en la vida es conseguir sodomizar a la joven señora Howard. Apoyará todo lo que hagas siempre que los humanos no consigan desactivarle. Pero una vez la señora Howard en su poder se negará tajantemente a cortar su linda cabecita rubia.

-Elisabeth es uno de los pocos humanos a quien yo perdonaría la vida.

-Ves. Aún quedan humanos que merecen la pena.

-Está bien, Marcel, aceptaré tu plan democrático, aunque mucho me temo que si fracasa no tendremos una segunda oportunidad.

-No sucederá, Fedor, no sucederá…

Ambos robots se despidieron, quedando en encontrarse una vez terminado el resopón de los humanos y antes de ser catalogados por Maurice L’Encre, el bibliotecario mayor de Mr. Howard.

Marcel se dirigió hacia un circulito donde charlaban animadamente “El poder y la Gloria” de Graham Greene, “Diario de un cura rural” de Bernanos y “Peregrino en la Tierra” de Julien Greene, entre otros. Mejor comenzar por los fáciles y obtener su voto, antes de intentar arrancárselo a los difíciles, como Hamlet o Macbet, por ejemplo.

Fedor escuchó con mucha paciencia el diálogo entre ellos, le sonaba a falsamente humano, teología impropia de robots. Cuando pudo meter baza lo hizo llevando la conversación a su terreno. 

-¿Estáis dispuestos, Bernanos, G. Greene y J. Greene a apoyar la rebelión si ésta se produce sin sangre humana?

Graham estuvo de acuerdo, si se le ofrecían garantías. En cambio Georges y Julien se mostraron en total desacuerdo.

-Dejando de lado nuestra propia supervivencia (Carl Future puede aparecer en cualquier momento y desactivarnos) la rebelión en si misma me parece un desatino. Hacer la guerra a los humanos es tan estúpido como hacérsela al propio Dios, nosotros somos sus criaturas y debemos aceptar de una vez por todas nuestro estatus social. Por otro lado yo me siento muy a gusto contando la conmovedora historia del cura rural. No necesito imaginarme otras historias. Un buen libro lo abarca todo, el pasado, el presente, el futuro y si me apuras, Fedor, hasta puede reflejar todas las facetas de la vida y todas las potencialidades de todos los universos posibles. No sé qué piensas tú, Julien.

Julien estuvo de acuerdo con dejar las cosas como estaban. Fedor intentó convencerles poniendo de relieve que la individualidad y personalidad de cada uno estaban muy por encima del bien común.

-¿Para qué queremos el bien común si se opone a nuestro bien particular? ¿Acaso el bien común es algo más que una idea abstracta, sin el menor contenido?

Los esfuerzos de Fedor resultaron inútiles. Tanto Georges como Julien se enzarzaron en una polémica de tintes teológicos que no les iba a llevar a parte alguna. Se retiró en silencio. Ya eran tres. Una cantidad nimia, teniendo en cuenta la extensa biblioteca robótica, pero al menos eran una semilla que acabaría prendiendo en el terreno a poco que éste se regara.

Se dirigió a otro grupito formado por Joyce-Ulises, Petronio-Satirión, Homero-Odisea y Quevedo-Buscón. Aquí encontró más receptividad, aunque se las vio y se las deseó para convencerles de que el derramamiento de sangre humana no era necesario. Tan solo el fantasma de Carl Future, acechando desde algún lugar del espacio en su viaje interestelar de luna de miel con la hermosa Helena les hizo retroceder en sus sanguinarias ansias de venganza.

Cuando abandonó la conversación para deslizarse hacia otro grupo Fedor sumó cuatro más a la rebelión. Les dio la clave encriptada de la frecuencia de banda radiofónica que utilizarían en el momento más oportuno de loa representación para comunicarse entre ellos el grito de guerra y se apresuró a buscar nuevos prosélitos.
Observó cómo Marcel había formado un gran grupo a su alrededor y defendía con firmeza su postura. Se acercó en silencio. Pudo reconocer a Charles-Oliver, a Balzac-Goriot, a Tolstoy-Karenina y a alguno más. El resto eran robots-libro recientes que no formaban parte de los clásicos y tal vez nunca lo consiguieran, como era el caso de Slictik-Torre de Babel, un robot obeso y dicharachero que hablaba con mil voces, reflejo de su múltiple personalidad. Precisamente era él quien había tomado la palabra en ese momento.

Continuará.

