Mes: noviembre 2016

PERDIDO EN EL TIEMPO XIII


 

AUTE, LUIS-EDUARDO
AL ALBA

El alba debería asomar en el horizonte, debería haberlo hecho ya si la radio no está también fuera del tiempo, como yo. Toda una noche esperando al alba pero la noche continúa, tal vez por toda la eternidad. Debería estar desayunando, un café con leche y un croissant en cualquier cafetería de carretera, o cualquier otra cosa, sin embargo no tengo hambre, el estómago parece quieto y relajado como si no existiera. No tengo hambre ni sed, ni siento deseos de orinar, de mear hablando claro porque aquí nadie me escucha, no tengo por qué seguir utilizando el lenguaje social ni ser políticamente correcto, ni ser nada, porque ahora estoy solo, puedo emplear las palabras que quiera, pensarlas o gritarlas, no seré señalado por el dedo acusador, no seré mirado como un loco, no seré insultado ni marginado, con el tiempo recobraré mi lenguaje, el lenguaje de mis vísceras, con el tiempo recobraré muchas cosas perdidas. Pero me temo que no recobraré el hambre, la sed, las necesidades corporales, el deseo, todo aquello que conformó mi vida como la única realidad posible.

Los relojes siguen detenidos, el móvil sin cobertura, el depósito no ha perdido ni una gota de gasolina, las farolas apagadas, las lejanas luces de la ciudad han desaparecido, el quitamiedos no se abre a salida alguna. La noche es más oscura que nunca y para mí ya no habrá nunca más alba o más ocaso. El pasado está muerto, lo que viví es un vago recuerdo, el amor pudo haber sido sentido por otro, el dolor y la tragedia una leyenda histórica, una leyenda urbana, el franquismo parece un cuento de miedo para niños, la democracia de la urna multiorgásmica que necesita votaciones constantes para sentirse viva parece una pesadilla superada, ya no me importa si ganó Hillary o Trump, si algún día morirá Fidel o los últimos dictadores se irán a vivir a Marte en algún viaje turístico. Han pasado solo unas horas pero la grieta en el tiempo es de eones. Estoy lejos de todo, del niño que fui, del adolescente insaciable que deseaba tener sexo con todas las mujeres del planeta, del joven que se tiraba por las ventanas o se subía a los cables de alta tensión como un mono desesperado o se iba a Costa Fleming a follar con una despampanante sueca tan cargado de pastillas que el miembro no se le hubiera levantado ni con una grua. Atrás queda la locura y la cordura, el romanticismo y el quijotismo, los hijos que no tuvimos y lo que tuvimos, el gatito y el perrito que nunca tendré, los miles de buitres callados que extienden sus alas y la rata que fui ya nunca más se esconderá en las cloacas.

Parece que solo me queda el deseo del pitillo, pero es un deseo falso, artificial, como si buscara en el humo el viaje infernal de la droga que no puede ser peor que éste. Vuelvo a encender otro más y no me preocupo de mirar si se van reproduciendo en la cajetilla como en un nido de buitres. Ya no necesitaré comida, ni bebida, ni mujer a la que mirar con deseo, ni gatito que me lama la cara. Puede que hasta no necesite más tabaco, si es que los pitillos no se reproducen como los delirios de un drogadicto. Por no necesitar ya no necesitaré ni expulsar excrementos, ni el líquido amarillento y caliente cargado con todas mis toxinas. No voy a necesitar hablar pero lo voy a hacer de todas formas, voy a gritar en mi nuevo lenguaje recuperado a la hipocresía, a la beatería, a lo políticamente correcto, al miedo del qué dirán y qué no dirán, al miedo que corroe las entrañas, al miedo que me persiguió de niño como el hombre del saco y el sacamantecas, al miedo de que me señalen con el dedo, al dedo dictatorial, al dedo del anuncio publicitario, al dedo del futuro, al dedo del pasado, al dedo de los que saben y de los que no saben, de los que creen saber y te marcan el camino, al dedo del destino, al dedo en el gatillo de la violencia. Aún poseo todos mis dedos, pero no son bastantes para horadar la noche. Y el alba no regresará nunca y los miles de buitres callados se esconderán en las cloacas porque a mí ya no pueden tocarme. Y los fascistas de toda ralea no me atemorizarán nunca más porque estoy fuera del tiempo y el espacio, estoy fuera de la vida y de la muerte, estoy al margen de la historia, y ni el amor volverá a seducirme ni la muerte me atraerá con sus cantos de sirena.

Termino un pitillo y enciendo otro y aprieto con fuerza el acelerador y el coche se lanza hacia adelante cosquilleando con sus luces el vientre de la noche. Y daré vueltas y más vueltas al circuito infernal mientras el dedo aleatorio del destino irá poniendo por mí la música de mi vida, la que hizo danzar mis pies y la que alivió mi alma. Ya no importa que regrese el alba, ni que el sol asome en el horizonte, ni que la luz vuelva a mis ojos, no necesito el engaño del tiempo, la seducción de la supusta realidad. Aquí estoy, sentado sobre nubes oscuras, haciendo ver que todo sigue yendo hacia delante. La radio me irá mostrando los millones de mundos posibles, las dimensiones infinitas que hacen posibles nuestros actos. Y mientras allá, en el mundo que se cree real se suceden los terremotos y las inundaciones y los accidentes, y el frío y el calor y la violencia insana y mientras el apocalipsis extiende sus alas como buitre de mal agüero y las ratas regresan a las cloacas, yo sigo aquí dando vueltas y más vueltas, escuchando la música que nunca se acaba, sin esperar nada sin anhelar nada. Nada que decir al amor mío, ni a los hijos que no tuvimos, ni a los que tuvimos y que sangre la luna llena al filo de la guadaña. Que ellos sigan el camino del tiempo, porque yo me he quedado aquí varado, fuera del tiempo, sin alba y sin ocaso.

