CRAZYWORLD XXI


EN LOS BOSQUES DE CRAZYWORLD/ FINAL

Aquello bien podría ser una auténtica cueva prehistórica reciclada por millonarios del siglo XXII para recrear la etapa más bestial de la humanidad pero con todas las comodidades que da el dinero y los adelantos técnicos de un mundo futurista. Incluso se había previsto en su centro una gigantesca hoguera que ahora estaba apagada, por supuesto, pude imaginarme todos aquellos toscos troncos amontonados ardiendo, aunque tal vez solo se trataba de un decorado y el fuego ardería de forma controlada saliendo de alguna tubería de gas diseñada por un ingeniero futurista. Jimmy me explicó que allí se reunían los cazadores para contarse sus historias de caza, como cazadores primitivos, alrededor del fuego, planeando orgías sin cuento en honor a Diana, la diosa cazadora. No supe si todo esto se lo estaba inventando El Pecas que había caído en una fantasía delirante o lo había visto en alguna de las grabaciones.

Por una trampilla en el suelo que no sé cómo encontró ni cómo abrió, porque yo estaba observando todo aquello con la boca abierta, pudimos acceder a un sótano que era un auténtico búnker, las piedras habían sido reemplazadas por gruesas paredes de acero, o tal vez se encontraban tras ellas. Un inmenso y portentoso laberinto de estanterías metálicas lo cubría todo, como una especie de biblioteca de Alejandría, solo que en lugar de valiosos papiros los estantes estaban repletos de comida y bebida enlatada, convenientemente etiquetada según pude apreciar al acercarme a la primera y manosearlo todo con la sensación de estar rodando una película de cienciaficción. De las paredes colgaba todo un arsenal de armas modernas tras gruesas vitrinas que no podría perforar ni un misil.

-Jimmy, amigo, con este armamento podríamos abrirnos paso a tiros y salir por la puerta principal tan campantes.

-¿Crees que no lo había pensado? Pero Mary no ha podido hacerse con los códigos que abren las vitrinas, aunque como ves cada sección tiene un lector de retina o de huellas dactilares o de lo que sea, aún no lo he podido desentrañar. No parecen funcionar con códigos, algo que podría jaquearse con un poco de paciencia, y Mary tiene mucha. No son tan tontos como para no haberlo previsto, sin duda se trata de uno de esos artilugios modernos que te leen los ojos, las huellas digitales o el ADN, a saber. Su único error es haber situado el búnker dentro del terreno de Crazyworld, los muy idiotas ni se atrevieron a imaginar que un loco pudiera descubrir todo esto.

-O tal vez pensaron que podrían necesitar carne humana si las provisiones se terminaban antes de tiempo, el canibalismo es una forma de sobrevivir. La carne de loco es tan buena como la de cualquiera, o mejor. Tener al lado del bunker una buena despensa por si falla todo es una gran estrategia. ¿No crees?

Supe de inmediato que me había pasado con mi chiste de humor negro. Jimmy me miró como si estuviera loco y de hecho estaba empezando a pensar que era así.

-Perdona, pero ya me considero un loco más de la familia. Si voy a pasar aquí el resto de mi vida tendré que adaptarme al ambiente. Incluso estoy pensando en la posibilidad de que mi amnesia sea parte de mi locura, y que lleve aquí tanto tiempo como tú o más. A lo mejor me estás tomando el pelo, solo por divertirte. Te creo capaz. ¿Qué me dices?

El Pecas se encogió de hombros y bufó como si estuviera a punto de perder la paciencia conmigo. Cambió de tema. Se acercó a una curiosa estatua de cazador, en bronce, que estaba en la esquina y que yo aún no había visto.

-No creas que he descubierto todos los secretos de este antro. Aún no sé que hay detrás de esto.

Empujó la estatua ligeramente a la izquierda y un nuevo panel comenzó a desplazarse. Cuando terminó de hacerlo pude ver lo que parecía una gigantesca puerta de una no menos gigantesca caja fuerte.

-¿Qué crees que puede haber ahí dentro?

-No sé –respondí-. ¿Tal vez una bomba nuclear? Por si todo falla, harían saltar Crazyworld por los aires y todos nos iríamos a la mierda tan ricamente.

Jimmy perdió la paciencia definitivamente. Miró su reloj de pulsera y anunció que era hora de regresar. Las luces se fueron apagando automáticamente conforme nos encaminábamos a la salida, algún sensor de movimiento, imaginé.

