CRAZYWORLD XX


EN LOS BOSQUES DE CRAZYWORLD/ CONTINUACIÓN

-Muchas gracias, hombre. Es todo un detalle por tu parte.

-No hay de qué. Este Robert es el mejor amigo del millonario y un pájaro de cuidado. Como puedes ver también le gusta el “sado”, aunque en las grabaciones que he visto no ha pasado de unos azotes en el culo de su amante o de unos latigazos muy suaves. Sí le gusta mucho esposarlas a la cama. También tiene ramalazos masoquistas. A veces se visten los dos de cuero, con antifaces y se deja pisotear por su dueña. En algún video llega a una degradación repugnante. Ella le obliga a beberse su orina. Se acuclilla sobre él y le lanza el chorrito a la boca. Realmente repugnante, pero muy divertido. Otro día te busco la grabación y te la dejo a mano para que la veas cuando quieras.

-Tú también estás hecho un buen pájaro, Jimmy, un pájaro de cuidado. Has conseguido un maravilloso refugio. Me gustaría poder pasar aquí una larga temporada, lejos de esa chifladura de Crazyworld. Pero me temo que nos echarían en falta y nos buscarían. ¿No es así?

-Tú también acabarás siendo un pajarraco, amigo. En cuanto al tiempo que se puede pasar sin que te echen de menos y comiencen a buscarte, depende mucho de quién esté de turno en el Centro de Seguridad, del humor de Sun y de otras muchas circunstancias. Nunca estás seguro de lo que puede ocurrir si llevas algunos días sin hacer acto de presencia por allí. Cuando Heather está de turno puedes pasarte una semana sin aparecer por ninguna parte, nadie te echará de menos.

-¿Qué es eso del turno de guardia?

-El protocolo que el director les dio, al comenzar a funcionar Crazyworld, y que luego fue reformado por el doctor Sun les obliga a dar un parte diario confirmando que están todos los que deberían estar, y no solo pacientes, se refiere a todo el personal. Es algo así como pasar lista en una prisión. Recuerdo que cuando llegué los guardias de seguridad pasaban lista por la mañana y por la noche. Nos hacían formar en el comedor y como algunos pacientes ni siquiera responden a su nombre les acompañaba una camarera. También lo hacían en los demás edificios del personal, incluido el de las putas y putos. Todos tenían que formar como en el ejército, ponerse firmes y responder a la lista. Fulanito de tal… ¡presente! Era un verdadero cachondeo. El doctor Sun que presenció una noche el desmadre que se organizó al pasar lista, reformó el protocolo que les había dado el director. Tenían que comprobar en las grabaciones o constatar en los monitores que no faltaba nadie. Con eso era suficiente. Con el tiempo se organizaron entre ellos mismos para que el parte correspondiente, debidamente firmado, estuviera en el despacho de Sun todas las noches a las veintidós horas. Ahora uno se encarga cada semana de ese trámite. Cuando está Heather ni se preocupa de cerciorarse por dónde ando, si no me ve en las grabaciones o en los monitores. Ya sabe que soy culo de mal asiento. Pero con los demás no ocurre lo mismo, se lo dirían a Sun y este organizaría una búsqueda hasta que me encontraran. Luego me castigaría a las celdas de aislamiento, un día, una semana… con él nunca se sabe.

-¿Y cada cuánto tiempo está Heather de guardia?

– Solo los jefes están autorizados a firmar y presentar el parte y actualmente son cinco que se sustituyen entre sí en diferentes turnos. Calculo que está una semana al mes, algunos meses dos semanas y otros ninguna. Si quieres pasar aquí unas vacaciones, pregúntame antes, los turnos nunca se cumplen a rajatabla, y se cambian según las necesidades y los acuerdos a que lleguen entre sí los jefes de seguridad.

-¿Y tú cómo te enteras?

-No te voy a contar todos los secretos, al menos no el primer día. Si estás de acuerdo en ir organizando un plan de fuga será imprescindible también contar con Heather. Puede que necesitemos que ella esté de guardia dos semanas seguidas. Tú no tendrás problemas en convencerla. Ya has visto que la tienes en el bote. A mí me odia, aunque hubo un tiempo en el que se mostró muy cariñosa conmigo.

-Cuenta, cuenta…

-No tenemos tiempo. La semana que viene le toca a Heather de guardia, si no lo cambia. Podríamos venir aquí y estar unos días, nos merecemos unas vacaciones. Creo que dejaremos los vídeos por hoy. Se está haciendo muy tarde. Te dejaré los mejores a mano, para que puedas echarles un vistazo cuando quieras. Ahora debes anotar mis instrucciones y dejarlas aquí, pegadas a este monitor. Puedes utilizar ese taco de posit-it.