Si te dijera, amor mío,
Que temoa a la madrugada,
No sé qué estrellas son estas
Que hieren como amenazas,
Ni sé qué sangra la luna
Al filo de su guadaña.
Presiento que tras la noche
Vendrá la noche más larga,
Quiero que no me abandones
Amor mío, al alba.
Los hijos que no tuvimos
Se esconden en las cloacas,
Comen las últimas flores,
Parece que adivinaran
Que el día que se avecina
Viene con hambre atrasada.
Presiento que tras la noche

Miles de buitres callados
Van extendiendo sus alas,
No te destroza, amor mío,
Esta silenciosa danza,
Maldito baile de muertos,
Pólvora de la mañana.
Presiento que tras la noche
Written by Luis Eduardo Aute Gutierrez • Copyright © Universal Music Publishing Group

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CRAZYWORLD XX


EN LOS BOSQUES DE CRAZYWORLD/ CONTINUACIÓN

-Muchas gracias, hombre. Es todo un detalle por tu parte.

-No hay de qué. Este Robert es el mejor amigo del millonario y un pájaro de cuidado. Como puedes ver también le gusta el “sado”, aunque en las grabaciones que he visto no ha pasado de unos azotes en el culo de su amante o de unos latigazos muy suaves. Sí le gusta mucho esposarlas a la cama. También tiene ramalazos masoquistas. A veces se visten los dos de cuero, con antifaces y se deja pisotear por su dueña. En algún video llega a una degradación repugnante. Ella le obliga a beberse su orina. Se acuclilla sobre él y le lanza el chorrito a la boca. Realmente repugnante, pero muy divertido. Otro día te busco la grabación y te la dejo a mano para que la veas cuando quieras.

-Tú también estás hecho un buen pájaro, Jimmy, un pájaro de cuidado. Has conseguido un maravilloso refugio. Me gustaría poder pasar aquí una larga temporada, lejos de esa chifladura de Crazyworld. Pero me temo que nos echarían en falta y nos buscarían. ¿No es así?

-Tú también acabarás siendo un pajarraco, amigo. En cuanto al tiempo que se puede pasar sin que te echen de menos y comiencen a buscarte, depende mucho de quién esté de turno en el Centro de Seguridad, del humor de Sun y de otras muchas circunstancias. Nunca estás seguro de lo que puede ocurrir si llevas algunos días sin hacer acto de presencia por allí. Cuando Heather está de turno puedes pasarte una semana sin aparecer por ninguna parte, nadie te echará de menos.

-¿Qué es eso del turno de guardia?

-El protocolo que el director les dio, al comenzar a funcionar Crazyworld, y que luego fue reformado por el doctor Sun les obliga a dar un parte diario confirmando que están todos los que deberían estar, y no solo pacientes, se refiere a todo el personal. Es algo así como pasar lista en una prisión. Recuerdo que cuando llegué los guardias de seguridad pasaban lista por la mañana y por la noche. Nos hacían formar en el comedor y como algunos pacientes ni siquiera responden a su nombre les acompañaba una camarera. También lo hacían en los demás edificios del personal, incluido el de las putas y putos. Todos tenían que formar como en el ejército, ponerse firmes y responder a la lista. Fulanito de tal… ¡presente! Era un verdadero cachondeo. El doctor Sun que presenció una noche el desmadre que se organizó al pasar lista, reformó el protocolo que les había dado el director. Tenían que comprobar en las grabaciones o constatar en los monitores que no faltaba nadie. Con eso era suficiente. Con el tiempo se organizaron entre ellos mismos para que el parte correspondiente, debidamente firmado, estuviera en el despacho de Sun todas las noches a las veintidós horas. Ahora uno se encarga cada semana de ese trámite. Cuando está Heather ni se preocupa de cerciorarse por dónde ando, si no me ve en las grabaciones o en los monitores. Ya sabe que soy culo de mal asiento. Pero con los demás no ocurre lo mismo, se lo dirían a Sun y este organizaría una búsqueda hasta que me encontraran. Luego me castigaría a las celdas de aislamiento, un día, una semana… con él nunca se sabe.

-¿Y cada cuánto tiempo está Heather de guardia?

– Solo los jefes están autorizados a firmar y presentar el parte y actualmente son cinco que se sustituyen entre sí en diferentes turnos. Calculo que está una semana al mes, algunos meses dos semanas y otros ninguna. Si quieres pasar aquí unas vacaciones, pregúntame antes, los turnos nunca se cumplen a rajatabla, y se cambian según las necesidades y los acuerdos a que lleguen entre sí los jefes de seguridad.

