Mes: enero 2017

CRAZYWOLRD XXII


MI PRIMERA NOCHE CON KATHY

Logré escaparme de Alice, pero no antes de que me pellizcara un bíceps. Semejantes muestras de cariño y de intimidad lograron que mis mejillas se incendiaran ligeramente. Menos mal que nadie nos había visto… Bueno, es un decir, porque sorprendí a Jimmy mirando con ojos golosos a la camarerita, escondido tras la puerta del salón, de la que asomaba su naricita pecosa. En cuanto estuve a su lado me susurró:

-Si me consigues a Alice habrás pagado parte de la deuda que tienes conmigo.

Me encogí de hombros.

-Haré lo que pueda.

Aquel pecosillo creía haberse transformado en mi gran acreedor. Iría viendo cómo me desenvolvía en Crazyworld, aquella jungla laberíntica, y luego decidiría sobre las supuestas deudas de Jimmy.

La cena transcurrió con cierta tranquilidad. Jimmy escogió la misma mesa, al lado de la cocina. Supuse que para lanzar pellizcos a Alice al pasar, aunque tuve la sensación de que J. era persona non grata. Todo el mundo parecía huirle, especialmente las mujeres. Me pregunté si hasta mi llegada no habría tenido que comer solo y si yo no sería el tonto caído del cielo para terminar con su soledad, la oreja paciente que escuchaba todas sus tonterías sin protestar y el instrumento, el puente, para llegar allí donde él ya no podría volver a llegar.

El menú fue excelente, como no podía ser menos tratándose de una residencia para millonarios. Una sopa de guisantes, seguida de pescado a la plancha y tarta de cerezas. Me pregunté si J. habría pensado en la posibilidad de colarse en la logística de transportes. Me parecía la forma mas obvia de huida, aunque si eso se me había ocurrido a mí también se le habría ocurrido a todo el mundo.

Aproveché para observar con más detenimiento a cada paciente. Si iba a pasar allí una temporadita, mejor saber con quién me tendría que gastar los cuartos y qué incidentes me depararía el futuro con aquel rebaño de gente rara, siendo muy suave en los calificativos.

Todo parecía tranquilo. Observé que algunos pacientes hablaban en voz alta consigo mismos. Otros charlaban animadamente con mis compañeros de mesa, como si estuvieran en un restaurante de lujo en lugar de un frenopático. Me pregunté qué clase de enfermedad padecería. Como J. estaba deseoso de charlar aproveché para hacerle preguntas.

-No te preocupes. En cuanto se nos presente la ocasión asaltaremos el despacho del doctor Sun y podrás ver las historias clínicas de todos.

-¿Cómo piensas hacerlo? ¿Es que le has mangado la llave?

-Tengo una llave maestra. Me la facilitó la señorita Ruth.

-No tienes remedio, Jimmy.

-Hay que buscarse la vida. Esto es una jungla. Ya lo comprobarás.

El tiempo se deslizó con normalidad hasta que el hombre de múltiple personalidad, un maduro espécimen, rayano en la obesidad y vestido de forma estrafalaria, como si se hubiera movido subrepticiamente de habitación en habitación, poniéndose una prenda aquí y otra allá, todas desconjuntadas, de diferentes tamaños y colores y hasta una especie de chal que posiblemente habría mangado en una habitación ocupada por un huésped femenino, se levantó de la mesa, con la sopa de guisantes resbalando de su barbilla y se contoneó como una auténtica mujer hasta llegar a nuestra mesa. Me miró con un remedo de picardía barata y me dijo.

-Joven, es usted muy atractivo. Estoy a su disposición esta noche para un buen polvo. ¿Podría pasar por mi habitación después de cenar?

Se quedó esperando respuesta. El Pecas se tronchaba de risa. Me dio un codazo y me susurró.

-Síguele la corriente o tendremos jaleo.

-Es usted una preciosidad. Cuente conmigo.

El Sr. Múltiple personalidad me lanzó un beso con la yema de los dedos y regresó a su mesa con un contoneo aún más pronunciado.

-Te has pasado un poco, pero has estado bien. La personalidad de Adelita llevaba mucho tiempo sin aflorar. Le debes gustar mucho.

-¿Adelita?

-Una mujer mexicana. Suele cantar a voz en grito aquello de si “Adelita, lala,lalala. Ya sabes. Hoy le ha dado por tirarte los tejos. Esto es nuevo.

Un plato salió volando estrellándose contra la pared. Nos sobresaltamos. Habíamos dejado de seguir el contoneo de Adelita. Antes de llegar a su mesa debió ocurrir algo porque la buena mujer estaba ante la mesa de una pareja madura, los brazos en jarras, contemplando de hito en hito hito al hombre. Este parecía realmente asustado. El plato de la sopa de guisantes parecía ser el suyo, lanzado con mano maestra por “Adelita”. Este se puso a chillar con una voz femenina tan aguada que algunas copas de vino estallaron en mil pedazos.

-No le consiento, caballero, que me mire así el culo. Una dama merece un mínimo de respeto.

-¿Quién es la pareja, Jimmy?

-El matrimonio Durán, esclavos de qué dirán, una pareja de mequetrefes muy ricos. Padecen una patología severa que el doctor Sun ha diagnosticado como “síndrome de personalidad falsamente empática”. SPFE. Se pasan el día pendientes de que nadie hable mal de ellos y cualquier mirada que les dirigen es interpretada de la peor manera posible. Adelita ha escogido muy mal. Los Durán se volverán insoportables durante una buena temporada.

Un celador musculoso, como salido de la nada, se abalanzó sobre Adelita. Intentó hacerle una llave para reducirla pero ésta se volvió como un puma hacia él y le redujo con enorme facilidad con una llave portentosa de muñeca.

-Mala suerte para Ronald, toro sentado, ha hecho surgir la personalidad de Huang Ching Ping, maestro en artes marciales. Ahora tendremos una bonita diversión -dijo y acomodó sus codos en la mesa, dispuesto a presenciar un espectáculo escalofriante-.

Lo fue. Comenzaron a brotar celadores de todas partes, como si lo hicieran de la tierra, que se lanzaron sobre Huang Ching Ping como si intentaran bloquear a un jugador de futbol americano. El maestro se libró de uno, de otro, el tercero impactó con su torso, derribándole. Ambos rodaron por el suelo. Varias meses volcaron. Se oyeron chillidos. Hubo estampidos. El comedor se volvió de pronto un ring de lucha libre. Los golpes y caídas eran tan exagerados y poco creíbles como en este tipo de lucha.

Los celadores lo habrían pasado muy mal de no haber aparecido la señorita Ruth con una especie de pistola de dardos. Disparó a quemarropa sobre el pecho de Huang Chin Ping y éste pronto estuvo roncando en el suelo. Los celadores se arrastraban por el suelo, humillados y quejicosos.

-Un cliente para el doctor Sun. Las celdas de aislamiento ya no estarán vacías.

La señorita Ruth enfundó la pistola y ordenó a Alice que hiciera regresar a los comensales. La tropa volvió a regañadientes pero nadie siguió con la cena, se habían desatado las patologías y aquello era un lío espantoso. El Pecas siguió troceando el pescado, llevándose bocaditos a la boca mientras observaba al personal y me iba contando las incidencias. Yo casi había terminado de comer. Me embutí de paso y deprisa el último trozo de pescado. Terminé el postre y me levanté.

-No puedo soportar esto. Te espero en el jardín.

-Tú te lo pierdes.

Salí de estampida y solo respiré aliviado cuando me encontré fuera del edificio. La noche había caído, una noche despejada, tranquila, con numerosas estrellas en el firmamento y una luna llena muy hermosa, como de hombre lobo, con un colorido como de sangre derramada. Busqué en mis ropas el tabaco. Necesitaba un pitillo. De pronto recordé que era amnésico. ¿Acaso era fumador antes de perder la memoria? Si era así sentía síndrome de abstinencia y ahora no tenía un pitillo a mano.

