CANCIONES PARA LA SOLEDAD IV


 

Dedicado con amor fraterno a Federico García Lorca, dedicado a Leonard Cohen y a Perurena que fue quien me sugirió que pusiera otra letra a esta canción de Leonard Cohen. He tardado algún tiempo porque la inspiración llega cuando quiere y siempre me pilla por sorpresa. Esta vez conduciendo, me puse a recitar en voz alta mientras escuchaba la canción que repetí varias veces hasta completar la historia, porque toda canción es una historia. Cuando pude parar y anotarla en mi libreta las palabras eran distintas, no sé si mejores o peores, pero el sentimiento no había cambiado. Nunca imaginé que la letra me saliera tan sentida.

BAILA ESTE VALS

EL VALS DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

Mientras en Viena
Bailan este vals
Gruesos goterones de sangre
Caen sobre la tierra yerma,
Por el odio fratricida.
Se desprenden de la pálida luna
Como amargos lagrimones.

Y la luna vino a la fragua
Con su polisón de nardos
Y el niño la mira, mira
Y el niño la está mirando.

Fui poeta en Nueva York,
Fui juglar en Andalucía
Y teatrero en España.

Viví como quise vivir,
Con sangre en el corazón,
Con miedo en el alma
Y con música en la boca.

Quiero bailar este
Último vals
Con la muerte desnuda,
Aferrado a su pálido esqueleto.
Que sus huesudas caderas
Opriman mi vientre.
Que me bese
Su hedionda boca
Y mirar sus cuencas vacías
Mientras los fusiles
Me apuntan al pecho
Y la tierra comienza
A empaparse de sangre.

Que lloren los negros en Harlem,
Que se tiñan de rojo
Las riveras del Hudson.
Quiero reposar
Sobre el arbóreo pecho
Del viejo Walt Whitman.

Nunca encontrarán mi cuerpo
Porque quiero que mi alma planee
Declamando versos
Sobre los campos de España.

Caminé los caminos del pueblo
Y bebí de sus vientos,
Porque la verdad estará siempre
En el vino que sudan los labriegos
Y que otros se beben en convites
Y en el aceite de la vida
Que otros almacenan
En ánforas de plata y oro.

Porque el vals de la arrogancia
Se baila en salones palaciegos,
Del gemido de las víctimas, lejos,
Sobre alfombras costosas
Que ocultan la sangre derramada.

Quiero bailar este vals
Con la muerte desnuda.
Me quitarán la vida,
Pero nunca podrán
Arrebatarme
La poesía, la belleza y el amor.

Viví como quise vivir,
Con sangre en el corazón,
Con miedo en el alma
Y con música en la boca.

Que bailen, que bailen
Este vals en Viena,
Que dancen, que dancen
Que sigan danzando
El vals de la indiferencia.

Viví como quise vivir
Con sangre en el corazón,
Con miedo en el alma,
Con música en la boca.

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  1. LETRA EN INGLÉS Y TRADUCIDA AL ESPAÑOL

    (after Lorca)
    Now in Vienna there’s ten pretty women
    There’s a shoulder where Death comes to cry
    There’s a lobby with nine hundred windows
    There’s a tree where the doves go to die
    There’s a piece that was torn from the morning
    And it hangs in the Gallery of Frost
    Ay, Ay, Ay, Ay

    Take this waltz, take this waltz
    Take this waltz with the clamp on it’s jaws
    Oh I want you, I want you, I want you
    On a chair with a dead magazine
    In the cave at the tip of the lily
    In some hallways where love’s never been
    On a bed where the moon
    has been sweating
    In a cry filled with footsteps and sand
    Ay, Ay, Ay, Ay

    Take this waltz, take this waltz
    Take it’s broken waist in your hand
    This waltz, this waltz, this waltz, this waltz
    With it’s very own breath of brandy and Death
    Dragging it’s tail in the sea
    There’s a concert hall in Vienna
    Where your mouth had a thousand reviews
    There’s a bar where the boys have stopped talking
    They’ve been sentenced to death by the blues
    Ah, but who is it climbs to your picture
    With a garland of freshly cut tears?
    Ay, Ay, Ay, Ay
    Take this waltz, take this waltz
    Take this waltz it’s been dying for years
    There’s an attic where children are playing
    Where I’ve got to lie down with you soon
    In a dream of Hungarian lanterns
    In the mist of some sweet afternoon
    And I’ll see what you’ve chained to your sorrow
    All your sheep and your lilies of snow
    Ay, Ay, Ay, Ay
    Take this waltz, take this waltz
    With it’s ‘I’ll never forget you, you know!’
    This waltz, this waltz, this waltz, this waltz …
    And I’ll dance with you in Vienna
    I’ll be wearing a river’s disguise
    The hyacinth wild on my shoulder,
    My mouth on the dew of your thighs
    And I’ll bury my soul in a scrapbook,
    With the photographs there, and the moss
    And I’ll yield to the flood of your beauty
    My cheap violin and my cross
    And you’ll carry me down on your dancing
    To the pools that you lift on your wrist
    Oh my love, Oh my love
    Take this waltz, take this waltz
    It’s yours now. It’s all that there is