-¿Y tú cómo te enteras?

-No te voy a contar todos los secretos, al menos no el primer día. Si estás de acuerdo en ir organizando un plan de fuga será imprescindible también contar con Heather. Puede que necesitemos que ella esté de guardia dos semanas seguidas. Tú no tendrás problemas en convencerla. Ya has visto que la tienes en el bote. A mí me odia, aunque hubo un tiempo en el que se mostró muy cariñosa conmigo.

-Cuenta, cuenta…

-No tenemos tiempo. La semana que viene le toca a Heather de guardia, si no lo cambia. Podríamos venir aquí y estar unos días, nos merecemos unas vacaciones. Creo que dejaremos los vídeos por hoy. Se está haciendo muy tarde. Te dejaré los mejores a mano, para que puedas echarles un vistazo cuando quieras. Ahora debes anotar mis instrucciones y dejarlas aquí, pegadas a este monitor. Puedes utilizar ese taco de posit-it.

Y Jimmy me fue dictando todo lo que debería saber para funcionar con aquel formidable equipo de grabación y espionaje. De momento a mí solo me interesaba conocer el funcionamiento de los vídeos y los deuvedés. Puede que la función de cámara lenta me viniera bien para recrearme en ciertas escenas, pero poco más. Cuando se lo comenté, El Pecas se enfadó mucho. ¿Acaso se me había pasado por la cabeza traerme a mis ligues y no grabar lo que hiciéramos? Debía de jurar hacerlo o me arrepentiría de haber conocido su gran secreto. No sé lo que pensaría hacerme si no juraba, no quise saberlo. Juré sin inmutarme, repitiendo la fórmula que él me fue dictando. Antes quise saber si él también grababa sus hazañas sexuales. Me lo confirmó, pero como yo me mostrara un tanto desconfiado, buscó una cinta y la puso un momento. En ella podía verse a Jimmy follando con una mujer que yo aún no conocía. Me bastó, aunque le pedí que en la próxima ocasión me dejara todas sus grabaciones a mano o yo no le dejaría las mías.

-Mira, cuando traigas a una mujer hasta aquí, deberás procurar que no sepa dónde está ni el camino que ha recorrido. Lo mejor sería que la durmieras. Puedes pedirme somníferos y te ayudaré con la carretilla. Si eso te parece demasiado complicado, al menos ponle una venda en los ojos y no dejes que se la quite hasta estar dentro de la cabaña. Puedes convencerla como si tuvieras para ella un regalo muy especial y no pudiera verlo hasta que tú se lo digas.

-¡Pero Jimmy! ¡Cómo crees que puedo mantenerla con los ojos cerrados la media hora o más que nos ha llevado caminar por el bosque! Además que nos perderíamos seguro.

-Te haré un mapa con todas las señales que he ido marcando. Y en cuanto a las mujeres se nota que eres amnésico y no recuerdas nada. Una mujer con un motivo romántico de primera clase se dejaría atar, amordazar, que le pusieras una venda en los ojos y hasta que la des una azotaina en el culo.

-¡No seas bruto, Jimmy!

-Ya me lo dirás cuando adquieras experiencia. A cambio mañana me ayudarás a traer algunos bidones de gasolina para el generador, que aunque se gaste poco vamos a necesitarlos para pasar el invierno. Ya tendremos tiempo de hablar del plan de fuga. Ahora me vas a acompañar al bunker nuclear. En caso de emergencia podríamos sobrevivir aquí un par de años sin ser localizados. Claro que yo no me encerraría ahí sin una mujer con la que poder pasar el rato. Sería muy aburrido.
Meticulosamente apagó todo lo que había encendido, dejándolo todo tal cual estaba.

-Cuando vengas, procura no dejar señales de que alguien ha descubierto la cabaña y anda por aquí. Hasta ahora no he notado nada que me haga pensar que el millonario sigue viniendo o que algún miembro del personal sabe de su existencia, pero mejor es prevenir que curar.

-De acuerdo, Jimmy, seré cuidadoso.

Apagó las luces. Por suerte había dejado encendida la luz del pasillo que proyectaba un pequeño rectángulo en el techo del desván. Me empujó con suavidad para que pasara delante. Descendí por la escalera de cuerda sintiéndome Tarzán de los monos. De nuevo una imagen clara en mi memoria. Ya pensaría en ello cuando tuviera tiempo. El Pecas recogió la escalera y cerró la trampilla con cuidado. En cuanto estuvo en el suelo colocó la escalera metálica, en la que había trepado para abrir la trampilla, en el armario del pasillo. Sin más se puso al frente y bajó escaleras hasta llegar a un sótano, decorado con más cabezas de animales y más cuernos. Me pareció una especie de museo cinegético de los bosques de Crazyworld, con mapas enmarcados y colgados de las paredes, fotografías de animales, pájaros, reptiles y todo tipo de bichos y breves textos que explicaban su vida y milagros. Todo estaba muy bien distribuido, con sillones orejeros y sofás para descansar, comentar cómo va la vida y tomarse una copa del mueble bar. Era un lugar amplio, aunque un poco estrecho para mi gusto. Si te encontrabas con una pareja, de frente, y tú ibas acompañado, alguien debería ceder el paso. Es solo para que se hagan una idea de cómo estaba distribuido aquello.