Se oyó una sirena estridente. En el edificio se escuchaban voces destempladas, ruidos como de platos que se rompían, carreras… A mi lado pasaron varios celadores en ropa de calle, sin duda fuera de servicio. Seguramente estarían en sus residencias, tan tranquilos, cuando oyeron la sirena de alarma. Eso deduje de aquel evento inesperado. Todo se fue calmando. Al cabo de media hora Crazyworld parecía un cementerio. J. no apareció. Me sentía tan cansado que decidí retirarme. Entré en el edifico. Estaba vacío, las luces apagadas. Encontré como pude las escaleras. Subí un piso y otro hasta llegar al tercero. Encontré de nuevo mi cuarto. Cuando iba a abrir la puerta apareció la señorita Ruth, surgiendo de la oscuridad como un fantasma huesudo. Me dio susto de muerte.

-Hemos logrado reducir el motín, la mayoría está en las celdas de aislamiento. Tendré que cerrarte por fuera. Será una noche complicada joven. Intente dormir y olvídese de todo. Oiga lo que oiga permanezca quietecito y en silencio. Volveré a abrir la puerta por la mañana y sobre todo ni se le ocurra facilitarle las cosas a Kathy. Es de todo punto imprevisible lo que hará, más con esta locura que se ha desatado, pero puedes estar seguro que intentará acostarse contigo, no se le ha escapado un novato, paciente o del personal, desde que Crazyworld es Crazyworld. No tengo mucha confianza en que la puerta cerrada la detenga, pero tampoco es cuestión de darle todas las facilidades, dejar la puerta abierta y servirte en bandeja, joven. Lo dicho, intente dormir y si todo va bien mañana se sentirá como nuevo.

No supe qué decir. Entré en el cuarto encendí la luz y a mis espaldas escuché la llave en la cerradura. ¿Me estaba encerrando aquella vieja bruja? En otro momento me hubieran puesto a aporrear la puerta como un loco, pero estaba demasiado cansado. Había sido un día con tantas emociones que me desprendí de la ropa prestada, a manotazos, me quedé en pelota picada y me introduje entre las sábanas con un suspiro de alivio. ¡Al fín! ¡Uff, qué bien!

CRAZYWORLD XXI


EN LOS BOSQUES DE CRAZYWORLD/ FINAL

Aquello bien podría ser una auténtica cueva prehistórica reciclada por millonarios del siglo XXII para recrear la etapa más bestial de la humanidad pero con todas las comodidades que da el dinero y los adelantos técnicos de un mundo futurista. Incluso se había previsto en su centro una gigantesca hoguera que ahora estaba apagada, por supuesto, pude imaginarme todos aquellos toscos troncos amontonados ardiendo, aunque tal vez solo se trataba de un decorado y el fuego ardería de forma controlada saliendo de alguna tubería de gas diseñada por un ingeniero futurista. Jimmy me explicó que allí se reunían los cazadores para contarse sus historias de caza, como cazadores primitivos, alrededor del fuego, planeando orgías sin cuento en honor a Diana, la diosa cazadora. No supe si todo esto se lo estaba inventando El Pecas que había caído en una fantasía delirante o lo había visto en alguna de las grabaciones.

Por una trampilla en el suelo que no sé cómo encontró ni cómo abrió, porque yo estaba observando todo aquello con la boca abierta, pudimos acceder a un sótano que era un auténtico búnker, las piedras habían sido reemplazadas por gruesas paredes de acero, o tal vez se encontraban tras ellas. Un inmenso y portentoso laberinto de estanterías metálicas lo cubría todo, como una especie de biblioteca de Alejandría, solo que en lugar de valiosos papiros los estantes estaban repletos de comida y bebida enlatada, convenientemente etiquetada según pude apreciar al acercarme a la primera y manosearlo todo con la sensación de estar rodando una película de cienciaficción. De las paredes colgaba todo un arsenal de armas modernas tras gruesas vitrinas que no podría perforar ni un misil.

-Jimmy, amigo, con este armamento podríamos abrirnos paso a tiros y salir por la puerta principal tan campantes.

-¿Crees que no lo había pensado? Pero Mary no ha podido hacerse con los códigos que abren las vitrinas, aunque como ves cada sección tiene un lector de retina o de huellas dactilares o de lo que sea, aún no lo he podido desentrañar. No parecen funcionar con códigos, algo que podría jaquearse con un poco de paciencia, y Mary tiene mucha. No son tan tontos como para no haberlo previsto, sin duda se trata de uno de esos artilugios modernos que te leen los ojos, las huellas digitales o el ADN, a saber. Su único error es haber situado el búnker dentro del terreno de Crazyworld, los muy idiotas ni se atrevieron a imaginar que un loco pudiera descubrir todo esto.

-O tal vez pensaron que podrían necesitar carne humana si las provisiones se terminaban antes de tiempo, el canibalismo es una forma de sobrevivir. La carne de loco es tan buena como la de cualquiera, o mejor. Tener al lado del bunker una buena despensa por si falla todo es una gran estrategia. ¿No crees?

Supe de inmediato que me había pasado con mi chiste de humor negro. Jimmy me miró como si estuviera loco y de hecho estaba empezando a pensar que era así.

-Perdona, pero ya me considero un loco más de la familia. Si voy a pasar aquí el resto de mi vida tendré que adaptarme al ambiente. Incluso estoy pensando en la posibilidad de que mi amnesia sea parte de mi locura, y que lleve aquí tanto tiempo como tú o más. A lo mejor me estás tomando el pelo, solo por divertirte. Te creo capaz. ¿Qué me dices?

El Pecas se encogió de hombros y bufó como si estuviera a punto de perder la paciencia conmigo. Cambió de tema. Se acercó a una curiosa estatua de cazador, en bronce, que estaba en la esquina y que yo aún no había visto.

-No creas que he descubierto todos los secretos de este antro. Aún no sé que hay detrás de esto.

Empujó la estatua ligeramente a la izquierda y un nuevo panel comenzó a desplazarse. Cuando terminó de hacerlo pude ver lo que parecía una gigantesca puerta de una no menos gigantesca caja fuerte.

-¿Qué crees que puede haber ahí dentro?

-No sé –respondí-. ¿Tal vez una bomba nuclear? Por si todo falla, harían saltar Crazyworld por los aires y todos nos iríamos a la mierda tan ricamente.

Jimmy perdió la paciencia definitivamente. Miró su reloj de pulsera y anunció que era hora de regresar. Las luces se fueron apagando automáticamente conforme nos encaminábamos a la salida, algún sensor de movimiento, imaginé.

-Espero que a los cazadores no les gusten las mascotas, un gatito o un perrito que ande por aquí acabará con el combustible del generador.

Jimmy se apresuró, no dejando de bufar y sacudir la cabeza, hasta que llegamos a la puerta de entrada. Dejó la llave en su sitio y se volvió hacia mí con cara de pocos amigos.

-Ya sabes. Junto a la maceta. Tienes que escavar un poco en la tierra y aquí está la llave para cuando la necesites.

Regresamos por el bosque. El Pecas se orientaba mejor que un perro sabueso, ni un momento dudó sobre la ruta. Estaba muy poco hablador y yo resollaba intentando seguir sus pasos. Puede que temiera perderse la cena, a pesar de su extrema delgadez era una de esas personas que pueden comerse a su madre por los pies y nunca engordan. Han recibido un pasmoso don de la vida que otros envidian. Yo aún no tenía claro cómo era mi metabolismo, apenas llevaba un día en Crazyworld y ya me habían ocurrido tantas cosas que era como un siglo de historia ajetreada. A veces notaba como si mi memoria soltara un poco de lastre y curiosas escenas y recuerdos acudían a mí, pero totalmente inconexos. En un momento determinado podía pensar en algo o decir algo que me recordaba a algo, nunca sabía muy bien a qué. Pensé que más bien el terror de Jimmy tenía más que ver con el miedo a que el doctor Sun le castigara con las celdas de aislamiento que con perderse la cena. Entonces recordé la escena de la cinta en la que el gran follador se tiraba a la señorita Ruth, algo que me había llamado poderosamente la atención. Pude ver un trozo mientras él hurgaba en las estanterías buscando una cinta en especial. No me había atrevido a comentarle nada, pero ahora me sentía muy intregado.

