MI BLIOTECA PERSONAL XII


 

SON MÁS LOS QUE MUEREN DE DESAMOR DE SAUL BELLOW

Acabé la novela hace algún tiempo, pero me impactó tanto que no he dejado de rumiarla desde entonces, como un buey tranquilo y persistente. Es curioso que haya tardado tantos años en descubrir a Bellow, no suelo dejar pasar una sola ocasión de conocer nuevos autores que puedan ampliar mis horizontes de lector, pero no fue hasta hace algunos años que le descubrí en el escaparate de una librería. Entonces me hice con algunos libros que voy leyendo poco a poco, para que duren, como hacía con los caramelos cuando era niño. Hace unos días, confeccionando la lista de lecturas para mi jubilación, fui consciente de lo mucho que me queda por leer, no solo libros interesantes y divertidos o autores desconocidos, sino de auténticas obras maestras que por un motivo u otro no he leído hasta ahora. Me llama la atención especialmente la literatura norteamericana en la que últimamente estoy descubriendo fantásticos autores que son como diamantes pisados al pasar, casi sin querer. Saul Bellow es uno de ellos, pero también están John Irving, al que leí por primera vez hace tres o cuatro años, o Philipp Roth, de quien me dispongo a leer su Pastoral americana, ganadora de un Pulitzer o Richard Ford, último premio princesa de Asturias.

Como dijo el sabio Salomón, no hay nada nuevo bajo el sol. Leyendo a Bellow, mi hinchado ego se pinchó como un globo. Cuando comencé a crear mis personajes humorísticos y encontré esos narradores tan atípicos, también personajes humorísticos ellos, creí haber descubierto América. Pues bien, no, antes llegó Bellow con este fantástico narrador-testigo en primera persona que sin duda es el gran hallazgo de la novela y que se parece bastante, al menos en el tono, a alguno de mis narradores de relatos humorísticos. La novela rezuma humor por todos los poros, pero es un humor tan sutil, tan discreto, que bien pudiera incluso pasar desapercibido para algunos lectores poco duchos en cosas de humor. No sé si se trata del famoso humor judío -aunque Bellow no se parece a Woody Allen- o más bien eslavo-judío-cosmopolita, o es un humor personal del autor. Mi conocimiento de la novela humorística en la historia de la literatura creo que es bastante amplio, pues bien, he recibido tal impresión con esta novela que he recordado mis lecturas del Quijote, mi inspiración humorística ahora y siempre; también he pensado en los Papeles póstumos de Dickens y en las Almas muertas de Gogol, por citar solo algunas obras clave del humor literario. Sin embargo los personajes y situaciones de Bellow son tan peculiares y personales que cuesta hacer comparaciones.

Buscando información sobre Bellow en Google di de bruces con el comentario de un escritor famoso, ahora no recuerdo de quién se trataba, que destacaba cómo Bellow era capaz de utilizarlo todo como material de sus obras, la vida cotidiana, lo más insulso entre lo insulso, cualquier cosa le sirve. Pues bien, nada más cierto, porque en esta novela uno creería estar viendo una carrera de record del mundo, algo así como los cien metros obstáculos. Me imagino al bueno de Saul erigiendo una valle de dos metros y mirando a los espectadores como diciendo, “esto está chupado”. Porque realmente como novelista y como humorista encuentro en la obra una auténtica carrera de obstáculos para ponerlo todo cuanto más difícil mejor y terminar batiendo el record del mundo por mucho. Así a pocos se le ocurrirían darle la profesión de botánico a su personaje. Hay profesiones que dan muy poco juego en la literatura, pero la de botánico se debe ganar la palma. El tío Ben, el protagonista de la historia, no sólo es botánico y botánico apasionado, fogoso, entregado, también tiene una edad que podríamos considerar impropia para el don Juan, antiguo o moderno. Por si fuera poco es un hombre tan cotidiano, hogareño, tan alejado del aventurero de moda, que uno se pregunta qué puede sacar Bellow de un tipo así en el terreno humorístico. Pues saca oro y diamantes. Es increíble, es fantástico.