Y Jimmy me fue dictando todo lo que debería saber para funcionar con aquel formidable equipo de grabación y espionaje. De momento a mí solo me interesaba conocer el funcionamiento de los vídeos y los deuvedés. Puede que la función de cámara lenta me viniera bien para recrearme en ciertas escenas, pero poco más. Cuando se lo comenté, El Pecas se enfadó mucho. ¿Acaso se me había pasado por la cabeza traerme a mis ligues y no grabar lo que hiciéramos? Debía de jurar hacerlo o me arrepentiría de haber conocido su gran secreto. No sé lo que pensaría hacerme si no juraba, no quise saberlo. Juré sin inmutarme, repitiendo la fórmula que él me fue dictando. Antes quise saber si él también grababa sus hazañas sexuales. Me lo confirmó, pero como yo me mostrara un tanto desconfiado, buscó una cinta y la puso un momento. En ella podía verse a Jimmy follando con una mujer que yo aún no conocía. Me bastó, aunque le pedí que en la próxima ocasión me dejara todas sus grabaciones a mano o yo no le dejaría las mías.

-Mira, cuando traigas a una mujer hasta aquí, deberás procurar que no sepa dónde está ni el camino que ha recorrido. Lo mejor sería que la durmieras. Puedes pedirme somníferos y te ayudaré con la carretilla. Si eso te parece demasiado complicado, al menos ponle una venda en los ojos y no dejes que se la quite hasta estar dentro de la cabaña. Puedes convencerla como si tuvieras para ella un regalo muy especial y no pudiera verlo hasta que tú se lo digas.

-¡Pero Jimmy! ¡Cómo crees que puedo mantenerla con los ojos cerrados la media hora o más que nos ha llevado caminar por el bosque! Además que nos perderíamos seguro.

-Te haré un mapa con todas las señales que he ido marcando. Y en cuanto a las mujeres se nota que eres amnésico y no recuerdas nada. Una mujer con un motivo romántico de primera clase se dejaría atar, amordazar, que le pusieras una venda en los ojos y hasta que la des una azotaina en el culo.

-¡No seas bruto, Jimmy!

-Ya me lo dirás cuando adquieras experiencia. A cambio mañana me ayudarás a traer algunos bidones de gasolina para el generador, que aunque se gaste poco vamos a necesitarlos para pasar el invierno. Ya tendremos tiempo de hablar del plan de fuga. Ahora me vas a acompañar al bunker nuclear. En caso de emergencia podríamos sobrevivir aquí un par de años sin ser localizados. Claro que yo no me encerraría ahí sin una mujer con la que poder pasar el rato. Sería muy aburrido.
Meticulosamente apagó todo lo que había encendido, dejándolo todo tal cual estaba.

-Cuando vengas, procura no dejar señales de que alguien ha descubierto la cabaña y anda por aquí. Hasta ahora no he notado nada que me haga pensar que el millonario sigue viniendo o que algún miembro del personal sabe de su existencia, pero mejor es prevenir que curar.

-De acuerdo, Jimmy, seré cuidadoso.

Apagó las luces. Por suerte había dejado encendida la luz del pasillo que proyectaba un pequeño rectángulo en el techo del desván. Me empujó con suavidad para que pasara delante. Descendí por la escalera de cuerda sintiéndome Tarzán de los monos. De nuevo una imagen clara en mi memoria. Ya pensaría en ello cuando tuviera tiempo. El Pecas recogió la escalera y cerró la trampilla con cuidado. En cuanto estuvo en el suelo colocó la escalera metálica, en la que había trepado para abrir la trampilla, en el armario del pasillo. Sin más se puso al frente y bajó escaleras hasta llegar a un sótano, decorado con más cabezas de animales y más cuernos. Me pareció una especie de museo cinegético de los bosques de Crazyworld, con mapas enmarcados y colgados de las paredes, fotografías de animales, pájaros, reptiles y todo tipo de bichos y breves textos que explicaban su vida y milagros. Todo estaba muy bien distribuido, con sillones orejeros y sofás para descansar, comentar cómo va la vida y tomarse una copa del mueble bar. Era un lugar amplio, aunque un poco estrecho para mi gusto. Si te encontrabas con una pareja, de frente, y tú ibas acompañado, alguien debería ceder el paso. Es solo para que se hagan una idea de cómo estaba distribuido aquello.