-¿La señorita Ruth conoce también la cabaña? –hice la pregunta entre resuello y resuello, procurando acercarme lo más posible a su espalda.

Jimmy se paró en seco y volvió su rostro conmocionado hacia mí.

-¿Cómo lo sabes? Sí, fue uno de mis mayores errores. Es la única mujer de Crazyworld que acepta tener sexo conmigo siempre que lo necesito y ninguna otra está dispuesta. La traje aquí, dormida, en la carretilla. Pero creo que debí poner una dosis muy baja de somnífero o ese palo con faldas tiene una naturaleza capaz de soportarlo todo, porque memorizó la ruta y sé que viene de vez en cuando por aquí. Lo sé porque aunque no sabe dónde dejo la llave siempre observo una ventana entreabierta que no cierro porque quiero pillarla “ in fraganti”. Creo que sospecha lo de las grabaciones, pero seguro que no es capaz de encontrar las cintas ni en mil años. Y ahora, si no te importa, deja el resto de preguntas para la cena.

-Ok. Jimmy. Ok.

Ya no abrí la boca y procuré seguirle muy de cerca, la noche estaba cayendo y lo peor que podría pasarme era perderme en aquel tupido bosque. Me entretuve pensando en las posibilidades de la cabaña, pero sobre todo en la posibilidad de hacernos con el armamento y escapar de allí a tiros. No quería permanecer allí un día más, si era posible; si en venticuatro horas me había ocurrido todo lo que me había ocurrido, no era capaz de imaginarme cómo podría terminar al cabo de un año.

El Pecas comenzó a correr como si le persiguieran todos los demonios de Crazyworld, que eran muchos. Intenté seguirle pero tropecé con una raíz y me di de bruces contra el suelo, menos mal que estaba mullidito, aún así me sentó como un tiro que a aquel papanatas le importara un comino que yo me perdiera en aquel bosque demoniaco. Mi espíritu vengativo le deseó todos los males del mundo, sobre todo que el doctor Sun lo tuviera al menos un mes en las celdas de castigo. Me regodeé tanto en lo que el doctorcito podría hacerle durante todo aquel tiempo mientras exploraba en su subconsciente a la busca de un rastro del subconsciente colectivo, que el tiempo pasó muy rápido mientras intentaba acercarme a Jimmy que ahora corría como una gacela. De pronto dejé de escuchar el ruido de sus pasos quebrando ramitas del suelo. ¡Lo había perdido! El susto solo duró unos segundos, el tiempo que tardé en procesar que las luces que estaba viendo a lo lejos eran las de Crazyworld. Respiré aliviado y no me importó dónde se encontraba ya mi mentor.

Recorrí los jardines hacia la puerta como levitando, la cabaña en el bosque, con su correspondiente bunker, era un gran alivio a lo que supuestamente me esperaba, según Jimmy el profeta, aunque no saliera de allí en un año, en toda la vida, aquel lugar a donde podría llevar a mis numerosos ligues, sería aún mejor que una isla desierta. Eso sí, habría que tener mucho cuidado con las visitas del millonario y sus acólitos, si nos pillaban éramos hombres muertos. No me preocupé en exceso, El Pecas tendría también eso controlado. Pude ver su sombra dirigiéndose hacia las escaleras que daban acceso a la terraza y a la puerta principal. Me deslicé tras él como patinando sobre hielo.

Los internos estaban ya en el comedor, aunque algunos, los más remolones, arrastraban sus pies sin prisa alguna. Delante de mi Jimmy se quedó paralizado como una estatua de sal. Porque frente a él apareció el doctor Sun como un fantasma pequeñito. Llegué al lado de ambos justo a tiempo para contestar a la pregunta del doctor.

-Me ha estado enseñando el jardín, que me ha encantado, todo aquí es fantástico, como la factura que me acabarán pasando y que nunca podré pagar.

Estaba disimulando como el mejor de los actores, como si aún no supiera que nunca me pasarían factura alguna, yo era un intruso al que mantendrían allí por el resto de sus días y seguro que ya se encargarían de darme algún trabajito con el que pagar mi estancia. Por otro lado Jimmy se había quedado tan azorado que por un momento temí que se le escapara algo sobre el bosque, ahora nuestro gran secreto.

-No se preocupe de los gastos, querido amigo, todo se arreglará. Me alegro mucho que le guste Crazyworld. En efecto es un lugar paradisiaco y todos los pacientes deberían cantar un tedeum de agradecimiento por el privilegio de ser tratados aquí. Por cierto, amigo, cómo va su amnesia. ¿Ha conseguido recordar algo más?

-Me temo que no, doctor Sun. Tengo la cabeza como un tambor al que toda la tribu hubiera estado golpeando para llamar a King-Kong.

-Jajá. Al menos recuerda quién era King-Kong. Eso está bien, muy bien. ¿Qué le parecería si le hipnotizo un ratito después de cenar?

-Déjelo para mañana, si no le importa, doctor. Esta noche tenemos una cita con dos bellas damas.

Por fin El Pecas había conseguido reaccionar. Era maravilloso que volviera a su ser, astuto y trapacero. Creo que conocía muy bien al doctorcito que dejaría cualquier cosa, hasta el mismísimo subconsciente colectivo por unas faldas, aunque éstas no se levantaran para él. Pude ver cómo aquella mirada miope se ablandaba.

-Entonces no les privaré de ese inmenso placer. Vayan, vayan a cenar. Y usted –refiriéndose a mí- le espero mañana a primera hora, no se preocupe, Albert irá a buscarle. Ya me contará cómo le ha ido la noche, jeje.

Escuché el suspiro de alivio de Jimmy antes que el mío. Nos habíamos librado. Ya ni me importaba que el cabrón de Albert apareciera en la puerta de mi dormitorio al día siguiente. Nos deslizamos hacia la puerta de entrada al comedor. Nadie parecía haberse apercibido de nuestra prolongada ausencia, o al menos eso pensaba yo, porque Alice, la dulce camarerita estaba en la puerta. Dejó pasar a Jimmy sin mirarle y al hacerlo yo me detuvo.

-¿Dónde habéis estado? El doctor Sun te ha estado buscando toda la tarde, quería hacerte un nuevo test de memoria.

-¿Y tú qué le has dicho?

-Que te había visto paseando por el jardín con una dama. Espero que esta noche puedas pagarme el inmenso favor que te he hecho. No lo sabes tú bien.

-Lo tendré en cuenta, te lo aseguro. Es un ofrecimiento muy generoso, Alice. Pero te aseguro que esta noche no se me levantaría ni aunque bailaras la danza del vientre solo para mí. Han sido demasiadas emociones juntas, cariño.

Alice se acercó a mi oreja y me susurró.

-Yo te la levantaría sin que te dieras cuenta, mi dulce amor, pero comprendo cómo te sientes, ya te irás acostumbrando a esta locura. Pero mañana no te libras.

-Mañana será otro día, Alice.

-Claro, mi amor.

Y me mordió el lóbulo de la oreja. Me escapé como pude y fui tras los pasos de Jimmy que ya estaba dentro. Estaba realmente hambriento.