-Espero que a los cazadores no les gusten las mascotas, un gatito o un perrito que ande por aquí acabará con el combustible del generador.

Jimmy se apresuró, no dejando de bufar y sacudir la cabeza, hasta que llegamos a la puerta de entrada. Dejó la llave en su sitio y se volvió hacia mí con cara de pocos amigos.

-Ya sabes. Junto a la maceta. Tienes que escavar un poco en la tierra y aquí está la llave para cuando la necesites.

Regresamos por el bosque. El Pecas se orientaba mejor que un perro sabueso, ni un momento dudó sobre la ruta. Estaba muy poco hablador y yo resollaba intentando seguir sus pasos. Puede que temiera perderse la cena, a pesar de su extrema delgadez era una de esas personas que pueden comerse a su madre por los pies y nunca engordan. Han recibido un pasmoso don de la vida que otros envidian. Yo aún no tenía claro cómo era mi metabolismo, apenas llevaba un día en Crazyworld y ya me habían ocurrido tantas cosas que era como un siglo de historia ajetreada. A veces notaba como si mi memoria soltara un poco de lastre y curiosas escenas y recuerdos acudían a mí, pero totalmente inconexos. En un momento determinado podía pensar en algo o decir algo que me recordaba a algo, nunca sabía muy bien a qué. Pensé que más bien el terror de Jimmy tenía más que ver con el miedo a que el doctor Sun le castigara con las celdas de aislamiento que con perderse la cena. Entonces recordé la escena de la cinta en la que el gran follador se tiraba a la señorita Ruth, algo que me había llamado poderosamente la atención. Pude ver un trozo mientras él hurgaba en las estanterías buscando una cinta en especial. No me había atrevido a comentarle nada, pero ahora me sentía muy intregado.

-¿La señorita Ruth conoce también la cabaña? –hice la pregunta entre resuello y resuello, procurando acercarme lo más posible a su espalda.

Jimmy se paró en seco y volvió su rostro conmocionado hacia mí.

-¿Cómo lo sabes? Sí, fue uno de mis mayores errores. Es la única mujer de Crazyworld que acepta tener sexo conmigo siempre que lo necesito y ninguna otra está dispuesta. La traje aquí, dormida, en la carretilla. Pero creo que debí poner una dosis muy baja de somnífero o ese palo con faldas tiene una naturaleza capaz de soportarlo todo, porque memorizó la ruta y sé que viene de vez en cuando por aquí. Lo sé porque aunque no sabe dónde dejo la llave siempre observo una ventana entreabierta que no cierro porque quiero pillarla “ in fraganti”. Creo que sospecha lo de las grabaciones, pero seguro que no es capaz de encontrar las cintas ni en mil años. Y ahora, si no te importa, deja el resto de preguntas para la cena.

-Ok. Jimmy. Ok.

Ya no abrí la boca y procuré seguirle muy de cerca, la noche estaba cayendo y lo peor que podría pasarme era perderme en aquel tupido bosque. Me entretuve pensando en las posibilidades de la cabaña, pero sobre todo en la posibilidad de hacernos con el armamento y escapar de allí a tiros. No quería permanecer allí un día más, si era posible; si en venticuatro horas me había ocurrido todo lo que me había ocurrido, no era capaz de imaginarme cómo podría terminar al cabo de un año.

El Pecas comenzó a correr como si le persiguieran todos los demonios de Crazyworld, que eran muchos. Intenté seguirle pero tropecé con una raíz y me di de bruces contra el suelo, menos mal que estaba mullidito, aún así me sentó como un tiro que a aquel papanatas le importara un comino que yo me perdiera en aquel bosque demoniaco. Mi espíritu vengativo le deseó todos los males del mundo, sobre todo que el doctor Sun lo tuviera al menos un mes en las celdas de castigo. Me regodeé tanto en lo que el doctorcito podría hacerle durante todo aquel tiempo mientras exploraba en su subconsciente a la busca de un rastro del subconsciente colectivo, que el tiempo pasó muy rápido mientras intentaba acercarme a Jimmy que ahora corría como una gacela. De pronto dejé de escuchar el ruido de sus pasos quebrando ramitas del suelo. ¡Lo había perdido! El susto solo duró unos segundos, el tiempo que tardé en procesar que las luces que estaba viendo a lo lejos eran las de Crazyworld. Respiré aliviado y no me importó dónde se encontraba ya mi mentor.

