Mes: marzo 2017

EL VERDUGO DEL KARMA (RELATOS ESOTÉRICOS) IV


RELATOS ESOTÉRICOS IV

 

LOS DIOSES DEL KARMA II

EL INICIADO/ CONTINUACIÓN

Había decidido gastarle una broma. Los iniciados suelen ser bastante burros para estas cosas de captar cómo funciona todo por aquí. Creen que la realidad pasada no puede modificarse y por lo tanto cuando recuerdan algo de una determinada manera es porque en realidad sucedió así y no de otra manera. No entienden eso de los mundos paralelos, las distintas dimensiones, la posibilidad de que la realidad sea de mil formas diferentes y que cada individuo capte la que más le interese… Ahora que en el mundo de los mortales de carne y hueso ya llevan un tiempo jugando con la física cuántica y sabiendo que en el microcosmos las cosas son y no son y pueden ser de tantas formas que el pensar que lo que uno recuerda de su pasado es lo que realmente sucedió y lo único que pudo haber sucedido, suena a tontería infantil.

Mi broma iba a consistir en hacerle vivir nuestro encuentro de forma distinta y que recordara los dos. ¡A ver por dónde me salía aquel pazguato!

SEGUNDA VERSIÓN DE LA HISTORIA

Los verdugos del karma tenemos formas para servir como cicerones a los nuevos iniciados. Son tan pocos que el turno apenas corre y uno puede pasar años sin que le toque esta tarea, a veces ingrata, y otras muy interesante, y hasta divertida.

Recibí la comunicación y me preparé para enfrentarme al iniciado de turno, sin muchas esperanzas de que esta experiencia me aportara algo nuevo o al menos me hiciera pasar un buen rato. Con los iniciados no valen los trucos que solemos emplear los verdugos del karma con los dormidos, fáciles de manipular, o con los muertos, tan confusos que dan pena. Los iniciados vienen con los ojos bien abiertos y no se dejan tomar el pelo sin oponer una férrea resistencia.

Sabemos la hora y el lugar en que se materializará –es una forma de hablar- su cuerpo astral, pleno de energía y de consciencia. Normalmente los iniciados llevan mucho tiempo apareciendo por estos lares, unas veces completamente dormidos y otras veces con un ojo medio abierto y mucho miedo en el cuerpo. Nos conocemos bien y a veces hasta nos saludamos, a menudo deciden olvidar las experiencias que viven aquí, para no traumatizarse. ¡Ingenuos y tiernos corderitos! ¡Cómo si la vida no traumatizara mil veces más! Y sin embargo bien que abren los ojos cuando el hachazo –estoy hablando en metáforas- del prójimo descarga sobre su cabeza.

La iniciación no es otra cosa que la primera vez que un adepto –que lleva mucho tempo trabajando por describir qué se esconde tras el telón del Gran Teatro del mundo- viene perfectamente consciente y dispuesto a recordar todo lo que le suceda aquí. Suelen sorprenderse mucho de cosas que han visto ya mil veces y se ponen rebeldes y farrucos cuando algo no les gusta. ¡Como si aquí repartiéramos caramelos!

Cuando observé a mi tierno corderito, me santigüé, como si estuviera en una de esas iglesias que los mortales de carne utilizan para intentar llegar a un mezquino acuerdo con los dioses. Aquí, por el contrario, se dicen las verdades del barquero y más vale no llegar a acuerdo porque siempre sales perdiendo, se acuerde lo que se acuerde. Mi iniciado de turno era uno de esos repugnantes cobardes que cuando se van enterando de que ni la vida ni la muerte son como todo el mundo creía que eran (como si la realidad tuviera que adaptarse a lo que piensa uno o un millón) pone el grito en el cielo y clama a grandes voces que le han estafado, mentido y engañado. ¡Que no hay derecho! ¡Que esto va a cambiar de arriba abajo! ¡Que ni los dioses ni los hombres podrán obligarle a hacer lo que no quiera!

¡Bien poco que se quejan cuando en sueños les cae la breva de una experiencia erótica! Entonces lo recuerdan como un sueño muy agradable, y en lugar de hacerse conscientes de cómo son las relaciones sexuales por aquí, en el mundo de los sueños o en el más allá, se limitan a disfrutar sin hacer preguntas. ¡Si yo les contara!

Mi iniciado era especialmente incordión y rebelde, aunque por el contrario poseía hermosas cualidades, tales como una inteligencia muy dispuesta y un sentido del humor raro, pero espléndido cuando estaba en vena.

