Mes: enero 2015

LAS HISTORIAS DE BAUTISTA


LAS HISTORIAS DE BAUTISTA

INTRODUCCIÓN

Todos los martes, antes de la clase de yoga mental, me paso por la tienda de pintura de Bautista y charlamos una o dos horas. Ya he aprendido el camino y no tengo ninguna dificultad en llegar. Campo de Criptana es una villa populosa, repleta de calles, muchas ellas de dirección prohibida, es un auténtico laberinto donde me perdía durante meses hasta que logré orientarme gracias a la repetición. Es una villa blanca, con molinos de viento en lo alto de la colina, desde donde unotiene una maravillosa perspectiva de la llanura manchega, especialmente son bellas las puestas de sol, que muchas veces he contemplado desde el coche. Luego me fumaba un pitillo y me iba a clase de yoga, con mi chandal y mi bolsa o mochila al hombro. Uno de estos molinos está dedicado a la memoria de Sarita Montiel, hija ilustre de esta villa, una mujer de carácter, de bandera, como lo son algunas de las mujeres de esta tierra quijotesca, con una belleza que tal vez tuvo Dulcinea en la imaginación del bueno de Don Quijote.

Recuerdo mi lectura de la historia que Bautista me dejara leer, escrita por él y protagonizada por tres ilustres enfermos mentales, el genial pintor Van Gogh, el genio manchego de Cervantes y el increíble Leonardo Da Vinci. Bautista sitúa a los tres en Campo de Criptana, visitando los molinos y charlando entre ellos. Ya le dije, después de leerla, que escribía muy bien, mejor de lo que yo pensaba, y que la historia me había gustado mucho.

Tras dejar el coche, recorro unos metros la calle Lope de Vega, un ilustre de la literatura española, y entro en su tienda que huele a pintura y que casi siempre está desierta. Los negocios no van bien en esta época de crisis económica. Estrecho la mano de este hombre de setenta y un años, alto, fuerte, guapote, con un atractivo que aún conserva de lo que debió de ser un hombre que en su juventud llamaba la atención del género femenino. No debió hacerles mucho caso a las bellezas de su tiempo porque desde muy joven su corazón está entregado a la querida María-Luisa, su esposa y alumna de este humilde maestro de yoga mental, autodidacta y humorista en ciernes.

Tiene el pelo canoso, una mirada atenta y una paciencia infinita para escuchar todo tipo de historias. Cuando le comenté que tal vez le viniera de su trato con los enfermos mentales, que exigimos una gran dedicación y todo el tiempo del mundo para escuchar nuestras tragedias y desvaríos, él me comentó que ya de niño, antes de que su vida se transformara en una lucha titánica por ayudar a los enfermos mentales, ya le utilizaban como paño de lágrimas y juez de paz en su entorno.

Debió nacer con el don de saber escuchar, algo que muy pocos tienen y aún menos son capaces de usar con sabiduría y entrega al próximo. Yo nunca lo poseí y toda mi vida he tenido que trabajar en una de las facetas del carácter que más me han costado. Me hace pasar al despachito que tiene tras el mostrador y allí nos sentamos en viejos sillones que vieran mejores años. Casi siempre, por no decir siempre, en la pantalla de su ordenador aparece un juego de poker. Hace años sufrió un ictus cerebral y su memoria a corto plazo se resintió mucho. Los médicos le aconsejaron estos juegos y los videojuegos que seguramente le resultan tan complicados como a mí y que nunca han llamado mi atención.

Nos conocimos hace más de dos años, cuando yo aún estaba en mi antiguo hogar y en mi antigua vida. Le escuché en la radio, en Onda Cero, donde estaba siendo entrevistado como presidente de la asociación de enfermos mentales Luz de la Mancha. En nuestras vidas hay encrucijadas que nos obligan a elegir y nos marcan. Bien pudo haber ocurrido que yo no le escuchara, lo más fácil, y mi vida pudo haber seguido otros derroteros. No creo que más fáciles, porque toda mi vida ha sido un camino por caminos de tierra, pedregosos y sembrado de abrojos. Algo me conducía hasta este momento, porque ya en Sonymage recibí un toque de atención sobre los enfermos mentales que me hizo reflexionar muy a fondo. Tras escuchar la conmovedora entrevista también reflexioné a fondo y tras un tiempo prudente de reflexión y meditación tomé una decisión que me llevó a dar la cara, a aceptar públicamente mi enfermedad mental y a decidir trabajar, dentro de mis limitadas posibilidades por mis hermanos, los enfermos mentales. Ya entonces la filosofía del guerrero impecable presidía mi vida. Subía textos a mi blog, el guerrero impecable, y poco a poco iba adquiriendo forma y solidez el camino del guerrero que ahora trato de seguir sin la menor vacilación.