FIN DE EN LOS BOSQUES DE CRAZYWORLD

DESDE MI OBSERVATORIO EN EL PARQUE DEL ESTE


DESDE MI OBSERVATORIO EN EL PARQUE DEL ESTE ( NOVELA SOBRE LA VEJEZ)

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NOTA INTRODUCTORIA DEL AUTOR: Cuando hace ya muchos años me puse a esbozar una novela sobre la vejez imaginé que no me resultaría complicado verme con unos cuantos años más encima. Me equivoqué, ahora que los tengo es mucho peor de lo que había supuesto, por lo que me veré obligado a modificar el manuscrito, dándole un tono aún más dramático, aunque enmascarado con una buena dosis de humor. La soledad del anciano puede ser muy productiva, como la de los antiguos ancianos-sabios de antes, aunque lo más probable es que sea una soledad muy sola, sin más. Estoy procurando que la mía sea sabia y productiva, aunque me temo que es más bien sola-sola-sola. Lo bueno de haberla dejado tanto tiempo fermentando en los manuscritos es que ahora se ha convertido en alcohol de muchos grados. Me temo que solo borracho uno puede afrontar la última parte de su vida, justo cuando se está a las puertas de encerrarse en una residencia de ancianos para siempre.

DESDE MI OBSERVATORIO EN EL PARQUE DEL ESTE

UN VIEJO MUY VIEJO

Cuando llegamos a cierta edad –no voy a decir cuál- uno siente como si el impulso que le ha arrastrado a lo largo de la vida se ralentizara. A su alrededor todo parece seguir el mismo ritmo frenético de siempre pero no se sabe si es que no se percibe como antes o es que se ha formado un extraño círculo invisible rodeándole donde todo sucede en otro tiempo, en otra dimensión. Como dice Graham Greene en una frase magistral que describe a uno de sus personajes, “ cuando se llega a la edad provecta se empieza a vivir en la hora cero”, esto es así porque para el anciano todos los relojes se han estropeado en esa hora, cualquiera que sea. Se camina sin prisas porque cuanto más se corre más cercana aparece la muerte que nos vigila con ojos anónimos desde cualquier esquina. Ciertamente tampoco puede uno apresurarse porque la maquinaria se resiente quejándose de mil formas diferentes y todas dolorosas, así que se decide caminar a cámara lenta; se da un paso, luego se piensa si la otra pierna está preparada y se da otro. Esto hace que el mundo se estire hasta el infinito, la tienda de la esquina ya no está en la esquina sino a media hora los días reumáticos y a algo menos los restantes; el parque es un nuevo planeta en nuestro sistema solar, para viajar hasta él es preciso aprender a ser astronauta y encerrarse en una nave espacial, léase autobús o metro.Mis males son muchos y sólo hablo de ellos a quienes me resultan tan simpáticos como un gran pedazo de plomo colgado de mi cuello: es una forma rápida de deshacerme de su presencia. Tan solo un achaque me molesta seriamente: mi vista ya no es lo que era por lo que me he tenido que  renunciar a la lectura – el único consuelo que me quedaba a mi declinante edad -. Hace tiempo que he cambiado el tiempo de lectura por un largo paseo al parque del Este, el más cercano a mi hogar –esta palabra me pone los pelos de punta- una media hora  los días reumáticos. Allí me dedico a observar gentes o árboles si por casualidad mi rincón se encuentra desierto.

La observación de los demás es el consuelo que le queda a mi soledad; a veces, raras veces, algún buen samaritano se deja agobiar por un anciano pelma y me concede un rato de conversación.He decidido grabar en un cassette un diario de mis visitas al parque, tal vez algún día sirva de testamento. Me duele pensar que me iré como una ráfaga de viento: rompe alguna rama, altera el humor de una o dos personas y al cabo de unos minutos nadie recuerda ya aquella ventolera que se perdió en el vacío. De vez en cuando pongo una cinta en el cassette y recuerdo viejos tiempos, mi memoria se va diluyendo como un terrón de azúcar en el café. Cuando me tomo uno en cualquier cafetería de camino diluyo  en él uno de los terrones que almacené hace algunos años y que llevo siempre en el bolsillo del abrigo –al morir mi mujer me dediqué a coleccionar todo lo que encontraba a mano como fórmula contra el pensamiento percutiente – y observo el proceso con la sorpresa de un niño que acaba de descubrir la fugacidad del tiempo. Intento leer la prensa del día  pero no alcanzo mucho más allá de los titulares, al menos me entero del equipo que encabeza la liga o la última matanza en algún lugar del mundo, noticias ambas muy reconfortantes cuando nada nos importa más de unos segundos.

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UN LUNES DE OTOÑO

Esta mañana me he levantado tarde como acostumbro últimamente aunque duerma mal y me vea obligado a permanecer en la cama recordando el pasado, en el futuro ya no puedo pensar. Se estaba calentito oyendo la lluvia golpear contra los cristales. De camino al parque he entrado a tomar un café en un local frecuentado por la juventud; me gusta codearme con ellos, sobre todo con ellas, a ver si me contagia medio centímetro cúbico de exuberancia y vitalidad. Allí aproveché para que mi brazo derecho descansara de sujetar el paraguas, son estos pequeños detalles los que hacen la vida de un anciano tan miserable. Al remitir la lluvia me acerqué con paso cansino hasta el parque, los coches salpicaban al pisar los charcos con sus piernas redondas, poca gente en las aceras, los que pasaban lo hacían con prisa como si la vida se les fuera a escapar entre los dedos, no eran conscientes del único enemigo que agujereando su piel producía una hemorragia invisible, mi mirada avisada percibía la esencia vital gota a gota.Ya en el parque busqué un banco cercano al charco de los patos donde puse el periódico viejo que llevaba en el bolsillo. La zona estaba desierta así que me dediqué a contemplar cómo los patos se balanceaban indolentes en el agua. El sol asomó su morro entre las nubes como buscando a alguien imposible de encontrar entre la multitud hormigueante de la ciudad. Una joven madre con una encantadora pequeñuela se ha acercado al estanque, la niña me ha visto y con el desparpajo de los niños que no conocen la distancia que les separa de los otros se ha acercado a mí. Me ha preguntado por qué era tan viejo, he respondido que había vivido mucho. Quería seguir preguntando pero su madre malhumorada la ha llamado. No molestes al abuelo le ha dicho mientras se la llevaba a rastras hasta los columpios.La mañana ha sido triste y vacía, he vuelto a casa para alentar una lata de comida precocinada. La tarde ha transcurrido en la cocina oyendo parlotear por la radio a personas a las que todo les parece importante porque aún no han vivido lo suficiente.

RELATOS DE A.T. (RELATOS ESOTÉRICOS) I


RELATOS ESOTÉRICOS

RELATOS DE A.T.

 

   relatos-de-a-t

          RELATOS DE A.T.

I

UNA VISITA INTEMPESTIVA

 

 

Aquella noche, siguiendo una inveterada costumbre que nada ha podido cambiar, me encontraba reposando mi cuerpo en el amplio lecho de mi habitación –me sigue gustando la amplitud, esa sensación de libertad con espacio suficiente para expandirse- con la espalda apoyada en un mullido cojín, mi postura favorita para leer. Y eso estaba haciendo en aquel momento, leyendo una novela de la que rezumaba toda la melancolía de un pasado muerto –esa melancolía que nada puede curar- ; mientras sostenía el libro de bolsillo con mi mano izquierda, con la derecha no cesaba de rascarme el cuero cabelludo –los picores me han acompañado siempre como un placentero estigma  que nunca he repudiado- cuando recibí un gran sobresalto al escuchar un sonido no programado, tardé algún tiempo en comprender que se trataba del timbre de la puerta.

