Mes: octubre 2016

PERDIDO EN EL TIEMPO XII


PERDIDO EN EL TIEMPO XII

INTERMEZZO

He perdido por completo la sensación del tiempo. Las variaciones Golberg se han repetido varias veces, no sé cuantas. Hasta terminar la primera audición mis cálculos sobre la hora no podía estar muy equivocados, conociendo con aproximación la duración de cada pieza no es difícil hacerse una idea del tiempo transcurrido desde que los relojes se han detenido, el del coche, el reloj de pulsera, el del móvil, todos parados a las 00,00. Calculo que sería la una o las dos de la mañana, no mucho más, cuando terminaron las variaciones por primera vez, pero tras el número desconocido de repeticiones no me atrevo a calcular la hora que rige en el mundo real, en la dimensión que por lo visto he abandonado para siempre. ¿Qué hora puede ser? ¿Las siete, las ocho de la mañana? No tengo ni la menor idea.

Como me ocurre en los delirios el tiempo se convierte en algo intengible, solo si miro el reloj antes de iniciarse la secuencia atemporal y luego lo vuelvo a mirar cuando termina todo puedo hacerme una idea del tiempo transcurrido. El mecanismo funciona al margen de mi mente, es posible saber cuántas vueltas da una manecilla o cuántos números han saltado en el reloj numérico. Sin embargo la sensación interna de tiempo desaparece, de alguna manera se parece al sueño, cuando despiertas sabes las horas que has dormido porque un mecanismo exterior a ti te lo dice. Las secuencias oníricas han podido transcurrir a lo laargo de horas,de días, incluso de años. Si en el tiempo hubiera tiempo, que no lo hay, éste sería tan flexible como un chicle que estiras y encojes a tu gusto.

He detenido el doche en mitad de la autovía, he apagado las luces, he bajado las ventanillas y me he fumado dos pitillos. Me importa un bledo que esto sea un delirio, que el tráfico haya continuado, sin que yo lo percibiera, que los vehículos me hayan sorteado como buenamente han podido, que en algún momento uno no lo consiga y que el choque sea el de un camión trailer y que me haga papilla, que la muerte sea un golpetazo horrísono que convierta mi sufrido coche en un acordeón y que mi cuerpo y huesos se hagan fosfatina. Esto se parece tanto a la desesperación que me da miedo solo pensarlo. Quiero morir, eso es evidente, y la forma que adopte esa muerte me tiene sin cuidado. El dolor no puede ser tan terrible cuando el tiempo se ha comprimido en unas milésimas de segundo.

Ni siquiera he puesto las luces de avería… por si las moscas. He salido el vehículo y me he puesto a bailar en el asfalto como un energúmeno. He gritado como si alguien pudiera escucharme. S.O.S ayúdenme. He recordado la famosa escena de Johnny cogió su fisil. Sé que estoy solo, perdido en el tiempo, pero uno nunca deja de esperar, de creer en los milagros, aunque te rodeen las sombras de la muerte… nada temo porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me protegen.

Me he desgañitado y luego me he puesto a llorara como un niño. Al fin me calmé, nada como saber que nadie acudirá en tu ayuda para calmar el berrinche de un niño. Regreso al interior del vehículo, lo más próximo a un hogar que ahora tengo. He vuelto a marcar un número al azar. No hay cobertura, no hay conexión, no hay señal de llamada, nadie responderá nunca. Nunca ocurrirá nada, solo el silencio más absoluto.

No sé por qué se me ha ocurrido encender la radio. Apagada la música el silencio me estaba taladrando el alma.

“Son las ocho de la mañana. Noticias. Aquí radio…

La voz del locutor, tan mecánica, tan cotidiana, tan insulsa, ha sido como el trallazo de un látigo de siete puntas golpeando cada poro de mi piel. Me he estremecido como si el Ártico hubiera entrado por las ventanillas. Estoy temblando espasmódicamente. No he querido apagar la radio.

¿Puede haber algo tan estremecedor como la irrupción de la cotidianedad en un universo perdido en el tiempo?

