UN CADÁVER EN LA CARRETERA II


 

 

UN CADÁVER EN LA CARRETERA

PRIMERA NOCHE

Cadávere carretera 1

EN LA CASA I

Apenas habían recorrido unos diez kilómetros cuando observó la entrada de un camino de tierra, a la derecha. Tomando una decisión rápida decidió meterse por allí. Apagó las luces y sacudió fuertemente a la mujer intentando hacerse con su bolso sin conseguirlo.

-Creo que usted me está mintiendo. No entiendo tanta preocupación con la policía. Déjeme el bolso, quiero ver lo que lleva en él.

En ese momento la mujer pareció salir de un sueño, todo su decaimiento, vergüenza y aquella imagen que intentaba dar, como de haberse perdido en algún lugar remoto de su cráneo, debido al trauma sufrido, desapareció bruscamente. Como si fuera una actriz que se quitara de encima al personaje de un manotazo, para enfrentarse al director que ha pasado todos los límites. Abrió rápidamente el bolso y de él sacó un pequeño revolver con el que le encañó sin el menor titubeo ni temblor.

Cadáver carretera 2

-Ya estoy harta de ti, amiguito. Ahora me vas a llevar a tu casa y si es verdad que vives solo nos quedaremos juntitos los dos, hasta que esta historia se calme. Si eres bueno te daré un premio por el que muchos pagarían la mitad de su fortuna. Ya he visto cómo me mirabas. ¿Te gusto mucho? ¿No es así muchacho?

-Claro que me gustas, pero por favor guarda esa pistola. No me fío de las armas de fuego, un movimiento brusco y puede que me encuentre con una bala en el corazón. No quiero morir, la muerte es la única desgracia que no tiene remedio. Haré todo lo que me digas, pero por favor olvídate de la pistola.

-No es una pistola, sino un revolver. Veo que no te gustan las armas de fuego. Eso está muy bien, solo hay que usarlas cuando no tenemos la menor duda sobre lo que queremos hacer. Creo que eres un buen chico. Lo pasaremos bien juntos. Ahora arranca y llévame a tu casa.

Encendió las luces y regresó a la carretera, pero ahora no tenía ninguna prisa por llegar. Necesitaba recapacitar sobre las posibilidades de salir de aquel lío con vida. Ella no parecía una muñeca cualquiera que se hubiera cargado a su amante, por la única razón de no soportarlo. Sus nervios parecían de acero; sin duda una profesional que estaría metida en algún tipo de mafia. En las películas a los mafiosos no les gusta dejar ningún rastro tras de sí. Él podría describir a la policía con pelos y señales a la mujer que había recogido en la carretera. Su memoria visual no era un don, solo le ocurría con las mujeres atractivas y ello porque había trabajado durante años esa técnica. Le bastaba con ver una mujer bonita, de paso en cualquier parte, y al llegar a casa podía dibujar sus rasgos a la perfección. Incluso había diseñado un programa para el ordenador; escogía cada rasgo sin dudar y rara era la vez que al finalizar un rostro tenía que volver a retocarlo. Ella no conocía ese rasgo de su carácter, pero sin duda estaba pensando en deshacerse de él.

-No hablaré. Apenas me conoces pero no me interesa meterme en líos, tengo un buen trabajo y toda la vida por delante. El hombre está muerto y eso ya no tiene remedio. Además… seguro que era un cabrón y se merecía lo que le ha pasado.

-Tienes toda la razón, amiguito, era un auténtico cabrón. Ya tendremos tiempo de hablar de ello. En cuanto a ti, te calé a la primera. Has conseguido ganar mucho dinero. Por cierto, ¿en qué trabajas?

-En el ramo de la informática, soy programador. Tengo una empresa propia y me va muy bien.

-Te has acostumbrado a los placeres que proporciona el dinero, a la buena vida y a las mujeres. ¿Somos tu debilidad, no es cierto?

-No tiene sentido negarlo. Las mujeres siempre habéis sido mi debilidad.

-Lo sé. Un par de noches en mis brazos y no me denunciarías ni por todo el oro del mundo. ¿No es cierto?

-Puede que seas muy buena psicóloga, pero todos podemos equivocarnos al juzgar a los demás. El ser humano es siempre imprevisible.

-Creo que me arriesgaré contigo, amiguito.

No dijo nada más, bajó el cañón del revolver, pero su mano no se separó de la empuñadura, lo dejó reposar sobre su regazo y miró al frente. La carretera les está llevando hacia un futuro incierto, los faros del coche apenas dejan ver unos metros, el resto es solo oscuridad.