Jimmy no me dejó echar un vistazo, comprendía su prisa aunque consideraba su reacción como exagerada, teniendo en cuenta que llegar tarde a cenar o noche avanzada no debería causarnos problemas, salvo que cerraran las puertas antes de la hora habitual. ¿O es que me estaba ocultando algo?

Sin pausa y sin comentarme nada sacó algunos libros de una pequeña estantería pegada a la pared del fondo, a la izquierda de la escalera. Asistí impertérrito al esperpéntico ritual que El Pecas fue coregrafiando. Parecía sacar un libro al azar y luego otro de otra estantería, y uno lo dejaba a la mitad y otro lo sacaba por completo y algunos libros estaban juntos y otros muy separados… Aquello no tenía el menor sentido. Cuanto terminó, repasó lo hecho. Yo me acerqué, curioso, Los títulos y autores de los libros eran variados, no encontré ningún tipo de clave. Más bien parecía que escogía cada libro por su posición en la estantería y lo sacaba hasta una distancia determinada, si bien con un par de libros hizo lo contrario, los empujó hacia dentro, una cuarta aproximadamente. Cuando todo estuvo en su sitio correspondiente, según el esquema que él poseía en la cabeza, se puso de espaldas a la estantería y comenzó a caminar hacia mí, que me encontraba enfrente, de una forma que consideré muy infantil. En efecto, colocaba el pie izquierdo y luego el calcaño derecho, de forma que la puntera del izquierdo tocara la parte trasera del zapato derecho y luego al revés, y así iba caminando y contando, al parecer. Hasta que alcanzó la cantidad que andaba buscando. Entonces se paró, me miró sin verme y dio un fuerte zapatazo en el suelo. Regresó corriendo hasta la estantería y hurgando con la palma de la mano por detrás, a una altura determinada, me pareció que apretaba un botón u oprimía un saliente.

Mi sorpresa no tuvo límites cuando un lienzo de pared, al que estaba pegada la estantería, comenzó a moverse, con mucha lentitud al principio, y luego con más rapidez hasta dejar un espacio suficiente para que pasara una persona. Jimmy me hizo una seña de que le siguiera y él se coló en el interior en un visto y no visto. El lienzo de pared que se estaba moviendo debería encajar a la perfección para que yo no hubiera advertido nada extraño. Creo que nadie se hubiera dado cuenta, ni aunque se pasara un buen rato meditando frente a esa pared.

Tras la pared me encontré con un pequeño hueco, un vacío del que no pude hacerme una idea hasta que Jimmy encendió una pequeña luz sobre la puerta acorazada. Sí, porque el hueco había sido excavado en la piedra. Una enorme puerta acorazada, circular, imagino que hecha del mejor acero del mundo, nos impedía el paso al interior. Me recordó a las de los submarinos (¿dónde había visto yo un submarino?), con la típica ruedita a la que se da vueltas en un sentido u otro, según se intente abrir o cerrar. En el centro de la rueda parpadeaba una especie de monitor digital. Jimmy se puso a teclear, o más bien, a tocar con los dedos aquí y allá, en otra especie de danza esperpéntica, ésta vez con las manos. El resultado fue que la luz roja de arriba, la que me había permitido hacerme una idea de dónde nos encontrábamos, cambió a verde. Entonces El Pecas me pidió que le ayudara a mover la rueda hacia la derecha, como las agujas del reloj. Cuando le pareció bien empujó hacia fuera y por mi parte ayudé lo que pude.

Se oyó una especie de musiquita, muy suave y bastante hortera para mi gusto y la puerta comenzó a moverse sobre sí misma. Jimmy pasó el primero, yo le seguí con una cierta aprensión, si aquella puerta que se abría automáticamente, se cerraba de la misma forma y sin avisar allí nos quedaríamos los dos el resto de nuestras estúpidas vidas. Las luces se habían encendido en cuanto la puerta blindada comenzó a moverse. El interior era como la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones, solo que aquello era un bunker nuclear y los ladrones éramos solo dos y no cuarenta.

Jimmy seguía teniendo prisa, así que no dejó que me regodeara con lo que estaba viendo. Se trataba de una especie de loft gigantesco, con paredes de piedra, en lugar de tabiques de ladrillo. De hecho se había excavado en la piedra de la montaña todo el espacio, por lo que tanto techo como paredes, en bruto, hubieran podido ser las de un túnel excavado en la montaña.

DICCIONARIO DE FANTASÍA Y CIENCIAFICCIÓN II


PREMIOS HUGO (SACADO DE CIENCIA FICCIÓN GUÍA DE LECTURA DE MIQUEL BARCELÓ

Hugo 1953
N: EL HOMBRE DEMOLIDO*, de Alfred Bester.

Hugo 1954
(No se concedieron.)

Hugo 1955
N: THEY’D RATHER BE RIGHT*, de Mark Clifton y Frank Riley (también conocida como The forever machine en una edición posterior).
NC: El actor, de Walter M. Miller (En Premios Hugo 1955-61, Martínez Roca).
R: Artefacto, de Eric Frank Russell (en Premios Hugo 1955-61, Martínez Roca).