Jimmy no me dejó echar un vistazo, comprendía su prisa aunque consideraba su reacción como exagerada, teniendo en cuenta que llegar tarde a cenar o noche avanzada no debería causarnos problemas, salvo que cerraran las puertas antes de la hora habitual. ¿O es que me estaba ocultando algo?

Sin pausa y sin comentarme nada sacó algunos libros de una pequeña estantería pegada a la pared del fondo, a la izquierda de la escalera. Asistí impertérrito al esperpéntico ritual que El Pecas fue coregrafiando. Parecía sacar un libro al azar y luego otro de otra estantería, y uno lo dejaba a la mitad y otro lo sacaba por completo y algunos libros estaban juntos y otros muy separados… Aquello no tenía el menor sentido. Cuanto terminó, repasó lo hecho. Yo me acerqué, curioso, Los títulos y autores de los libros eran variados, no encontré ningún tipo de clave. Más bien parecía que escogía cada libro por su posición en la estantería y lo sacaba hasta una distancia determinada, si bien con un par de libros hizo lo contrario, los empujó hacia dentro, una cuarta aproximadamente. Cuando todo estuvo en su sitio correspondiente, según el esquema que él poseía en la cabeza, se puso de espaldas a la estantería y comenzó a caminar hacia mí, que me encontraba enfrente, de una forma que consideré muy infantil. En efecto, colocaba el pie izquierdo y luego el calcaño derecho, de forma que la puntera del izquierdo tocara la parte trasera del zapato derecho y luego al revés, y así iba caminando y contando, al parecer. Hasta que alcanzó la cantidad que andaba buscando. Entonces se paró, me miró sin verme y dio un fuerte zapatazo en el suelo. Regresó corriendo hasta la estantería y hurgando con la palma de la mano por detrás, a una altura determinada, me pareció que apretaba un botón u oprimía un saliente.

Mi sorpresa no tuvo límites cuando un lienzo de pared, al que estaba pegada la estantería, comenzó a moverse, con mucha lentitud al principio, y luego con más rapidez hasta dejar un espacio suficiente para que pasara una persona. Jimmy me hizo una seña de que le siguiera y él se coló en el interior en un visto y no visto. El lienzo de pared que se estaba moviendo debería encajar a la perfección para que yo no hubiera advertido nada extraño. Creo que nadie se hubiera dado cuenta, ni aunque se pasara un buen rato meditando frente a esa pared.

Tras la pared me encontré con un pequeño hueco, un vacío del que no pude hacerme una idea hasta que Jimmy encendió una pequeña luz sobre la puerta acorazada. Sí, porque el hueco había sido excavado en la piedra. Una enorme puerta acorazada, circular, imagino que hecha del mejor acero del mundo, nos impedía el paso al interior. Me recordó a las de los submarinos (¿dónde había visto yo un submarino?), con la típica ruedita a la que se da vueltas en un sentido u otro, según se intente abrir o cerrar. En el centro de la rueda parpadeaba una especie de monitor digital. Jimmy se puso a teclear, o más bien, a tocar con los dedos aquí y allá, en otra especie de danza esperpéntica, ésta vez con las manos. El resultado fue que la luz roja de arriba, la que me había permitido hacerme una idea de dónde nos encontrábamos, cambió a verde. Entonces El Pecas me pidió que le ayudara a mover la rueda hacia la derecha, como las agujas del reloj. Cuando le pareció bien empujó hacia fuera y por mi parte ayudé lo que pude.

Se oyó una especie de musiquita, muy suave y bastante hortera para mi gusto y la puerta comenzó a moverse sobre sí misma. Jimmy pasó el primero, yo le seguí con una cierta aprensión, si aquella puerta que se abría automáticamente, se cerraba de la misma forma y sin avisar allí nos quedaríamos los dos el resto de nuestras estúpidas vidas. Las luces se habían encendido en cuanto la puerta blindada comenzó a moverse. El interior era como la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones, solo que aquello era un bunker nuclear y los ladrones éramos solo dos y no cuarenta.

Jimmy seguía teniendo prisa, así que no dejó que me regodeara con lo que estaba viendo. Se trataba de una especie de loft gigantesco, con paredes de piedra, en lugar de tabiques de ladrillo. De hecho se había excavado en la piedra de la montaña todo el espacio, por lo que tanto techo como paredes, en bruto, hubieran podido ser las de un túnel excavado en la montaña.

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