Cuando llegaron a su casa era más de media noche. Metió el coche en el garaje y abrió la puerta. En cuanto encendió la luz ella se introdujo dentro rápidamente y comenzó a buscar el baño sin preguntarle nada.

-Está detrás de aquella puerta, al final del pasillo, a la derecha.

¿Y ahora qué? Podría intentar llamar a la policía, pero ella tiene el revólver y me mataría sin dudarlo. Es una mujer fría como el hielo. Tendré que seguir el juego. Me ha estropeado las vacaciones pero si todo sale bien tendré algo para contar a mis conquistas, tal vez podamos reírnos un rato con una copa en la mano. Pero la muerte no es una broma, si me dispara no tardaré en caer durante toda una eternidad como sucede en las películas. La bala destrozará partes vitales de mi organismo, todos tenemos que morir pero no ahora y no tiene porqué ser con dolor. Odio el dolor, cantaría como una soprano si me torcieran un dedo. Pero de nada sirve dar vueltas a algo que no está bajo mi control. Solo puedo esperar y aprovechar cualquier circunstancia favorable?

Cadáver carretera 3

 

Mientras ella se ducha mira en el frigorífico. La mujer que hace la limpieza en varias casas de la zona tiene llaves de la suya. La telefoneó el día anterior para que llenara el frigorífico, dejando algo preparado para cenar. No volverá a limpiar la casa si no la llama ese es el acuerdo. No tiene hambre, pero no se piensa bien con el estómago vacío. En un recipiente hay sopa y en el otro unas albóndigas con tomate. Saca ambos y los introduce en el microondas. Si ella quiere comer habrá bastante para los dos.

Busca platos y cubiertos, colocándolos a ambos extremos de la mesa, sin olvidarse de las servilletas y unas botellas de cerveza. Ella entra con una toalla alrededor de su cuerpo. En otra ocasión hubiera dado las gracias al destino, pero tal como están las cosas aquella hermosa mujer que deja sus hermosas piernas y la parte superior de los pechos desnudos a su mirada, podría muy bien ser la muerte disfrazada de bella dama. Ella no se fija en su mirada o se habría dado cuenta del miedo que hay en sus ojos.

Un instante puede cambiar una vida, pero nunca pensé que me fuera a ocurrir a mí.

Ella se acerca hasta la mesa sin mirarlo y tomando una albóndiga con los dedos se la lleva a la boca, como una loba hambrienta habría hecho con un corderito, masticando después con ansia.

 

cadáver carretera 4

-¿Me puedes dejar un vaquero y una camisa? Creo, que dada tu envergadura, no me quedarían muy mal.

-Claro. Sígueme y escoge lo que quieras.

La conduce hasta su habitación, donde abre el armario y deja que ella escoja a su gusto.

-Por cierto, si vamos a pasar unos días juntos, creo que es de buena educación presentarnos. Me llamo Antonio, Tony para los amigos.

-A mi puedes llamarme Laura si quieres. Si no te gusta escoge cualquier otro, el de tu amante más perversa, por ejemplo.

-Laura está bien.

-Bueno, si me dejas un minuto me vestiré. Claro que si prefieres mirar puedes quedarte para no perder detalle; mi dosis de pudor es ya tan pequeña que no sufriré mucho porque veas de cerca los defectos de mi carrocería.

-Tu carrocería no tiene defectos, pero creo que preferiría contemplarla en otro momento. Hoy no estoy de humor. Te espero para cenar.

El se vuelve a la cocina, pensando en la posibilidad de que ella haya dejado el bolso, con el revólver en su interior, en el baño. ¿Por qué no intentar hacerse con el arma? Podría encañonarla y luego llamar a la policía. Una vez el problema resuelto… a disfrutar de las bien merecidas vacaciones. ¿Y si ella se vengara? Tendría muchos años de cárcel para pensarlo. Y una mujer como ella, una auténtica leona, siempre tiene algún amigo o conocido dispuesto a hacerle un favor. O cualquier otro lo haría, si es a cambio de recibir unos buenos fajos de billetes. Piensa que tal vez tendría que vender la casita y comprar otra lejos de allí. La pondrá a nombre de su empresa. Ella solo sabe su nombre y no es seguro que no haya mentido. Con dinero todo tiene solución. Solo un hombre tan asustado como él elucubra semejantes estupideces. Parece el cuento de la lechera. Antes debe comprobar si esa posibilidad de salir del embrollo está a su alcance.