Me acerqué a él, que tenía los ojos muy abiertos, como platos, dispuesto a afrontar la tarea con esperanza, la esperanza de que el iniciado tuviera un día bueno y no estuviera de un humor de perros.

-Creo que a usted lo conozco.

Me soltó con una ingenuidad que casi me tumba de risa. ¡Cómo que me conocía! Nos veíamos tanto que éramos casi íntimos.

-No se esfuerce, amigo. Seguro que acabará recordándolo todo.

Le había respondido con lo que intenté fuera una ironía disimulada y una burla no demasiado evidente, incluso para un tonto del bote como él.

Y AQUÍ TERMINA LA VERSIÓN SEGUNDA DE LA MISMA HISTORIA

En realidad el muy idota sabía perfectamente que me conocía muy bien, no en vano acababa de vivir el mismo encuentro, solo que en otra versión diferente. Yo sabía muy bien que recordaba las dos versiones, el problema consistía en que no sabía cuál era la real y cuál la ficticia, producto de su imaginación. Las dos eran reales, pero eso no lo admitiría nunca, porque su mundo mental se vendría abajo.

Le ordené de nuevo que cerrara los ojos. Puse mi dedo índice sobre su entrecejo y grité:

-Un, dos, tres…

EL VERDUGO DEL KARMA (RELATOS ESOTÉRICOS) III


RELATOS ESOTÉRICOS III

 

 

esoterismo_01
RELATOS ESOTÉRICOS

LOS DIOSES DEL KARMA

I

EL INICIADO

Un verdugo del karma sabe muy bien que sus competencias pueden ser ampliadas, reducidas, modificadas, anuladas…Como burócrata que es acepta con resignación su destino, incluso cuando una comisión de servicio te obliga a realizar un trabajo que nadie quiere, del que todos huimos si nos es posible.
Servir de guía turístico de un iniciado es una de las peores comisiones de servicio a que puede ser enviado un verdugo del karma. Hemos establecido un turno de guardia entre nosotros, los verdugos, para evitar que alguien sufra el acoso de un dios kármico enfadado o que la estulticia del jefe de sección de turno cargue a uno con un trabajo que todos deberíamos llevar a cabo, en forma justa y equitativa.

Los nuevos iniciados acostumbran a ser un tanto pejigueras. Con eso de que creen estar viéndolo todo por primera vez, se ponen a criticar desaforadamente lo que no les gusta; se rebelan contra las leyes más naturales; despotrican de esto, de aquello y de lo demás allá, y lo que es peor, insultan, a todo aquel que tiene la desgracia de cruzarse en su camino. Eres un tal o un cual es lo menos que nos dicen a sus guías. En una palabra, acostumbran a ponerse muy violentos. Y eso siempre resulta desagradable, aunque luego puedas tomarte la revancha, tomándoles el pelo a gusto y gana.

Cuando la lucecita roja de mi colgante se iluminó supe que algo malo iba a sucederme. Como estaba en turno de guardia para atender a los nuevos iniciados, no me hice muchas cábalas sobre lo que significaba aquella llamada a horas intempestivas.

Normalmente los novatos, los iniciados que acceden por primera vez a nuestro edificio burocrático, terminan siempre perdidos en el vestíbulo. El conserje de turno no precisa intercambiar una sola palabra con ellos para saber quiénes son y a qué vienen. Se limitan a pulsar la tecla que enciende la lucecita roja del verdugo del karma en turno de guardia y procuran vigilar con ojos atentos al iniciado para que el muy palurdo no toque donde no debe y nos haga saltar por los aires, o se cuele por una puerta que no es, y organice un lío de mil demonios.

Lamenté no poder acudir aquella noche a la cita con mis turistas oníricos. Era un grupo bastante manso y que no creaba más problemas de los imprescindibles. Les había presentado al archivero mayor y devuelto con una facilidad pasmosa a su estúpida realidad vigil. Me había hecho a la idea de acompañarlos durante varias noches, enseñando a aquellas cabezas de chorlito los lugares más comunes de nuestro mundo. Me las prometía muy felices gastándoles algunas bromas, inocuas, aunque en extremo regocijantes. Pero el deber es el deber y hacer novillos no resulta muy divertido aquí, cuando un dios del karma puede ponerte las peras al cuarto y gastarte alguna de sus terribles bromas.