Hugo 1956
N: ESTRELLA DOBLE*, de Robert A. Heinlein.
NC: Equipo de exploración, de Murray Leinster (en Premios Hugo 1955-61, Martínez Roca).
R: La estrella, de Arthur C. Clarke (en Premios Hugo 1955-61, Martínez Roca).

Hugo 1957
(No se concedieron premios a narraciones.)

Hugo 1958
N: EL GRAN TIEMPO*, de Fritz Leiber.
NC: Todos los mares llenos de ostras, de Avram Davidson (en Premios Hugo 1955-61, Martínez Roca).

Hugo 1959
N: UN CASO DE CONCIENCIA*, de James Blish.
NC: El gran patio delantero, de Clifford D. Simak (en Premios Hugo 1955-61, Martínez Roca).
R: Tren al infierno, de Robert Bloch (en Premios Hugo 1955-61, Martínez Roca).

Hugo 1960
N: TROPAS DEL ESPACIO*, de Robert A. Heinlein.
NC: Flores para Algernon, de Daniel Keyes (en Pre¬mios Hugo 1955-61, Martínez Roca).

Hugo 1961
N: CÁNTICO POR LEIBOWITZ*, de Walter M. Miller Jr.
NC: El viaje más largo, de Poul Anderson (en Premios Hugo 1955-61, Martínez Roca).

Hugo 1962
N: FORASTERO EN TIERRA EXTRAÑA*, de Robert A. Heinlein.
NC: A la serie Invernáculo, de Brian Aldiss (Minotauro).

Hugo 1963
N: EL HOMBRE EN EL CASTILLO*, de Philip K. Dick.
R: Hombres y dragones, de Jack Vance (en Premios Hugo 1962-67, Martínez Roca).

Hugo 1964
N: ESTACIÓN DE TRÁNSITO*, de Clipper D. Simak.
R: No hay tregua con los reyes, de Poul Anderson (en Premios Hugo 1962-1967, Martínez Roca).

Hugo 1965
N: EL PLANETA ERRANTE*, de Fritz Leiber.
R: Soldado, no preguntes, de Gordon R. Dickson (en Premios Hugo 1962-67, Martínez Roca).

Hugo 1966
N: TÚ, EL INMORTAL*, de Roger Zelazny, compar¬tido con:
DUNE*, de Frank Herbert.
R: ¡Arrepiéntete, Arlequín!, dijo el señor Tic-Tac, de Harlan Ellison (en Premios Hugo 1962-67, Mar¬tínez Roca).

Hugo 1967
N: LA LUNA ES UNA CRUEL AMANTE*, de Robert A. Heinlein.
NC: El último castillo, de Jack Vance (en Premios Hugo 1962-67, Martínez Roca).
R: Estrella de neutrones, de Larry Niven (en Premios Hugo 1962-67, Martínez Roca).

Hugo 1968
N: EL SEÑOR DE LA LUZ*, de Roger Zelazny.
NC: La búsqueda del Weyr, de Anne McCaffrey (en Premios Hugo 1968-69, Martínez Roca como El vuelo del dragón, y primer capítulo del libro de este título en Acervo, núm. 21), compartido con:
Jinetes del salario púrpura, de Philip J. Farmer (en Premios Hugo 1968-69, Martínez Roca).
R: Voy a probar suerte, de Fritz Leiber (en Premios Hugo 1968-69, Martínez Roca).
RC No tengo boca y debo gritar, de Harlan Ellison (en Premios Hugo 1968-69, Martínez Roca).

Hugo 1969
N: TODOS SOBRE ZANZÍBAR*, de John Brunner.
NC: Alas nocturnas, de Robert Silverberg (en Premios Hugo 1968-69, Martínez Roca).
R: Carne compartida, de Poul Anderson (en Pre¬mios Hugo 1968-69, Martínez Roca).
RC: La bestia que gritaba amor en el corazón del uni¬verso, de Harlan Ellison (en Premios Hugo 1968-69, Martínez Roca).


Hugo 1970
N: LA MANO IZQUIERDA DE LA OSCURIDAD*, Ursula K. Le Guin.
NC: Nave de sombras, de Fritz Leiber (en Premios Hugo 1970-72, Martínez Roca).
R El tiempo considerado como una espiral de piedras semipreciosas, de Samuel R. Delany (en Premios Hugo 1970-72, Martínez Roca).

Hugo 1971
N: MUNDO ANILLO*, de Larry Niven.
NC: Aciago encuentro en Lankhmar, de Fritz Leiber (en Premios Hugo 1970-72, Martínez Roca).
R: Escultura lenta, de Theodore Sturgeon (en Pre¬mios Hugo 1970-72, Martínez Roca).

Hugo 1972
N: A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS*, de Robert Sil¬verberg.
NC: La reina del aire y la oscuridad, de Poul Anderson (en Premios Hugo 1970-72, Martínez Roca).
R: Luna inconstante, de Larry Niven (en Premios Hugo 1970-72, Martínez Roca).

