POEMAS DEL SALVAJE OESTE II


POEMAS DEL SALVAJE OESTE II

EL TAHUR

Mis manos son más rápidas
Que las de un pistolero.

Mi vista más certera y aguda
Que la del águila de la llanura.

Mi mente silenciosa y concentrada
Como un apache acechante.

El dinero lo es todo en la vida
El amor no existe,
La amistad no es posible,
El trabajo una pesada carga.

Siempre llevo un as en la manga
Para derrotar a la esquiva fortuna
Y un buen colt en la cartuchera
Contra los malos perdedores.

Nací para el riesgo,
No temo al peligro,
No temo a la muerte.

La vida es una mala carta
Boca abajo sobre la mesa.
Con ella se puede jugar,
Con ella se puede ganar
Mientras no la descubras.

Soy un tahúr discreto,
Silencioso como un fantasma,
La sonrisa en la boca,
Las manos suaves y blancas,
No proclamo mi llegada,
Parto solitario en las sombras.

Nunca miro a las mujeres
Cuando tengo cartas en las manos.
En mi petaca agua coloreada,
Nunca bebo cuando juego,
Nunca tengo prisa.

En mi manga un diminuto revolver,
En mi pernera un afilado cuchillo,
Nunca acepto retos ni duelos,
Me escabullo cuando me miran mal.
Evito la pelea y la reyerta.
Mi mano está tan atenta
Como mis ojos huidizos.
Disparo sin pensarlo
Cuando veo volar las manos.
Procuro matar por la espalda,
Un tahúr nunca juega limpio.

Nunca utilizo los bancos,
Mis bolsas de oro están
En sutiles escondrijos.

Escojo lugares apartados
Para el descanso del guerrero.
Me visto de buena persona,
Escondo la sonrisa aviesa,
Llevo guantes de vaquero,
Me dejo barba de minero
Y me presento a damas solitarias.
Necesito un hogar por un tiempo,
Necesito el remedo del cariño.
Y cuando no puedo encontrarlo
Guiño el ojo atrevido
A las chicas de un salón
Donde nunca he jugado.

Siempre viajo de noche
Por caminos solitarios,
Vigilando mis espaldas,
Con el colt en la mano.
Mi caballo no relincha,
Lleva los cascos envueltos
Como los potros indios en la pradera.
No hago fuego para la cena.
Si puedo duermo en cuevas.

Soy un hombre solitario,
El oro corrompe al predicador,
Al vaquero honrado,
A la dama de dulce mirada,
A la familia del granjero.

El oro lo es todo en la vida,
La habitación de un buen hotel,
Una sabrosa comida caliente,
Una agraciada chica de salón,
El respeto de un político,
Un sheriff complaciente,
La sonrisa de un buen sastre,
La invitación del puritano,
La mano tendida de un juez.

Soy un vagabundo sin destino,
Nunca me detengo mucho tiempo
en los lugares donde juego
y tampoco cuando voy de visita.
No se puede ocultar siempre
El as en la bocamanga.
Las palabras precisas,
La mirada huidiza,
Ser como un fantasma,
Pasar desapercibido.

Elegí mi destino
Y no me arrepiento.
El juega conmigo,
Pero siempre llevo escondido
Un as en la manga.

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