Así que me busqué un sustituto para la noche y me dirigí al vestíbulo, fantaseando con las posibilidades que el novicio de turno me permitiría ensayar, según su inteligencia fuera cero o estuviera por debajo de esa línea. Apenas pisé el abovedado y amplio vestíbulo, el conserje de turno salió a mi encuentro y me señaló a un joven despistado que no dejaba de dar vueltas y más vueltas, de acá para allá, tanteando puertas, buscando extraños resortes en las paredes y lanzando patadas al mobiliario y enseres que jalonaban el extenso espacio a su disposición.

Me encogí de hombros, hice un gesto amistoso al conserje y me acerqué hasta el iniciado, sin ninguna prisa, observando con detenimiento sus gestos, por si podía darle ya una nota de inteligencia cero o debería rebajarla hasta intentar batir el record de estupidez de los iniciados, que estaba bastante alto.

-Hola amigo. ¿Se ha perdido?

El joven me oyó. Algo de lo que no son capaces la mayoría, que creen haberse vuelto locos por oír voces donde todo debería estar silencioso. Eso me hizo pensar que me encontraba en presencia de un “cero” y no debería darle más vueltas al asunto. El joven se volvió y me percibió, algo que ya de por sí indica un estado de evolución poco corriente. Una gran parte de los iniciados se pasan varios minutos intentando localizar de dónde proviene la voz, sin llegar a encontrar a su guía, aunque se den de bruces con él.

-Menos mal que le encuentro. Le juro que no sabía por dónde salir de este maldito laberinto.

-Puedo saber qué desea? ¿Qué le trae hasta aquí? ¿O se trata de un secreto que solo puede desvelar a presencia de un dios?

-¿Dios? ¿Existe Dios?

Estaba claro. Se trataba de un ejemplar “iniciatus filosóficus” con muchas ganas de dar la tabarra.

-¿Sabe al menos dónde se encuentra?

-Imagino que en alguno de esos mundos extraños a donde me llevan a menudo mis ejercicios de relajación.

-Algo así… Bien, voy a presentarme. Soy un verdugo del karma, no importa mi nombre, y le serviré de guía por este lugar.

-¿Un verdugo del karma? ¡Qué interesante!

-Como supongo que su tutor le ha enviado aquí para conocer el funcionamiento del engranaje cósmico y para echar un primer vistazo a los dioses del karma, me permito sugerirle que me acompañe.

-Me niego rotundamente si no me explica qué está pasando.
Me lo temía. El iniciado filosófico no da un paso sin antes saber dónde va a pisar.

-¿No recuerdas nada, amigo?

Se quedó un rato en suspenso y de pronto una lucecita se iluminó dentro de su cabezota.

-¡Ah, sí, el sueño!

-Exacto. Si estás aquí es porque has llegado a un acuerdo con tu maestro o tutor. Has aceptado conocer alguno de los secretos que tanto te inquietan y planificado y programado esta visita… Pues bien yo soy tu guía. Como sabes el maestro no puede entrar aquí con sus novicios o iniciados. Así pues tendrás que aceptarme a mí, lo quieras o no.

-Está bien. No se apresure, amigo.

-Lo siento. Hay mucho para ver y tengo cosas más importantes que servir de guía a un palurdo como usted.

-Oiga. No me insulte. Aunque mi conocimiento sea limitado, en mí late la chispa divina, que es igual a la suya. ¡Vaya con cuidado!

Me carcajeé en su cara. Al menos, pensé, no me aburriría con aquel pardillo, no.

-Vamos, no se enfade, la visita programada es muy larga.

Cuanto antes nos pongamos en camino antes la terminaremos. Si es tan amable cierre los ojos. Le tocaré con mi dedo en el tercer ojo y cuando le ordene abrirlo nos encontraremos en el salón de guardia que utilizan los dioses del karma para vigilar la realidad del mundo visible. Le suplico procure pegarse a mí, no gritar, hacer el menor ruido posible y seguir todas y cada una de mis instrucciones. De otra manera le harán pagar su osadía.

Cerró los ojos. Puse mi dedo índice en su entrecejo y grité:

-Un…dos…tres…

EL VERDUGO DEL KARMA (RELATOS ESOTÉRICOS) II


RELATOS ESOTÉRICOS II

 

 

RELATOS ESOTÉRICOS II

DIARIO DE UN VERDUGO DEL KARMA

PRIMERA ENTREGA

Que recuerde, en todas mis reencarnaciones fui considerado como “un personajillo bastante raro” por la gente de mi entorno. Lo que me sorprendió, sobre todo al principio, fue que al desencarnarme y permanecer aquí en uno de los escalones más bajos de la jerarquía cósmica del mundo desencarnado o más allá o dimensión paralela, es decir como verdugo del karma, la gente me seguía considerando como “un personajillo raro”. ¿Qué hago yo para merecer esto?

