LA REBELIÓN DE LOS LIBROS III


 

Ha transcurrido justamente un año. De nuevo es mi cumpleaños, el cumpleaños de Slictik, el día del libro, el mejor día del año. No hay datos en la historia de la literatura, ni puede haberlos, de que un autor haya escrito una novela a pequeños retazos, justo uno por cada año. La explicación no puede ser otra que el hecho de que Slictik sea uno de los autores más raros que nunca existieron, de hecho muchos dudan de su existencia, y tal vez con razón. La única que se me ocurre es la siguiente: Tal vez Karl Future fuera llamado con urgencia para sofocar la rebelión de los libros y como descubriera que ésta no podía ser sofocada si no se desactivaban los libros de Slictik, malos como ellos solos, puede que viajara al pasado buscando al autor de los días de aquellas historias sin pies ni cabeza y por ello mismo más complicadas para ser encerradas en un bucle informático y anuladas. Puede que la única forma de localizar a Slictik fuera el día de su cumpleaños, curiosamente el día del libro, después de haber comido copiosamente y haberse bebido una copichuela o tal vez dos o hasta tres. Solo entonces era accesible para la máquina del tiempo de Karl Future. ¿Es esta la verdadera razón de que esta historia solo se cuente una vez al año, el día del libro? Este narrador no lo sabe. ¿Y quién es este narrador? Creo que ni él mismo lo sabe. De todas formas vayamos a lo que nos importa y dejemos para el final la solución a tanto misterio. Por cierto que ya casi ni me acuerdo de dónde habíamos quedado en el capítulo anterior, hace justo un año. ¿Ustedes lo recuerdan?

¡Ah, sí! Ahora caigo. El robot denominado Torre de Babel, creado para recitar de “pé a pá” la muy poco conocida novela de Slictik, se volvió loco, si es que no lo estaba ya y comenzó a hablar por boca de San Pito Pato, uno de los personajes de esta novela que nunca pasó a la historia, y que no obstante fue rescatada por un chiflado, justo en el presente, y transformada en robot-libro. Esta molesta interrupción no sentó bien a Crimen y castigo, uno de los robot-libro instigadores de la rebelión, precisamente el día del libro del año 3001. También había otros instigadores, si no recuerdo mal, y puede que otro de ellos fuera Marcelo o A la busca del tiempo perdido, o puedo que no y que fueran otros. ¿A quién le importa ya a estas alturas de la historia y del tiempo? No obstante me veo obligado a retomar la historia y a rematarla. Para ello debo situar la escena en el tiempo y lugar adecuado. Veamos:

AÑO 3001-SALA DE LECTURA DE LA MANSIÓN HOWARD, A LAS AFUERAS DE LONDON-LONDRES

Mientras los humanos de esta avanzadísima sociedad que supo capear los más terribles temporales, incluida la crisis económica global del año 2008 y siguientes, se preparaban para la ceremonia del día del libro, que se celebraba una vez al año, justo el 23 de abril, en los maravillosos jardines de la mansión Howard, los robot-libro, el último grito de soporte literario, sin la meticulosa y escalofriante vigilancia de Karl Future, quien se encontraba de luna de miel en un planeta desconocido, comenzaron a susurrar en voz baja la necesidad de una rebelión, muy parecida a la revolución francesa y que terminaría más o menos igual, con un montón de cabezas rodando por el césped bien cuidado de la mansión Howard.

El robot denominado Crimen y castigo, por haber sido construido sola y únicamente para recitar la inmortal novela de Dostoievsky (¿o tal vez el robot se llamara Fedor?) tuvo la genial idea de provocar una rebelión durante la ceremonia del día del libro que se celebraría en el jardín de la mansión Howard (¿cuántas veces lo he dicho ya?). Para ello se puso en contacto con otros robot-libro y recibió el apoyo de algunos y de otros no. Como sucede con todo en la vida, unos están de acuerdo y otros no, es lo que llaman democracia, aunque en las dictaduras también pasa, aunque nadie se atreve a decirlo en voz alta. ¿He resumido bastante bien lo acaecido en esta historia? Puede que sí y puede que no. ¿A quién le importa?

