UN POEMARIO NEGRO I


 

NOTA INTRODUCTORIA: Estos poemas los escribí en Madrid, allá por el año 1978 en adelante. Muchos de ellos fueron escritos en el metro, entre viaje y viaje de casa al trabajo y del trabajo a casa. Fue una época terrible de mi vida, la llamo la “etapa negra” de ahí el nombre del poemario. Escribía lo que sentía, sin más. En alguna ocasión he intentado reescribir los versos, pero lo he dejado porque lo que ganan en belleza formal lo pierden en intensidad y emoción.

POEMARIO NEGRO

AUTORRETRATO

Eterno vagabundo en la niebla
Buscando mundos imposibles.
Soñador de esperanzas rotas.
Viento que gime en la llanura
Huyendo siempre
De la angustia.
Suspirando por un escondrijo
Al amparo de la tristeza.

Eterno romántico de horizontes
Que se alejan siempre de tus pasos
Que solo son hollados
Acariciados
Por la llama de tu mirada abrasadora.

Eterno dolor en movimiento
Agitándose
En el silencio.
Retorciéndose
En la soledad.
Muriendo
Y reviviendo
Como infernal condenado.

Eterno luchador
Vencido
Contra crueles fantasmas
Que te hieren
Invisibles
Con el filo cortante
De sus espadas despiadadas
Templadas
En la gélida fragua de la nada.

Eterno sediento
De amor.
Beodo
De ilusiones
De inmensos océanos de ilusiones.
Sequedad infinita
Que se resquebraja
Por la impotencia.

Eterna pregunta
Planteada al tiempo.
Clavada en el centro
Del ojo de la vida.

Eterno demente
Pidiendo respuestas
Al mudo silencio.

Eterno peregrino
Hacia el santuario sin caminos
De la diosa felicidad.

Eterno aspirante
Al cetro y corona
De la divinidad.

Eterno
Y temporal.
Esa
Es tu condena.
Esa
Es tu esperanza.

No tengo nombre
No me llames.
Amigo.
Con vacías palabras.

Sabed todos
Que soy
En esencia
Sufrimiento.


LOS SENTIMIENTOS DEL POETA

DESESPERACIÓN

Hay momentos oscuros,
hay noches solitarias,
hay etapas negras
hay abismos sin fondo.
Entonces la desesperación
acecha emboscada
como pantera negra
de ojos relucientes.

Como cuando tu mirada
tropieza con el espejo,
implacable testimonio
de una vida rota para siempre.

Cuando todo es tristeza
y no queda en el alma
ni una sola brizna de alegría.

Cuando el cielo es gris
y la lluvia cae mansa.

Cuando la música suave
es el lamento del alma.

Cuando no se puede llorar
y la sonrisa nos mata.

Cuando el mañana nos asquea
y despreciamos el ayer.

Cuando ni el sueño del bello amor
puede anular las pesadillas.

Cuando hasta la soledad
rechaza hacernos compañía
y sentimos el vacío
aplastarnos las entrañas.

Entonces algo indefinible nos invade;
cada rincón del ser, hasta lo insensible,
se alza en feroz rebelión,
abraza a la nada con deseo lujurioso,
la besa con salvaje ansia,
busca la posesión con delirio,
en suprema desesperación del alma.

Un orgasmo infinito y atroz
recorre hasta la médula de la existencia;
un gemido inenarrable atraviesa el universo,
se pierde inadvertido para el hombre,
hasta para la mirada del ángel.

¡Qué rechazo visceral de la angustia de la vida
nos hunde en un abismo, llano, sin esperanza,
donde la dulce desesperación hace dormir
al alma en el exquisito sueño de la nada!

 

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