Camina hacia el baño por pura inercia, pero a mitad de camino se dice que no tendría tiempo suficiente. Si ella le descubre ahora, ya no se fiará de él; no sería fácil volver a intentarlo. Incluso le matará como a un perro rabioso. Para una mujer como ella un cuerpo atractivo no significa nada. Lo mismo que para el matarife un trozo más de carne. Regresa a la cocina y se sirve una cerveza negra en una jarra de cristal. La mujer de la limpieza tiene una excelente memoria. La cerveza es de su marca preferida y solo tuvo que decírselo una vez. Anota mentalmente que si sale de aquella aventura aumentará su asignación mensual. Es una verdadera joya.

Laura llega, vestida con su ropa, un vaquero y una camisa llamativa; no le quedan nada mal. Observa que ha tenido tiempo para acicalarse, tiene los ojos pintados de un azul claro y la boca muy roja. Una mujer que es capaz de arreglarse después de cometer un asesinato se lo podría comer crudo de un único bocado y sin parpadear siquiera. Por si acaso será mejor alimentarla bien, para que sus instintos caníbales vayan en otra dirección.. Sirve sopa en los platos y la invita a sentarse.

-A pesar de la nochecita que he pasado tengo un hambre de lobo. Solo pude tragarme deprisa un sandwich en una cafetería antes de montar en el coche con Mamón… Lo llamaba así, muy bajito, cuando nadie podía oírme y lo repetía una y otra vez. Mamón…Mamón…Mamón… ¿Tú tienes hambre?

-Claro, apenas he probado bocado en todo el día. Procuro ser parco para evitar dormirme mientras conduzco. Además, pocas cosas hay en la vida que puedan quitarme el apetito y menos la muerte de ese cerdo. Porque era un mafioso, un matón. ¿No es cierto?

Él se hace el duro, como si estuviera rodando una película negra. No es muy convincente, pero tiene que intentarlo. Puede que de ello dependa su vida.

-Sí, lo era. Nadie lo echará de menos, aunque sus sicarios estén pensando en vengar su muerte. Es parte de su código de honor. Te preguntarás cómo mantengo el tipo con este apetito… Voluntad, amiguito, mucha voluntad. No me importa pasarme si las circunstancias me invitan a ello, pero luego sigo una dieta muy estricta. Cuando estoy a dieta nada es capaz de desviarme del camino. Para una mujer su físico es tan importante como para un hombre su dinero.

-¿Quieres algo para beber? Tengo cerveza, rubia o negra, y una abundante bodega con toda clase de vinos.

-Si no te importa preferiría vino. Si es posible de lo mejor que tengas en tu bodega. Lo de esta noche merece una celebración por todo lo alto.

-Entonces tengo que bajar a la bodega.

-Te acompaño.

Toma las llaves de un bonito llavero de madera colgado junto al frigorífico y la precede hacia el salón. Allí mueve una alfombra y con mucho cuidado levanta una pequeña puerta de madera, disimulada en el parquet.

“Puedo pedirle que baje primero – piensa notando la aceleración en el latido de su corazón –encender la luz y empujarla por las escaleras. Cada vez que bajo a la bodega se me ocurre esta idea. Es estúpido pensar en matar a alguien que no me ha hecho el menor daño, sin embargo esta situación no me gusta, antes o después pensará en asesinarme. Si tuvo redaños para cargarse al Mamón ni pestañeará si tiene que cargarse a un testigo molesto”.

Le viene a la cabeza una imagen surrealista: está sentado en un casino, jugando al poker. Las cartas son pésimas, Todo depende de que los demás no sepan que va de farol. Si gana recibirá un beso de la chica guapa y si pierde la dama fea le rebañará el gaznate con la guadaña.

Ella deja que él baje primero, lo que viene a confirmar sus sospechas. Decide olvidarse de la precaria situación en que se encuentra y disfrutar de la vida mientras pueda; la cena no está mal, beberán un vino excelente y en la compañía de una hermosa señorita se pasa bien el rato, hasta que llegue la hora de acostarse. Piensa si ella estará de humor para un buen polvo, es tan fría que puede esperarse cualquier cosa. De momento dejará el futuro aparcado, no se le puede traer de los pelos, cuando llega lo hace con el cuerpo y el paisaje que ha escogido previamente el destino.

cadáver carretera 5

Continuará.

 

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