Ni siquiera intento explicarme el misterio. Los relojes no funcionan, ni el móvil, ni un solo vehículo en la desierta autovía. La oscuridad no ha disminuido un ápice. El alba debería estar extendiendo sus dedos mágicos sobre el horizonte. Algo, cualquier cosa, debería indicar que esta pesadilla está a punto de terminar. Pero no es así. El mundo parece seguir ahí fuera, en algún lugar, al otro lado, más allá d ela oscuridad. ¿Por qué las ondas de radio pueden llegar hasta aquí cuando nada más lo hace, ni siqueira el enfadado vozarrón de Diois?

Me concentro en las noticias y de pronto me echo a reír a mandíbula batiente.

“Cada vez más cercanas las próximas elecciones. El bloqueo se ha convertido en una pesadilla para la clase política, para el ciudadano español, para la comunidad europea, para el mundo, para la galaxia…Esto cada vez se parece más a la conocida película de Woody Allen, La rosa púrpura del Cairo. Los personajes de esta delirante farsa han saltado a la pantalla, donde se proyecta una película sin pies ni cabeza y en ella no dejan ni un segundo de repetir sus frases manidas, escritas por un guionista hasta arriba de coca. Todos tenemos que escucharlas una y otra vez, como tenemos que ver sus gestos estereotipados de muñecos rotos.

“Las manifestaciones se suceden, unos a favor, otros en contra, y algunos con pancartas tan desconcertantes que nadie sabe si están a favor en contra o todo lo contrario.

“Han transcurrido casi tres años y nadie ha dimitido, nadie parece estar dispuesto a dejar su poltrona ni para mear”.

“Disculpen ustedes ete lenguaje chabacano pero la paciencia de este locutor se ha terminado, como la de todos ustedes”.

No es posible. El tiempo parece seguir transcurriendo en alguna parte, mientras yo permanezco en otra dimensión, donde en la que algún dios maligno me ha arrojado, compuesto solo de una noche eterna, una autopista vacía y un coche coche que no gasta combustible y sigue funcionando como si tal cosa. Escucho durante unos minutos el delirante boletín que noticias que parece saltar en el tiempo como un cangurito gentil, dejándose llevar por el capricho o tal vez por alguna ley física fuera de toda lógica.

Reflexiono sobre lo que está ocurriendo. No es posible que no haya podido llegarse a un acuerdo durante tres años y que todo siga bloqueado. Me pregunto si no estaré captando otra dimensión paralela a la real, en la que con seguridad ese esperpento valleinclanesco que conocí antes de ser trasladado a este infierno dimensional ha tenido un final, el que sea. Decido no hacer demasiado caso a lo que oiga por esta radio loca. Las elecciones parecen centrar la mayor parte del tiempo del boletín. Todos, hasta las moscas cojoneras, deben de estar ya tan saturados que es incomprensible no se haya producido una solución violenta.

El boletín parece estar ocurriendo en un presente discontinuo, como si los días hubieran sido derribados, como si la pared medianera que tienen todos los pisos, hubiera sido tirada abajo y todos pudieran ver lo que hacen todos. Los días son algo así, paredes medianeras en el tiempo que alguna mano poderosa y malévola ha derribado para mí, desapareciendo por completo la sensación de continuidad temporal, que es la base de nuestras vidas.

La voz del locutor, que está relatando todo con un cinismo chocante, deja paso a la dulce y cuitada voz de una locutora que desgrana malas noticias como un cuervo deja caer los graznidos desde lo alto en su vuelo hacia el horizonte. Terremotos en Japón que dejan el país asolado, inundaciones en España, incendios en Australia, los polos se derriten y las ciudades costeras deben de ser evacuadas, la guerra de Siria sigue aún, algo increíble porque no debe quedar nadie para contarlo. Es imposible que todo esto esté ocurriendo el mismo día. Es como si las fuerzas poderosas quisieran gastarme una broma de mal gusto y hubieran empalmado trozos de diferentes boletines, narrados por la misma locutora a lo largo de diferentes años en el futuro. Los segmentos encadenados, en un batiburrillo dimensional e infernal de acontecimiento, se convierten en una cadena temporal delirante y sin el menor sentido, al faltar los eslabones que permitirían una concatenación lógica de causa y efecto tal como sucede en la realidad cotidiana, donde las tragedias pueden ser asimiladas al haber sido separadas por un espacio temporal que impide su acumulación emocional.

