PERDIDO EN EL TIEMPO XII


PERDIDO EN EL TIEMPO XII

INTERMEZZO

He perdido por completo la sensación del tiempo. Las variaciones Golberg se han repetido varias veces, no sé cuantas. Hasta terminar la primera audición mis cálculos sobre la hora no podía estar muy equivocados, conociendo con aproximación la duración de cada pieza no es difícil hacerse una idea del tiempo transcurrido desde que los relojes se han detenido, el del coche, el reloj de pulsera, el del móvil, todos parados a las 00,00. Calculo que sería la una o las dos de la mañana, no mucho más, cuando terminaron las variaciones por primera vez, pero tras el número desconocido de repeticiones no me atrevo a calcular la hora que rige en el mundo real, en la dimensión que por lo visto he abandonado para siempre. ¿Qué hora puede ser? ¿Las siete, las ocho de la mañana? No tengo ni la menor idea.

Como me ocurre en los delirios el tiempo se convierte en algo intengible, solo si miro el reloj antes de iniciarse la secuencia atemporal y luego lo vuelvo a mirar cuando termina todo puedo hacerme una idea del tiempo transcurrido. El mecanismo funciona al margen de mi mente, es posible saber cuántas vueltas da una manecilla o cuántos números han saltado en el reloj numérico. Sin embargo la sensación interna de tiempo desaparece, de alguna manera se parece al sueño, cuando despiertas sabes las horas que has dormido porque un mecanismo exterior a ti te lo dice. Las secuencias oníricas han podido transcurrir a lo laargo de horas,de días, incluso de años. Si en el tiempo hubiera tiempo, que no lo hay, éste sería tan flexible como un chicle que estiras y encojes a tu gusto.

He detenido el doche en mitad de la autovía, he apagado las luces, he bajado las ventanillas y me he fumado dos pitillos. Me importa un bledo que esto sea un delirio, que el tráfico haya continuado, sin que yo lo percibiera, que los vehículos me hayan sorteado como buenamente han podido, que en algún momento uno no lo consiga y que el choque sea el de un camión trailer y que me haga papilla, que la muerte sea un golpetazo horrísono que convierta mi sufrido coche en un acordeón y que mi cuerpo y huesos se hagan fosfatina. Esto se parece tanto a la desesperación que me da miedo solo pensarlo. Quiero morir, eso es evidente, y la forma que adopte esa muerte me tiene sin cuidado. El dolor no puede ser tan terrible cuando el tiempo se ha comprimido en unas milésimas de segundo.

Ni siquiera he puesto las luces de avería… por si las moscas. He salido el vehículo y me he puesto a bailar en el asfalto como un energúmeno. He gritado como si alguien pudiera escucharme. S.O.S ayúdenme. He recordado la famosa escena de Johnny cogió su fisil. Sé que estoy solo, perdido en el tiempo, pero uno nunca deja de esperar, de creer en los milagros, aunque te rodeen las sombras de la muerte… nada temo porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me protegen.

Me he desgañitado y luego me he puesto a llorara como un niño. Al fin me calmé, nada como saber que nadie acudirá en tu ayuda para calmar el berrinche de un niño. Regreso al interior del vehículo, lo más próximo a un hogar que ahora tengo. He vuelto a marcar un número al azar. No hay cobertura, no hay conexión, no hay señal de llamada, nadie responderá nunca. Nunca ocurrirá nada, solo el silencio más absoluto.

No sé por qué se me ha ocurrido encender la radio. Apagada la música el silencio me estaba taladrando el alma.

“Son las ocho de la mañana. Noticias. Aquí radio…

La voz del locutor, tan mecánica, tan cotidiana, tan insulsa, ha sido como el trallazo de un látigo de siete puntas golpeando cada poro de mi piel. Me he estremecido como si el Ártico hubiera entrado por las ventanillas. Estoy temblando espasmódicamente. No he querido apagar la radio.

¿Puede haber algo tan estremecedor como la irrupción de la cotidianedad en un universo perdido en el tiempo?

Ni siquiera intento explicarme el misterio. Los relojes no funcionan, ni el móvil, ni un solo vehículo en la desierta autovía. La oscuridad no ha disminuido un ápice. El alba debería estar extendiendo sus dedos mágicos sobre el horizonte. Algo, cualquier cosa, debería indicar que esta pesadilla está a punto de terminar. Pero no es así. El mundo parece seguir ahí fuera, en algún lugar, al otro lado, más allá d ela oscuridad. ¿Por qué las ondas de radio pueden llegar hasta aquí cuando nada más lo hace, ni siqueira el enfadado vozarrón de Diois?

