PRIMERA ENTREVISTA CON EL LOCO II


EL LOCO DE CIUDAD-FRÍA-PRIMERA ENTREVISTA CON EL LOCO II

Dos días más tarde, acuciado por los comentarios sarcásticos de mi señora (la mayoría de las mujeres poseen una vena maternal que les hace preocuparse hasta de los locos) pensé que había llegado el momento de ponerse en marcha o de olvidar definitivamente la historia del loco.

De un humor de perro hambriento descolgué el teléfono y marqué su número. Tardó en responder. Con voz soñolienta dijo:

-¿Siii?

Me identifiqué. Me pidió disculpas, lo había despertado de la siesta. A mi vez solicité disculpas por mi atrevimiento y disculpados los dos le espeté a bocajarro que deseaba hablar con él esa misma tarde, si era posible, claro.

Accedió de inmediato, con la condición de que no fuera antes de las ocho.

-¿Le gusta la tortilla de patata y el embutido?

-Naturalmente.

-Pues no venga cenado. Le prepararé una cena modesta, aunque nutritiva. ¿Prefiere alguna marca de vino en especial?

-No se moleste, por favor.

-No es molestia. Si preparo la cena para usted cenaré mejor que si lo hago solo para mí. Además tengo cierta prevención contra los que no suelen disfrutar de la comida y del buen vino.

-Entonces no tendrá problemas conmigo. No se preocupe.

Y en esas quedamos. Me pareció de buen gusto llevarme un par de botellas de excelente tinto de mi bodega en un botellero de madera, una especie de maletín, regalo de mi señora. En cuanto terminé de hablar quiso saber si el loco se había vuelto atrás.

-¡Oh no! Pero duerme también la siesta. Hemos quedado a partir de las ocho.

-¡Otro que tal!

Ella odia el reposo, como si éste fuera una viva imagen de la muerte, lo que no deja de ser cierto. El gran abismo existente entre los seres humanos consiste en la diferencia de perspectivas que hay entre cada individuo sobre la misma realidad. Que será una e indivisible, no lo niego, aunque podría hacerlo dada la abismal diferencia de visiones que existen sobre cada tema. Cada uno percibe los estímulos, lo que se ve, se oye, se huela y se palpa, de forma muy diferente. ¡Y no digamos a la hora de pensar, sentir o incluso soñar!

Dicen que entre chimpancés y humanos apenas hay unos genes distintos. Si eso fuera cierto no se entendería muy bien cómo las personas somos capaces de sentir y pensar de formas tan distintas. A no ser que la consciencia sea un universo mucho más amable de lo que piensan los materialistas, para quienes todo es producto del cóctel celular, dentro de un saco de piel y de huesos, que es el ser humano.

Algunos piensan que las diferencias de carácter nacen de una combinación aleatoria de genes. Otros creen que la capacidad de aprendizaje del ser humano permite pensar que el entorno o la educación moldean el carácter. Hay pocos, entre los que luego descubriría que se encuentra mi loco, que por el contrario creen que el carácter nace de la personalidad que trae consigo el alma o el ser de luz al reencarnarse; carácter que se adapta al vehículo que a cada cual toca en suerte –utilitario o deportivo- y que evoluciona según el entorno, la educación y la cultura del ambiente, en el que nace y se desarrolla su vida.

Por mi parte no me inclino ni por lo uno ni por lo otro, ni por lo demás allá. Me limito a constar hechos…Hechos tales como la distinta perspectiva sobre la realidad que tiene cada quisque y que se refleja muy bien en la pareja. Así por ejemplo mi esposa posee un olfato privilegiado, sería capaz de seguir mi rastro desde que me levanto hasta que me acuesto, detallando cada uno de mis actos… Nunca le he propuesto llevar a cabo este experimento -¡gracias a Dios!- pero mi seguridad sobre el resultado del mismo es absoluta. También somos diferentes en cuanto a capacidad de movimiento. Mientras ella parece una peonza que no deja de dar vueltas y más vueltas, desde que se levanta hasta que se acuesta, yo suelo tomarme todo con mucha calma y procuro descansar cada diez minutos, para recapitular y recobrar fuerzas.

Ya no recuerdo a qué venía esta digresión. Doy gracias a que este parrafito no lo leerá nunca mi editora, porque lo tacharía con tinta roja y pondría una notita: “No viene a cuento y corta el ritmo de la narración”. Cierto, pero esta es solo una copia de trabajo. Luego ya veré qué hago con ella.

