PERDIDO EN EL TIEMPO IV


 

PABLO MILANÉS

A UN BANQUETE SE SIENTAN LOS TIRANOS

Hay una raza vil de hombres tenaces
De sí propios inflados, y hechos todos,
Todos del pelo al pie, de garra y diente;
Y hay otros, como flor, que al viento exhalan
En el amor del hombre su perfume.
Como en el bosque hay tórtolas y fieras
Y plantas insectívoras y pura
Sensitiva y clavel en los jardines.
De alma de hombres de unos se alimentan:
Los otros su alma dan a que se nutran
Y perfumen su diente los glotones,
Tal como el hierro frío en las entrañas
De la virgen que mata se calienta.

He tocado la tecla de la reproducción aleatoria y me ha salido esta maravillosa canción de Pablo Milanés, de un poema de José Martí, el poeta más humano, más cálido, más cercano, con raíces más profundas en la naturaleza humana, que conozco. Siempre que escucho esta canción algo en mi interior se conmueve, una fibra sensible del alma se estremece. No sé si es la adecuada tras el formidable himno de Bruce que me estaba llevando al infierno en un santiamén, donde un día nací, con doos cueernoos. Tal vez sí, porque si vivimos en el infierno, si este planeta es el infierno, es por ellos.¡Malditos tiranos, dictadores de pacotilla, tragones de garra y diente! Hombrecillos que no valen nada pero que aterrorizan pueblos enteros, naciones, continentes, a toda la humanidad. ¿Cómo es posible que todo el mundo se arrodille a su paso, aterrorizados, y se dejen llevar hasta el matadero, como rebaños de ovejas baladoras?

Tenemos más miedo que vergüenza, nos cagamos en los calzones, dejamos que estos hombrecillos de garra y diente nos gobiernen, que los corruptos nos quiten el pan de la boca, que escondan sus dineros en los paraísos fiscales mientras nosotros, los proletarios, pagamos los impuestos para que ésta sociedad funcione, mientras ellos, los glotones de alma de hombres se alimentan. A un banquete universal se sientan los tiranos, los corruptos, los traficantes de armas, los traficantes de esclavos, los tratantes de personas, los traficantes de mujeres, los narcos… Y se alimentan de nuestras almas, calentando sus hierros fríos en nuestras entrañas de vírgenes ingenuas y dolientes.

Recuerdo cómo de joven escuchaba conmovido hasta las lágrimas las canciones de Victor Jara mientras era masacrado por Pinochet. No sé si entonces escuchaba también a Pablo Milanés quien musicó de forma tan hermosa los poemas de José Martí. No sé cuándo se publicó este álbum. No me extraña que no recuerde fechas, estoy perdido en el tiempo, dando vueltas y más vueltas a esta autovía infernal. Tengo que reprimir la tentación de colarme por cualquier salida para fumar un pitillo y tomarme un cafelito. Sé que me pasaría el resto de la noche, perdido, buscando el camino a casa. Mejor aguantar, daré otra vuelta a la circunvalación y clavaré los ojos en los carteles indicadores, esta vez no me puedo pasar la salida.

¡Ondia! Se apagó una farola que acabo de pasar. ¿Pero hay farolas en la autovía? Nunca me he fijado, me conformo con saber que hay luz mientras conduzco. Sí, he podido ver por el retrovisor cómo parpadeaba, como esas farolas de calle, y ahora está muerta. Se nota un trozo de oscuridad donde debería estar su franja de luz. No “pue” ser, no “pue” ser. ¡A ver si Dios me ha escuchado y se dispone a fundir las farolas mientras yo paso! Jajá. Esto se pone interesante. No creo que Dios se moleste en estas tonterías, pero tal vez las fuerzas poderosas estén de juerga, hayan decidido pasarse una noche de jolgorio a mi costa. ¡No me sorprendería! Vale, tíos, o tías, o lo que seáis, os reto a que apaguéis todas las farolas, todas las luces de la ciudad. Os reto a que abráis una puerta en el tiempo y me conduzcáis a otra dimensión. Quiero perderme en el tiempo, pasarme la eternidad dando vueltas y vueltas a esta maldita autovía, escuchando la música que jalonó mi vida.

Para el carro, colega, te estás volviendo majara. Tómatelo con calma y céntrate en lo que estás haciendo. El tráfico parece el mismo. Jajá. Estaría bueno que de repente los coches desaparecieran y me quedara yo solo, dando vueltas y más vueltas a este gusano de luz que se pierde en la noche.