Me concentro en las noticias y de pronto me echo a reír a mandíbula batiente.

“Cada vez más cercanas las próximas elecciones. El bloqueo se ha convertido en una pesadilla para la clase política, para el ciudadano español, para la comunidad europea, para el mundo, para la galaxia…Esto cada vez se parece más a la conocida película de Woody Allen, La rosa púrpura del Cairo. Los personajes de esta delirante farsa han saltado a la pantalla, donde se proyecta una película sin pies ni cabeza y en ella no dejan ni un segundo de repetir sus frases manidas, escritas por un guionista hasta arriba de coca. Todos tenemos que escucharlas una y otra vez, como tenemos que ver sus gestos estereotipados de muñecos rotos.

“Las manifestaciones se suceden, unos a favor, otros en contra, y algunos con pancartas tan desconcertantes que nadie sabe si están a favor en contra o todo lo contrario.

“Han transcurrido casi tres años y nadie ha dimitido, nadie parece estar dispuesto a dejar su poltrona ni para mear”.

“Disculpen ustedes ete lenguaje chabacano pero la paciencia de este locutor se ha terminado, como la de todos ustedes”.

No es posible. El tiempo parece seguir transcurriendo en alguna parte, mientras yo permanezco en otra dimensión, donde en la que algún dios maligno me ha arrojado, compuesto solo de una noche eterna, una autopista vacía y un coche coche que no gasta combustible y sigue funcionando como si tal cosa. Escucho durante unos minutos el delirante boletín que noticias que parece saltar en el tiempo como un cangurito gentil, dejándose llevar por el capricho o tal vez por alguna ley física fuera de toda lógica.

Reflexiono sobre lo que está ocurriendo. No es posible que no haya podido llegarse a un acuerdo durante tres años y que todo siga bloqueado. Me pregunto si no estaré captando otra dimensión paralela a la real, en la que con seguridad ese esperpento valleinclanesco que conocí antes de ser trasladado a este infierno dimensional ha tenido un final, el que sea. Decido no hacer demasiado caso a lo que oiga por esta radio loca. Las elecciones parecen centrar la mayor parte del tiempo del boletín. Todos, hasta las moscas cojoneras, deben de estar ya tan saturados que es incomprensible no se haya producido una solución violenta.

El boletín parece estar ocurriendo en un presente discontinuo, como si los días hubieran sido derribados, como si la pared medianera que tienen todos los pisos, hubiera sido tirada abajo y todos pudieran ver lo que hacen todos. Los días son algo así, paredes medianeras en el tiempo que alguna mano poderosa y malévola ha derribado para mí, desapareciendo por completo la sensación de continuidad temporal, que es la base de nuestras vidas.

La voz del locutor, que está relatando todo con un cinismo chocante, deja paso a la dulce y cuitada voz de una locutora que desgrana malas noticias como un cuervo deja caer los graznidos desde lo alto en su vuelo hacia el horizonte. Terremotos en Japón que dejan el país asolado, inundaciones en España, incendios en Australia, los polos se derriten y las ciudades costeras deben de ser evacuadas, la guerra de Siria sigue aún, algo increíble porque no debe quedar nadie para contarlo. Es imposible que todo esto esté ocurriendo el mismo día. Es como si las fuerzas poderosas quisieran gastarme una broma de mal gusto y hubieran empalmado trozos de diferentes boletines, narrados por la misma locutora a lo largo de diferentes años en el futuro. Los segmentos encadenados, en un batiburrillo dimensional e infernal de acontecimiento, se convierten en una cadena temporal delirante y sin el menor sentido, al faltar los eslabones que permitirían una concatenación lógica de causa y efecto tal como sucede en la realidad cotidiana, donde las tragedias pueden ser asimiladas al haber sido separadas por un espacio temporal que impide su acumulación emocional.