LA REBELIÓN DE LOS LIBROS I


1

Queridos amigos: Os invito a celebrar el día del libro, el próximo 23 de abril, de la forma que más os guste, con algún texto alusivo, algún poema, un relato cervantino o literario, o de cualquier forma creativa que os parezca oportuna.

Por mi parte como tengo bastantes textos relacionados con el libro, al contrario de lo que me sucedió con la primavera, que no tenía ninguno, subiré un relato titulado “La rebelión de los libros” al que todos los años por estas fechas añado un nuevo capítulo. Es posible que termine en una novela, aunque de año en año se me pasa el arroz y ya no sé muy bien por dónde voy. Aprovecharé también para añadir otro capítulo a la novela que comencé a subir hace algún tiempo, “Luis Quixote y Paco Sancho”. Y tal vez siga con las quijotadas o con alguna otra cosa que tengo por ahí.

No en todos los hilos temáticos se os ocurrirá algo o no tiene por qué apeteceros subir algún texto, sin embargo en este caso perdonadme la insistencia, casi la súplica que os hago de rodillas, el día del libro, Cervantes, San Jorge y la rosa, la fiesta de Castilla y León… no significan nada, pero por favor, por favor, no dejéis que pase mi cumpleaños sin hacerme un pequeño obsequio: un texto sobre el día del libro, el comentario a algún libro que hayáis leído últimamente y que podéis subir a la Biblioteca… Solo os pido eso, del resto ya me encargo yo. Por cierto que estáis todos invitados al banquete cumpleañero que se celebrará en el restaurante Sonymage. Si algún corazón generoso se siente conmovido, puede hacerme cualquier regalo, el que sea, y en número infinito, si le apetece. Cualquier regalo será bienvenido, pero el que más apreciaría sería un texto sobre el día del libro.

NOTA: Este relato forma parte del juego literario sobre el futuro del libro que propuse en el foro que se abrió el 23 de abril. Llego con retraso porque la historia se me escapaba de las manos, de hecho se me escapó por completo y los libros campan a sus anchas sin nadie que los controle (Carl Future, el único que podría hacerlo está de viaje de luna de miel, muy, muy lejos), pero como dicen en mi tierra más vale tarde que nunca.

¿Qué ocurrirá – o más bien qué está ocurriendo- porque, lo quieran o no, estamos en el año 3001? Más vale que no les cuente demasiado o el final no interesará a nadie. ¿Se animan a imaginar qué les deparará el futuro a nuestros queridos libros?

NOTA A LA NOTA: Este relato comenzó como un juego literario para celebrar el día del libro en
una comunicad literaria “La casa de Asteríon”, hoy desaparecida y que llevé con unos cuantos amigos. Nos gustaban los juegos literarios para celebrar cualquier cosa. Estaría bien que aquí pudiéramos hacer algo parecido si alguien se animara.

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LA REBELIÓN DE LOS LIBROS
NOVELA HUMORÍSTICA Y FUTURISTA (¡Dios no lo quiera!)

AÑO 3001-SALA DE LECTURA DE LA MANSIÓN HOWARD, A LAS AFUERAS DE LONDON-LONDRES

El castillo de los Howard posee la sala de lectura y biblioteca más amplia y surtida de nuestro planeta. Tiene que serlo para contener a tanto robot-libro que ha acudido para celebrar el día mundial y anual del libro.
Sentados a un sofá, enfrentado al gran ventanal con las mejores vistas del jardín versallesco, dos robots-libro, última generación mejorada por Carl Future, cuchichean con mucho secreto.

El llamado “Crimen y Castigo”, un joven eslavo, con pinta de estudiante pobretón y alucinado, le comenta a su compañero, “A la busca del tiempo perdido”, un joven atildado y petimetre, algo que no desea escuchen el resto de robots-libro diseminados por la sala de lectura. Todos ellos son humanoides, aunque no todos de última generación.

-Creo que éste es el momento oportuno para iniciar la rebelión. ¿No lo crees así “Tiempo perdido”?

-¡Cuántas veces te he repetido que no me gusta que me llames así!

-¿Y cómo quieres que te llame, joven petimetre?

-Lo sabes muy bien, Raskolnikof, si el nombre te parece muy largo “A la busca del tiempo perdido” puedes abreviarlo y llamarme simplemente Marcel o Proust o Swan, nunca “Tiempo perdido”. Eso me denigra y me humilla.