    “Federico García Lorca: Pequeño Vals Vienés

    (Después de Lorca)
    Ahora en Viena hay diez preciosas mujeres.
    Hay un hombro sobre el que la muerte llora.
    Hay un hall de entrada con novecientas ventanas.
    Hay un árbol, al que las palomas van a morir.
    Hay un trozo que fue separado de la mańana.
    Y está colgado en la Galería del Hielo.
    Ay, Ay, Ay, Ay
    Toma este vals, toma este vals.
    Toma este vals con la mordaza de sus mandíbulas.
    Oh te quiero, te quiero, te quiero.
    En una silla con una revista muerta.
    En una cueva, con el trozo de un lirio.
    En algunos pasillos donde el amor
    nunca ha estado.
    En una cama donde la Luna ha sudado.
    En un sollozo lleno de pisadas y arena.
    Ay, Ay, Ay, Ay
    Toma este vals, toma este vals.
    Toma su cintura rota en tu mano.
    Este vals, este vals, este vals, este vals.
    Con su aliento a brandy y a muerte.
    Arrastrando su sobra hacia el mar.
    Hay una sala de conciertos en Viena
    Donde tu boca fue mil veces comentada.
    Hay un bar donde los chicos han dejado de hablar,
    condenados a muerte por el blues.
    Ah, pero ¿quién se sube a tu imagen
    con una guirnalda de lágrimas recién cortadas?
    Ay, Ay, Ay, Ay
    Toma este vals, toma este vals.
    Toma este vals que ha estado muriendo durante años.
    Hay un ático donde los niños están jugando.
    ¿Dónde tendré que acostarme contigo?
    En un sueño de linternas húngaras
    entre la niebla de una dulce tarde.
    Y veré lo que has encadenado a tu desdicha
    Todas tus ovejas y tus lirios de nieve.
    Ay, Ay, Ay, Ay
    Toma este vals, toma este vals.
    Con su “yo nunca te olvidaré, ya sabes”.
    Este vals, este vals, este vals, este vals…
    Y bailaré contigo en Viena
    Llevaré un disfraz de río.
    El jacinto silvestre en mi hombro.
    Mi boca en el rocío de tus muslos.
    Y enterraré mi alma en un libro de recuerdos,
    con las fotografías allí y el moho.
    Y me rendiré ante la inundación de tu belleza.
    Mi violín barato y mi cruz.
    Y tú me llevarás hacia abajo con tu baile,
    a las piscinas que levantas en tu muñeca.
    Oh mi amor, oh mi amor.
    Toma este vals, toma este vals.
    Es tuyo ahora. Es todo lo que hay.

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  2. FEDERICO GARCÍA LORCA 1898-1936

    LOS POEMAS DE LORCA

    ROMANCERO GITANO

    La luna vino a la fragua
    con su polisón de nardos.
    El niño la mira mira.
    El niño la está mirando.
    En el aire conmovido
    mueve la luna sus brazos
    y enseña, lúbrica y pura,
    sus senos de duro estaño.
    Huye luna, luna, luna.
    Si vinieran los gitanos,
    harían con tu corazón
    collares y anillos blancos.
    Niño déjame que baile.
    Cuando vengan los gitanos,
    te encontrarán sobre el yunque
    con los ojillos cerrados.
    Huye luna, luna, luna,
    que ya siento sus caballos.
    Niño déjame, no pises,
    mi blancor almidonado.
    El jinete se acercaba
    tocando el tambor del llano.
    Dentro de la fragua el niño,
    tiene los ojos cerrados.
    Por el olivar venían,
    bronce y sueño, los gitanos.
    Las cabezas levantadas
    y los ojos entornados.
    ¡Cómo canta la zumaya,
    ay como canta en el árbol!
    Por el cielo va la luna
    con el niño de la mano.
    Dentro de la fragua lloran,
    dando gritos, los gitanos.
    El aire la vela, vela.
    el aire la está velando.