Dejé un comentario en el blog de la asociación Luz de la Mancha y Bautista me llamó. Quedamos citados y charlamos. De aquella charla salió el cursillo de yoga mental con el que llevamos más de dos años, estamos en la tercera etapa, y que tal vez pueda durar algún tiempo más. Como siempre tuve que superar mi fobia social y esa desconfianza hacia el ser humano nacida en mi juventud, cuando fui atado con cadenas a una cama, en un sótano húmedo de un psiquiátrico, donde me declaré en huelga de hambre, donde fui alimentado a la fuerza con un embudo y del que intenté salir corriendo. Aquella carrera me supuso una terrible paliza y el ser atado a una cama en aquel maldito sótano. De allí surgió la desconfianza hacia el ser humano que me ha acompañado toda mi vida.

Este episodio lo conté en la conferencia que Bautista organizó en Campo de Criptana, mi presentación oficial como enfermo mental. Hablé de mi vida, hablé de cómo había logrado dejar la medicación y la terapia psiquiátrica gracias al yoga mental y propuse tres condiciones básicas para que el enfermo mental pueda luchar contra su enfermedad y alcanzar una calidad de vida que le haga semejante a la “persona normal” o a los “otros” como yo les llamo. Estas condiciones son: una férrea e inquebrantable voluntad de luchar contra la enfermedad mental, todos y cada uno de los días de nuestra vida; el apoyo y la compañía de los seres queridos y la práctica de alguna técnica de control mental, que en mi caso es el yoga, pero que pueden servir otras muchas.

Allí conocí a Julián, el psicólogo de la asociación, otro que tal baila, un hombre entregado a la dura tarea de escuchar a los enfermos mentales. Tras aquella conferencia mi vida cambió y comencé a compartir mis experiencias y conocimientos con otros hermanos. Muchos han pasado por los cursillos, se han marchado y no han vuelto. El camino del guerrero no es fácil y menos si lo imparte un guerrerito de tres al cuarto, pero como bien le dice don Juan a Castaneda, el Espíritu envía al Nagual a quienes quiere que aleccione y el Nagual no puede negarse, no escoge a sus discípulos, se limita a aceptar las decisiones de las fuerzas poderosas. Estoy convencido de que esas fuerzas me llevaron a escuchar la entrevista de Bautista en la radio y a llegar hasta donde ahora estoy, en un camino en el que nunca pensé, diciendo a mis hermanos que si yo lo conseguí ellos también lo conseguirán. Es un decir,porque los enfermos mentales sabemos muy bien, como saben los alcohólicos anónimos, que unos días sin crisis solo son unos días sin crisis, cuando esta llega regresa el infierno y en el infierno no hay seres queridos ni posibilidad de una vida normal. Lo único que diferencia este infierno del infierno de Dante es que en éste no está escrito aquello de “Voi qui entrati lasciate omnia esperanza” o como se diga, que no sé italiano ni me he preocupado de buscar en Google la frase correcta. Sobre esta puerta yo he escrito: Vosotros que entráis no esperéis salir, pero nunca abandonéis vuestra esperanza, porque la esperanza nos hace fuertes, guerreros impecables”.