Hugo 1973
N: LOS PROPIOS DIOSES*, de Isaac Asimov.
NC: El nombre del mundo es Bosque*, de Ursula K. Le Guin.
R: El canto del chivo, de Poul Anderson (en Premios Hugo 1973-75, Martínez Roca).
RC: La reunión, de Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth (en Premios Hugo 1973-75, Martínez Roca), compartido con:
La maldición de Eurema, de R. A. Lafferty (en Premios Hugo 1973-75, Martínez Roca).

Hugo 1974
N: CITA CON RAMA*, de Arthur C. Clarke.
NC: La muchacha que estaba conectada, de James Tiptree Jr. (en Premios Hugo 1973-75, Martínez Roca).
R: El pájaro de la muerte, de Harlan Ellison (en Pre¬mios Hugo 1973-75, Martínez Roca).
RC: Los que se alejan de Omelas, de Ursula K. Le Guin (en Premios Hugo 1973-75, Martínez Roca).

Hugo 1975
N: LOS DESPOSEÍDOS*, de Ursula K. Le Guin.
NC: Una canción para Lya, de George R. R. Martin (en Premios Hugo 1973-75, Martínez Roca).
R: A la deriva ante los islotes de Lagerhans: Latitud 38°54’N, longitud 77°00’13″0, de Harlan Ellison (en Premios Hugo 1973-75, Martínez Roca).
RC: El hombre agujero, de Larry Niven (en Premios Hugo 1973-75, Martínez Roca).

Hugo 1976
N: LA GUERRA INTERMINABLE*, de Joe Haldeman.
NC: El regreso del verdugo, de Roger Zelazny (en Pre¬mios Hugo 1976-77, Martínez Roca).
R: La frontera del sol, de Larry Niven (en Premios Hugo 1976-77, Martínez Roca).
RC: ¡Coge ese zepelín!, de Fritz Leiber (en Premios Hugo 1976-77, Martínez Roca).

Hugo 1977
N: DONDE SOLÍAN CANTAR LOS DULCES PÁJAROS*, de Kate Wilhelm.
NC: Por cualquier otro nombre, de Spider Robinson (en Premios Hugo 1976-77, Martínez Roca), compartido con:
Houston, Houston, ¿me recibe?, de James Tiptree Jr. (en Premios Hugo 1976-77, Martínez Roca).
R: El hombre del bicentenario, de Isaac Asimov (en Premios Hugo 1976-77, Martínez Roca).
RC: Tricentenario, de Joe Haldeman (en Premios Hugo 1976-77, Martínez Roca).

Hugo 1978
N: PÓRTICO*, de Frederik Pohl.
NC: Stardance, de Spider y Jeanne Robinson (pre¬visto en Premios Hugo 1978-79, Martínez Roca).
R: El eslabón más débil, de Raccoona Sheldon (ND, núm. 116, y previsto en Premios Hugo 1978-79, Martínez Roca).
RC: Jeffty tiene cinco años, de Harlan Ellison (Bruguera, Selección Ciencia Ficción, núm. 37, y previsto en Premios Hugo 1978-79, Martínez Roca).

Hugo 1979
N: SERPIENTE DEL SUEÑO*, de Vonda N. Mclntyre.
NC: La persistencia de la visión, de John Varley (en SuperFicción, núm. 88, y previsto en Premios Hugo 1978-79, ambos de Martínez Roca).
R: Hunter’s Moon, de Poul Anderson (previsto en Premios Hugo 1978-79, Martínez Roca).
RC: Casandra, de C. J. Cherryh (en Bruguera, Selec¬ción Ciencia Ficción, núm. 37, y previsto en Pre¬mios Hugo 1978-79, Martínez Roca).
Hugo 1980
N: LAS FUENTES DEL PARAÍSO*, de Arthur C. Clarke.
NC: Enemigo mío, de Barry Longyear (ND, núm. 139 y en Premios Hugo 1978-79, Martínez Roca).
R: Los reyes de la arena, de George R. R. Martin (ND, núm. 127 y previsto en Premios Hugo 1978-79, Martínez Roca).
RC: La Cruz y el Dragón, de George R. R. Martin (fanzine Parsec, núm. 3, y previsto en Premios Hugo 1978-79, Martínez Roca).

Hugo 1981
N: LA REINA DE LA NIEVE*, de Joan D. Vinge.
NC: Lost Dorsai, de Gordon R. Dickson (en Premios Hugo 1980-82, Martínez Roca).
R: The Cloak and the Staff, de Gordon R. Dickson (en Premios Hugo 1980-82, Martínez Roca).
RC: La gruta de los ciervos danzarines, de Clifford D. Simak (fanzine Kandama, núm. 7, y en Premios Hugo 1980-82, Martínez Roca).

Hugo 1982
N: LA ESTACIÓN DOWNBELOW*, de C. J. Cherryh.
NC: The Saturn Game, de Poul Anderson (en Pre¬mios Hugo 1980-82, Martínez Roca).
R: La variante del unicornio, de Roger Zelazny (en Revista Isaac Asimov, núm. 9. Ediciones Fórum, previsto también en Premios Hugo 1980-82, Martínez Roca).
RC: El «Pusher», de John Varley (en fanzine Kandama, núm. 6; en Blue Champagne, Ultramar bolsillo; y en Premios Hugo 1980-82, Martínez Roca).