Cuando me destinaron una temporadita, en comisión de servicio, a los archivos akásicos o biblioteca de todo lo que ha existido, existe y existirá, y especialmente de personas y seres inteligentes, descubrí, al hurgar en las estanterías de videos y libros, donde se archivan todas las reencarnaciones y escenas de las mismas, de la “a” a la “pá”, que algunos vídeos o libros estaban vacíos, limpios como una patena. Eso me sorprendió tanto que solicité audiencia con el Archivero Mayor y le expliqué el problema. El buen anciano se sonrió y me preguntó qué curiosidad me había llevado a buscar explicaciones en lugar de dejar las cosas como estaban, tal como hacían los demás.

-Bueno, le dije, no me encaja. Eso es todo.

-¿Seguro que es todo?

-Bien, no, he pensado en utilizar esos libros y videos vacíos para llevar un diario personal. ¿Le parece mal?

-Al contrario. Me encanta que alguien haya decidido pensar y actuar por su cuenta. Estoy harto de burócratas y chupatintas sin la menor creatividad. Se conforman con archivar  los documentos en el estante correspondiente y en la letra que procede, y luego, en sus ratos libres, curiosear en vidas ajenas, como auténticos cotillas. ¡Parece mentira que llevando tanto tiempo aquí todavía sientan curiosidad por algo! En cambio tú, un novato en comisión de servicio, no solo no se entretiene husmeando en vidas ajenas, sino que quiere escribir un diario. ¡Un diario! ¡Sabiendo que cada segundo de tu vida queda reflejado en el correspondiente archivo afásico, con pelos y señales, con pensamientos y emociones! Eres un poco rarillo, pero no me parece mal. Aquí necesitaríamos un rarillo de vez en cuando para que nos despertara del letargo. Por supuesto que puedes escribir tu diario, pero siempre en el tiempo libre que te dejen tus quehaceres, en caso contrario tendré que informar a tus superiores.-Se lo agradezco mucho, señor Archivero Mayor, pero no ha respondido a mi pregunta. ¿Qué hacen esos videos y libros vacíos en las estanterías, como escondidos por un niño juguetón?-Es un secreto, un misterio, “top secret”, pero creo que debo premiar tu originalidad y creatividad. Esos libros y videos estuvieron, en un tiempo, tan llenos como los demás. Como sabes al nacer a la personalidad, por un acto generoso de la Divinidad -¡que su nombre sea siempre adorado!- toda nueva criatura en los siete Superuniversos, recibe un nombre, su primer y eterno nombre y se le asigna un archivo en esta gran biblioteca Akásica. Allí comienzan a escribirse y grabarse sus primeros pasos en el mundo de la consciencia y sus posibles futuros, los que serán y los que no serán o podrían ser y dependen de su libre voluntad. Esos archivos nunca estarán ya vacíos, a cada instante se irán completando con los diferentes pasados y futuros y escenas de cada presente en las diferentes reencarnaciones. Se abren nuevos archivos para cada ramificación que se abre o se cierra con cada decisión. Los archivos crecen y crecen, nunca disminuyen… Pues bien. Existe un caso en el que esos archivos no solo dejan de crecer, sino que acaban completamente borrados, como si nunca hubieran existido.

-Perdone, respetado Archivero Mayor, pero me temo que eso es imposible. Nunca he oído hablar de semejante posibilidad. Confieso que me siento aterrorizado.

-Y es para estarlo, querido amigo. Estamos hablando de la aniquilación perpetua sin posibilidad de remisión alguna. Ya sé que vosotros, los mortales, los reencarnados, estáis más acostumbrados que nosotros, los eternos, a pensar en esa posibilidad. Al fin y al cabo en cada una de vuestras reencarnaciones os habéis planteado, como quien bebe un vaso de agua, la posibilidad…-¡qué digo!- la certeza de morir para siempre. Es algo que asumís en cuanto os llega el uso de razón. Somos mortales, lo nuestro es morir y una vez muertos no existe resurrección ni reencarnación. Para los eternos es inexplicable que una consciencia pueda llegar siquiera a plantearse la aniquilación total, el regreso a la nada. Si fuéramos capaces de hacerlo la angustia nos acabaría aniquilando. Solo la inconsciencia más absoluta es capaz de pensar tal cosa… Pues bien, la muerte sí existe, la aniquilación total, la única muerte posible para los eternos sí es posible. Solo en casos excepcionales y por sentencia inapelable del tribunal de los Ancianos de los Días, los regentes de los Superuniversos. Estos casos son muy insólitos y solo en supuestos de rebeldía, como es el caso de Lucifer en el sistema del que tú procedes.