Bautista habla y yo escucho con interés. Me ha contado ya muchas cosas de su vida. Siempre me resulta sorprendente cómo ha podido trabajar tanto, crear una obra impresionante de la nada y enfrentarse a políticos y gente importante de este mundo sin titubear. Bautista me ha comentado que para ello ha tenido siempre la inestimable ayuda de una mujer de carácter, Maribél, que ha estado a su lado muchos años, más de veinticinco, casi todo un matrimonio. Conozco a esta mujer que me acompañó en la grabación del vídeo y en su presentación en Toledo. Es otra de esas personas admirables que han trabajado y sigue trabajando por el enfermo mental. Nuestras ideas discrepan en algunas cuestiones pero eso es normal,si algún día me encuentro con alguien que piense exactamente como yo, saldré corriendo porque será un clon o seré yo transformado en fantasma que me visito desde el más allá.

Los políticos y personajes importantes que aparezcan en estas historias no serán nombrados ni se dará dato alguno que permita identificarlos. Serán los secundarios de las historias que me cuente Bautista y su presencia solo será atisbada cuando sea imprescindible para entender lo que está pasando. Una de estas anécdotas viene a cuento porque nos explica muy bien cuál es la condición del enfermo mental y qué somos para los otros. Bautista me ha contado que en cierta ocasión un político muy conocido le contó que visitando un pueblo un enfermo mental corrió tras él y él tuvo que hacer pierna. Bautista le contestó -y esto le describe perfectamente- que por qué corría, por qué no se había detenido a escucharle puesto que si el enfermo se había lanzado tras él de aquella manera era indudable que quería decirle algo. ¿Por qué no le había escuchado? Esta anécdota ilustra a la perfección el carácter de Bautista,la forma de ser y actuar de los políticos y cómo nos ven los “otros”. Como el psicópata de la película del mago del suspense, Psicosis, con un cuchillo en la mano y dispuesto a clavárselo al primero que pase.

La anécdota me hizo reflexionar y aparece como frontispicio de estas crónicas. Pedirles a los otros que no salgan corriendo si un enfermo mental les sigue “a toda pastilla”, que se paren y escuchen lo que tenga que decirles, es como pedir peras al olmo, pero si al final de estas historias consigo que al menos “un otro” se lo piense dos veces antes de coger las de “Villadiego” y correr los cien metros lisos, me sentiré pagado por el esfuerzo que para mi supone enfrentarme a recuerdos terribles.

El martes pasado me encontraba mal, recién salido de un agobiante resfriado pillado en Sierra Nevada, que se complicó con una gripe intestinal muy molesta y que me desmadejó. Cuando estoy mal físicamente siempre lo estoy psiquicamente, es un axioma matemático. Por eso llegué deprimido, bastante fóbico. Por eso tuve que luchar contra la fobia en los primeros momentos. Bautista es discreto y nunca me comenta este extraño comportamiento, sabe que es producto de mi enfermedad, lo acepta y asume que para hablar conmigo hay que estar dispuesto a que mi mirada a veces baile una extraña danza, imposible de descifrar.

Uno nunca sabe por qué le cuenta las cosas a Bautista, pero se las cuenta. Yo tampoco iba dispuesto a hablar de ciertas cosas y sin embargo hablé. Ya casi al final me vino la luz. Llevo tiempo pidiéndole a Bautista que grabe sus recuerdos, luego yo los pasaría al ordenador, los estructuraría y le daría una forma narrativa. En el viaje a Toledo, para la presentación del vídeo, me contó increíbles historias. Le dije que no podía permitir que se perdieran y que su vida quedara en la sombra, como la de muchos que se han entregado al próximo y que ni siquiera reciben la recompensa de que alguien, algún día, hable de ellos. Llevaba tiempo intentando encontrar un narrador, una estructura, algo que me permitiera engarzar estas historias y la vida de Bautista. Al fin se hizo la luz y comprendí que lo más sencillo es lo que mejor funciona. Solo tenía que contar cómo llego cada martes a la tienda y qué historia me cuenta Bautista. Si necesito hacer un flashback lo hago y si quiero hacerle una pregunta para aclarar algo o engarzar una historia con otra, la hago. Así de sencillo.

Se lo dije y me dio su autorización y hasta su bendición papal. Bautista es así, nada que le pidas para un enfermo mental te será negado. Nos despedimos como siempre, estrechándonos la mano cerca de mi coche, yo fui a buscar a María-Luisa para llevarla hasta el local donde tenemos las clases de yoga, y allí me tenía preparada una sorpresa que ya me anunciara Bautista. Dos fotos enmarcadas de mi estancia con ellos esta Navidad. Estoy en la cocina, con mi gorro de chef y mi mandil. Han quedado muy bien, tengo la cara más afilada, se nota que estoy más delgado, y hasta podría pasar sin problemas por Iñaki Lizorno, mi chef ficticio, uno de mis personajes humorísticos más entrañables.

