NOVENA SINFONÍA DE BEETHOVEN IV


ALLEGRO FINALE

Despertemos, hermanos, del sueño oscuro , del silencio aterrador del alma, de la noche sin límites, del deseo en que duerme la bestia. Hágase la luz, que alboree el día, que nazca por fin la alegría en nuestros corazones sumergidos en el océano del dolor. Ha llegado el gran momento que esperábamos desde el primer llanto inteligente. Están pasando ya los tiempos de la calamidad, de la desdicha sin esperanza, de la plaga apocalíptica, de la epidemia de odio inoculada en nuestra sangre con el primer aliento. De lo más profundo de la tierra clama la irresistible llamada del amor.

Con dedos, formados con la luz que habita nuestros corazones, perfora las rocas; con uñas diamantinas horada infinitos túneles hacia el sol que vuelve a brillar, allá sobre las altas cumbres. Con dientes resplandecientes deglute tierra y fuego. Con ojos ardientes de divino gusano puede ver ya sobre la superficie la luz del astro que nunca se ocultará.

Alegría…Alegría… hija predilecta del amor, la criatura más hermosa de la creación, te rogamos que nos acojas en tus brazos amorosos, acuna nuestras penas hasta que nuestros ojos, tristes y vacíos como la nada, se cierren en el sueño infinito de la muerte. Que dance la bella doncella, que dance sobre la punta de sus virginales pies. La que no ha sido hollada espera nuestros besos. Brinquemos todos a su alrededor acariciados por su mirada maternal.

Alegría…Alegría… aliento divino, vino embriagador, elixir de la eterna felicidad. Hermanos, bebamos todos de su copa, apuremos su contenido hasta las heces. Luego continuemos danzando todos juntos, las manos unidas, los pies entrelazados, las miradas ardientes, los pechos hinchados bajo el oleaje atronador del amor. Sobre el barrizal creado por la lluvia de nuestras lágrimas los truenos del odio intentan opacar la música que nos ahoga, los rayos del rencor sobre nuestras cabezas iluminan un cielo oscuro, apocalíptico, donde ya se ve asomar la rubia cabeza del sol de la alegría. ¡Qué largo el camino recorrido! ¡Qué atroz el abismo! Mirar hacia atrás nos sume en el vértigo, el mal se acurruca allá en el fondo donde aún no puede llegar la luz. Estamos preparados para el gran momento. Que nuestros pies se muevan al compás de la danza. Se acerca el gran día, largo tiempo esperado. El tiempo de la calamidad está pasando y se acerca otro tiempo, su alegre y majestuoso tema está surgiendo de las profundidades de la tierra. Las fuerzas de la oscuridad tratan de detenerlo pero él sigue avanzando a su majestuoso ritmo. Su alegría es incontenible aunque aún esté teñida de la melancolía de tan trágico pasado.

Arriba hermanos. Henchid vuestros corazones de gozo porque por fin somos conscientes de la gran verdad que se nos ha ocultado tantos siglos: “Todos somos hermanos”. Tendamos nuestras manos, enlacemos nuestros dedos, formemos el círculo perfecto y preparemos nuestras cuerdas vocales porque el himno que se acerca desde el fondo de nuestros corazones nos aliviará de cada herida. ¡Oh hermanos, el gozo divino por fin ha sido descubierto! Cesen las dudas, cese el llanto. Cantemos ahora. ¡Oh alegría! Condúcenos por las verdes alamedas a ese paraíso del espíritu que todos hemos soñado. Alegría …

Respondamos todos- ALEGRÍA. El amor que brota de nuestros corazones está terminando con los últimos jirones de la noche. Hombre, mujeres, niños, bajos, tenores, sopranos, voces infantiles, entonad el himno inextinguible. Alegría …ya nadie recuerda el dolor pasado, las lágrimas han sido enjugadas. Las bombas han sido desmontadas y su terrible secreto enterrado en el centro de la tierra, donde está siendo devorado por el magma. Marchemos alegres, paso marcial, al ritmo de la más pura alegría. Todos los hombres son hermanos. Ya no habrá verdugos ni víctimas, ricos ni pobres, ya no habrá más odio en los corazones.

