MI BIBLIOTECA PERSONAL XIV


LA CRUCIFIXIÓN ROSADA (SEXUS, PLEXUS, NEXUS) DE HENRY MILLER

Aún recuerdo muy bien cómo descubrí a Henry Miller. Fue en un escaparate de una libreria de un barrio de Madrid, no puedo precisar el barrio. Por supuesto, había oído hablar del gran escándalo de un escritor americano y de sus “novelas pornográficas”. Corría el año 1978, en plena transición, cuando ya había aparecido en los quioscos Interviú o estaba a punto de aparecer, mi memoria no puede llegar a esos detalles. Acababa de llegar a Madrid para tomar posesión como funcionario de justicia, yo era un joven ingenuo, apocado y a quien ya se le había diagnosticado su enfermedad mental. Tenía unos 21 o 22 años, tal vez 21, a punto de cumplir 22, puesto que tomé posesión unos días antes de mi cumpleaños. Hacía poco más de tres años que había abandonado el colegio religioso y a pesar de que mentalmente superé enseguida la represión sexual y religiosa, emocionalmente aún continuaba llevando esa carga. Me costó Dios y ayuda comprar mi primera revista Interviú y disfrutar con los desnudos, pero no me costó nada entrar en aquella librería y comprar La Crucifixión rosada de Alfaguara en traducción de Carlos Manzano, que aún me sigue pareciendo excelente a pesar de que nunca he podido leerlas en inglés. En mi biblioteca personal conservo buena parte de la obra de Miller que compré en aquellos años, no toda porque entonces comenzaba a llegar. Con el traslado, hace no mucho, y la colocación de algunos libros en las dos estanterías que ha comprado por Internet, he descubierto que me falta una de las novelas de la trilogía, y he recordado que se la presté a un amigo hace ya muchos años, un error puesto que no creo que él llegara siquiera a leerla y yo me quedé sin mi ejemplar. Por suerte he podido adquirir un ejemplar digital.

Poco a poco fui comprando el resto de su obra que iba llegando a cuenta gotas, los Trópicos, El coloso de Marussi, etc. He observado que conservo todos los ejemplares y se me ocurrió buscar el resto de su obra que iré pidiendo por Internet. Ya me han llegado dos libros que no tenía y espero conseguir el resto, siempre que estén traducidos. Al mismo tiempo me hice con los Diarios de Anais Nin, a quien Miller mencionaba mucho, como es natural, puesto que fueron amantes. También me faltaba un ejemplar que pedí por Internet y ya me ha llegado, aprovechando para hacerme con los que me faltaban, especialmente los diarios de infancia y adolescencia.

No suelo hacer mucho caso de las críticas o rumores sobre cualquier escritor, y mucho menos si lo tildan de pornográfico, prefiero leerlo y luego opinar. En mi juventud Miller supuso un impacto impresionante, como lector apasionado de literatura y también como escritor en ciernes. Dejando de lado su misoginia, que es cierta, su vivencia del sexo, que se podría calificar de machista, sin equivocarse mucho, lo cierto es que es uno de los escritores que me llegó con más fuerza en aquellos años de lector compulsivo. Estoy de acuerdo con el propio Miller cuando dice que uno solo llega a ser un gran escritor cuando explota, cuando acaba con todas sus inhibiciones, el miedo al qué dirán, la autocensura, y todas esas tonterías que acaban por amordazar y aprisionar al escritor novato que se deje, recortando sus alas. La prosa de Miller es tan directa, tiene tanta fuerza que uno parece estar sosteniendo en sus manos un cartucho de dinamita que podría explotar en cualquier momento.

Enseguida se nota que estamos ante un gran lector que ha aprovechado todo lo que ha leído, como podemos ver en su obra “Los libros de mi vida”. Posee una gran cultura, autodidacta, la mejor, y su pensamiento ha ido evolucionando hasta alcanzar altas cumbres. Quien busque en Miller solo un machista que habla del sexo con total desparpajo se llevará una sorpresa porque son sus ideas las realmente pornográficas y explosivas, con ellas se podría dinamitar esta sociedad, bien colocadas las cargas en los puntos clave. Es un hombre con criterio propio, muy leído, que decidió abandonar la cárcel de la sociedad de consumo y vivir a salto de mata, como un “clochard”, sableando amigos y enemigos, viviendo de lo que podía y a veces llegando al límite más allá del cual está la delincuencia pura y dura. Es uno de los pocos escritores que abandonó todo para dedicarse solo a escribir, intentando vivir o malvivir de ello. Sin amigos como Anais Nin y otros muchos es posible que se hubiera muerto de hambre o acabara siendo un estafador de tres al cuarto, en cambio aquella vida bohemia le ha dado una terrible fuerza a su escritura que no se casa con nada ni con nadie.

Hay que leer los diarios de Anais Nin para situar en su verdadero contexto las relaciones de Miller con June, su mujer, una verdadera mina de oro como material de ficción, puesto que tanto los trópicos como esta trilogía, como buena parte de su obra hablando de esta relación, una y otra vez, de forma obsesiva. Como lector me sorprendí mucho de la elaboración que Miller hace de este material autobiográfico, pero como escritor aún fue mayor el impacto. Creo que debo mucho a Henry Miller como escritor, yo también aprendí cómo puedes manejar y malear un buen material autobiográfico para transformarlo en una obra literaria cuando menos interesante. Analizando mi obra me doy cuenta de que en buena parte de ella aprovecho mis vivencia, mi propia autobiografía, para escribir obras de ficción que son un híbrido extraño entre un diario, puro y duro, como es el caso de los diarios de Anais Nin, y una obra de ficción puramente imaginativa. Es por eso que la obra de Miller y los Diarios de Anais armonizan tan bien, hasta el punto que aconsejo leerlos a la vez, un libro de Miller, un diario de Anais. Es lo que hice yo en aquellos tiempos juveniles y lo que estoy haciendo ahora de nuevo, releyendo la obra de ambos a la vez, con la adicción de obras que no había conseguido hasta ahora.

Leyendo a Anais uno descubre que tal vez June no hubiera sido un material literario tan bueno de no ser por la poderosísima fuerza de Miller. Un buen escritor es aquel que con una pizca de realidad, bien transformada, con unos cuantos cartuchos de dinamita, bien escondidos bajo la piel de la realidad, consigue que todo le explote en las narices al lector, como sucede con esta Crucifixión rosada que aconsejo leer después de los Trópicos, es conveniente una lectura cronológica, puesto que de otra forma habrá que volver atrás muchas veces.

La obra de Miller es ante todo una gran obra literaria, una obra maestra, si además la situamos en el género erótico se puede disfrutar mucho por quienes gusten del erotismo en todas sus formas, especialmente del erotismo literario. Mi obra en este género se lo debe todo a Miller, a quien pretendí imitar, sin ningún éxito, todo sea dicho con mi saga de Johnny, el gigoló. Claro que para ello, además de ser tan buen escritor como el propio Miller, hubiera necesitado vivir alguna de sus experiencias vitales y haber terminado con todo resto de aquella represión que me clavaron en el subconsciente en aquel colegio religioso -experiencia que cuento en la novela Los pequeños humillados, con sus dosis correspondiente de ficción- y que ha frustrado una faceta importante de mi vida.

Para las lectoras un consejo: no intenten olvidarse del machismo de Miller mientras lo leen, no lo van a conseguir, pero sí al menos déjense llevar por la terrible fuerza de su prosa y disfruten de esta auténtica demolición de una forma de vida, lo más alejada posible del famoso sueño americano.

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