Hacia las siete de la tarde me puse en marcha. Coloqué la grabadora en un bolsillo interior de la cazadora; llené de cintas vírgenes otro; introduje en el bolsillo de la camisa una libretita y la pluma estilográfica y me hice con el botellero. Una vez convenientemente revisado por mi señora, la besé como si me despidiera para ir a la guerra y salí de casa… no sin que antes me llamara la atención sobre un cordón suelto en el zapato derecho. Una vez en el ascensor me miré la bragueta… por si las moscas (es algo que nunca olvido desde que en un cóctel mi esposa me llevó al servicio a toda prisa para que me subiera la cremallera).

Caminé por la acera con la naturalidad que le da a uno ser normal y cuerdo, observando con ojos de escritor las escenas que acostumbran a desarrollarse en cualquiera de nuestras ciudades, por muy pequeñas que sean.

Pronto me dejaría llevar por la imagen del loco mirando los pechos de las señoras… Y cometí un error, un inmenso error. Solo puedo decir en mi descargo que los escritores acostumbrados a desarrollar una buena capacidad de empatía. De otra forma nuestros personajes serían títeres. O te pones en la piel de tu personaje e imaginas qué sentirías tú cuando él hace o dice algo, o nunca lograrás que el lector se lo crea. Un personaje sólido solo se logra de esta manera.

¿Qué se siente al mirarle los pechos a una mujer atractiva que camina a nuestro encuentro? Eso mismo me lo planteé mientras caminaba por la avenida que orilla nuestro río, buscando el puente que cruza al otro lado. La pregunta no surgió de la nada. Sencillamente fue un impulso irresistible que se apoderó de mí cuando vislumbré a una poderosa Afrodita caminando a mi encuentro.

Los escritores padecemos con cierta frecuencia de tics o manías que no tienen la menor lógica, de un surrealismo divertido o atroz, según se mire. Es el caso de describir las piernas y el cuerpo de una mujer a la que un personaje está echando un rápido vistazo (aunque le gustaría echárselo más largo la educación más elemental se lo impide). ¿Han probado alguna vez a memorizar y luego describir unas atractivas piernas de mujer que apenas han entrevisto al caminar por la acera.? Prueben. Verán que sí, que les gustaron mucho, que no eran precisamente como un tronco de árbol, que tenían esa forma, esa silueta que les pone cachondos al verlas en la caja tonta. Pero, en realidad, cómo la pintarían si fueran pintores y estuvieran pintando un cuadro. ¿Largas, cortas, ligeramente gordezuelas, muy delgaditas? Lo que permanece es la impresión erótica, esa especie de ahogo que les recorre el cuerpo. Lo demás se archiva en el subconsciente y a otra cosa…buscando otra linda mariposa.

De aquella mujer puedo describir el ahogo que me produjo la visión de sus piernas hasta mitad de los muslos –llevaba una faldita corta- su pelo rubio teñido, su rostro agradable, sensual -¡qué diablos me importa si era ovalado o redondo como la esfera de un reloj! – y sobre todo sus pechos, poderosos, potentes, llamativos, extraordinarios. Fueron sus pechos los que me llevaron a imitar al loco.

Clavé mi mirada en sus pechos, imaginando que la ropa se volatilizaba y sus pezones asomaban, erguidos, valientes. Imaginé la redondez de aquellas dunas y la tersura de su piel… y confieso que me puse cachondo. Ella observó mi mirada y ralentizó el paso, ampliando su sonrisa.

Al pasar a mi lado me echó un buen vistazo, nada tímido, de arriba abajo. Su sonrisa era ahora aprobatoria, invitadora…Al menos eso pensé mientras notaba como un calor extraño tostaba mis mofletes, tal como si mi esposa me hubiera cortado la cabeza, introduciéndola en el horno, con una manzana en la boca, y lo hubiera puesto a 500 grados… Esa fue la imagen que pasó por mi cabeza real, no la metafórica, que continuaba sobre mis hombros, aunque me preguntara retóricamente durante cuánto tiempo, si mi esposa se enteraba de la estupidez que acababa de cometer.

A pesar de ello no pude evitar volver la cabeza. El trasero de la rubia teñida se bamboleaba al viento, como llamando a todo el oleaje del mar. Antes de que pudiera recuperarme ella se volvió, con tal brusquedad, que me pilló “in fraganti”, mis ojos clavados en sus nalgas, como dos garfios. Se detuvo como si meditara en algo, dio la vuelta y se puso a caminar en mi dirección… La sonrisa encantadora, la expresión risueña, los labios humedecidos por la lengua y los ojos sugerentes, la mirada descubriendo un espantoso mundo de lujuria…

Entonces hice algo que me daría serios motivos para reflexionar durante mucho tiempo y que me ayudaría a comprender algunas confesiones surrealistas del loco…Salí corriendo, como alma que a a llevarse una rubia teñida, hacia un infierno de lujuria desatada, donde podría perder a mi esposa, a mis hijos, a mis amigos, y tondo todo ”yo”, al menos todo el “yo” que había sido a lo largo de mi vida, se perdería para siempre.

