PERDIDO EN EL TIEMPO V


 

PERDIDO EN EL TIEMPO V

BEETHOVEN

SEGUNDO MOVIMIENTO DE LA SINFONÍA N 7

No-no-no. No, esto no puede estar pasando. Se están apagando más farolas. Además juraría que el tráfico ha disminuido mucho, mucho. No soy un habitual de la circunvalación, pero esto no es normal. Bueno, tal vez mi estado de ánimo no sea el mejor.

Recuerdo la primera vez que la escuché. En aquel colegio navarro a donde nos llevaban durante un mes de las vacaciones de verano. Tres meses con la familia era demasiado tiempo para resistir las tentaciones del mundo del demonio y la carne, por eso nos recogían durante un mes, para estar a salvo. Había mucho tiempo para casi todo, hasta para aburrirse un poco. Tal vez en una tarde de aburrimiento decidí probar el tocadiscos que había en una salita de música. Casi todo era música clásica y la poca música moderna, en discos sencillos, no era precisamente de mi gusto. Así descubrí a Beethoven, al hermano que nunca ya me dejaría. Allí estaban todas sus sinfonías y las escuché emocionado, de la primera a la novena. La séptima me pareció maravillosa, la apoteosis de la danza, creo que la han llamado. El segundo movimiento me parece un caminar como de puntillas, un paso de ballet haciendo algo, que bien podría ser apagando velas en la noche.

En esta caso parecen ser farolas. Lo vengo notando desde hace un rato. Cuando la música se ralentiza levanto un poco el pie del acelerador, disminuyo la velocidad y las farolas parecen apagarse con más parsimonia. Cuando la música se aviva aprieto un poco el pie, acelero y las farolas parecen apagarse más deprisa. Puede que solo sea que me estoy sugestionando, pero lo cierto es que las farolas se apagan y no vuelven a encenderse.

Los demás conductores deben estar alucinando en colorines. ¡Pero qué digo! Hace ya rato que observo que el tráfico ha ido disminuyendo y ahora no veo un solo coche, ni uno. Tras de mí va quedando la oscuridad y el asfalto desierto. ¡Oh Dios! ¡Oh, my God! Siempre que le he pedido algo a Dios, aunque fuera muy razonable, me lo ha negado. Y ahora que le pido que me saque del tiempo, retroceder al pasado, comenzar de nuevo, va y me lo concede. ¿Quién dijo aquello de cuidado con lo que pides a Dios, no sea que te lo conceda? Tal vez Santa Teresa de Jesús, no me acuerdo.

No, no, no, Dios, retiro lo dicho, no me hagas esto, no me hagas caso, porfi, esta vez no. Pero está ocurriendo. Las farolas continúan apagándose. Debo estar alucinando. Eso es, estoy tan afectado que la noche y mi fantasía me están organizando un delirio de lo más terrorífico. Que se apague una farola, vale, pero que se vayan apagando todas, conforme paso, y además al compás de la música, esto no sucede ni en las novelas de Stephen King.

No recordaba haber puesto este movimiento en el pendrive, sí la sinfonía completa, todas las sinfonías. Suelo hacerlo, en cada viaje largo escojo un autor sinfónico y cargo todas sus sinfonías. Esta vez le tocó a Beethoven, pero no puedo recordar haber escogido precisamente este movimiento, me gusta más el primero, tal vez creí poner la sinfonía completa y me confundí.

En cuanto vea una salida, abandono. Prefiero pasar la noche en cualquier gasolinera, puedo echar una cabezadita y luego seguro que me encuentro mejor. Pero hace rato que tampoco veo letreros indicadores. Esto no me puede estar pasando. Vale que la vida no se haya portado muy bien conmigo, pero al fin y al cabo es vida, no quiero pasarme el resto de la eternidad dando vueltas a una autovía desierta y encima con las luces apagadas.

 

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