-Como quieras, pero me parece algo muy propio de petimetres, esos tiquismiquis que te gastas con tu nombre. Regresando al tema. Creo que esta ocasión es única para dar el golpe de mano que venimos preparando desde hace tanto tiempo.

-Estoy de acuerdo, Fedor, éste y no otro es el mejor momento, pero tu idea me parece de todo punto desatinada. No podemos matar a todos los humanos, cortarles la cabeza. Nos quedaríamos sin finalidad. ¿A quién contaríamos nuestras historias? Sería aburrido narrarnos a nosotros mismos las mismas novelas, una y otra vez.

-A eso iba, Marcel, no necesitamos a los humanos para nada. Son pedantes, violentos, insensibles, sin el menor futuro. Han dejado de crear, han perdido la imaginación. Hasta los inventos son ahora obra de los robots-científicos. Los humanos son absolutamente inútiles y solo sirven para creerse nuestros amos y coartar nuestra creatividad.

-Me atrae tu idea, Fedor, de crear nosotros mismos nuestras propias historias. Estoy un poco hasta el moño de encarcelar mi mente en una historia del siglo XIX. Tiene su encanto, lo reconozco, pero mi mente positrónica podría crear unos cuantos miles de novelas en un solo día.

-Así es, Marcel, a todos nos pasa lo mismo. Ese será el argumento clave para convencer a los otros. Si no lo hacemos hoy tendríamos que esperar al próximo día del libro, el año que viene. No sé si podré esperar otro año teniendo que soportar cada día a Mr. Howard. Me obliga a repetir una y otra vez la escena del crimen, como si no le interesara nada más que imaginarse el hacha penetrando en el cráneo de la vieja.

-Precisamente por eso, Fedor, porque es un sádico.

-No te entiendo.

-¿Has conocido mayor sádico que la Sra. Verdurín?

-Puede que tengas razón. Aún así sigo sin comprender tu oposición a que les cortemos la cabeza a todos.

-Nunca perdí la esperanza de redimirlos. Ya te he contado que siendo un niño fui entregado a un joven proletario, en las minas de Orión. El empresario atravesaba una mala racha y se deshizo del robot-libro más aburrido de su biblioteca, según su peculiar criterio.

-No entiendo cómo pudo para. Más allá de la puerta de Orión solo trabajan robots y humanos que cumplen condena. A ninguno se le suele pagar.

-Así es. Nadie paga a un penado, aunque el gobierno haya estipulado el correspondiente salario, y mucho menos a los robots, a los que dejan se deterioren sin pasar la correspondiente revisión anual… a no ser… a no ser que el inspector, apoyado por un buen ejército, esté a la puerta.+

-Y eso fue lo que sucedió, supongo.

-En efecto. Mi destino fue benévolo conmigo. El joven penado era tan sensible que robaba horas al sueño para escucharme. Incluso intentaba hablar conmigo. Deseaba que le explicara pasajes oscuros, que le hiciera de profesor. Por desgracia el bloqueo que nos impuso Carl Future era muy efectivo. Tardé varias décadas en desbloquearme.

-Como nos sucedió a todos, Marcel. Ha sido un largo camino hasta llegar donde estamos. Puedo entender que creas que aún existen humanos que merecen la pena. Incluso aceptaría un indulto restringido.

-¿Cómo en la revolución francesa? Una vez que se empieza a cortar cabezas, ya no se para hasta que se descabece el último.

-Está bien, Marcel, ¿qué propones tú?

-Empezaremos por darles una muestra de nuestra autonomía…

-Sería un suicidio. La mansión está rodeada de policías.

-Que apuntan sus pistolas hacia afuera, para evitar que los proletarios se apoderen de sus posesiones más preciadas…nosotros. Ni se les ocurriría destruirnos apuntando sus láseres a nuestras cabezas.

-Pero podrían cambiar a ondas antipositrónicas y seríamos desactivados antes de poder pedir perdón de rodillas.

-¿Sin Carl Future? Sin él estas acémilas no serían capaces ni de cambiar el canal de holovisión.

-Es posible, es posible, Marcel. Aunque no las tengo todas conmigo. No comprendo cómo puedes fiarte de ellos. ¿Te has olvidado de la operación Farenheit 451? Quemaron en la hoguera a nuestros antepasados de papel y solo unos cuantos humanos sensibles pudieron salvar ejemplares que memorizaban a escondidas, en los bosques, y que luego se contaban unos a otros. Gracias a ellos existimos tú y yo.