No soporto más este estúpido guión y decido volver a la música del pendrive. El silencio nocturno se hace angustioso, al menos la música me da una ligera sensación de que en algún momento todo esto acabará. Enciendo otro pitillo preguntándome cuánto me durará el cartón que compré antes de iniciar el viaje. Me sonrío pensando en la posibilidad de que cada paquete consumido se reproducirá por arte de magia en el cartón que he tirado de cualquier manera en el maletero. Si he perdido el apetito y no necesitaré más alimento, como parece indicar el que ni siquiera me acuerde de la comida, si el combustible del coche se regenera por arte de magia, espero que las fuerzas poderosas me permitan algún vicio, aunque solo sea esta adicción estúpida al tabaco. Me pregunto si mis pulmones continuarán deteriorándose por el humo o tal vez todas las células se regeneren. Estaría bien no envejecer, no volver a sufrir más enfermedades. Imagino que si me quieren mantener aquí por toda la Eternidad, ya habrán pensado en todo ello.

Me planteo abandonar el coche y explorar más allá del quitamiedos, en la oscuridad. Incluso llego a colocar en el asiento del copiloto la linterna que llevo siempre en el coche y que comprara con tanta ilusión en una ferretería. No necesita pilas, se enciende agitándola con movimientos de la mano. Comienzo a estar realmente enfadado, cabreado, encolerizado, con esta situación estúpida. Decido olvidarme de esa opción desesperada, no porque tenga miedo a lo que podría encontrar unos kilómetros más allá, fuera de la autovía, sino porque he perdido cualquier interés que algún día pude tener sobre la vida, la humanidad o los acontecimientos sin el menor sentido que han salpicado mi vida de alucinado demente. Nada delo que me ocurra de ahora en adelante tendrá el menor interés para mí, me limitaré a seguir dando vueltas en la oscuridad, a detenerme cuando quiera y a dejar que las fuerzas poderosas pongan la música que consideren oportuna para que yo baile la danza del mequetrefe solitario al que ya nadie volverá a ver. Me sonrío al ser consciente de que tampoco tengo ganas de mear o de la otra necesidad mayor. En mi mente intentan brotar palabras chabacanas, groseras, un lenguaje vulgar y horripilante, al fin y al cabo si nunca vuelvo a ver a personas, me puedo permitir el lujo de utilizar el lenguaje que quiera, todas las normas sociales han sido abolidas para mí.

También me pregunto si el aburrimiento me llevará, una vez más, a refugiarme en mi fantasía delirante, creando mundos que me produzcan la sensación de seguir vivo. No me quiero responder a esta pregunta. Me limito a escuchar la canción, tarareándola con mi voz de grillo ronco y desafinado. Una divertida bromita de las fuerzas poderosas.
ESPAÑA, CAMISA BLANCA….

España camisa blanca de mi esperanza
reseca historia que nos abraza
con acercarse solo a mirarla,
paloma buscando cielos más estrellados
donde entendernos sin destrozarnos
donde sentarnos y conversar.

España camisa blanca de mi esperanza
la negra pena nos atenaza
la pena deja plomo en las alas
quisiera poner el hombro y pongo palabras
que casi siempre acaban en nada
cuando se enfrentan al ancho mar.

España camisa blanca de mi esperanza
aveces madre y siempre madrastra
navaja, barro, clavel, espada;
la muerte siempre presente nos acompaña
en nuestras cosas más cotidianas
y al fin nos hace a todos igual.

España camisa blanca de mi esperanza
de fuera o dentro, dulce o amarga
de olor a incienso de cal y caña
quién puso el desasosiego en nuestras entrañas
nos hizo libres pero sin alas
nos dejó el hambre y se llevó el pan.

España camisa blanca de mi esperanza
aquí me tienes, nadie me manda
quererte tanto me cuesta nada
nos haces siempre a tu imagen y semejanza
lo bueno y malo que hay en tu estampa
de peregrina a ningún lugar.