Me abrió la puerta Jose-María, uno de los hijos de María-Luisa y Bautista. Es también un mocetón enorme. Nos estrechamos las manos y me pidió que subiera a esperar a su madre que aparte de estar siempre haciendo cosas también está siempre charla que te charla. Jose-María tuvo que abandonar la carrera de arquitectura al diagnosticársele una esquizofrenia. Está con medicación y parece llevarlo muy bien. Es un hombre callado, pero yo no he renunciado a tener algún día una larga charla con él. Está con su sobrino, ayudándole con el inglés. Allí también está su hija Mabi, la madre del chico. Nos besamos en las mejillas y bromeo con el cariño mimoso del niño para con su madre. Mabi es una maravillosa pintora y he podido apreciar sus cuadros. Ahora lleva un tiempo sin pintar, tal vez bloqueo o tal vez una depresión soterrada que se alarga y se alarga. Ha tenido una vida difícil y eso siempre pasa factura. Esta Navidad también conocí a Conchi, otra hija, asistente social en Guadalajara, y a Juan, otro hijo, un verdadero artista que ahora está restaurando molinos de viento. Estuve en el taller, también he estado en la casa que tienen en el campo, donde pude acariciar a unos cachorritos de perro que me volvieron loco. Bautista quería regalarme uno pero no quiero tener perro hasta que no tenga mi casa en la montaña. Bautista regala todo, ayuda a sus hijos, en lo que puede y hasta en lo que no puede. Su vida ha sido una entrega total a la familia y a los enfermos mentales, hasta el punto que no ejerció su carrera de perito mercantil, hasta el punto que dejó la lectura, porque no tenia tiempo. Aún me habla de grandes escritores y de sus lecturas que al parecer ha retomado, con mucha calma porque su memoria ya no es lo que era.

Llega María-Luis, me entrega las fotos, y nos vamos a clase. A pesar de mi desconfianza en el ser humano, que jamás lograré erradicar, cada día me siento más a gusto con esta familia. Una familia tribal, como bromeo con Bautista, una familia como las de antes, numerosa, unida, en la que caben hermanos, primos, tíos, sobrinos, y toda la pesca. Soy consciente de que no logré retener a mi familia del corazón, ni a mi familia de sangre, ni amigos, ni a familiares, ni a nadie. Como enfermo mental ha asumido que tal vez la vida de pareja esté vedada para mí, a pesar del esfuerzo realizado y de haber encontrado a una maravillosa mujer que se entregó y se sacrificó hasta la heroicidad y unos hijos, biológicos y no biológicos, que no merezco. Me están vedados los amigos íntimos, me está vedada la relación social… no importa, dentro de mis posibilidades haré lo que pueda y el guerrero impecable seguirá su camino.

Empezada la clase me llama D. Me he olvidado de apagar el móvil, me estoy olvidando de muchas cosas últimamente. Al acabar le llamo yo y de regreso a mi apartamento, al que nunca llamaré mi hogar, paso frente al hogar que tuve una vez, por dos razones, porque es el camino más celta y porque es un preciso termómetro de cómo estoy. Hoy me he hundido, hasta el fondo del abismo, eso significa que estaba mal, lo que ya sabía, pero no tan mal como he descubierto que estoy. Tomo la carretera de regreso y los faros horadan la noche. Las rayas luminosas, los luminosos que señalan la carretera siempre me crean una imagen fantasmagórica de otra dimensión. El vagabundo del espacio, el bufón del universo, viaja en una nave espacial por un estrecho corredor dimensional. Acaba de actuar como bufón en una corte planetaria y ahora tiene que trasladarse a otra, solo, siempre solo.

¿Por qué historia comenzaré? ¿La de los dos hermanos? Bautista me ha dicho que es mejor empezar por el principio, y le doy la razón. El próximo martes comenzaremos por el principio.