Por si fuera poco el personaje-narrador, su sobrino, lo hace tan bien, tiene un sentido del humor tan peculiar, tan sutil, que ambos acaban convirtiéndose en algo así como el Quijote y Sancho de la edad moderna o el Gordo y el Flaco de la cinematografía. Porque esa es otra, aunque el personaje central de la historia sea el tío Ben y su sobrino, el narrador, pretenda permanecer en la sombra, en realidad es tan personaje principal como su tío o más. Y por si fuera poco, los secundarios, como en el Quijote, son auténticas obras de arte. Algunos aparecen poco, solo para echarles un vistazo, pero son geniales. Así nos encontramos con la esposa actual del tio Ben, Matilda, un portento de hermosura, sensualidad, inteligencia y todo en una mujer moderna, de familia rica, una de esas mujeres que uno busca como un diamante y nunca encuentra. Sin embargo al tío Ben le persiguen estas mujeres. Es increíble cómo un hombre como él, la antítesis del don Juan, acaba siendo perseguido por mujeres hermosas y ricas, el sueño de cualquier hombre. En realidad el tío Ben está más enamorado de las plantas que de las mujeres, pero no se sabe si es porque tiene algún imán en los bolsillos que las atrae o porque sabe aprovechar las ocasiones, porque tampoco es que sea un hombre totalmente ajeno a la belleza femenina y la sensualidad.

Mientras uno lee la historia se pregunta qué ven las mujeres en el tio Ben. A este respecto recuerdo lo que algunas mujeres me han dicho sobre que ellas no hacen caso del físcio del hombre, sino que buscan la persona que hay en su interior, algo que los hombres nunca hacemos, por supuesto. Pues bien, animado por esta especie de lema femenino, abrigué grandes esperanzas de que ellas pudieran apreciar lo que hay en mi interior, porque está claro que mi exterior no puede ser apreciado. Así pensé que al menos una vez al año una dama se dejaría seducir por mi personalidad interior, o vale, cada dos años, o bueno, tal vez cada cinco o diez años, pero en alguna ocasión. Pues no, no les interesa mi personalidad interior, y creo que no es tan terrible, y parece que mi personalidad exterior influye más de lo que ellas confiesan.

¿A qué viene esto? No es que el tio Ben sea contrahecho, pero tampoco parece un hombre para enamorarlas a todas, tal como lo describe su sobrino. Tampoco es joven, tampoco la botánica parece la mejor profesión, dejando aparte la posibilidad del regalo de una flor exótica. Tampoco tiene labia ni sabe manejarse como un don Juan. Uno se pregunta qué ven las mujeres en él. ¿Tal vez su personalidad interior? Pues no parece tampoco excesivamente interesante. Nadie lo sabe, el caso es que llega a sentirse tan asfixiado que utiliza las invitaciones de colegas botánicos para conferencias o expediciones, para fugarse de la dama ansiosa de turno. Jajá, es increíble como Bellow puede utilizar esta profesión, la antítesis humorística de las profesiones, para sacarle tanto jugo.

El sobrino no se anda atrás. Un joven en la treintena, parece que no mal parecido a pesar de lo mucho que él intenta desprestigiarse, de familia burguesa-aristocrática, con ancestros rusos, con vida parisiense que recuerda a Balzac y sus personajes del barrio de La Opera, se deja seducir por una mujer muy pequeña a pesar de sus curvas voluptuosas, hasta el punto de que los lectores nos preguntamos si en realidad no será enana. Tiene una hija a la que intenta ver y a la que dedica buena parte de sus ingresos, mientras la susodicha madre de su hija prefiere a los amantes brutotes, que le dejen el cuerpo lleno de moratones. En realidad parece una masoquista nata que ha huido, como del rayo, del cariñoso sobrino del tio Ben. No sabemos muy bien si el desamor lo sufre el tio Ben de las bellezas que le asedian o son ellas, las bellezas, las que sufren el desamor de este hombre que sigue enamorado de su primera esposa difunta. Tampoco está muy claro si el sobrino sufre de desamor de la madre de su hija o solo se siente humillado y es su amiga, que llega a una delirante operación de cirugía estética, para que él le haga caso.

Nadie sabe muy bien quién sufre de desamor o quién sufre más o quién debería morir y quién debería vivir, el caso, cierto, es que en la novela hay mucho desamor. También hay personajes antológicos como los padres de Matilda, especialmente el padre, o como el tío del tio Ben, un millanario mezquino que recuerda a los personajes de Dickens, y tan viejo que hasta un pequeño disgusto lo puede mandar al más allá. O la amiga del sobrino del tio Ben, o el hijo del millonario que pretende reconciliarse con su padre antes de que muera, para así poder heredar algo. Todo un ramillete de personajes que sino son tan buenos secundarios como los del Quijote, al menos están muy bien hechos y a un nivel de record del mundo. Bellow, como hizo ya en el Diciembre del decano, aprovecha todo el material cotidiano que tiene a su alcance para descubrir los entresijos de esta sociedad, tanto cómicos como dramáticos. Si yo fuera un corrupto dejaría de serlo al ver la vida y milagros del millonario avaro. Y si fuera un político dejaría de serlo al ver la hilarante escena del gobernador del Estado en esa especie de juicio extraño en la cárcel para ver si le conceden la libertad provisional o no a un supuesto violador.