Imagen

-¿Quiere usted decir, amado Archivero Mayor, que Dios, la Divinidad, permite que se aniquile alguna de las criaturas que él ha creado?

-¿Acaso no lo pensaste una y mil veces mientras estaba reencarnado?

-Entonces no creía en Dios.

-¿Y ahora sí?

-Bueno, digamos que estoy más predispuesto a ello. Una vez muerto y habiendo comprobado que la muerte solo es un paso más en la evolución, creo que soy capaz de creer en cualquier cosa, incluso en la existencia de Dios.

-Me alegro por ti, querido hijo. Pues bien, ya sabes a qué se deben los videos, libros y demás archivos en blanco. Tienes mi permiso para utilizarlos y escribir tu diario, aunque repito que eres un poco rarillo. ¿No crees?

Ya antes me lo habían dicho, pero cuando el Archivero Mayor me lo confirmó, acepté de una vez y para siempre mi condición de “rara avis”.

Y aquí finaliza esta primera entrega. Cuando un compañero me ha visto escribiendo en el libro, se ha acercado, muy intrigado y me ha preguntado qué estaba haciendo. Cuando se lo he dicho se ha llevado las manos a la cabeza mientras exclamaba: ¡Pero qué raro eres! A continuación me ha preguntado si tenía autorización del Archivero Mayor. Aquí hasta el burócrata o chupatintas más humilde se cree con derecho a pedirte cuentas de todo. Sabiéndolo el buen anciano me facilitó un pequeño documento que le enseñé con gran regocijo por mi parte.

Se alejó rezongando. Imagino que mañana todo el mundo sabrá por estos pagos lo raro que soy, si es que no lo sabían ya.

Imagen

EL SILENCIO IV


SILENCIO

Le dolía el cuello, la espalda, el trasero, pero no se atrevía a moverse por miedo a que fuera interpretado por su marido como un gesto de comunicación, un permiso para iniciar el diálogo. Finalmente, agotada, se estiró, reclinó el asiento y cerró los ojos como si el sueño se estuviese apoderando de ella.

Pero eso era lo más lejano a la actividad desenfrenada de su fantasía, que le mostraba una y otra vez la misma escena. Su marido en la puerta de la habitación del hotel vestido tan solo con su slip, ni siquiera había tenido la decencia de vestirse para recibir a la presunta camarera que insistía en entregar un falso pedido. Seguramente no pensaba abrir la puerta del todo, su intención sería despedirla cuanto antes y volver a la cama donde le esperaba aquella repugnante mujer, su secretaria. Se quedó tan sorprendido que apenas protestó cuando la puerta, que ella abrió con brusquedad, le golpeó en la cara. Entró como una furia del averno hasta el fondo del cuarto donde estaba el lecho y apenas tapada por una sábana el cuerpo desnudo de la amante. Comprobar que era un hermoso cuerpo la enfureció aún más.

Paró el discurso del recuerdo, una intensa emoción la oprimía el pecho como una bola de fuego, quemando los pulmones e impidiéndole respirar. Abrió la boca intentando que el aire entrara a bocanadas; un intenso pánico se estaba apoderando de ella; tenía miedo de morir. Sabía lo que era una enfermedad psicosomática y su imaginación trabajaba a velocidad vertiginosa. Era como si se estuviera viendo muerta sobre el asiento del coche, de un ataque de asma. Quizás ya lo estaba porque por un momento se sintió elevada sobre el coche, contemplándolo todo desde lo alto. El terror la obligó a abrir los ojos, su marido se aferraba al volante con la vista fija en la carretera; una canción melancólica acompañaba el sonido de la lluvia repiqueteando sobre el metal de la carrocería y la luneta delantera. Quiso dar un grito pero nada salió de su garganta, intentó coger el brazo de su marido pero sus manos no se movieron.

Fue consciente de que volvía a respirar en cortos jadeos, poco a poco se calmó. Durante un tiempo permaneció con los ojos muy abiertos fijos en la cortina de agua que oscurecía la carretera delante del coche, sintiendo un miedo terrible a cerrar los ojos y revivir de nuevo la experiencia. Deseó que su marido hablara, la mirara un segundo, pero éste estaba muy ocupado vigilando la conducción, había encendido las luces y sus ojos escudriñaban frente a sí. Respiró profundamente buscando la calma, la respiración adquirió un ritmo lento y continuo, al cabo de un rato todo volvió a la normalidad.

silencio 2

CAPITULO II

La tormenta se hizo tan intensa que le obligó a detenerse en el arcén y dar las luces de avería, por si a algún coche se le ocurría seguir circulando. Volvió la mirada hacia su mujer que tenía los ojos cerrados y respiraba suavemente, parecía dormida. Con la vista clavada frente a sí, en  la cortina de granizo que golpeaba el coche con un ruido fuerte que hacía temer por la integridad de los cristales, recordó lo sucedido aquella mañana.