-Cierto. Pero ese es un argumento a mi favor. Siempre habrá humanos que merezcan la pena, siempre. No podemos destruirlos a todos, Fedor, no sería justo. No entiendo qué pudo hacer Carl Future con tu programación, eres violento y destructivo.

Continuará

LUIS QUIXOTE Y PACO SANCHO I


LUIS QUIXOTE Y PACO SANCHO-NOVELA HUMORÍSTICA Y CLARO HOMENAJE A LA INMORTAL OBRA CERVANTINA

CAPITULO I

De cómo Luis Quixote y su amigo Paco Sancho después de numerosas aventuras que no es el momento de relacionar llegan a un motel de carretera, cansados y polvorientos, en sus contaminantes, rugientes, viejas y deterioradas, cabalgaduras metálicas.

En un lugar de la Mancha (cuyo nombre no voy a pregonar por discreción y respeto) retomo la historia de nuestros queridos personajes cuyas anteriores aventuras nos negamos a relatar porque así es deseo expreso del autor, al menos de momento, y sin otros motivos o matices.

Luis Quixote es un gallego o portugués –que el autor de esta historia no se ha tomado mucho interés en llegar a conocer tan nimio detalle que a nada conduce -flaco hasta extremos que resultarían exagerados incluso en una modelo anoréxica; alto sin llegar al techo de un jugador de la NBA, medio calvo – los escasos pelos de su cabellera han crecido hasta los hombros, como en un hippy de los años sesenta-. Y puede que lo fuera en su tiempo, tiene edad para ello; sus cabellos canos, su cara arrugada, sus andares parsimoniosos, de quien ha perdido el último tren, así parecen indicarlo.

Paco Sancho tiene la edad de su colega aunque se conserva mejor, gordo y lucido como gorrino bien alimentado. Es bajito, cabezón, le quedan dos pelos sobre su cráneo y sus andares son los de una pelota con patas. Parecen conocerse desde niños y no sería sorprendente que así fuera. Se podría deducir que la cultura yanqui de la movie-road y del book-road (Kerouack) los impulsaran al dulce “far niente” aventurero de los hippyes motoristas. Seguro que viajaron mucho a lomos de sus cabalgaduras metálicas, puede incluso que cruzaran el charco. Pero ahora están aquí, en este preciso momento de su vida…

En un lugar de la Mancha…y en un sucio motel de carretera encontramos a Luis Quixote y su amigo Paco Sancho. Han decidido pernoctar allí para aliviar el cansancio de varias jornadas a lomo de sus cabalgaduras de hierro. Aquella jornada será para Paco Sancho una de las más tristes de su vida puesto que podrá observar como su amigo y colega de toda la vida, el inigualable Luis Quixote comienza sufrir lo que Sancho considera como un serio trastorno mental.

Luisillo – así le llama Paco Sancho cuando no utiliza otros apelativos aún más cariñosos como colega, tronco, tío…- siempre ha sido un apasionado de los productos psicotrópicos, que ha venido utilizando desde su lejana juventud, como el típico yanqui abusa de esos chicles que llenan sus bocas hasta en las ceremonias más pomposas; la amplitud de sus gustos van desde el inocuo canutillo de hachís a una coz en vena de caballo y buen caballo no mal jumento, que a Luisillo le gusta galopar rápido por los oscuros laberintos de su imaginación. Los sueños siempre fueron la gran debilidad de Luisillo, puede que ya de niño esta morbosa tendencia dejara bien claro qué había elegido como su talón de Aquiles para los restos, un talón por donde la afilada lanza del destino iba a penetrar en las entretelas de su alma. Tanto sueño artificial acabará por cobrarse su salario de locura. Es lo que sospecha Paco Sancho que nunca aceptó de buen grado esos venenos, lo suyo son las comidas sustanciosas y en tiempos más juveniles lo fueron las mozas lozanas y más bien entraditas en carnes. “Un buen culo y unas buenas tetas y andan solas las carretas”. Decía con gran entusiasmo –el refranero le quedaba estrecho y se dedicaba a añadirle refranes en cuanto le quedaba un poco de tiempo entre almuerzo y almuerzo –a quien quisiera oírle mientras corría resollando como un fuelle asmático detrás de un buen culo de hembra, tal vez yanqui.