 

Puede que ya llevara un buen rato sonando sin que me hubiera apercibido de ello, siempre me he preciado de una gran capacidad de concentración pero últimamente  ésta ha crecido tanto que  se necesita bastante más que una simple llamada de atención para volverme receptivo. El timbre está graduado de tal manera que apenas es pulsado un leve susurro musical se expande por toda la casa como una suave brisa. Si la insistencia o nerviosismo del visitante se agudizan la fuerza con que lo va pulsando transforma el sonido en una perfecta gradación de  ruidos naturales hasta llegar al último escalón: un agudo y estridente sonido que aumenta hasta hacerse irresistible.

Sin duda el visitante debía llevar largo rato llamando porque la agudeza del sonido había conseguido llamar mi atención. A pesar de ello decidí dejar que siguiera llamando, si la causa que lo atraía hasta mi puerta no era bastante urgente terminaría por cansarse y dejarme en paz. Cerré el libro y me volví hacia uno y otro lado buscando una postura más cómoda, mi espalda empezaba a sentir las molestias que conlleva  una posición largo rato mantenida. Coloqué el libro sobre la mesita y apagué la luz intentando olvidarme de lo que estaba pasando fuera de mi morada. Todo resultó inútil, el timbre llegó al grado de histerismo que mis nervios no pueden soportar. Decidí que si el visitante no se iba a marchar me convenía más abrir y escuchar lo que tuviera que decirme, ni la peor noticia conseguiría privarme de los brazos dulces de la Venus del sueño.

 

Encendí la luz, acaricié con nostalgia la suavidad aterciopelada de las sábanas recién puestas como si éstas fueran a diluirse en cualquier momento; miré hacia la pared frontal donde el hermoso cuadro de un paisaje de montaña nevada me obligó a suspirar con tristeza; finalmente alcé la vista hacia el techo para contemplar la pintura fosforescente imitando un despejado y bellísimo trozo de cielo nocturno. Solo después de cumplir este ritual puse mis pies en el suelo y busqué con ellos la presencia de las cómodas chanclas. Me puse en pie y acercándome al vestidor me coloqué la preciosa bata azul con dibujos de dragones rojos lanzando fuego. Traspasé la puerta y ya en el pasillo encendí la luz. Caminé sin prisas por el largo pasillo decorado con intrincados cuadros abstractos que acostumbro a intentar comprender, analizando una y otra vez sus dibujos geométricos colocados unos encima de otros sin ningún orden como planos reflejando mundos sin sentido.

 

Llegué a la puerta y la abrí bruscamente como queriendo dar a entender al visitante lo molesto que me sentía por su intolerable intromisión. En lugar del rostro impaciente del visitante me quedé paralizado ante una brillante luz que me deslumbró obligándome a cerrar los ojos. Cuando volví a abrirlos ya me había hecho una idea de lo que tenía delante de mis narices. En el centro del gran círculo de luz se estaba formando un rostro que no tardó mucho en adquirir su forma plena. Me resultaba totalmente desconocido, sin duda no lo había visto nunca, de ser así no lo habría olvidado porque  aquel rostro de anciano con su larga barba blanca, sus ojos profundos y brillantes y la pequeña boca sonriente desprendía una gran paz que cosquilleaba mi plexo solar con una suave y placentera energía. Nada en el universo sería capaz de descontrolar aquella expresión de paz profunda que emanaba de lo profundo de aquel rostro. Sin embargo el timbre había sonado con gran estridencia, semejante control sobre sus emociones no era muy común.

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-Te saludo A.T., sin duda dormías profundamente para no oír mis insistentes llamadas. Me has obligado a esperar mucho más tiempo del que estoy acostumbrado  a aguardar ante puertas más poderosas que la tuya.

 

La sospecha que había brotado en mi interior como un chispazo me obligó a cerrar los ojos otra vez buscando adaptarme a la conclusión que inevitablemente se presentaba a mi consciencia en estado de alerta. Al abrirlos mi mente dejó de percibir la estructura de la casa a mis espaldas, ésta  se había diluido en el aire sin el menor ruido.  Como siempre que me sucedía me sentí triste y humilde como un pajarillo en presencia de un halcón, mi mente aún no era suficientemente poderosa para mantener  dos mundos opuestos a la vez dentro del invisible círculo de su poder. No me preocupaba mucho el hecho de haber perdido mi hogar, ya lo reconstruiría cuando terminara  con aquella visita. Siempre soy muy respetuoso con mis semejantes pero el hecho de tener presente a un Gran Maestro me obligó a olvidarme de mi peculiar sentido del humor, mejor sería ver antes cómo respira un Gran Maestro.

 

-Vaya A.T., lo has hecho muy bien y con gran celeridad. Me sorprendes. Ahora que ya sabes quién está ante ti creo que podremos hablar del objeto de mi visita si no tienes inconveniente.

 

Inútil intentar engañarle, para saber mi nombre de guerra era preciso que me conociera muy bien. No puse ningún obstáculo a que dentro de mi círculo de energía se fuera formando mi rostro habitual, el de mi último cuerpo, el que mejor conozco y recuerdo. Intentando reconcentrarme en mi mismo para que la consciencia del Maestro no percibiera con demasiada intensidad mis pensamientos, analicé con mi peculiar astucia lo que me estaba sucediendo buscando las mejores soluciones. La visita de un “Gran Maestro” solo podía significar problemas, ninguno de ellos interviene en las modestas vidas de los novicios del más allá sin una causa importante.

 

El hecho de que se hubiera dirigido a mi por mi nombre de guerra debería tener algún significado. Recuerdo muy bien las estúpidas “hazañas” que me hicieron ganar a pulso este apodo tan idiota, A.T. –Angel Tontorrón- así me llamó alguien a quien intenté ayudar ingenuamente, este apodo hizo pronto furor y ya nadie me conocería desde entonces por otro nombre o apelativo. Cuando pasó el tiempo necesario para adaptarme al más allá luego de mi último tránsito emprendí un camino adecuado al carácter de que había hecho gala cuando estaba vivo en la carne. Orgulloso de mi bondad y de mis ansias de ayudar al próximo decidí que a falta de pan buenas son nueces; puesto que aquí, faltos de un cuerpo sometido a las leyes físicas, no tenemos otra diversión que la que nos buscamos, el deseo de convertirme en un ángel de bondad, ayudando a todo el que se me pusiera a tiro, era un ideal tan bueno como cualquier otro. Así inicié una larga carrera de despropósito e inútiles pérdidas de tiempo hasta que comprendí, trabajo me costó, que no hay mayor estúpido que quien intenta ayudar en contra de los deseos de la víctima. Me reciclé y de ángel tontorrón terminé en un tranquilo detective husmeando de vez en cuando aquí y allá por si pudiera descubrir algún misterio o solucionar algún enigma, en todo caso la aventura estaba asegurada. Pronto conseguí una cierta fama como sabueso pero no la suficiente para acabar con mi apodo que acabé aceptando e incluso disfrutando.

 

-A tu disposición, Maestro.

-Bien, veo que ya tienes una ligera idea de quién soy. De momento no necesitas saber más, ni siquiera mi nombre, si aceptas la misión que te voy a proponer llegaremos a conocernos mejor y entonces podrás hacerme cuantas preguntas pueblen tu fértil fantasía.

 

-Disculpa, Maestro, pero preferiría no saber nada de ninguna misión. El hecho de que me haga pasar por detective aficionado y acepte algunos encargos sin importancia es solo un juego para pasar el rato en este lugar sin tiempo donde podría acabar dormido por aburrimiento y despertar el día del juicio final sin haber notado nada. Las misiones de los Maestros sobrepasan mis facultades y deseos.