Hugo 1983
N: Los límites de la fundación, de Isaac Asimov (véase FUNDACIÓN* de 1951, que inicia la serie).
NC: Almas, de Joanna Russ (Acervo, núm. 59).
R: Servicio de vigilancia, de Connie Willis (en Mar¬tínez Roca, SuperFicción, núm. 114).
RC: Melancholy Elephants, de Spider Robinson.

Hugo 1984
N: MAREA ESTELAR*, de David Brin.
NC: Cascade Point, de Timothy Zahn.
R: Blood Music, de Greg Bear.
RC: Speech Sounds, de Octavia Butler.

Hugo 1985
N: NEUROMANTE*, de William Gibson.
NC: Press Enter ■ , de John Varley (en Blue Cham¬pagne, Ultramar).
R: Hijo de sangre, de Octavia E. Butler (en Martí¬nez Roca, SuperFicción, núm. 114).
RC: The Crystal Spheres, de David Brin.


Hugo 1986
N: EL JUEGO DE ENDER*, de Orson Scott Card.
NC: 24 vistas del monte Fuji por Hokusai, de Roger Zelazny (en Revista Isaac Asimov, núm. 12. Ed. Fórum).
R: Paladin of the lost Hour, de Harlan Ellison.
RC: La paradoja de Fermi, de Frederik Pohl (en Re¬vista Isaac Asimov, núm. 12, Ediciones Fórum).

Hugo 1987
N: La voz de los muertos, de Orson Scott Card (véase EL JUEGO DE ENDER* de 1985 que inicia la serie).
NC: Gilgamesh in the Outback, de Robert Silverberg.
R: Permafrost, de Roger Zelazny (en revista OMNI, núm 14).
RC: Tangentes, de Greg Bear (en Premios Nebula 1986, Ediciones B, Nova ciencia ficción, nú¬mero 15).

Hugo 1988
N: La rebelión de los pupilos*, de David Brin (véase MAREA ESTELAR* de 1983, que hace famosa la se¬rie).
NC: Eye for Eye, de Orson Scott Card.
R: Buffalo Gals, won’t you come out tonight, de Ursula K. Le Guin.
RC: Why I left Harry’s All’Night Hamburguers, de Lawrence Watt-Evans.

Hugo 1989
N: CYTEEN*, de C. J. Cherryh.
NC: El último de los Winnebagos, de Connie Willis (previsto en Premios Nebula 1988, Ediciones B, Nova ciencia ficción).
R: El gatito de Schrödinger, de George Alee Effinger (previsto en Premios Nebula 1988, Ediciones B, Nova ciencia ficción).
RC: Kirinyaga, de Micke Resnick.

Algunas veces se ha otorgado también algún premio muy especial por decisión de los organizadores de la Worldcon correspondiente. Los más destacables son:

1960 Hugo Gernsback como «padre de la ciencia fic¬ción».
1966 La serie FUNDACIÓN* (1951), de Isaac Asimov, como «mejor serie de todos los tiempos».
1977 La película La Guerra de las Galaxias, de George Lucas (con independencia de que la misma pelí¬cula obtuviera ese mismo año el premio a la me¬jor presentación dramática).

UN POEMARIO NEGRO XI


ADIOS AMIGO

He tomado una amarga decisión,
Antes que me rechaces, te rechazo.

No voy a esperar a que se acabe tu paciencia.
Sabes que nunca pasaré por el aro.
Tienes que aceptarme como soy
O dejemos que pase la corriente.
Ya estoy harto de tu vieja cantinela
Si yo fuera esto, lo otro, lo de más allá.
Soy como me ves, ni más ni menos.

A veces me arrebata la pasión.
A veces me lleva el viento.
Otras caigo en un profundo silencio.
No pediré disculpas una vez más.
No soy la horma de tu zapato.
Los puentes se construyen sobre abismos
No para evitar mojarse el culo.

No te he pedido comprensión,
No necesito una palabra de consuelo.
Si quieres empezar el puente
Comienza por clavar una estaca en tu terreno.
Sabes que no dedicaré mi vida a otra cosa
Pero no estoy dispuesto a perder el tiempo.

He tomado una amarga decisión,
Antes que me rechaces, te rechazo.

Quiero que dejes de buscar,
Quiero que te adaptes al rebaño,
Quiero que me des tu palabra.

Quieres muchas, muchas cosas,
Pero tú, amigo, no das nada.
Porque nunca te hago peticiones
Crees que me basta con mirarte.
Piensas que estoy para servirte.
¿Qué necesita hoy el señor?
¿Una palmadita en el hombro?
¿Una sonrisa que te perdone?
¿Qué camine contigo en círculo?

La amistad es generosa,
Das y no esperas nunca recibir.
¿Porqué no te aplicas el cuento?

He tomado una amarga decisión,
Antes que me rechaces, te rechazo.

Sé que tu tienes la razón,
Pero a mí no me sirve para nada.
Antes la llevaba en el bolsillo
para repartir a cambio de sonrisas,
Pero ya estoy harto de chantajes,
Si quieres una palabra de amistad
Es preciso que intentes dejarme vivir en paz.

No soy el esperado juguete.
Pídele a los Reyes Magos tu regalo.
Tal vez te traigan un poco de empatía.
Con ella puedes intentar dejar de ser
El ombligo de un mundo a tu medida.