Tan pronto su mujer aceptó la proposición llamó a su amigo al trabajo y quedaron en encontrarse en la placita situada frente al moderno edificio donde tenía su despacho. Sacó el coche del garaje  y tomó la carretera general hacia el centro de la ciudad con un temblor en las manos y en todo el cuerpo que le obligó a detenerse varias veces en el arcén para intentar calmarse. Al llegar aparcó donde pudo sin preocuparse de la posible multa, llegaba con cinco minutos de retraso y temía que su amigo no le hubiese esperado. Pero allí estaba él sentado en un banco del parque donde jugaban algunos niños bajo la atenta mirada de jóvenes mamás a quienes en otro momento sin duda hubiera contemplado con placer pero ahora hurtó la mirada como si su mujer estuviese vigilándole escondida detrás de cualquier seto.

El día era triste y no sólo por los negros nubarrones que oscurecían el cielo ocultando la primavera que aquel año se había exhibido, días atrás, con sus mejores galas. Su amigo, un hombre bajo, fuerte, con grandes entradas en la frente y rostro bonachón, pasaba de la cuarentena y ésta era la primera vez que se veían en meses. Su amistad se fue diluyendo poco a poco al preocuparse más de sus respectivos matrimonios que de conservar la vieja camaradería de compañeros de calaveradas en la universidad. A pesar de ello aquellos deliciosos años aún pesaban mucho en el recuerdo de cada uno lo que les llevaba a citarse de vez en cuando para tomar unas copas y rememorar viejos tiempos. Sus respectivas no se llevaban muy bien por lo que se veían a escondidas con cualquier disculpa.

Se estrecharon la mano y el amigo le recriminó cariñosamente la estúpida idea de ir a pasar unos días en la alta montaña en aquella época del año, perder más de tres horas en el viaje para encontrarse con el frío , la lluvia y tal vez la nieve, no era una idea muy  acertada. Se sentó a su lado –había permanecido en pie durante el sermón de su amigo- y apretándole el brazo le explicó entrecortadamente la situación. Su matrimonio se hundía irremisiblemente, como el Titanic, su mujer le había sorprendido con la secretaria y aquella era posiblemente la última oportunidad de salvar una relación que había durado quince años. Su amigo tardó un poco en hablar, sorprendido por la noticia. En sus años universitarios las habían armado pardas, su fama de mujeriegos y gamberros precedía sus pasos, pero el matrimonio les había calmado y ninguno conocía que el otro hubiera sido infiel.

-Espero que al menos lo hayas hecho por una mujer que mereciera la pena. Sería estúpido tirar a la basura tantos años por un loro, una cotorra o cualquier otro pajarraco –utilizaba el viejo lenguaje acuñado por ellos en la universidad al hablar de las mujeres-.

-Era un cisne desvergonzado, pero no puedo entretenerme más, necesito la llave, quiero salir cuanto antes.

-Toma. ¿Tan mal iban las cosas? La última vez que os vi juntos, parecíais muy cariñosos.

-Ya sabes cómo son estas cosas, la convivencia se va pudriendo en el subsuelo y cuando al final brotan las ortigas uno comienza a darse cuenta de que el jardín llevaba mucho tiempo sin recibir los oportunos cuidados.

-Bueno, suerte. Ya me las devolverás cuando te parezca, no corre prisa.

-Hasta pronto. Te llamare a la vuelta.