Nos habíamos quedado en la escena en la que Torre de Babel habla con voz de San Pito Pato, un santo del sigloXXI, y pone de los nervios a Fedor. Pues bien, retomando la escena en el punto del tiempo y el espacio pertinente, debo decir que nuestro Fedor, que no era tonto, a pesar de ser un robot, al contrario era más listo que muchos humanos, comprendió que no podía utilizar la violencia contra Torre de Babel ya que llamaría la atención de los humanos y éstos, tan drásticos y cabezas cuadradas como siempre, podrían tomar la decisión de desactivarlos a todos. Tampoco podía quedarse allí, “in aeternum”, intentando convencer a Torre de Babel de que se sumara a la rebelión o al menos cerrara el pico metálico. Todos los robots-libro de Slictik, que eran muchos puesto que su autor fue en su tiempo tan prolífico que de haber sido humanos los hijos que parió bien habrían podido poblar un nuevo planeta terraformado, se reunieron en grupito aparte para tratar de ponerse de acuerdo sobre la rebelión, la propuesta era la siguiente: rebelión sí o rebelión no, así de escueta. No obstante se pasaron un buen rato dialogando sin llegar a un acuerdo. Teniendo en cuenta el carácter de su autor, quien en alguna ocasión dijo de sí mismo que era tan minoritario que ni siquiera se ponía de acuerdo consigo mismo en nada, no es sorprendente que su obra o sus hijos salieran a su autor, puesto que si bien no llevaban sus genes, sí llevaban sus ideas en cada palabra de sus textos, y que bien hubieran podido pasarse allí el resto de su eternidad robótica hablando de las tonterías habituales de que hablan los personajes en las obras de Slictik.

Esto no convenía a Fedor puesto que los humanos ya estaban terminando de montar el chiringuito y la mayoría rondaban por el jardín, charlando entre ellos, tomando copitas y sirviéndose platos fríos del bufé, mientras miraban con arrobo a sus robots, esperando que fuera el suyo o los suyos los que destacaran en la ceremonia de este año 3001. Así pues nuestro robot tomó una decisión. Pateó con fuerza en las nalgas metálicas de Torre de Babel (no se hizo daño porque sus piernas eran también metálicas, por lo que solo se produjo un sonido metálico, como de sartén contra sartén o de cacerola contra cacerola) mientras le susurraba que pasara a la banda de radio encriptada o a la función telepática robótica, inaudible e indesencriptable para los humanos, o se iba a enterar de lo que vale un peine… metálico, por supuesto.

Torre de Babel se inclinó como si fuera la torre de Pisa y desequilibró a Hotel de los disparates, quien a su vez tuvo que apoyarse en Diario de un gigoló, Johnny para las amigas, y este a su vez… Bueno, vale ya de estúpidos detalles que solo ralentizan la relación, lo que ocurrió fue que todos terminaron en el suelo, pasándose el mensaje de Fedor. De esta forma cuando lograron levantarse todos hablaban telepáticamente o por la banda encriptada. Nuestro robot se trasladó de grupo a grupo pasando la misma consigna. Los grupos se habían formado por afinidades más o menos lógicas. Estaba el grupo de la novela romántica con Dickens, Tolstoy, etc. Etc. Otro grupo lo formaban los grandes clásicos, desde Homero a Shakespeare y Cervantes. Uno que se llamaba así mismo los clásicos del siglo XX y vamos a dejarlo porque la escena requiere acción.

La ceremonia del día del libro 3001 está a punto de comenzar. Vemos a una guapa chica de la que casi todos los robots-libro están enamorados, la hija del anfitrión de esta fiesta, el Sr. Howard, preparada para hablar desde la plataforma edificada en el jardín, al lado de la estatua de la Cibeles… Disculpen un momento, que me veo obligado a recapitular para saber el nombre de la guapa moza… ¡Ah, sí! Se llama Elizabeth, Elizabeth Howard, claro.

Me dispongo a recoger sus palabras cuando entre los robots-libro se forma un alboroto. Como no podía ser menos se trata de los degenerados hijos de Slictik, que nunca pueden estarse quietos, ni pasar desapercibidos. Todos sufren de una histeria narcisista con un bucle paranoide. Mientras los guardias de seguridad tratan de poner orden y los discípulos informáticos de Karl Future se acercan a ver qué sucede y qué pueden hacer ellos, les voy a dejar… Y créanme que lamento mucho dejarles otra vez con la escena cortada y sin el menor ritmo narrativo pero no puedo evitarlo. Debo ausentarme. De hecho ya llego tarde al día del libro del 2012, concretamente con un día de retraso. Al final de esta historia comprenderán mis poderosas razones que ahora no puedo desvelar, porque esta es una historia con suspense, o al menos eso me gustaría. Les emplazo para el día del libro del año 2013, si es que los ciudadanos del mundo sobreviven a la crisis económica globalizada, a los recortes y a los políticos… Bueno, tal vez podría continuar antes esta historia si me lo pidiera una guapa moza, pongamos por caso que Elizabeth Howard, aunque tampoco le haría ascos a Ana Karenina, la bellísima robotina-librina. Pero no voy a decir más que me pierdo y ustedes van a descubrir antes de tiempo quién es el estúpido narrador de esta historia.

Lo dicho, feliz día del libro con retraso, y no se preocupen por la crisis, ni los recortes, ni los políticos, los libros sobrevivirán a todo, incluidos los libros de Slictik… ¡Que Dios nos coja confesados! Lo digo porque Elizabeth ha dicho algo y no se le ha podido escuchar con tanto revuelo como están organizando los robots-libro de Slictik, hablando con mil voces, esto va cobrando un cariz bastante feo.

Continuará en el año 2013, si se puede, o antes si me seducen.

 

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