Hay momentos de humor exquisito que un gourmet del humor y de la buena literatura, como es mi caso, degusta con placer de dioses disfrutando de la ambrosía por primera vez. La obsesión que sufre el tio Ben después de ver Psicosis del maestro, con los hombros de Matilda, que se le parecen a los hombros del Perkins por detrás, disfrazado de su madre, es antológica. Su miedo a asesinarla sonámbulo es tan regocijante como erótica la imagen de la hermosa Matilda siendo observada de esta manera por el tio Ben. También aquí Bellow desincha otro de mis globos, ese que hace referencia a lo bien que soy capaz de unir erotismo y humor en mis relatos. Esto sí que es erotismo del fino, sin describir siquiera cómo Matilda se quita las ligas o el sujetador, mientras el bueno de Ben contempla sus hombros y toda su hermosura se convierte en deseo de estrangularla. Tampoco le gustan sus pechos, demasiado separados. Y esta confidencia se la hace a su sobrino por teléfono, en plena noche, porque no puede dormir, y desde la lavandería del edificio, en el sótano, susurrando para que el guardia de seguridad no le descubra. Genial, Bellow, me quito el sombre y me rasco la calva con deleite.

Creo que ya solo el título nos quintaesencia la novela. El tio Ben es entrevistado en una televisión, creo que después de la catástrofe de Chernobil, y preguntado por las consecuencias de la radioactividad para las plantas, solo se le ocurre decir una frase chusca, tal vez bloqueado por los nervios o por el despiste que le acompaña.

SON MÁS LOS QUE MUEREN DE DESAMOR QUE A CAUSA DE LA RADIOACTIVIDAD

Es un perfecto resumen de la novela, el desamor mata a muchos, aunque nunca se sabe si uno es la víctima o el verdugo, o las dos cosas y si se merece morir o que lo maten. El amor según San Saul Bellow es una cosa tan extraña que en cierto modo se parece a la radioactividad. Llega sin avisar, te come por dentro, y al final “toos muertos o radioactivos durante toda la eternidad”. A la chita callando Bellow nos deja sin amor, sin esperanza en el futuro de esta torpe humanidad, sin saber muy bien qué harán de nostros estos personajes que nos controlan, millonarios, políticos o los que mueven los hilos, sean quienes fueren. Queda el humor, queda reírse del bueno del tio Ben obsesionado con los hombros de su amada porque ha visto una película del maestro del suspense en el peor momento y que en lugar de aprovechar ese cuerpo esplendoroso y ese entronque con el dinero… Pero no, no voy a hacer spoiler, signifique lo que signifique. Que los lectores lleguen hasta el final y luego se miren al espejo, para ver la cara que se les queda.

SINOPSIS

El narrador está tan obsesionado con su tio Ben que el lector se pregunta si no habrá algo patológico en esta conducta. El narrador ha huído de Europa par refugiarse cerca de su tio, dejando al don Juan de su padre vivir su decadencia y abandonando a su madre en Africa, con una ONG, donde ha huido para librarse del pelmazo de su marido. El narrador nos cuenta como testigo todo lo que le sucede a su tio y sus regocijantes charlas telefónicas y no telefónicas. Vemos pasar personajes tan divertidos como terribles y sobre todo vemos cómo mujeres buscan hombres y cómo hombres creen buscar mujeres, aunque no saben muy bien lo que buscan, ni ellas tampoco. Aquí nadie sabe muy bien lo que busca. Espléndido resumen de lo que es el amor. Que sean más los que mueren de desamor que los que fallecen a causa de la radioactividad es un buen resumen de nuestra sociedad y nuestro tiempo. Todo el mundo preocupado por las estadísticas de las muertes en accidente de tráfico, por catástrofes radioactivas o no, por el terrorismo, por el hambre… y sin embargo parece que son más los que mueren de desamor. Sin embargo nadie se preocupa por entender el amor, por traer una pizca a nuestra vidas y por las terribles consecuencias que el desamor genera en nuestra sociedad.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: SAUL BELLOW
TÍTULO ORIGINAL: More Die of Heartbreak,
EDITORIAL: DEBOLSILLO
ISBN: 9788497938631
GÉNERO: Narrativa

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