MI BIBLIOTECA PERSONAL X


 

EL HOMBRECILLO DE LOS GANSOS DE JAKOB WASSERMAN

JAKOB WASSERMANN , EL ACANTILADO, 2001
DATOS DEL LIBRO
Nº de páginas: 696 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: EL ACANTILADO
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788495359599

UN HERMOSO RECUERDO

La mejor etapa de mi vida, literariamente hablando, como lector de literatura, comenzó a los catorce años, cuando descubrí a Dostoievski gracias al profesor de latín, un fraile amable, erudito, una bellísima persona, que nos trataba bien a todos sus alumnos en aquel colegio religioso de Valladolid, pero sobre todo me trató bien a mí, no sé si porque era un adolescente tímido y sensible al que le gustaba la lectura, la música y todo tipo de conocimientos o tal vez porque me viera muy indefenso. De hecho no solo tengo que agradecerle que me permitiera el acceso a la biblioteca de los frailes, mucho más completa que la nuestra, de donde sacaría libros para mí tan importantes y emblemáticos en aquella época como Crimen y Castigo de Dostoievski o a Sangre y fuego de Henryk Sienkiewicz, por poner solo dos ejemplos de libros que me marcaron en mi adolescencia.

Cuando abandoné el colegio, a los dieciocho años, me tuve que conformar con gastar la magra propina que me daban mis padres en los libros más baratos que encontraba, en aquel tiempo los de colección Reno y Bruguera bolsillo. De esta forma me fui haciendo con los primeros ejemplares de lo que con los años sería mi biblioteca personal. Entre estos ejemplares que aún conservo tengo un recuerdo imperecedero del Hombrecillo de los gansos de Wasserman. Buscando datos ahora mismo en Internet he descubierto reseñas en que no ponen muy bien a la novela, en exceso prolija, dicen, más bien costumbrista y con un argumento que se pierde en demasiadas vueltas y revueltas. No tengo reciente la relectura de esta novela, que tal vez llevara a cabo hace más de diez o quince años (la primera lectura fue a los diecinueve años, allá por el año 1975 o un poco antes) por lo que mi recuerdo es borroso y no puedo rebatir todos estos razonamientos. Lo que sí recuerdo fue la sensación de placidez que me produjo su lectura. Como solo podía comprar una novela al mes, o dos si me privaba del cine, tenía que alargar la lectura de las novelas todo lo que me fuera posible porque no tenía más libros. Con posterioridad un familiar, maestro en un instituto, me llevaría sus propios libros a casa puesto que mis padres le habían comentado que era un devorador de libros y nunca tenía bastante. Como era tan tímido que no me atrevía a salir de casa, por si me encontraba con alguna chica por el camino, tuvo el detalle, que le agradeceré siempre, de disfrutar de parte de su biblioteca. En aquel tiempo era tan ingenuo, tan misántropo y misógino, tan fóbico social, sin yo saberlo aún, que ni siquiera me enteré de que existía una biblioteca pública de donde se podían sacar libros en préstamo. Tampoco creo que lo hubiera hecho de haberme enterado puesto que el solo hecho de caminar por la calle e ir hacia algún lugar ya me producía suficiente angustia como para hacer ese recorrido varias veces al mes.

Recuerdo muy bien que leí la novela en mi habitación, tumbado en la cama, escuchando en radio clásico de RNE la música que correspondiera a la programación de la emisora durante aquellos días. Estaba tan ansioso por escuchar música clásica, o ratonera, como decían en casa, que con mi primer sueldo me compré un transistor con FM, grande, con una buena antena, algo muy caro en aquellos tiempos, al menos para un jovencito que comenzaba a trabajar y a quien le pagaban muy poco. Recuerdo que la lectora de esta novela, al tiempo que escuchaba por primera vez la música clásica en el transistor, fue una de las experiencias más placenteras y hermosas de mi vida. Tal vez por ello El hombrecillo de los gansos siempre permanecerá en mi memoria como una de las experiencias más agradables que he tenido nunca como lector. No me importó su “prolijidad” porque necesitaba novelas muy largas para que me duraran hasta la próxima compra, razón por la que si podía elegía novelas muy largas, dentro de mis gustos por la buena literatura. No me importó el costumbrismo porque aquellas descripciones, ahora sé que de las afueras de Nuremberg, ciudad que he conocido recientemente, en mis primeras vacaciones tras el divorcio, en el viaje que hice a Alemania y Austria, con gran deleite por mi parte porque me pareció una ciudad muy, muy hermosa.

He tenido que leer la sinopsis para recordar que el protagonista era músico y se llamaba Daniel y que la estatua a que se refiere el título estaba precisamente en una plaza de Nuremberg. La lectura de esta novela me marcó y su autor formaría parte de mis grandes autores favoritos a partir de entonces. En alguna reseña se le ha comparado a Dostoievski, algo que me parece un poco exagerado, teniendo en cuenta la pasión que siento por el gran escritor ruso. Dicen que fue una novela muy popular en su época, de lo que me alegro mucho. Sin duda su autor, Jakob Wasserman ha pasado a la historia de la literatura.

Entre mis relecturas pendientes está la de esta novela, así como, si me es posible, ampliar mi conocimiento del autor y del resto de su obra. En mi biblioteca personal El hombrecillo de los gansos siempre tendrá un lugar especial, aunque el ejemplar de la colección Reno, sino recuerdo mal, está ya un poco deteriorado.

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