Corrí como si me persiguera una jauría de feroces oerros o como si pretendiera batir alguna marca attelética. Fue un milegro que las botellas de tinto no se me deslizaran de las manos, estrellándose contra el suelo.

Al llegar cerca de la plaza de toros, me detuve, jadeante, las manos apoyadas en las rodillas y la boca abierta, buscando unas gotas de oxígeno en alguna parte. Cuando me recuperé lo suficiente, miré hacia atrás… allá, a lo lejos, la rubia había emprendido de nuevo su camino, sus hombros de movían como si se estuviera riendo a carcajadas. Estaba demasiado lejos para oír nada, pero hubiera jurado que así era.

Me había librado por los pelos, aunque no me libraría de que el incidente se fuera transmitiendo, vía cotilleo, hasta Dios sabe dónde. Comprendí la magnitud de la estupidez que había hecho…¿Y todo por imitar al loco, por intentar ponerme en su piel!

Al cabo de muchas entrevistas la confianza adquirida me permitió comentarle el incidente, el loco ni siquiera sonrió, se limitó a decirme:

-El poder de la sugestión es tan fuerte, que si algún día supiéramos del abismo a donde puede conducirnos, hasta las sugestiones más inocentes, el horror se apoderaría de nosotros y nos tragaría.

Me senté en un banco. Me fui calmando y al cabo de un tiempo me carcajeaba sin control, con lágrimas en los ojos. Lo chusco de la escena pudo con cualquier otra consideración sobre sus consecuencias. Sin darme cuenta estaba hablando en voz alta.

-¡Y pensar que tal vez podría haber acostado con la rubia, simplemente por mirar sus pechos como hace el loco! Ja, ja.

La risa balanceaba mi cuerpo histéricamente, incapaz de controlarme. Un grupito de chicos y chicas, apenas recién salidos de la adolescencia, pasaron a mi lado. Se quedaron mirándome asombrados unos segundos. Luego siguieron su camino. Uno de ellos golpeó con el codo al otro, comentando en voz suficientemente alta, para que yo pudiera oírlo:

-¿Has visto? Está completamente majara.

-Majarón perdido –respondió el otro-.

Pronto todo el grupo reía y comentaba sobre aquel loco que se reía solo y hablaba en voz alta. Las chicas volvieron la cabeza, tal vez para quedarse con mi cara, y luego cuchichearon en voz baja.

Me levanté. Caminé rápido. ¡Lo único que me faltaba ahora era que unas jovencitas siguieran, curiosas, mis pasos! El resto del camino, hasta llegar a la casa del loco, lo hice con la cara tan seria como la de Buster Keaton, cara de palo. Ni se me ocurrió volver a hacer ninguna otra tontería. Solo por experimentar lo que sentía el loco.

¿Le habría pasado algo parecido a aquel sujeto? Era una pregunta que pensaba hacerle en cuanto encontrara el momento oportuno… así como muchas otras.

Anuncios

2 comentarios en “PRIMERA ENTREVISTA CON EL LOCO II

  1. Hola Cesar, que bueno que sigues escribiendo,simplemente vuelves a estar de un genio bien loco y no puede uno zafarse de tus escritos.Por mi partr, sigo escribiendo, están imprimiendo mi libro num trece “De arqueología y cosas de esas. unas conclusiones descabelladas (Igual que nosotros), sobre las pirámides, construcciones y geoglifos circulares de Mèxico, es un librito apenas que alcanza el nombre. pero ya vez que como siempre a los locos nos llaman as´ñi pero después de un ratito somos como el flautista de Hamelin, nos siguen hasta los ratones
    Un saludo desde el Norte de Méxicoy espero poder volver a España y echarnos al coleto una botella de las cosechas de orillas del Duero
    çHomero Gómez Valdés

    Me gusta

    1. Hola amigo, me ha gustado eso de genio bien loco porque eso es lo que soy y que dure muchos años. Sigo escribiendo porque sigo respirando, ya no entiendo vivir sin escribir, como no podría vivir sin respirar. Enhorabuena por tu treceavo hijo, también has tenido hijos de carne y seguro que plantado árboles, así que ya puedes morir tranquilo, como dice el dicho español, pero antes procura vivir todo lo que puedas, con intensidad y bebiendo buen vino y admirando a las bellas mujeres. Un abrazo.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s