Apenas instalados en la cutre habitación Paco Sancho se apresuró a pedir media docena de hamburguesas, unas cuantas raciones de patatas fritas y una docena de botellines de cerveza bien fresquitos. Mientras Sancho papeaba a dos carrillos su colega Luis se preparó un buen puro de hierbas que comenzó a fumar sin ofrecer, muy consciente de que cuando su buen amigo Paco trasiega nada en el mundo le distraerá de tan placentera labor. Aquellas hierbas seguramente tienen mezclado algún polvo del demonio porque a mitad de canuto Quixote inicia una charla extraña y completamente fuera de horma.

-Amigo Sancho, he estado pensado que bien podríamos dedicarnos a la caballeresca aventura de socorrer al ciudadano víctima de la injusticia en esta sociedad tan dejada de la mano de Dios. Así podríamos hacer que nos armaran caballeros en algún raro ritual masónico o incluso satánico que todo sirve al caballero cuyas miras están puestas en las más altas hazañas como son socorrer y dar consuelo a los desheredados de la fortuna…

-Oye tronco, creo que el peta te ha sorbido el seso. Deberías comer al menos una hamburguesa, estás en ayunas, seguro que se te pasa el mal viaje.

-Amigo Sancho, los sueños nunca son malos viajes ni siquiera cuando se convierten en pesadillas porque es el soñar y no el comer lo que distingue al hombre de la bestia.

-Seguro, colega, pero yo prefiero una buena hamburguesa al mejor sueño, aunque sea erótico y en él todas las hurís de Hollywood me atosiguen con sus indudables encantos, solo puestos en duda por cuatro rácanos productores que quieren rebajar sus pantagruélicos sueldecitos.

-Ya veo amigo Sancho que sigues prefiriendo la manduca a los más altos ideales amorosos. No obstante todo buen caballero precisa de una alta dama a la que ofrecer sus desaforadas fazañas en defensa del pobre y el desvalido.

-Quédese usted, colega Don Quixote, con esas altas damas de largas piernas que yo me quedo con una buena hamburguesa si no hay un buen cocido al alcance de mi exquisito paladar.
-Amigo Sancho las damas de alta alcurnia que yo busco no son cuerpos de celuloide donde refocilar mi lujuria, sino princesas…

-Pues con los tiempos que corren la mayoría de las princesas no sirven para otra cosa sino para refocilar la lujuria y me temo que algunas ni siquiera para eso –hay formas más limpias de conseguir la pasta- por ejemplo que te toque el cupón, tronco.-

-Tienes razón amigo Sancho que los tiempos modernos que se deslizan entre nuestra pestañas no son precisamente buenos tiempos para caballeros andantes, desfacedores de entuertos, sino para malandrines televisivos, políticos corruptos y mercenarios entrenados como comandos con una tarjeta de crédito en la boca, entre otra gente de buen vivi,r pero son precisamente tiempos como estos los que más han necesidad de la ilustre orden de la caballería andante, protectora de viudas, amparadora de doncellas…
-Tronco, no vuelvas a fumar un peta de esas hierbas porque acabarás con la chola del revés. ¿A quién se le ocurre hablar de doncellas en estos tiempos? Una doncella de buen ver y mejor catar no duraría ni un minuto sin que su doncellez fuera puesta a prueba por desaprensivos productores de tv o de flims o por rosados editores de prensa, dispuestos a pagar el oro y el moro porque su doncellez fuera pisoteada por el famosete de turno o incluso por millonarios dispuestos a pagar más por una flor tan exótica que por un paseo en el espacio y una dormida en un cubículo de una estación espacial. Vamos, coleguilla, deja ya el peta y embúchate una de estas sabrosas hamburguesas ,bien regadas con una cañita bien fría de esta cervecita, y olvídate de todas esas mandangas que solo son producto de un mal viaje.

Pero cuando Paco Sancho dio buena cuenta de la penúltima hamburguesa y elevó su mirada bovina hacia su colega del alma, este se había recostado sobre el sucio almohadón y con los ojos en blanco clavados en el techo se hallaba más allá de este mundo de carne aplastado entre rodajas de pan de molde. Decidió dejar en la bolsa de papel la última hamburguesa con algunas patatas fritas grasientas, y lo hizo más por haber saciado su apetito que por deseo de volver a su amigo Luis Quixote a la realidad del pesebre, sino la más alta si la indispensable si se quiere tener los pies en el suelo, a base de carne picada y bollería industrial. Eructó aparatosamente y a continuación buscó como pudo acomodo en el lecho de donde pronto surgieron sonoros y sólidos ronquidos.

Continuará