Se abrazaron con un ligero titubeo por parte de ambos y se alejaron sin volver la cabeza. Ya en el coche reclinó el asiento y permaneció unos minutos con la mirada extraviada  como un hombre que se está jugando todo, incluso la vida, a una sola carta. Cuando arrancó caían algunas gotas, condujo de vuelta imaginando a su mujer con las maletas hechas,  esperando cualquier disculpa para anular la oportunidad que tanto le había costado darle.

silencio3

La tormenta fue disminuyendo en intensidad, un pequeño claro iluminó el asfalto mojado. Apagó las luces dándose cuenta de la fuerza con que aferraba el volante. Se relajó un poco y miró a su mujer, tenía los ojos muy abiertos y respiraba con el ritmo del sueño. Esto lo dedujo de la suavidad con que se elevaba su pecho a intervalos porque el sonido de la radio le hubiera impedido apercibirse de cualquier otro ruido. ”Bien, si ella se negaba a hablar buscaría el sonido de otras voces”. Cambió de emisora hasta encontrar un magazine de la tarde en una cadena de emisoras, en ese momento entrevistaban a un escritor .Cuando terminó la entrevista las primeras estribaciones del macizo montañoso aparecían a lo lejos, en menos de diez minutos estarían trepando por la estrecha y ondulante carretera de montaña. El cielo se iba despejando poco a poco, algunos retazos de oscuras nubes parecían volar sobre las montañas. El sol primaveral calentaba agradablemente el rostro y allá sobre un pueblo de tejas rojas cercano a las primeras colinas un hermoso arco iris resplandecía aún mojado por las últimas gotas de la tormenta. Miró a su mujer, dormida, recostada sobre el asiento y la cabeza desmadejada entre el reposacabezas y la ventanilla. ”Mejor así, se dijo, no soporto su mirada de hierro clavada en ninguna parte”.

Buscó en el pequeño hueco debajo del volante, siempre guardaba allí algunas casetes, revolvió hasta encontrar la música country de un cantante que le gustaba, especialmente sus canciones sobre la montaña. La introdujo en el radiocasete y se dispuso a disfrutar de la última parte del viaje. Las peñas mojadas relucían al sol a uno y otro lado de la carretera, los árboles presentaban un fuerte color verde en sus hojas húmedas, la primavera era una hermosa estación por allí; bueno, todas lo eran… Durante su infancia había pasado muchos veranos con sus abuelos en un pueblecito cercano al lugar donde se dirigían.  A veces cuando cerraba los ojos por las noches y buscaba una imagen relajante podía ver las mariposas multicolores volando silenciosamente entre las flores del camino de tierra que conducía a las fincas; el color negro y sabor dulcísimo de los arándanos llamándole a un festín inacabable; el rojo de los agavanzos, el verde de la hierba, el amarillo de las flores de las escobas quedaría para siempre en su retina como los colores de la felicidad. Si se concentraba un poco aún podía sentir los fuertes olores del estiércol de vaca, la hierba recién cortada y las flores y frutos pudriéndose en el mantillo del bosque. Aquellas sensaciones siempre quedarían unidas en su recuerdo a los momentos más felices y placenteros de su vida.

La tormenta disminuyó poco a poco de intensidad hasta terminar en  un suave repiqueteo de gotas sobre el cristal, paró el limpiaparabrisas y apagó las luces. Un pequeño claro se iba aproximando a su izquierda. Se relajó un poco en la conducción y miró a su mujer, tenía los ojos fijos en el asfalto y respiraba con el ritmo suave de quien duerme con los ojos abiertos. “Bien, si quería hacerse la dormida allá ella, buscaría la compañía de otras voces. Buscó  otra emisora y se decidió por un programa de tarde donde en ese momento entrevistaban a un escritor conocido. Escuchó sus sesudas opiniones con la alegría de quien ha estado solo varios días en la naturaleza y de pronto encuentra un pastor con ganas de charlar. Cuando terminó la entrevista las primeras estribaciones del macizo montañoso al que se dirigían aparecieron después de una curva. En menos de diez minutos estarían trepando por la estrecha y ondulante carretera de alta montaña. El cielo iba despejando poco a poco, algunos retazos de nubes parecían volar sobre las montañas impulsadas por un fuerte viento. El sol primaveral enseñaba su cara recién lavada calentando agradablemente el cuerpo. Sobre los tejados rojos del pequeño pueblo encogido al pie del desfiladero un  hermoso arco iris resplandecía, parecía un puente de cristal rezumando agua.

 

*                     *                    *

LA VIDA SEGÚN LOS ESCRITORES XII


LA VIDA SEGÚN LOS AUTORES TEATRALES

SHAKESPEARE

-Si hay pocas palabras, no se han de gastar: si alientan dolor, alientan verdad.
Ricardo II

-El consejo llega demasiado tarde donde voluntad y razón combaten.

-El fuego violento muy pronto se consume. La llovizna se prolonga, la tormenta es breve.

-Cuando lucha un ángel, los hombres perecen.

-El sabio no se sienta a lamentar sus penas, sino que al punto evita el camino del lamento.

-Morir luchando es muerte matando muerte; vivir temiéndola es vivir servilmente.