Recorrí los jardines hacia la puerta como levitando, la cabaña en el bosque, con su correspondiente bunker, era un gran alivio a lo que supuestamente me esperaba, según Jimmy el profeta, aunque no saliera de allí en un año, en toda la vida, aquel lugar a donde podría llevar a mis numerosos ligues, sería aún mejor que una isla desierta. Eso sí, habría que tener mucho cuidado con las visitas del millonario y sus acólitos, si nos pillaban éramos hombres muertos. No me preocupé en exceso, El Pecas tendría también eso controlado. Pude ver su sombra dirigiéndose hacia las escaleras que daban acceso a la terraza y a la puerta principal. Me deslicé tras él como patinando sobre hielo.

Los internos estaban ya en el comedor, aunque algunos, los más remolones, arrastraban sus pies sin prisa alguna. Delante de mi Jimmy se quedó paralizado como una estatua de sal. Porque frente a él apareció el doctor Sun como un fantasma pequeñito. Llegué al lado de ambos justo a tiempo para contestar a la pregunta del doctor.

-Me ha estado enseñando el jardín, que me ha encantado, todo aquí es fantástico, como la factura que me acabarán pasando y que nunca podré pagar.

Estaba disimulando como el mejor de los actores, como si aún no supiera que nunca me pasarían factura alguna, yo era un intruso al que mantendrían allí por el resto de sus días y seguro que ya se encargarían de darme algún trabajito con el que pagar mi estancia. Por otro lado Jimmy se había quedado tan azorado que por un momento temí que se le escapara algo sobre el bosque, ahora nuestro gran secreto.

-No se preocupe de los gastos, querido amigo, todo se arreglará. Me alegro mucho que le guste Crazyworld. En efecto es un lugar paradisiaco y todos los pacientes deberían cantar un tedeum de agradecimiento por el privilegio de ser tratados aquí. Por cierto, amigo, cómo va su amnesia. ¿Ha conseguido recordar algo más?

-Me temo que no, doctor Sun. Tengo la cabeza como un tambor al que toda la tribu hubiera estado golpeando para llamar a King-Kong.

-Jajá. Al menos recuerda quién era King-Kong. Eso está bien, muy bien. ¿Qué le parecería si le hipnotizo un ratito después de cenar?

-Déjelo para mañana, si no le importa, doctor. Esta noche tenemos una cita con dos bellas damas.

Por fin El Pecas había conseguido reaccionar. Era maravilloso que volviera a su ser, astuto y trapacero. Creo que conocía muy bien al doctorcito que dejaría cualquier cosa, hasta el mismísimo subconsciente colectivo por unas faldas, aunque éstas no se levantaran para él. Pude ver cómo aquella mirada miope se ablandaba.

-Entonces no les privaré de ese inmenso placer. Vayan, vayan a cenar. Y usted –refiriéndose a mí- le espero mañana a primera hora, no se preocupe, Albert irá a buscarle. Ya me contará cómo le ha ido la noche, jeje.

Escuché el suspiro de alivio de Jimmy antes que el mío. Nos habíamos librado. Ya ni me importaba que el cabrón de Albert apareciera en la puerta de mi dormitorio al día siguiente. Nos deslizamos hacia la puerta de entrada al comedor. Nadie parecía haberse apercibido de nuestra prolongada ausencia, o al menos eso pensaba yo, porque Alice, la dulce camarerita estaba en la puerta. Dejó pasar a Jimmy sin mirarle y al hacerlo yo me detuvo.

-¿Dónde habéis estado? El doctor Sun te ha estado buscando toda la tarde, quería hacerte un nuevo test de memoria.

-¿Y tú qué le has dicho?

-Que te había visto paseando por el jardín con una dama. Espero que esta noche puedas pagarme el inmenso favor que te he hecho. No lo sabes tú bien.

-Lo tendré en cuenta, te lo aseguro. Es un ofrecimiento muy generoso, Alice. Pero te aseguro que esta noche no se me levantaría ni aunque bailaras la danza del vientre solo para mí. Han sido demasiadas emociones juntas, cariño.

Alice se acercó a mi oreja y me susurró.

-Yo te la levantaría sin que te dieras cuenta, mi dulce amor, pero comprendo cómo te sientes, ya te irás acostumbrando a esta locura. Pero mañana no te libras.

-Mañana será otro día, Alice.

-Claro, mi amor.

Y me mordió el lóbulo de la oreja. Me escapé como pude y fui tras los pasos de Jimmy que ya estaba dentro. Estaba realmente hambriento.

FIN DE EN LOS BOSQUES DE CRAZYWORLD

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