 

-Bien, A.T., no te voy a obligar a nada, sabes que toda violencia para conseguir algo es una pérdida de tiempo, después hay que volver a empezar desde el principio y con mayores dificultades. Solo te ruego tengas la cortesía de escucharme –asentí-. Tenemos un problema con un nuevo huésped. Acaba de entrar en nuestro mundo después de haber sufrido un accidente de automóvil y está tan desconcertado que actúa como si aún siguiese embutido en su endeble cuerpo de carne. No cesa de crear problemas en su antiguo entorno físico, tantos que ya se ha empezado a hablar de un fantasma. Sabes que no nos interesa que los vivos empiecen a pensar en nosotros como seres invisibles, eso solo nos crearía problemas. A los Maestros no nos haría ningún caso, aún suponiendo que lograra percibirnos; mandar a otro de su misma energía vibratoria sería peor remedio que la enfermedad, acabaría adquiriendo los peores vicios del mundo invisible y puede que su condición de fantasma le acabase gustando tanto que nos viéramos obligados a  una dura sesión mental para convencerle de que no se puede jugar con estas cosas. Necesitamos acabar con el problema, que nuestro hermano se adapte lo mejor y lo antes posible a nuestro delicado mundo y creemos que tu eres el mejor candidato para ayudarle. Por otro lado conociéndote como te conocemos suponemos que una aventurilla como esta te vendrá muy bien A.T.; no puedes engañarnos, la sofisticada morada que acabas de destruir solo hubiera sido posible si alguien muy aburrido se dedica a ello con intensidad. Estamos seguros de que no rechazarás esta misión. ¿Qué me dices?

 

-Necesitaría pensarlo, no me gusta enredarme con los de abajo, siempre termino bastante chamuscado.

 

-Tendrás mi ayuda aunque creo que no la vas a necesitar. Mientras lo piensas podemos hacer un corto viaje, sobre el terreno podrás decidir con mejor conocimiento de causa.

 

Su energía se expandió acariciando la mía como un brazo físico de piel suave y cálida. Me sentí sujetado con gran fuerza a pesar de ello, como si una dulce y bella mujer de piel suave pero amante salvaje me hubiera estrechado entre sus brazos sin el menor deseo de dejarme marchar. La experiencia me pareció muy desagradable aunque nadie en su sano juicio espera nada placentero del contacto con un “Gran maestro”. Su energía es tan sutil y depurada que la nuestra siente su rechazo como una enorme bofetada.

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ALGUNAS HISTORIAS SÓRDIDAS I


ALGUNAS HISTORIAS SÓRDIDAS

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ALGUNAS HISTORIAS SÓRDIDAS

NOTA A LA NOTA

 

Desde hace algún tiempo estoy empeñado en la edición personal de mi obra completa. Es un capricho que no me sale muy caro y que me permito, tal vez guiado por sentimientos no muy claros, aunque para mí más que aceptables.

 

Soy consciente de que solo un milagro conseguiría la publicación de algunas de mis obras antes de mi muerte o incluso después de ella, de forma póstuma, como fue el caso de Kafka. No es algo que me preocupe ni mucho ni poco, porque como dicen por mi tierra “a burro muerto la cebada al rabo”.  Lo que suceda con mi obra literaria (expresión retórica y grandilocuente donde las haya) tras mi muerte es algo que me preocupa tanto como que me pongan comida para alimentarme en el más allá.

 

Si tuviera la más mínima duda de que lo que llevo escribiendo durante todos estos años es algo más que pura y egocéntrica diversión, tal vez me sintiera un poco obligado  a que no se hundiera en el olvido para siempre. Si Max Brod, el amigo de Kafka, no hubiera decidido saltarse a la torera la recomendación de “K” de que quemara todos sus manuscritos, la historia de la literatura habría perdido mucho, muchísimo en mi opinión subjetiva, y creo que no solo yo, algunos más, hubiéramos quedado un poco huérfanos.

 

Pero este no es mi caso, por supuesto, nada se perdería si mañana  quemara todo lo escrito y eliminara todos los textos subidos a Internet, salvo mi propia vanidad. Aún así me apetece mucho tener en mi biblioteca  mi propia obra, editada a mi manera, para mí particular refocile y solaz.  Desde hace un año he ido comprando en “los chinos” una especie de álbumes plastificados que son muy adecuados para presentaciones con texto y fotos o ilustraciones. Poco a poco, sin prisa pero sin pausa,  porque no es mi intención morirme antes de tiempo y espero que ese tiempo me permita vivir hasta los cien años, más o menos, me temo que más ya no sería vivir, solo vegetar.

 

Estos relatos, las historias sórdidas, tienen ya algunos años, bastantes, los escribí en una etapa muy concreta de mi vida, cuando la evolución personal y como escritor era la que era.  He reformado algunos, reescrito otros y los menos han quedado tal como estaban.

 

Incluso para un lector avispado, sería muy complicado dilucidar lo que hay en ellos de real, de vivencia personal, de autobiografía o de técnica narrativa transformadora de la realidad. Eso sí, todos están basados en hechos reales, ocurridos en mi entorno o leídos en la prensa o vistos en telediarios o en otros programas televisivos, incluso alguno lo escuché en la radio. De entre ellos, tal vez el cincuenta por ciento, están basados en vivencias personales o en vivencias de otras personas muy próximas dentro de mi entorno, en una etapa concreta de mi vida.

 

Hay personas reales que aparecen en estas historias, cuyos nombres y circunstancias personales han sido modificadas, y cualquier dato que sirviera para identificarlas ha sido completamente transformado, por lo que resultarían irreconocibles, incluso para mí, si el recuerdo no fuera tan vivo en mi memoria. En algunos casos, ni muchos ni pocos, las personas han fallecido, o ha transcurrido tanto tiempo que no podrían recordar lo sucedido o serían incapaces de reconocerse en los personajes que se mueven en ellas.

 

¿Por qué no había subido estas historias hasta este momento? No suelo hacerme estas preguntas. Dejo que el tiempo y las circunstancias hablen o que mi subconsciente se muestre imperioso, coercitivo, entonces sé que ha llegado el momento de hacer algo o de dejar de hacerlo. Tal vez la necesidad de subir a Internet esta serie de relatos se deba a un ejercicio que llevo haciendo desde hace algún tiempo. Se trata de ejercicios de “Recapitulación”. Así lo denomina don Juan, el protagonista de los libros de Castaneda, un brujo o chamán yaqui, que en Nuevo México y allá por los años 1960, introdujo a Carlos Castaneda en el camino del conocimiento, tal como nos lo cuenta él en toda su obra.

 

La recapitulación es una técnica chamánica que don Juan dice a Castaneda le resultará imprescindible para transformarse en un “guerrero impecable”. Consiste en recordar los acontecimientos más importantes en la vida de un aspirante a guerrero, los más importantes a nivel emocional. Don Juan tiene la teoría –que yo comparto desde que Milarepa me hablara de la “vinculación”- de que todas las personas vamos dejando atrás hilillos energéticos. Habitualmente van asociados a circunstancias dramáticas o intensamente emocionales y sentimentales.

 

Antes de morir, el guerrero impecable debe recapitular toda su vida, para que al morir el Águila se quede con la recapitulación y le deje sobrevivir a la muerte. Todos estos términos les resultarán muy extraños, pero no se preocupen, porque a partir de primeros de año comenzaré a subir un diccionario chamánico, sacado de los libros de Castanda, que les servirá para saber de qué estoy hablando. Esta técnica de “recapitulación” se contradice con otra, la de “borrar el pasado”, que también les explicaré en ese diccionario. Pero solo es una contradicción en apariencia, como sabrán a su debido tiempo.

 

El hecho de que en el thriller que he comenzado a subir se hable mucho de los libros de Castaneda, también me ha impulsado a confeccionar ese diccionario. Y nada más. Creo que ha llegado el momento de “recapitular” mi pasado. Me servirá como contrapunto al delirio que me ha acompañado y me acompañará en historias tan delirantes como Crazyworld o Un escritor frustrado, pongamos por caso. Necesito volver a pisar tierra con fuerza y que me fantasía se ancle durante un tiempo. Estas historias me ayudarán, sin duda.