No soporto más este estúpido guión y decido volver a la música del pendrive. El silencio nocturno se hace angustioso, al menos la música me da una ligera sensación de que en algún momento todo esto acabará. Enciendo otro pitillo preguntándome cuánto me durará el cartón que compré antes de iniciar el viaje. Me sonrío pensando en la posibilidad de que cada paquete consumido se reproducirá por arte de magia en el cartón que he tirado de cualquier manera en el maletero. Si he perdido el apetito y no necesitaré más alimento, como parece indicar el que ni siquiera me acuerde de la comida, si el combustible del coche se regenera por arte de magia, espero que las fuerzas poderosas me permitan algún vicio, aunque solo sea esta adicción estúpida al tabaco. Me pregunto si mis pulmones continuarán deteriorándose por el humo o tal vez todas las células se regeneren. Estaría bien no envejecer, no volver a sufrir más enfermedades. Imagino que si me quieren mantener aquí por toda la Eternidad, ya habrán pensado en todo ello.

Me planteo abandonar el coche y explorar más allá del quitamiedos, en la oscuridad. Incluso llego a colocar en el asiento del copiloto la linterna que llevo siempre en el coche y que comprara con tanta ilusión en una ferretería. No necesita pilas, se enciende agitándola con movimientos de la mano. Comienzo a estar realmente enfadado, cabreado, encolerizado, con esta situación estúpida. Decido olvidarme de esa opción desesperada, no porque tenga miedo a lo que podría encontrar unos kilómetros más allá, fuera de la autovía, sino porque he perdido cualquier interés que algún día pude tener sobre la vida, la humanidad o los acontecimientos sin el menor sentido que han salpicado mi vida de alucinado demente. Nada delo que me ocurra de ahora en adelante tendrá el menor interés para mí, me limitaré a seguir dando vueltas en la oscuridad, a detenerme cuando quiera y a dejar que las fuerzas poderosas pongan la música que consideren oportuna para que yo baile la danza del mequetrefe solitario al que ya nadie volverá a ver. Me sonrío al ser consciente de que tampoco tengo ganas de mear o de la otra necesidad mayor. En mi mente intentan brotar palabras chabacanas, groseras, un lenguaje vulgar y horripilante, al fin y al cabo si nunca vuelvo a ver a personas, me puedo permitir el lujo de utilizar el lenguaje que quiera, todas las normas sociales han sido abolidas para mí.

También me pregunto si el aburrimiento me llevará, una vez más, a refugiarme en mi fantasía delirante, creando mundos que me produzcan la sensación de seguir vivo. No me quiero responder a esta pregunta. Me limito a escuchar la canción, tarareándola con mi voz de grillo ronco y desafinado. Una divertida bromita de las fuerzas poderosas.
ESPAÑA, CAMISA BLANCA….

España camisa blanca de mi esperanza
reseca historia que nos abraza
con acercarse solo a mirarla,
paloma buscando cielos más estrellados
donde entendernos sin destrozarnos
donde sentarnos y conversar.

España camisa blanca de mi esperanza
la negra pena nos atenaza
la pena deja plomo en las alas
quisiera poner el hombro y pongo palabras
que casi siempre acaban en nada
cuando se enfrentan al ancho mar.

España camisa blanca de mi esperanza
aveces madre y siempre madrastra
navaja, barro, clavel, espada;
la muerte siempre presente nos acompaña
en nuestras cosas más cotidianas
y al fin nos hace a todos igual.

España camisa blanca de mi esperanza
de fuera o dentro, dulce o amarga
de olor a incienso de cal y caña
quién puso el desasosiego en nuestras entrañas
nos hizo libres pero sin alas
nos dejó el hambre y se llevó el pan.

España camisa blanca de mi esperanza
aquí me tienes, nadie me manda
quererte tanto me cuesta nada
nos haces siempre a tu imagen y semejanza
lo bueno y malo que hay en tu estampa
de peregrina a ningún lugar.

Fuente: musica.com
Letra añadida por poppop34

Ana Belén

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Un comentario en “PERDIDO EN EL TIEMPO XII

  1. Compañero de letras;
    Según leo me sumerjo en tu excelente prosa, en lo que aparentemente es un delirio de alguien perdido en la carretera. Son los tiempos que nos ha tocado vivir, la sinrazón de los gobernantes, políticos, y demás faunias protegidas por “El Poder”. Es una lástima, pero normal que todos los españoles nos sintamos como tú, saliendo de una película como “La Rosa Púrpura de El Cairo!” o perdidos en una carretera maldita, sin fin, sin esperanzas, sin teléfono, sin reloj, en lo que bien pudiera ser una gran pesadilla de todos.,

    Sí, te lo digo y no me canso: tu prosa llega al público.,

    Me gusta

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