He tomado una amarga decisión,
Antes que me rechaces, te rechazo.

 

UN POEMARIO NEGRO X


CARA AL VIENTO

Has cometido un tremendo error:
No se acepta a los que no se doblan.

Permanecer firme contra el viento
Es una solemne tontería,
Todo el mundo sabe
Que el viento es el más fuerte.

Vale, amigo, el viento no tiene razón,
Pero es preciso saber perder,
Te inclinas un poco al desgaire,
Haces como que te atas el zapato
Y el viento soplará muy suave
No tiene gran interés en acabar
Con quien inclina la cabeza.

En un mundo de tormentas
Solo los tontos permanecen firmes.
O alcanzas el trono de Eolo
Desde donde se domina el mundo
O te escondes en las fangosas zanjas.

En días tranquilos y soleados
Puedes surgir como topo despistado,
Asomar curioso la cabeza
Y mirar tranquilo hacia el horizonte.

Incluso podrías caminar, medroso,
tan solo unos pasos sobre el árido terreno.
No te alejes mucho del hoyo,
Sabes que todo viento es caprichoso.

Da pena verte, la cara erosionada,
Torcida la columna vertebral,
Los pies hundidos en el cieno,
Los ojos tristes, lacrimosos.

Da pena verte, aguardando la tormenta,
Perdiendo de esa manera miserable el tiempo.
Nadie te mira, estás solo,
Porqué empecinarte en esa postura.

Eres orgulloso, soberbio,
Te bastaría con inclinar
Ligeramente la cabeza,
Tan solo una pequeña reverencia,
Y ya no estás solo.
Pacerás en los huertos,
Bajo el tórrido sol,
Sin miedo al viento.

He oido que esta noche
Va a soplar dura la tormenta,
Mientras todos dormimos.
Solo te cogerá a ti despierto,
De pie, cara al viento,
Te va a quebrar el espinazo.

Será una verdadera pena:
Un hombre que prometía tanto.

 

UN POEMARIO NEGRO IX



ESTA TRISTE NOCHE

Esta triste noche quisiera hablar contigo,
no importan las palabras, aunque dialogue el silencio.

Esta triste noche quisiera amar tu cuerpo,
no importan los besos aunque sean tan fríos
como los de una esfinge de hielo.

Esta triste noche quisiera ver tus ojos;
no importa la mirada, aunque solo advierta en ella desprecio.

Esta triste noche en que estas tan lejos
quisiera poder llorar sobre tu cálido pecho,
no importan los latidos, aunque no digan: te quiero.

Esta triste noche quisiera morir entre tus brazos
para olvidar mi tristeza, no importa nada, amor,
aunque me olvides mañana y no entierres mi cuerpo.

Esta triste noche, te hablo a ti, mi sueño,
¡Qué te importa mi amargura!, aunque escupas mi dolor
aunque ni siquiera existas: te quiero.

Esta triste noche no pasará nunca,
no vendrás a consolarme y yo gemiré despierto.

Esta triste noche, ¡Oh Dios, qué noche más triste!,
quisiera no quererte, pero no puedo, amor mío;
no moriré, no, lo sé, tendré que sufrir en silencio.

UN POEMARIO NEGRO VIII


UN TESTAMENTO DESESPERADO

Te parece mal
Que no esgrima mis razones
Contra las tuyas.
Vienes a mí cargado
Con sólidos argumentos,
Para anunciarme
Que me he separado del rebaño.

¿Qué puedo oponer
a una verdad indubitada?.
Es inútil que rebusque
En mis bolsillos vacíos.
El último pedazo de razón
Se perdió hace ya tiempo,
Cayó al río de la vida
Al pasar un puente cualquiera.
En un descuido se deslizó
De mis manos temblorosas
Y la corriente lo arrastró muy lejos.

Dices que vas a tocarme el corazón
Con tus sabias palabras de gurú.
Aunque consigas abrir la puerta
Solo encontrarás el frío viento del vacío.

Anuncias, exultante, que tu fino bisturí
Ha tropezado por fin con el músculo de mi alma.
Te engañas miserablemente,
Lo que queda de ella
Ha sido devorado por los perros
A la puerta de mi casa,
Mientras hozaban en el cubo de la basura.

¿Qué es lo que me queda?.
Preguntas con sutil sarcasmo.
Me queda una muerte digna
Lejos del rebaño que bala
A la puerta del matadero.

Allí donde soplan los vientos,
Lejos del gran redil,
Los corderos extraviados
Son devorados por lobos hambrientos.

No pude elegir mi vida,
Pero elijo mi muerte.

Tu estás bien arropado,
Al calor de ejemplares lanudos
Que bajan la cerviz
Para no ver al matarife.

Prefiero la muerte en la montaña
Mientras la nieve cae mansa
Y ululan vientos de terror.

Nos hemos equivocado todos
Sobre todo el gran rebaño.
Elegimos llenar la barriga
Con el suculento pienso
Que se fabrica con la magra carne
De nuestros desaparecidos hermanos.

Ahora, mientras balan alegres
A la puerta del gran baile
Me tumbo sobre el frío suelo,
Alumbrado por la luna cálida