A un banquete se sientan los tiranos,
Pero cuando la mano ensangrentada
Hunden en el manjar, del mártir muerto
Surge una luz que les aterra, flores
Grandes como una cruz súbito surgen
Y huyen, rojo el hocico, y pavoridos
A sus negras entrañas los tiranos.
Los que se aman a sí, los que la augusta
Razón a su avaricia y gula ponen:
Los que no ostentan an la frente honrada
Ese cinto de luz que en el yugo funde
Como el inmenso sol en ascuas quiebra
Los astros que a su seno se abalanzan:
Los que no llevan del decoro humano
Ornado el sano pecho: los menores
Y los segundones de la vida, sólo
A su goce ruin y medro atentos
Y no al concierto universal.

¡Qué hermosos versos, qué hermosa canción! Me hubiera gustado escribir el poema, me hubiera gustado ponerle la música de Pablo Milanés. Esas metáforas tan plásticas, tan contundentes. Siempre que escucho la canción pasan por mi mente la lista de tiranos que han aplastado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. Imagino a Victor Jara a punto de ser fusilado en un estadio chileno, imagino a miles y miles de almas, masacradas por dictatorzuelos a quien nadie miraría si caminaran por nuestras calles vestidos de mendigos. Imagino el sufrimiento de tantos cuerpos en los genocidios que ha vivido y sigue viviendo la humanidad. Imagino cómo huyen los tiranos, rojo el hocico, y pavoridos, aterrados por la luz que brota de las entrañas del mártir muerto, como una espada de luz. Imagino cómo esos segundones de la vida, solo atentos a su goce ruin y medro, de pronto son despeñados de sus mansiones y relegados a donde merecen, mientras los mártires, con las entrañas roídas, salen a las calles y se ponen al frente de los nuevos ejércitos de la luz.

Danzas, comidas, músicas, harenes,
Jamás la aprobación de un hombre honrado.
Y si acaso sin sangre hacerse puede,
Hágase… clávalos, clávalos
En el horcón más alto del camino
Por la mitad de la villana frente.
A la grandiosa humanidad traidores,
Como implacable obrero
Que un féretro de bronce clavetea,
Los que contigo
Se parten la nación a dentelladas.

Y si acaso sin sangre hacerse puede,
Hágase… clávalos, clávalos
En el horcón más alto del camino
Por la mitad de la villana frente.
A la grandiosa humanidad traidores,

¡Qué terribles versos, diamantinos, implacables! Y sin embargo José Martí nunca pasa la línea roja, la que separa a los tiranos que hozan en el vientre de los mártires, de éstos y de sus seres queridos, que sienten brotar el odio en sus entrañas, a quienes les gustaría clavarles en el horcón más alto del camino. Sin embargo ese maravilloso verso, es la luminosa línea que separa a la humanidad de las bestias sin entrañas. Y si acaso sin sangre hacerse puede…

Siento humedad en los ojos. Y ya no sé si es por esta humanidad doliente que sigue caminando como un rebaño de corderos hacia el matadero, o por mí mismo, ahora solo, abandonado, desesperado, aferrado al volante, en una autovía infernal que no me lleva a parte alguna. Sé que estoy a punto de entrar en el delirio apocalíptico y profético que me acompaña a lo largo de toda mi vida. Sí, en mi juventud deseé ser un Victor Jara, fusilado por un ogro malencarado en un estadio repleto de llanto y dolor. Quise ser un alma grande, clavada en la cruz, para que el torpe rebaño de ovejas baladoras pudiera abrir sus ojos y ser despertado a la luz que nos hace dignos.

Ahora solo quiero perderme en el tiempo, seguir dando vueltas y más vueltas a esta autovía infernal, que las farolas se apaguen, que las luces de la gran metrópoli se vayan fundiendo, una a una, que los coches vayan desapareciendo, uno a uno, quedarme solo en la noche, escuchando mi música, perdido en otra dimensión, solo para mí. Alejarme para siempre del infierno donde nací.

Si supiera volvería a poner la canción del Bruce.

Naací en el infieeerno, con doos, con doos cueernos. Os arreebataré vueestras creencias, acaaabaré con vueestros baalidos.

Y si acaso sin sangre hacerse puede,
Hágase… clávalos, clávalos
En el horcón más alto del camino
Por la mitad de la villana frente.
A la grandiosa humanidad traidores,

 

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