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NOTA.- Esta serie de relatos surgió como una necesidad del autor de reencontrarse con la realidad perdida. Extraviado en la fantasía más delirante necesitaba tomar tierra de nuevo y nada mejor que la sordidez de unas historias, siempre con un sólido anclaje en la realidad, para poner a la imaginación en su lugar, un lugar muy alto, sin duda, pero con la perspectiva desenfocada.

 

Todos los relatos parten de un hecho real, bien sea una vivencia personal, una historia narrada por un conocido, un cotilleo oído al azar o una crónica perdida entre las páginas de un periódico y de una brutalidad que solo tienen las realidades más sórdidas. Todo me podía servir y me puse a ello como un ejercicio de humildad y de penitencia. Cuando te pierdes en el humor o en la fantasía necesitas enfrentarte otra vez a la desnuda naturaleza humana. Podría haber elegido respirar aire puro y narrar historias donde la parte más espiritual del ser humano elevara la consciencia del lector. Las dejo para otra serie, aún en fase de esbozo. La sordidez de nuestro lado oscuro no puede ser enterrada en el olvido, porque vivimos tiempos sórdidos y es preciso que nos enfrentemos a lo que todos, todos sin excepción, podríamos llegar a ser si nuestro ángel de la guarda no guiará nuestros pasos.

 

Este relato no se basa en un hecho real, sino en una “vivencia” real. El autor padeció en su juventud terribles depresiones que le hicieron pasar una temporadita en el infierno. Lo peor no fue la angustia y el sufrimiento inenarrables, sino el desprecio, la marginación y la conducta vil y rastrera de muchos de sus semejantes. Eran personas normales y sin embargo se comportaron como auténticas bestias, incapaces de la compasión, la empatía y el respeto que todo ser humano merece, aunque sea un enfermo mental, o precisamente por ello. Este relato narra los sentimientos más íntimos del autor ante estas vilezas. Pudo haber elegido otro soporte, un niño con síndrome de Dawn que es maltratado por adultos, una adolescente violada, un pedófilo que compra a unos padres con malas artes, el tonto del pueblo que soporta las bromas sangrientas de “los listos”. Cualquiera de estos soportes le hubiera permitido expresar su vivencia, pero eligió una historia con un componente sexual más soterrado que explícito porque le da un toque especialmente morboso y repugnante a una conducta que retrata lo peor de nuestra naturaleza humana.

 

En otras historias la realidad habrá sido vivida por otros o por el mismo autor que solo las manipulará lo imprescindible para que la narración no pierda interés o alcance el clímax emocional necesario para atrapar al lector. En ellas los veinticuatro pecados capitales (por poner un número, hay muchos más) y alguna que otra virtud nos intentará retratar los abismos de la psicología humana. Confieso que Dostoievski ha sido mi maestro en esta dura aventura y a él van dedicados estos relatos, donde quiera que esté.

EL BUNKER I


MIS SERIES DE RELATOS

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RELATOS ESOTÉRICOS

 

EL BUNKER

UNA PARÁBOLA SOBRE LA EXPANSIÓN DE LA CONSCIENCIA

 

En mi adolescencia la Biblia fue mi libro de cabecera. Ni un solo día sin al menos un párrafo bíblico. Llegué a conocerla muy bien. Hasta era capaz de citar capítulos y versículos, algo que hoy en día me parece completamente ridículo.

¿Pueden creerme si les digo que a estas alturas de mi vida lo he olvidado casi todo… menos algunas frases que se me quedaron clavadas en el alma y que considero que reflejan verdades eternas (la verdad os hará libres) y las parábolas. ¿Quién no recuerda la parábola del hijo pródigo, por ejemplo?

La parábola es una de las formas más perfectas que conozco de comunicar grandes verdades a través de los sentidos, directas al centro del alma. Las demostraciones matemáticas seguro que son perfectas y de una belleza deslumbrante, pero a mí no me dicen nada, odio las matemáticas y cualquier sistema de ecuaciones que me demostrara la estructura del universo me parecería una tomadura de pelo. Prefiero una buena historia, que me entre por los ojos, que pueda palpar, oler, degustar con la lengua, escuchar cada sonido de su entorno, prefiero una buena parábola a cualquier razonamiento, concreto o abstracto.

Es por eso que me he propuesto explicarles qué es la expansión de la consciencia y sus consecuencias y cómo el yoga tántrico o cualquier otra forma de yoga o el conocimiento esotérico o el chamanismo logran expandir nuestra consciencia y modificar nuestras vidas hasta extremos que dan vértigo.

Podría haber elegido otra metáfora, la del coche y el conductor, por ejemplo, que recorren miles de kilómetros (la vida) para llegar siempre a la misma meta: el coche al desguace y el conductor buscando otro coche, aquí, allá o acullá.  Si he elegido la metáfora o parábola del búnker es porque refleja mucho mejor que la del coche lo que yo sentí y experimenté cuando se abrieron ante mí las puertas de la percepción y supe lo que de alguna manera había sabido siempre pero que nunca me atreví a admitir.

¿Qué es la consciencia? Muchos la confunden con el conocimiento. Es cierto que la consciencia es conocimiento, pero con muchas, muchas matizaciones. El conocimiento puede ser meramente teórico. Datos, datos, datos, decía un simpático robotín que ojeaba un libro a velocidad supersónica en una película. Los datos son conocimiento, es cierto, pero no son consciencia. Ésta es fundamentalmente experiencia. Ustedes pueden ver una foto del Tibet, pongamos por caso, o un vídeo, o pueden leer datos en un libro o en Google. Esto es conocimiento, pero consciencia es mucho más, es haber estado allí, haber visto en persona la cordillera de los Himalayas, palpado sus piedras, pisado su suelo, olido todos y cada uno de sus olores y abrazado a un lama. Esto sí es consciencia. La consciencia es la experimentación directa de algo, la unión, la fusión con el objeto a conocer. La intuición es una forma de conocimiento, de consciencia, muy superior a la lógica o al razonamiento o incluso a la experimentación a través de los sentidos.

Tengan esto muy en cuenta a la hora de traducir esta parábola a claves más asequibles para ustedes. También les iré dando alguna que otra clave de forma directa y simple.

De momento solo me interesan que anoten estas claves:

-Búnker=nuestro cuerpo físico.

-Habitante del búnker= la consciencia que habita nuestro cuerpo y que no es lo mismo que él. Esto es esencial. No intentaré convencerles con razonamientos, sino con la experimentación, con la parábola.

EL VERDUGO DEL KARMA (RELATOS ESOTÉRICOS) I


RELATOS ESOTÉRICOS I

1122015

NOTA PREVIA: Hace años que inicié esta serie de relatos, intentando aprovechar temas tan golosos para un autor de ficción como son la reencarnación, el karma, los archivos akásicos, el universo de los sueños, el más allá, etc. Si bien al principio eran relatos serios pronto comprendí que sin humor perdían intensidad y garra, cercanía, por lo que los transformé en relatos humorísticos, aunque el humor que destilan es a veces muy negro.
Que nadie busque en ellos la ortodoxia budista o esotérica, la manipulación a que someto conceptos tan serios como la reencarnación o el karma, podría molestar a lectores que conozcan a fondo estos temas. No pretendo hacer de divulgador, tan solo de escritor de ficción y de humorista con un peculiar sentido del humor. Mi intención es la de ampliar los límites de la realidad cotidiana, la única existente para muchos, golpeando el plexo solar del lector para transportarlo a universos donde todo lo que alguna vez creímos sólido se difumina y la perspectiva puede llegar a ser verdaderamente terrorífica.
El narrador de la serie, un cínico verdugo del karma, de vuelta de casi todo, se puede decir que no respeta nada, ni siquiera a los dioses del karma que a veces se ven obligados a castigar su comportamiento, muy poco generoso y humano con sus semejantes. Recuerdo al lector que se trata de un personaje de ficción y que no tiene por qué reflejar las opiniones e ideas del autor. De hecho se sentiría muy molesto si alguien llegara a negar su propia autonomía y personalidad.
He comenzado a grabar en audio sus andanzas, lo mismo que he estado haciendo con otros de mis textos. Cuando tenga listo el archivo pondré aquí un enlace, si aprendo a hacerlo. En alguno de los talleres literarios que coordiné, sugerí a los participantes que grabaran sus textos y los escucharan. Es una excelente forma de corregir textos y hacerse consciente de dónde y por qué fallan o de los aciertos alcanzados. Espero que les guste y no se sientan demasiado molestos o aterrorizados por las historias.EL VERDUGO DEL KARMA

