FANTASÍA PARA VIOLÍN SOLO OPUS 6-1


NOTA PREVIA: Este relato tiene muchos años, lo escribí estando soltero ( ni te cuento) como otros muchos, también poemas, con los que me propuse conquistar a la que hoy es mi mujer (eso indica que tuve éxito). Hace también algunos años, bastantes, decidí enviarlo a un concurso de relato corto y ha sido el único texto que tuvo una mínima repercusión en los concursos literarios, logró el tercer premio, un accesit en un concurso literario de La Mancha, cuando a mi ni se me pasaba por la cabeza que algún día acabaría aquí.

Dedicado a Conchi, mi esposa, con todo mi cariño. Para su cumpleaños, que ya se acerca, tengo reservado el titulado: Pequeña pieza para director de orquesta, orquesta sinfónica y mujer morena.

RELATOS MUSICALES
FANTASíA PARA VIOLíN SOLO OPUS 6 Nº 1 SOBRE UN TEMA AMOROSO

En alguna parte suena un violín, su sonido es suave, titubeante, como temeroso de iniciar una fantasía que nunca podrá terminar. Abro la ventana a la noche agujereada de estrellas y me siento sobre una silla esperando escuchar el arranque de la música. Por fin comienza, con melancólica fuerza inicia su triste discurso.

“Me gustaría hablarte sin palabras para que mi mirada te dijera todo; seducir tu corazón con la maravillosa música, siempre vieja y siempre nueva del amor. Pero, ¡oh ironía de la vida!, aquí estoy esta noche, soñando, mientras arrojo borrones sobre un papel. La fantasía me lleva fuera del tiempo a un extraño lugar donde puedo abrazarte, besarte dulcemente sin correr desbocado detrás de un fantasma, sin saltar valla tras valla en una loca persecución sin final; aquí estoy sin decidirme a tirarme de cabeza a un abismo sin fondo”.

He apoyado mi cabeza en el alféizar de la ventana, el violín ha dejado de luchar contra algo que le hacía daño y ahora su música parece volverse más dulce, me imagino el brazo del invisible violinista moviéndose en el aire con lentitud acariciadora.

“En mi ensoñación estúpidas palabras van formando un ridículo poema. Empapelaré tu cuarto de poemas, contaminaré el universo de palabras, al final acabaré abriéndome la cabeza contra la pared. Despertaré por la mañana, tú estarás ahí con tu belleza deslumbrante, tu alma fuerte y dulce, tu dolor y tu miedo, mirándome con esos ojos infinitos, tan reales que no quiero volver a dormirme nunca, ningún sueño es tan hermoso como esa mirada que me hiere tan hondo”.

El gemido del violín me ha despertado, la noche sigue clara y tranquila, pero algo me hace presagiar una tormenta.

“Me gustaría reírme, olvidar… pero tú estás ahí, enfrente, en medio de la noche, resplandeciente como un ángel de luz, acariciando mi sueño. Grito a mi destino suplicando que el viento sople en la misma dirección, hinchando las velas de nuestras veleros, conduciéndonos hacia la misma playa desde ese océano eterno donde vagamos perdidos buscando un poco de amor.

Quisiera reírme, pensar que la vida es una comedia divertida, un sueño surrealista con personajes de cartón. Quisiera ser un arlequín, carcajearme de mi sombra, irrumpir en el escenario donde se representa la tragedia aburrida, dulzona, del amor; quisiera bailar con viveza taladrando mi risa, mis entrañas, y sin embargo me quedo ahí parado, desarmado, embobado, contemplando esa aurora que nace en mi alma”.

Leo en la música del violinista como si fuera un poema recién escrito. Concluyo que está enamorado. Le imagino en su diminuta habitación de alquiler mal amueblado tocando de pie toda la noche música para su amada esquiva y tal vez lejana. Sin duda es una hermosa mujer pero tan difícil de encantar como a una cobra salvaje. Para conseguirlo se pasa las horas buscando en su violín los más finos sortilegios, rascando las cuerdas como si fueran las cerraduras de su caja de hechizos.

“Llenaré las nubes con poemas, escribiré en ellas tu nombre, endulzaré todos los sueños con besos de tus jugosos labios, agotaré la fantasía imaginando caricias; despierto, y ahí, enfrente, estarás tú, tú con esos ojos dulces, tan reales, clavados como cuchillos en mi rostro; un frío sudor empapará mi piel como cuando intento besar al vacío o hacer el amor con la nada.

Creo que te quiero, intento olvidarlo, reírme, pero esa mirada me persigue, siento tu corazón tan cerca que casi oigo sus latidos. Camino sobre el tiempo a tu encuentro cuando de pronto recuerdo que el tiempo no existe, que tu formas parte de mí, que el amor lo abraza todo, estamos cogidos en sus redes, antes o después todos acabaremos ahogàndonos en ese eterno océano; al fin ya no me preocupa el futuro, el amor es un tren que creemos hemos perdido sin darnos cuenta de que en realidad nunca hemos bajado de él”.

El violín ha enmudecido, más bien parece haber muerto tras una larga agonía de amor como una nueva historia de Tristán e Isolda, tras descubrir que su amor no puede sobrevivir a la lealtad. Por un momento yo también he sentido morder en mi corazón la agonía de un amor no correspondido. Triste, casi desesperadamente melancólico, cierro la ventana y me dispongo a luchar a brazo partido con un sueño esquivo. Antes de hacerlo pienso un instante en el violinista, tal vez nunca tocará la fantasía a su amada, si no lo hace la perderá para siempre. Pero a mi ¡qué me va en ello!.

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