LA VIDA SEGÚN LOS ESCRITORES VI


MORAL, ÉTICA, CARÁCTER, LAS DECISIONES DE NUESTRA VIDA

BALZAC

EL LIRIO EN EL VALLE

La naturaleza moral se diferencia de la naturaleza física en que nada hay en ella de absoluto: la intensidad de los efectos está en razón de la fuerza de los caracteres o de las ideas que agrupamos en torno de un hecho.

Según los caracteres, la costumbre de temblar relaja la fibra o sugiere el temor, y éste obliga siempre a ceder, ocasionando una debilidad que bastardea al hombre, reduciéndolo a la condición de esclavo. Pero estos sufrimientos continuos me acostumbraron a desplegar una fuerza que fue acrecentada por el ejercicio y predispuso mi alma a las resistencias morales.

Las prohibiciones injustas avivan los deseos, especialmente n los niños, porque éstos tienen, respecto a los hombres, la ventaja de no pensar más que en la cosa prohibida cuya prohibición les ofrece atractivos irresistibles.

Pues parece que las enfermedades morales tienen apetitos, instintos y tratan de aumentar el espacio de su imperio como un propietario desea aumentar sus posesiones.

Usted acepte de los demás lo menos posible, para no convertirse en vasallo de nadie, no dependa más que de sí mismo.

La soledad moral produce los mismos efectos que la soledad material, y así como el silencio permite apreciar los más ligeros ruidos, la costumbre de recogerse uno en sí mismo desarrolla la sensibilidad de tal modo, que puede distinguir los menores matices del afecto que se nos profesa.

Tienen las almas nobles cierta especie de pudor que les impide exteriorizar sus sufrimientos, cuya extensión ocultan a los que aman, por un sentimiento voluptuoso de caridad.

Durante la juventud las malas cualidades del hombre están refrenadas por la sociedad, detenidas en su vuelo por las pasiones y dominadas por el respeto humano; pero más tarde, en la soledad y en la edad madura, esos pequeños defectos se manifiestan tanto más terribles cuanto más largo tiempo han estado oprimidos.

Las monomanías bien caracterizadas no son contagiosas, pero, cuando la demencia reside principalmente en la manera de apreciar los asuntos y se oculta bajo discusiones constantes, pueden ocasionar verdaderos estragos.

Es grande la idea que ha tenido la religión romana al imponer a los cristianos deberes que cumplir cada día, porque la repetición de actos conservan la esperanza y el temor.

Los sufrimientos morales no son absolutos: están en razón de la delicadeza de las almas.

Porque la modestia de la vida obscura tiene ventajas indudables que, una vez experimentadas, hacen insoportable el brillo de la constante exhibición.

El hombre se compone de materia y de espíritu; la animalidad termina en él, y en él también empieza el ángel. De ahí la lucha que todos sostenemos entre el destino futuro que presentimos y los recuerdos de instintos anteriores, de los cuales no nos hemos separado por completo; entre el amor carnal y el amor divino. Hay hombres que resumen ambos amores en uno solo, hay oros que se abstienen; éste pasa revista a todo el sexo, buscando la satisfacción de apetitos anteriores; aquél lo idealiza en una sola mujer, a la que reduce el universo; unos flotan indecisos entre las voluptuosidades de la materia y las del espíritu, otros espiritualizan la carne pidiéndole lo que no puede dar.

EUGENIE GRANDET

Ya experimentaba los efectos de ese profundo pudor y de esa conciencia particular de nuestra dicha que nos hace creer, quizá no sin razón, que llevamos nuestros pensamientos grabados en la frente y que saltan a la vista de los demás.

En las grandes circunstancias de la vida, nuestra alma se aferra fuertemente a los lugares en que las satisfacciones o los pesares caen sobre nosotros.

Ahora, el féretro es una transición poco temida. El porvenir que nos aguardaba más allá del requiem, ha sido transportado al presente. Llegar por fas o por nefas al paraíso terrestre del lujo y de los goces vanidosos, petrificarse el corazón y macerarse ell cuerpo en procura de las posesiones pasajeras, como antiguamente se sufría el martirio de la vida en procura de los bienes eterno, ésa es la preocupación general.

La adulación no emana nunca de las grandes almas; es privativa de los espíritus pequeños, que logran empequeñecerse más aún, para entrar mejor en la esfera vital de la persona a cuyo alrededor gravitan. La adulación sobreentiende un interés.

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