    ODA A WALT WHITMAN
    Por el East River y el Bronx
    los muchachos cantaban enseñando sus cinturas,
    con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.
    Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas
    y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.

    Pero ninguno se dormía,
    ninguno quería ser el río,
    ninguno amaba las hojas grandes,
    ninguno la lengua azul de la playa.

    Por el East River y el Queensborough
    los muchachos luchaban con la industria,
    y los judíos vendían al fauno del río
    la rosa de la circuncisión
    y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados
    manadas de bisontes empujadas por el viento.

    Pero ninguno se detenía,
    ninguno quería ser nube,
    ninguno buscaba los helechos
    ni la rueda amarilla del tamboril.

    Cuando la luna salga
    las poleas rodarán para tumbar el cielo;
    un límite de agujas cercará la memoria
    y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.

    Nueva York de cieno,
    Nueva York de alambres y de muerte.
    ¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
    ¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
    ¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?

    Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
    he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
    ni tus hombros de pana gastados por la luna,
    ni tus muslos de Apolo virginal,
    ni tu voz como una columna de ceniza;
    anciano hermoso como la niebla
    que gemías igual que un pájaro
    con el sexo atravesado por una aguja,
    enemigo del sátiro,
    enemigo de la vid
    y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
    Ni un solo momento, hermosura viril
    que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
    soñabas ser un río y dormir como un río
    con aquel camarada que pondría en tu pecho
    un pequeño dolor de ignorante leopardo.

    Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,
    hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
    porque por las azoteas,
    agrupados en los bares,
    saliendo en racimos de las alcantarillas,
    temblando entre las piernas de los chauffeurs
    o girando en las plataformas del ajenjo,
    los maricas, Walt Whitman, te soñaban.

    ¡También ese! ¡También! Y se despeñan
    sobre tu barba luminosa y casta,
    rubios del norte, negros de la arena,
    muchedumbres de gritos y ademanes,
    como gatos y como las serpientes,
    los maricas, Walt Whitman, los maricas
    turbios de lágrimas, carne para fusta,
    bota o mordisco de los domadores.

    ¡También ése! ¡También! Dedos teñidos
    apuntan a la orilla de tu sueño
    cuando el amigo come tu manzana
    con un leve sabor de gasolina
    y el sol canta por los ombligos
    de los muchachos que juegan bajo los puentes.

    Pero tú no buscabas los ojos arañados,
    ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
    ni la saliva helada,
    ni las curvas heridas como panza de sapo
    que llevan los maricas en coches y terrazas
    mientras la luna los azota por las esquinas del terror.

    Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
    toro y sueño que junte la rueda con el alga,
    padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
    y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.

    Porque es justo que el hombre no busque su deleite
    en la selva de sangre de la mañana próxima.
    El cielo tiene playas donde evitar la vida
    y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.

    Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
    Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
    Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
    la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
    los ricos dan a sus queridas
    pequeños moribundos iluminados,
    y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.

    Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
    por vena de coral o celeste desnudo.
    Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
    una brisa que viene dormida por las ramas.

    Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
    contra el niño que escribe
    nombre de niña en su almohada,
    ni contra el muchacho que se viste de novia
    en la oscuridad del ropero,
    ni contra los solitarios de los casinos
    que beben con asco el agua de la prostitución,
    ni contra los hombres de mirada verde
    que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
    Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
    de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
    madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
    del Amor que reparte coronas de alegría.

    Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
    gotas de sucia muerte con amargo veneno.
    Contra vosotros siempre,
    Faeries de Norteamérica,
    Pájaros de la Habana,
    Jotos de Méjico,
    Sarasas de Cádiz,
    Ápios de Sevilla,
    Cancos de Madrid,
    Floras de Alicante,
    Adelaidas de Portugal.

    ¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
    Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
    abiertos en las plazas con fiebre de abanico
    o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.

    ¡No haya cuartel! La muerte
    mana de vuestros ojos
    y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
    ¡No haya cuartel! ¡Alerta!
    Que los confundidos, los puros,
    los clásicos, los señalados, los suplicantes
    os cierren las puertas de la bacanal.

    Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
    con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
    Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
    camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.
    Duerme, no queda nada.
    Una danza de muros agita las praderas
    y América se anega de máquinas y llanto.
    Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
    quite flores y letras del arco donde duermes
    y un niño negro anuncie a los blancos del oro
    la llegada del reino de la espiga.

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