Fuente: musica.com
Letra añadida por poppop34

Ana Belén

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PERDIDO EN EL TIEMPO XI


PERDIDO EN EL TIEMPO XI

JOHAN SEBASTIAN BACH
VARIACIONES GOLDBERG

Las manos relajadas al volante. La mirada tranquila al frente, como si la autovía fuera solo para mí. El pie pegado al acelerador, sin la menor tensión, manteniendo sin esfuerzo la misma presión. El cuerpo tan sutil como una nube de aire fresco echándose la siesta. La mente como un océano en calma, sin oleaje. He llegado a pensar que estoy muerto, solo que no recuerdo aún lo ocurrido. Tal vez me encuentre en ese estado intermedio del que habla el libro tibetano de los muertos, justo antes de que el difunto se haga consciente de haber fallecido.

No puede existir mejor música para acompañar esta placidez melancólica que me invade. Es curioso, pero tengo el pendrive repleto de música de Bach, el más espiritual de los músicos, las pasiones, las cantatas, los conciertos de Bradenburgo, el arte de la fuga, el clave bien temperado, las suites para violonchelo solo de Casals…y sin embargo la mano que maneja la aletoriedad ha esperado hasta ahora para poner una pieza del maestro.

Si estuviera muerto, pienso, habría pasado por la fase de ir recapitulando mi vida entera, como en una película proyectada a velocidad vertiginosa, como dicen que ocurre al morir. Pero mi pasado es un gran vacío, un agujero negro que se ha tragado todo y lo ha comprimido en una minúscula partícula que es mi consciencia, la sensación de ser yo.

Haciendo un esfuerzo recuerdo que me pasé décadas escribiendo compulsivamente. Toda mi obra está inacabada, docenas de novelas esbozadas, a medio escribir, pendientes de rematar. Un apartamento repleto de cuadernos, libretas, álbumes ilustrados con trozos de mis novelas, archivadores con documentación, con copias de trabajo. Alguien lo quemará todo si no aparezco, o tal vez ni se moleste en darle un final esotérico a tanta insensatez, se limitará a tirarlo todo a la basura, como restos de comida sin digerir.

Horas y horas subiendo textos a Internet que permanecerán en el más absoluto de los olvidos, nadie se preocupará de eliminarlos porque ni siquiera saben que existen en páginas que ya ni aparecen en Google porque llevan años sin recibir visitas.

VANIDAD DE VANIDADES Y TODO ES VANIDAD

Amé porque si no amas no estás vivo y yo creo que lo estoy, que lo estuve. Creo.

Nací sin haberlo solicitado en un punto de la línea temporal, sin recordar qué era antes, sin saber quién decidió sacarme de la nada. Y ahora estoy en algún lugar del tiempo, perdido. En alguna dimensión desconocida, en un universo de oscuridad del que el bing bang arrojó, como un vómito, una autovía circular, como un infierno sin principio ni fin.

VANIDAD DE VANIDADES Y TODO ES VANIDAD

¡Cuántas mañanas, tardes y noches! Un alba encdenada, un ocaso repetido hasta la saciedad. La lucha de un bípedo por sobrevivir en una sociedad donde el trabajo envilece y la falta de trabajo mata. Ganas el pan con el sudor de tu frente y con el sudor del de enfrente si eres corrupto y te crees listo.

PORQUE TODO ES VANIDAD. VANIDAD DE VANIDADES Y TODO ES VANIDAD.

Millones y millones de bípedos han surgido y se han apagado. Ya no existe el menor recuerdo de ellos. La historia es un libro infantil, repleto de monstruos malos y de algún niño bueno, empeñado en asustarles con su magia infantil.

Ta-ta…tara-rá, etc

El maestro Bach hace un repaso melancólico a la vida fugaz, mientras en la habitación de al lado el poderoso insomne intenta pegar los ojos que se abren como platos ante tantas causas para el remordimiento.

VANIDAD DE VANIDADES Y TODO ES VANIDAD

¡Tanta lucha inútil, tanta angustia sin sentido! El miedo al mañana nos hace despreciar la dulzura de una uva madura robada al pasar o la sonrisa de un niño que aún no sabe qué es el mañana.