Los verdugos del karma pertenecemos al escalafón más bajo de los funcionarios, que ejercen su burocrática labor en la gigantesca biblioteca, a la que algunos llaman Archivos akásicos. Situada en el plano inmediatamente superior al material o físico, donde todo es energía, fue creada por los dioses que habitan el tercer plano de existencia, por encima de la materia y de la pura energía. La eternidad de sus vidas y el casi infinito poder que alcanzaron dominando las energías primigenias del universo, les han hecho acreedores a este nombre, aunque en realidad no dejan de ser un grupito más de las infinitas criaturas que habitan los multiuniversos, visibles e invisibles. Ellos dominan todo lo existente por debajo de su nivel evolutivo.

Los archivos akásicos están fuera del tiempo y del espacio. Por lo tanto no puede decirse que fueran creados en un momento determinado de la línea temporal. Los dioses decidieron que nada de lo que alguna vez existió se perdiera para siempre. Manipulando las corrientes energéticas, que fluyen de forma constante en el infinito océano cósmico, alzaron este edificio con el fin de archivar, en plaquitas de pura energía, la existencia temporal de cada una de las criaturas que habitan o habitaron el universo físico.

Recabaron la ayuda de los seres que residimos en el segundo plano para formar el cuerpo de funcionarios divinos. Muchos aceptamos, hastiados de una vida sin norte. Nos examinaron de nuestros conocimientos y experiencias, adjudicándonos el más bajo y despreciable de los escalafones funcionariales. Ahora soy verdugo del karma y no me quejo, porque mi vida está muy lejos de ser aburrida. Para las criaturas físicas seríamos una especie de dioses si pudieran vernos o supieran de nuestra existencia. Es una de las paradojas de la vida. El que un mísero burócrata como yo pueda ser considerado un dios por criaturas inferiores, no deja de ser algo tan normal y lógico como el que una hormiga, pongamos por caso, vea a las criaturas humanas como Titanes casi omnipotentes.

* * *

La función de un verdugo del karma resulta de todo punto imprescindible, puesto que no siempre los muertos reconocen los evidentes errores que han cometido a lo largo de su vida. Los multiuniversos no podrían seguir su camino en el tiempo y en el espacio si sus criaturas se negaran a aceptar la reparación correspondiente por las culpas que han hecho sufrir a los seres conscientes de su entorno.

Nuestra tarea resulta bastante simple. Algunos de mis compañeros incluso murmuran acerca de la vagancia congénita de estos dioses que apenas se ocupan de nada, delegando los trabajos más sucios en criaturas inferiores. No sabemos en qué actividades centran su consciencia estos dioses, ya que rara vez podemos hablar con ellos. Cuando se acercan a nosotros es siempre para impartir órdenes. Así se ha establecido: que exista una jerarquía en el Cosmos y los seres más evolucionados estén por encima de los que aún no han alcanzado ese nivel.

Toda criatura inteligente o consciente sueña, lo que no sabe es que muchas veces acude a esta biblioteca para conocer su futuro o repasar su pasado. Se trata del sueño profundo que rara vez recuerdan. Los archiveros les reciben y les ayudan a encontrar la secuencia de su pasado o de su futuro que desean visionar. No es una tarea tan desagradable como la nuestra. Los verdugos del karma estamos obligados a recibir a los que mueren, a calmar su angustia y a obligarlos a que repasen su vida y decidan de acuerdo a ella lo que quieren hacer con su futuro: reencarnarse y pagar su karma o quedarse en este plano si la hucha de su karma está a cero.

La mayoría se niegan a pasar por esta tortura y patalean y berrean como tiernos infantes contradichos por los adultos en sus deseos sin sentido. Muchos quieren vengarse sin pérdida de tiempo del daño que les han infligido sus semejantes. Otros se niegan a reencarnar, alegando que por mucho karma que tengan pendiente ellos ya han sufrido demasiado. Es entonces cuando entramos en acción los verdugos del karma. Les colocamos una argolla energética en los cuellos de sus cuerpos astrales y les obligamos a que nos acompañen a los sótanos de tortura.

Allí los archiveros nos han dejado el vídeo correspondiente a la vida del fallecido y nuestra labor es enchufar a su cerebro astral el cable de energía que les conectará a su pasado. Cada escena de su vida, en forma cronológica, comienza a ser revivida en su consciencia. Su rebeldía a esta tortura con frecuencia resulta aterradora. Nosotros les ayudamos a pasar el trago con buenas palabras y a veces nos vemos precisados a llamar a los doctores para que les calmen y puedan seguir siendo torturados.

Los casos más desesperantes son los de quienes creen haber sufrido dolores y angustias sin cuento debido al comportamiento de los otros. Su desmesurado deseo de venganza les impide repasar su vida buscando errores propios -los ajenos se los conocen al dedillo- y mucho menos que les enchufemos el vídeo de sus enemigos para que puedan captar en profundidad los sentimientos más íntimos que les llevaron a un comportamiento poco generoso con sus semejantes.

Es aquí cuando el verdugo del karma se gana su pequeño sueldo mensual (consistente en visiones elevadas y éxtasis místicos de corta duración). Es preciso emplear toda la fuerza para que estos vengativos recalcitrantes se dejen enchufar al vídeo de sus enemigos. Y aún entonces, en algunos casos, se ven ratificados en sus poco caritativas suposiciones, puesto que resulta, del contacto con sus pensamientos y sentimientos más íntimos, que actuaron con absoluta malevolencia consciente. Los fallecidos afectados por semejante desvergüenza de sus semejantes sufren severos síncopes debido la rabia que se apodera de todo su ser y nos vemos precisados a llamar a los doctores kármicos que deben tranquilizarles con un severo tratamiento hipnótico, haciéndoles creer que su vida pasada fue sólo una pesadilla de niños malos.

Queda mucho por ver y conocer en esta formidable biblioteca cósmica, pero el deber me llama, queridos amigos. Hoy me toca guardia y se acaba de encender el pequeño pilotito rojo que llevo colgado al cuello. Eso significa que acaba de traspasar el umbral un caso desesperado y debo hacerme cargo de él sin dilación alguna. Ustedes pueden seguir soñando, piensen por un momento en algo agradable y el sueño se modificará al instante. Mañana, nada más dormirse, recuerden que tenemos una cita, ustedes y yo, para conocer el resto de este formidable edificio donde se albergan los archivos akásicos…No, no tengan miedo, aquí no se gastan bromas. Somos muy serios y respetuosos. Chao, arrivederchi, good bay, a tout a l´heure, hasta pronto, nos vemos…

Si no fuera por quienes nos visitan en sueños la soledad de los verdugos del karma sería irrespirable. Como ustedes saben muy bien la soledad es lo que peor se lleva, tanto en el más acá o en el más allá, según se mire con su perspectiva o con la mía. De pronto me he dejado llevar por la risa tonta. Me estoy carcajeando como un bendito.

“Aquí somos todos muy serios”. Jaja. Ya verán esos pardillos lo que es bueno. Pero voy a tener que andarme con cuidadito porque como me pille un dios del karma las voy a pasar canutas. Esos sí que son serios. Ya lo creo.