PERDIDO EN EL TIEMPO III


PERDIDO EN EL TIEMPO III

BRUCE SPRINGSTEEN
03-BORN IN THE USA

Born down in a dead man’s town
the first kick i took was when i hit the ground
you end up like a dog that’s been beat too much
till you spend half your life just covering up
Chorus
born in the u.s.a.
i was born in the u.s.a.
i was born in the u.s.a.
born in the u.s.a.

Naaací en el infieeerno, naaací en el infieerno, con doos, doos cueeernos. Menos mal que aún conservo el sentido del humor, y menos mal que esta canción interrumpe la racha de baladas, estoy harto de no poder quitarme de la cabeza el mismo bucle sin fin. Necesito un poco de ritmo, un poco de marcha. Sin duda esta es la canción que elegiría para romper la pared dimensional y pasar al otro lado, para perderme en el tiempo. Naaací en el infieerno. Sí, me parió una caldera humeante y desde entonces no he dejado de hervir. Je,jé. Esto no hay quien lo pare, amigo.

¡Quieto, colega, dónde vas! Estoy dando manozatos al volante siguiendo el ritmo, y además, sin darme cuenta, he subido a los ciento sesenta y subiendo. Pisa el freno, colega, o acabarás en el mismo sitio donde naciste. Adelanto coches conduciendo con manos libres, dando palmetazos al volante. Esto es un suicidio. Para el carro, pisa el freno, colócate de nuevo en el carril lento y sigue el ritmo con la cabeza, es menos arriesgado.

No sé cuándo salió esta canción, aunque juraría que fue la primera que escuché del Bruce. Aún no me había casado y me tomaba cubatas en la discoteca, mirando a las chicas. Creo que fue por entonces cuando comencé a fumar, me dieron un pitillo para calmar los nervios y los nervios acabaron por hacerme un adicto al tabaco. Necesito un pitillo, pero en la autovía no se puede estacionar. Me daré con un canto en los dientes si no me llega una multa por esta estupidez. Podría salir en algún sitio, echarme un pitillo y volver a entrar. Sería otra estupidez, seguro que me perdía. Aguantaré, tampoco soy un fumador compulsivo.

No tengo ni idea de lo que dice la canción, seguro que es una letra-protesta, pero realmente es la leche. Si no fuera por ella seguro que me habría dormido en alguno de mis viajes largos. Podría despertar a un muerto. Sí, necesito un poco de ritmo, algo de marcha, para olvidar, para calmar este delirio que casi me hace creer en la posibilidad de pasar a otra dimensión y continuar, perdido en el tiempo, dando vueltas a esta carretera infernal durante toda la eternidad.

La juventud es un pájaro que revolotea por todas partes hasta agotarse, sin encontrar nada de lo que busca, si es que busca algo. Yo entonces buscaba chicas, sexo, por supuesto. Es uno de los bucles, el más fuerte, que enreda mis neuronas en un nudo gordiano que solo romperá la muerte. Debí haber renunciado al sexo y quedarme de cura, pero ¡qué es una vida sin sexo! Como un jardín sin flores, como patear y patear asfalto, a la espera que un coche se desmande y te lleve por delante. Sin esa obsesión mi vida habría sido más calmada, podría haber buscado el conocimiento con la calma de un guerrero impecable, de un buda imperturbable. Cuando Castaneda le pregunta a don Juan por el sexo este le responde que el sexo debilita al guerrero, pero parece ser el sino de todos los aprendices, como el compulsivo tomar notas de Carlitos. Le cuenta que él mismo llegó a pensar que convertirse en nagual le facilitaría el sexo con todas sus guerreras. Estalla en una de sus típicas crisis de hilaridad, hasta golpearse los muslos con las manos, en uno de sus gestos típicos. El sexo parece más una condena que todos los que estamos en el infierno debemos aceptar en silencio, que ese paraíso donde nos están esperando las huríes para hacernos la eternidad menos aburrida.

Esta canción es mi grito de guerra. No tengo ni idea de lo que dice, pero la seguiré cantando hasta en el infierno. Esta debería ser mi noche, la noche apocalíptica del fin de los tiempos. Si Dios escuchara mi oración haría que me perdiera en el tiempo, las farolas se irían apagando, conforme yo pasara, como me ocurre algunas veces, cuando tengo la mente demasiado revuelta, las luces de la gran metrópoli se irían apagando, una tras otra. Los coches desaparecerían, como tragados por el monstruo traga-coches escondido en la oscuridad, y me quedaría aquí, solo, taladrando el oscuro asfalto con el cono de luz de mis faros. Podría llegar a los doscientos, como hacen esos locos que ahora se han puesto de moda, para subir sus vídeos suicidas y reírse de la muerte, que va de copiloto, con la mano en su hombro izquierdo.

La manecilla del marcador del depósito no se movería, tendría gasolina para toda la eternidad. Entonces sí podría golpear el volante siguiendo el ritmo, sin miedo a que me pusieran una multa. Estoy majara, me da miedo el que me pongan una multa, cuando lo único que debería darme miedo es saltarme la mediana y que el coche diera cien vueltas de campana hasta explotar.

Naaací en el infieeerno. Naaací en el infieerno. Con doos, con doos cueeernos. Liquiiidaaré vueestras creenciaaas. Aacaabaré con vueestra paaciencia.

FOTO JAPY

 

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