LA VIDA SEGÚN LOS ESCRITORES IV


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DIOS Y LA ESPIRITUALIDAD

DOSTOIEVSKY

LOS HERMANOS KARAMAZOV

Inmortalidad

-Ivan, ¿hay una inmortalidad por pequeña y modesta que sea?

-No, no la hay.

-¿Ninguna?

-Ninguna.

-Es decir, ¿un cero absoluto o una partícula? ¿No habrá una partícula?

GRAHAM GREENE

EL PODER Y LA GLORIA

-Si Dios fuera igual que un sapo, uno podría librar de ellos al mundo; pero ya que Dios era como uno mismo, no servía de nada estropear la figura de Dios, sería preciso suicidarse entre las sepulturas.

-Cuando uno mira con detención a un hombre o a una mujer, siempre llega a sentir piedad…; ésa es una cualidad que la imagen de Dios trae consigo.

UN CASO ACABADO

-Si su Dios quería un mundo adulto debió darnos un cerebro adulto.

-Quizá sea cierto que no se puede creer en Dios sin querer a un ser humano. O querer a un ser humano sin creer en Dios. Se usa la frase “hacer el amor”. Pero ¿quién de nosotros es bantante creador para “hacer” amor? Solo podemos ser queridos si tenemos suerte.

EL FIN DE LA AVENTURA

-El sentimiento de la desdicha es mucho más fácil de sobrellevar que el de la felicidad. En el sufrimiento no parece tener conciencia de nuestra propia existencia, aunque sea en la forma de un monstruoso egotismo: este dolor mio es individual, este nervio que se retuerce es mío, me pertenece solamente a mí. La felicidad en cambio nos aniquila: perdemos nuestra identidad. Las palabras del amor humano han sido empleados por los santos para describir su visión de Dios: de igual modo, supongo, podríamos nosotros emplear las de plegaria, meditación, contemplación, para explicar la intensidad del amor que sentimos por una mujer.

NUESTRO HOMBRE EN LA HABANA

-Dios nunca aprendió nada por experiencia, ¿no? De lo contrario, ¿cómo podría esperar algo del hombre?

JULIEN GREENE

CADA HOMBRE EN SU NOCHE

-Nuestros actos son mínimos, limitados, ¿sabe? Nosotros los superamos siempre. Lo que hacemos tiene importancia, sí, por cierto; pero, en definitiva, lo que cuenta es lo que somos, porque lo que somos es lo que Dios quiere más que nada. ¿Querrá reflexionar sobre esto?

-Todos somos enviados los unos a los otros, el justo al malvado y el malvado al justo. Esta es mi convicción. Cada uno de nosotros no es ni más ni menos que un enviado de Dios, amigos mío. Inclusoel verdugo, incluso el asesino, traen un mensaje cuyo contenido ellos mismos ignoran. Incluso, escúcheme bien, incluso la prostituta y la enfermedad que transmite.

-Se vive como si no hubiera nada. Como si no hubiera nada al otro lado. Y uno se divierte. Cuando en la habitación hay un objeto que nos desazona, lo metemos en el fondo de un armario y no pensamos más en él… Esta es la cosa. Pero usted…, usted abre continuamente el armario para echar un vistazo. En realidad, yo también lo hago. Pero es un error.

-Hay algo terrible en el hecho de que no podamos cambiar nada de lo que ha sucedido. En tanto un hecho está en el porvenir y, por así decir, ante nosotros, podemos hacerlo o no hacerlo, pero basta que por la injusta magia del tiempo pase detrás de nosotros y lo hayamos realizado para que en adelante, quede fuera de todo alcance. Un segundo antes, hubiera sido fácil impedirlo, tal vez; después, la mayor potencia del mundo resulta impotente ante lo que parece inmutable para siempre. Si fuera creyente me parece que buscaría en mi corazón una plegaria contra el tiempo. Diría a Dios: “Señor, haced que esto no hay ocurrido, que no me haya reído de la angustia de esta infeliz”.

-Hay hombres que tienen la facultad de poder instalarse en cualquier sitio como si hubiesen de establecerse en ellos para siempre. ¿Cómo se las arreglan? Es su secreto. Les da por correr de sitio algunos objetos, cambian la posición de un mueble para que de una manera inexplicable, la habitación del hotel donde solo pasarán una noche, parezca pertenecerles desde hace largo tiempo y ser para ellos una estancia que no abandonarán. Sin duda hay algo en ellos que se opone a la idea de cambio y que viene a dar a cuanto les rodea un aspecto en cierto modo definitivo.

LEVIATHAN

RELIGIÓN.

Todas las religiones le parecían igualmente falsas, ya que ninguna podía explicarle por qué la obligaban a vivir y por qué, habiéndole dado esta vida, debía llegar un día en que se viera privada de ella. La idea de la muerte provocaba en ella esa perturbación que es uno de los signos de la juventud del corazón.

HERMANN HESSE

DEMIAN

-Lo que esto significa, un ser vivo, se sabe hoy menos que nunca, y por eso se destruye a montones de seres humanos, cada uno de los cuales es una creación valiosa y única de la naturaleza. Si no fuéramos algo más que seres únicos, sería fácil hacernos desaparecer del mundo con una bala de fusil, y entonces no tendría sentido contar historias. Pero cada hombre no es solamente él; también es el punto único y especial, en todo caso importante y curioso, donde una vez y nunca más, se cruzan los fenómenos del mundo de una manera singular. Por eso la historia de cada hombre, mientras viva y cumpla la voluntad de la naturaleza es admirable y digna de toda atención. En cada uno se ha encarnado el espíritu, en cada uno sufre la criatura, en cada uno es crucificado un salvador. Poco saben hoy qué es el hombre. Muchos lo presienten y por ello mueren más tranquilos, como yo moriré cuando haya terminado de escribir esta historia.

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