Marchemos lavados por la sangre de los corderos que hemos degollado, rebaños inmensos nos acompañan, cantando con sus voces el himno a la alegría. Nada puede detener ese ritmo que hace brincar nuestros pasos sobre las piedras del camino. Todos unidos a la busca del Elíseo, allí donde nadie necesita esconderse cada vez que tropieza con otro hermano, ni será preciso buscar en su rostro el signo de Cain, taladrar sus ojos esperando la mentira. Soy algo que nada ni nadie puede destruir, grita el tenor. Estoy de acuerdo… Estoy de acuerdo…

Se entrelazan las voces de soprano y mezzosoprano: La belleza alumbra nuestro camino. Las frases se juntan, se separan, se distancian, regresan, vuelven a encontrarse. Sí… Sí… es preciso creer en el espíritu, en algo inmortal; solo lo que permanece para siempre nos da seguridad. Alegría… Felicidad… Sí…Sí… es preciso creer, ya no sirven las dudas. De pronto el silencio. La alegría ha sido cortada de raíz. Surge una pregunta de todas las gargantas, un clamor sin respuesta: ¿Cómo un espíritu es capaz de semejante degradación? ¿Cómo un Dios puede permitir esto? ¿Quién nos asegura que no estamos solos? Una chispa puede brotar en cualquier lugar pero eso no enciende un eterno fuego purificador. Las manos enlazadas se pueden tensar buscando el frágil cuello del hermano, el odio es capaz de volver a crepitar entre los dientes. ¿Quién nos asegura que no volveremos al principio a ese continuo rechinar de dientes, la única música que existe en el infierno, capaz de sumergir a todo un planeta en una orgía de sangre, en una desatada carnicería de depredadores?

Alegría. ¡Que cesen las dudas! El ritmo es ya imparable y todo terminará por danzar de puntillas girando en círculos perfectos, hombres, bestias, plantas, hasta las piedras se unen en la música de las esferas. El asesino más frío no puede evitar que sus pies dejen de danzar, ni un solo instante. Mientras intenta aproximarse a su víctima la danza le envuelve en la locura de la alegría. El viejo puñal cae al suelo de sus manos febriles por la música y allí es pisoteado por millones de pies que saltan, que permanecen ingrávidos en el aire. La alegría lo puede todo. Hasta los eternos agoreros son incapaces de pronunciar sus terribles conjuros, se atraviesan en sus gargantas y de ellas brota el canto tanto tiempo reprimido. Nada tiene poder contra el elixir de los dioses.

Solo tu Beethoven, sordo y enfurruñado profeta, solo tú has podido libar del santo Grial. Algún día no muy lejano lo haremos todos. Mientras tanto que suene tu novena sinfonía, que suene hasta el fin de los tiempos, sobre el árido desierto de asfalto, en los cañones de los fusiles, en las playas ensangrentadas, en el rojo océano del odio; que apague el sórdido rumor del dinero, que ilumine la noche de los deseos oscuros, que sople como un huracán arrasando las viejas colinas del poder, donde momificados tiranos intentan sobrevivir a sus incontables víctimas. Que los gélidos terroristas que quieren asesinar estos tiempos sean castigados a escucharte hasta que el hielo de sus corazones se derrita en amargas lágrimas de arrepentimiento. ¿Quién será el último director que con su batuta en la mano se vea obligado a detener la orquesta, porque la música de la alegría está brotando de todos los corazones en este planeta-purgatorio?

¡Oh, tu Beethoven, viejo amigo, quiero que acompañes un día mis doloridos huesos al sepulcro, tarareando desafinadamente tu música inmortal! Nadie te verá, pero yo sí te veré, viejo amigo, yo sí te veré…

PARA TODAS LAS VICTIMAS DE LA VIOLENCIA DE CUALQUIER PAÍS, RAZA, RELIGIÓN, SEXO, IDEOLOGÍA. ESPECIALMENTE PARA VOSOTROS LOS NIÑOS, LAS VICTIMAS ENTRE LAS VICTIMAS. SI ALGÚN DÍA LA HUMANIDAD ES PERDONADA SERA GRACIAS A VOSOTROS.

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