LOS FAMOSOS DE LILY I (RELATO ERÓTICO)


NOTA: Animado por el mano a mano que se traen Gregorio y Mr. Bernie, me he animado a rescatar algunos relatos que en su momento subí a la sección erótico de la desaparecida Grupobuho, que creo recordar tenía el nombre de “En tu alcoba” o algo parecido. Los famosos de Lily formaban parte del inacabable culebrón erótico “Diario de un gigoló”, pero decidí desgajarlos y crear una nueva saga con los mismos protagonistas pero con otras historias diferentes y más morbosas. Lily es Lilian, la madame que recluta a Johnny en Diario de un gigoló y que se ha montado un negocio sexual realmente delirante y también muy divertido, porque el humor nunca falta en estas historias. Anabél, Ani, como la llama Johnny, es una preciosa mulata cubana con una larga historia que se cuenta en “Cien mujeres en la vida de un gigoló” y con la que nuestro personaje llega a formar una pareja más o menos estable y peculiar. Los famosos de Lily es una sección en la que se cuenta una parte del negocio de la madame dedicada a los famosos y famosetes que buscan sus diversiones sexuales o que se prostituyen a escondidas. El primer episodio son estas historias de Zoilín, un peculiar personaje de la prensa rosa, que consigue de Lily que el pague en carne sus informaciones y alcahueteos con los famosos y famosetes de turno. Como no he tenido tiempo de revisar la versión de Buho y como ya casi ni me acordaba que conservara estos relatos pido disculpas si hay algún párrafo demasiado explícito o algún episodio un tanto demasiado-atrevido. Los relatos se escribieron para una sección de Buho que advertí al lector de lo que se iba a encontrar y no se aconsejaba la entrada a menores, por lo que no me preocupé en exceso en hacer demasiadas elipsis o en utilizar un lenguaje discreto. Siempre fue un divertimento que encajaba muy bien con la historia lineal y cronológica de “Diario de un gigoló”. Espero que resulte refrescante para este verano, aunque si soy sincero creo que buena parte de estos relatos deben andar perdidos entre mis numerosos manuscritos en alguna carpeta y desconozco en este momento si la historia podrá ser rematada en su momento o no. Remito a los lectores al hilo de Diario de un gigoló donde subiré algunas anotaciones más para la guía del lector que hagan referencia y expliquen algo más de estos episodios, enmarcados en la historia general.

LOS FAMOSOS DE LILY

HISTORIAS DE ZOILÍN- EL PARAJITO CANTOR

Cuando Lily se encontró a Zoilín, el pajarito cantor, en su camino, yo aún no había sido captado por mi dulce panterita para el duro oficio de satisfacer a las mujeres a cambio de un módico estipendio ( díganme ustedes si no es módico cualquier precio por llegar al éxtasis, subir al séptimo cielo y bajar, sin verse obligados a degustar el alimento para jilgueritos de plástico de las compañías aéreas). Por tanto lo que les voy a contar no procede de cosecha propia, sino del buen vino embotellado y etiquetado por Anabel para el exquisito paladar de Johnny. Seguro que no tendrá la gracia sandunguera y esa sensualidad que Dios le dio a mi Any hasta en el tono de su voz, pero les aseguro que haré lo que pueda para que nada se pierda por el camino.

Ella estuvo presente en la primera entrevista entre ambos, en la que el ratoncito fue engatusado y transformado en correveidile de Lily entre los famosos de este país y algún que otro pajarraco de fama internacional. Ambas damas no sabían qué pensar de la extraña manía de aquel hombrecito que no dejaba un solo instante de intentar fotografiarlas con sus ojos hasta obtener un primer plano de sus rostros. Aún no habían leído a Freud y por tanto ni se les pasó por la imaginación que una persona pudiera llegar a caer en manías tan surrealistas y perversas.

El esfuerzo de Zoilín resultó inútil (está por ver el hétero que hubiera tenido éxito en lo que pajarito cantor se proponía). La vista se le desvió, contra su voluntad, a los pechos y piernas de aquellos monumentos de mujer. Se habían puesto escuetas minifaldas pensando que así seducirían mejor al hombrecito. ¡Oh, ingenuas y cándidas palomitas!

Luego de poner cara de circunstancias (me hubiera gustado ver su jeta) pajarito cantor pidió permiso para transplantarse al servicio sin pisar suelo, tal como hacían en la serie de Star Treak. Y poco le faltó para conseguirlo porque se volatilizó delante de los ojos de las damas como un cohete, pequeño pero cohete, en ignición. Lo que sucediera en aquel lugar retirado o retrete Any no lo supo nunca, pero tanto ella como yo nos lo imaginamos sobradamente.

Regresó pálido como un muerto y con la respiración bajo mínimos. De esta manera pudo hablar con las damas durante media hora sin verse obligado a poner un candado a su mirada, aunque justo es admitirlo, en un estado cercano a la catatonia.

Lily, cuenta Anabel con gracia inigualable, le miraba y remiraba como si un extraterrestre, pequeñito pero extraterrestre, se hubiera colado por su ventana con el único deseo de alegrar su colita, masturbándose en sus narices. No sabía muy bien qué tono emplear con aquel ridículo pervertido que sacaba su lengüita y ponía los ojos en blanco cada vez que fijaba su mirada atrevida en pechos o muslos. Any, muerta de risa, le echó una mano, mejor dicho, un par de tetas y de muslos, y así mientras la miraba a ella Lily podía reencontrarse y tranquilizarse antes de formular su siguiente pregunta.

-¿Es cierto que es usted el periodista de este país mejor informado sobre los trapos sucios de famosos, famosas, aristócratas, poderosos y gente escogida por la vida para ser únicos e irrepetibles?

La pregunta no estaba formulada de esta manera pero Any lo adornaba todo y sus adornos resultaban siempre mejores que el mobiliario, por lo que mantengo y reitero la pregunta. Se produjo un corte de respiración en Zoilín, a quien ponía en trance hasta el vibrato de la voz de Lily.

-No encontrará otro mejor. Por un módico precio le cuento hasta la talla de las bragas y calzoncillos de los famosos.

-¿Y qué módico precio sería ese?

-Yo preferiría que se me pagara en carne. Usted me entiende.

-No, no le entiendo, querido amigo. Un polvo con cualquiera de estas dos damas aquí presentes le costaría un ojo de la cara y la mitad del otro.

Enrojecimiento progresivo y convulso del rostro de Anabel que estaba a punto de reventar de risa, al tiempo que intentaba controlarse por arriba, la risa, y por abajo, el pis. Se hubiera ido corriendo también al servicio o retrete, aunque por un motivo distinto que Zoilín, si la sensación de que se perdería algo muy importante no la hubiera aplastado contra el sillón.

Aguantó como pudo y así yo pude enterarme, con el tiempo, de esta clamorosa escena. Me la contaba Any entre risa y risa e hipido e hipido. Estábamos en su apartamento, concretamente en su habitación y aún más concretamente en su lecho. Desnudos, por más señas, y en el relajo subsiguiente a un polvo antológico en el que ambos dimos lo mejor de nosotros mismos, sin dejar ni un litro de gasolina en la reserva. A mí me entró sueño, indomeñable y evidente, y Any, despierta, como Julieta en el balcón esperando otra vez a Romeo, decidió que la única forma de mantenerme en vela, con el posible premio de otro polvote de propina, era contarme una nueva historia de Zoilín, un personaje que me resultaba particularmente simpático y divertido. Se pueden imaginar la escena con muy poco esfuerzo: dos cuerpazos de primera, desnudos sobre la cama revuelta, riéndose a mandíbula batiente conforme la historia avanza.

 

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