MI BIBLIOTECA PERSONAL XV


DIARIOS DE ANAIS NIN

Leyendo por primera vez sus diarios de infancia y adolescencia, que no había conseguido hasta ahora, me ha sorprendido descubrir la evolución de esta portentosa mujer a la que ya conocía desde mi juventud, cuando leí por primera vez sus diarios al tiempo que leía también la obra de Miller. Como escritor de diarios -comencé a escribir mi primer diario en unos cuadernos justo por esta época en Madrid, a la que yo denomino mi época negra, cuadernos que por desgracia quemé en una crisis hace algunos años- sé muy bien lo difícil que es mantener una continuidad en un diario, algo que Anais hace con voluntad de hierro puesto que es muy difícil encontrar algún salto en la cronología, aunque sea solo de un día, también he sufrido la dificultad que supone desear hablar exclusivamente de tu vida y mantener al margen a las demás personas que forman parte inextricable de ella. De hecho una parte de sus diarios permanecieron inéditos para no herir o molestar a alguno de ellos, especialmente sus amantes. Por eso me resulta ahora tan apasionante leer su Diario amoroso que he conseguido en formato digital. Además de todo ello para escribir un buen diario se requiere explotar, como diría Henry Miller, y olvidarse de lo que puedan pensar o decir de ti quienes lean ese diario, es más lo ideal sería escribirlo como si fueras a leerlo tú solo, sin la menor autocensura, y luego esperar a ver qué hacemos si tienes la suerte de que vaya a ser publicado. Tal vez se necesita alguna poda, pero siempre será preferible a escribir pensando en que fulanito o menganita se molestarían mucho si lo leyeran.

Cuando escribes sobre tu vida en un diario debes ser consciente de que estás haciendo un streptease, te estás desnudando hasta no dejar ni un poro de tu piel a cubierto, y olvidarte de lo que puedan pensar los demás de tu cuerpo desnudo, de tus defectos, de la erosión del tiempo o de la vida, de si vas a gustar mucho, hasta el punto de generar deseos libidinosos o si vas a causar tanta repugnancia que alguien, tal vez muchos, no puedan evitar el vómito. Anais Nin escribe como si nunca fueran a leer sus diarios, escribe para ella, sin miedo, sin vergüenza, con naturalidad. Cuando enseña algún párrafo a alguna amiga o luego a su amante Henry, aún se le nota el pudor cuando escribe sobre la vergüenza que esto le produce. Todos los escritores escribimos pensamos en ser publicados, pero dudo que Anais tuviera claro que intentaría publicar sus diarios, al menos hasta ya muy avanzados. Esta sinceridad y naturalidad hace que sus diarios sean profunda y sensiblemente humanos, incluso hasta el detalle ingenuo e incluso infantil. Ella no escribe pensando en los que la van a leer, escribe para sí misma, incluso convierte al diario en un amigo, como he descubierto ahora mientras leo sus diarios de adolescencia.

Aparte de una biografía, una vida, que merece la pena conocer en toda su profundidad e intensidad, los diarios de Anais tienen una gran calidad literaria, escribe muy bien, y ya forman parte indiscutible de la historia de la literatura. Es apasionante no solo descubrir el alma de esta gran mujer y su portentosa evolución sino también conocer a otros personajes, más o menos históricos y famosos, psiquiatras, escritores, todo el mundillo del París de aquellos tiempos o del Nueva York de su adolescencia y juventud. La personalidad de Anais Nin es indiscutible, pero me temo que no puede ser encasillada. Tal vez a ciertas feministas les gustaría proponer a esta mujer como símbolo de la liberación femenina y de la lucha por la igualdad, pero es imposible conseguirlo sin forzarla mucho. La propia Anais tampoco se preocupó mucho de estos temas, limitándose a vivir su vida a su manera y a evolucionara conforme las duras lecciones de la vida la iban moldeando. Es cierto que no fue una mujer tipo de su época, ni mucho menos una mujer-florero, todo lo contrario, pero sus vivencias, incluidas las sexuales, son personales e intransferibles, no formó parte de corriente alguna, defendiendo vivir su propia vida por encima de todo.

Es inevitable leer sus diarios desde la perspectiva masculina o femenina, pero esto no influye decisivamente en la lectura. Yo me he sentido como si leyera a cualquier otro ser humano, cualquier otra persona, al margen de su sexo o sus tendencias sexuales, solo en ocasiones puntuales uno no puede evitar darse cuenta de que la psicología femenina y la masculina siguen siendo distintas, como lo son sus cuerpos, gracias a Dios. Hay algo que siempre nos diferenciará, nos pongamos como nos pongamos, lo que no significa que se pueda permitir, eso jamás, la desigualdad o discriminación por razón del sexo, pero a la hora de vivir es cierto que seguirá habiendo diferencias importantes entre la mujer y el hombre.

En cuanto a su lectura como género erótico yo diría que su condición de diarios supera cualquier consideración de ese tipo. Anais es muy discreta, muy sensible, muy buena escritora a la hora de hablarnos de sus amantes o de su vida sexual, yo diría que es todo lo contrario a Henry Miller, quien resultaría realmente pornográfico si no fuera un escritor tan poderoso y si todos los personajes que aparecen en sus novelas no estuvieran tan vivos. Como yo mismo escribí en un intento de manual del perfecto escritor erótico, que inicié hace tiempo, para mí la única manera de diferenciar entre erotismo y pornografía sería que el erotismo lo practican seres humanos y la pornografía robots sin alma. Eso de diferenciarlas por la falda más o menos corta o por si se ve o no la ropa interior o por si se describe más o menos el acto sexual, me parece una tontería. A mi, particularmente, me resultan más pornográficas ciertas escenas sexuales en las que apenas se describe nada, pero que son protagonizadas por auténticos robots sin alma, que las escenas más fuertes de las novelas de Miller, porque el lector es perfectamente consciente de que son seres humanos los que están teniendo sexo.

La recomendación de los diarios de Anais Nin es absoluta, sin matices, sin géneros de los lectores, y no solo porque conocer a un ser humano por dentro siempre es recomendable, sino también como obra literaria.

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