Recorremos un camino que no lleva a parte alguna, pisoteando flores y talando bosques donde ya no cantarán los pájaros que siempre fueron felices.

No disfrutas del momento y ahora solo nos queda el recuerdo de lo que pasó a nuestro lado, mientras hacíamos cálculos con el dinero que nos permitiría vivir hasta los mil años, porque nadie muere nunca, la vida es un regalo a perpetuidad.

Incapaces de saber de la fugacidad de las cosas haces planes para cuando dentro de un millón de años tengas que trasladarte a una residencia de ancianos.

PORQUE TODO ES VANIDAD Y VACÍO.

Porque el tiempos nos engaña con la supuesta eternidad de nuestras vidas, mientras el sabio al que nunca escuchamos repite el viejo mantra.

VANIDAD DE VANIDADES Y TODO ES VANIDAD

Nos encontramos con miles de viajeros atareados, nadie se detiene para esbozar una sonrisa, para tomar una mano, para preguntar con rostro alegre: ¿Cómo te va, hermano? ¿ No querrías que te llevara tu pesado fardo hasta la próxima posada?

Y mientras las manos angelicales del gran Bach recorren el teclado, olvidado por completo de que en la habitación de al lado por fin ronca el poderoso, el tiempo ha ido fluyendo como un gran rio caudaloso desde el principio de los tiempos, arrastrándolo todo a su paso, para conducirlo al mar que es el morir. Y allí van los poderosos y los proletarios anónimos, y los políticos que intentan manejar el destino de sus hermanos, y los famosos a quien nadie ya recuerda, perdido su rastro en un universo infinito que se expande hacia la mar, que es el morir.

Gruesos lagrimones brotan de mis ojos, cayendo sobre el cuero del volante y resbalando hasta la alfombrilla, a mis pies, que es el mar a donde conduce todo, la alegría y la desdicha, la risa y el llanto.

PORQUE… VANIDAD DE VANIDADES Y TODO ES VANIDAD

Mientras recorro la autovía del infierno, a los costados de este vehículo, Pegaso alado que me lleva al Sheol, veo encenderse la oscuridad, como millones de pantallas donde se proyecta toda mi vida. Solo puedo ver un retazo de cada escena, porque la velocidad es constante, ciento veinte por hora, ni un kilómetro más ni uno menos.

Y veo a mis yoes repetir durante toda la eternidad cada instante que pasó, desde el niño que apenas reconozco, hasta ese gordito pausado y trabado que subió al coche hace unaas horas que ahora son siglos y milenios y algún día serán universos que se encienden y apagan.

PORQUE TODO ES VANIDAD. VANIDAD DE VANIDADES Y TODO ES VANIDAD

Mi rostro húmedo no se inmuta, mis ojos empañados ya no pueden ver el asfalto, pero no importa, porque alguien conduce por mí, en realidad estoy paralizado en un tiempo sin límites que me sugestiona intentando hacerme ver que se está moviendo. Yo sé que alguien ha dado al pause y la imagen está congelada.

Y mientras las escenas se suceden en las pantallas encadenadas solo lamento que el amor sea tan breve y que uno no pueda amar para siempre, a todos y a todo, porque si hay algo que podría vencer al tiempo es el amor, sin embargo no amamos lo suficiente para que eso suceda algún día. Por eso el tiempos nos aprisiona en un goteo constante de segundos que horadan la piel del alma. Somos coladores ambulantes.

Y esta vez sí, bajo la mano y retrocedo hasta el principio, cuando ya la música del más espiritual de los músicos ha terminado en una nota que ha quedado colgando, a la espera de que el movimiento de mi brazo, que ha recorrido toda la eternidad, llegue hasta el botón del “Repeat”.

Y todo comienza de nuevo, como si el universo se hubiese contraido, presto a expandirse otra vez. Ta-ta, tarará, etc etc

Mi voz surge de una caverna tan profunda como el infierno. Me asusta saber que aún poseo voz.

VANIDAD DE VANIDADES Y TODO ES VANIDAD