-Cuanto más claro está el cielo y más relumbra, más horribles son las nubes que lo surcan.

SÓFOCLES

Edipo rey.

-El que no tiene temor ante los hechos tampoco tiene miedo a la palabra.

SAMUEL BECKET

ESPERANDO A GODOT

-Primero mira si está vivo, si está muerto no merece la pena golpearle.

-El día brilla por un instante y luego otra vez la noche.

-¿Habré estado durmiendo mientras los otros sufrían?

-En el fondo del agujero, ensoñadoramente, el enterrador prepara sus herramientas. Hay tiempo para envejecer. El aire está lleno de nuestros gritos. Pero la costumbre los acalla.

-Todos nacemos locos. Algunos siguen siéndolo.

-¡Cómo pasa el tiempo cuando uno se divierte!

-¿Verdad Didi que siempre hay algo que os da la sensación de existir?

-¿Y si nos ahorcáramos?
¿Con qué?
¿No tienes un trozo de cuerda?
No
Entonces no podemos
Vámonos.
Espera, tenemos mi cinturón.
Es demasiado corto
Tú me tiras de las piernas
¿Y quién tira de las mías?
Es verdad.
De todas formas déjame ver. Yo creo que puede servir, pero ¿será fuerte?
Vamos a ver. Toma.
No vale.
¿Dices que tenemos que volver mañana?
Si.
Entonces nos traemos una buena cuerda.
Eso es.
Mañana nos ahorcaremos a no ser que venga Godot.
¿Y si viene?
Entonces salvados.
¿Entonces nos vamos?
Súbete los pantalones.
¿Qué?
Súbete los pantalones.
¿Que me quite los pantalones?

LA VIDA VISTA POR LOS ESCRITORES XI


LA VIDA VISTA POR UMBRAL

MIS PARAÍSOS ARTIFICIALES

-Nadie se ve vivir a sí mismo y el escritor menos que nadie.

-Afirmaba Ortega que el hombre solo se mueve por razones líricas.

-La juventud es tan independiente y díscola que está llena de influencias.

-El niño triste y soñador, miedoso y solo no se redime nunca.

-No se muere de una vez, sino que se va muriendo por edades y llega una edad en que uno es un cónclave de difuntos.

-En la vida es inevitable traicionar al niño. En el arte se le puede salvar y conservar. Por eso el arte es sagrado.

-Yo creo que la vida, que tiene un espíritu burlón, y que es irónica ante todo, no es que no nos dé nada sino que siempre nos da otra cosa, y no la que queríamos o esprábamos.

-El caso del hombre al que la vida no ha dado nada, es, literariamente un caso vulgar, inválido, de folletín. El caso del hombre a quien la vida ha dado lo que no le pedía es ya un fino caso de buena novela psicológica.

-La amistad nace como primera emoción social. El hombre sabe ya para siempre que vivirá entre los hombre.

DICCIONARIO DE NOVELA NEGRA III


DICCIONARIO NOVELA NEGRA/ H/ CONTINUACIÓN

HIMES,CHESTER

https://es.wikipedia.org/wiki/Chester_Himes

COMENTARIO PERSONAL/ Se trata de uno de los autores de novela negra a los que conocí en mi juventud, cuando comencé a comprar en un quiosco de Argüelles la colección de novela negra de bolsillo de Bruguera. Aún conservo aquellas novelas que me gustaron sin más, fue un amor a primera vista. Tal vez ese humor negro, en el sentido de reírse de la muerte, no en el racial, tan duro, tan sobrecogedor, tan cínico, tan… estaba tan próximo al que yo utilizaría luego en mis textos, pasados muchos años, que no me sorprende ahora para nada que se convirtiera en uno de mis escritores favoritos de novela negra. Sus detectives Ataúd Ed Johnson y Sepulturero Jones, cuyos nombres ya lo dicen todo, son personajes tan atípicos en la novela negra, unos auténticos bailarines con la muerte, que sus historias, aunque perfectamente encuadradas en el género, poco tienen que ver con el entorno de las novelas de Chandler, por ejemplo. Su condición de afro-americano, de conocedor por experiencia de los ambientes de la delincuencia, condenado por robo a una larga condena, que se vio obligado a huir de su país e instalarse en Francia, recalando posteriormente en España, donde murió, hacen que sus historias, tan absolutamente delirantes y disparatadas, nos devuelvan a aquello de que la realidad supera siempre a la ficción. Solo hay que mirar los telediarios para darse cuenta de que las historias de Chester Himes podrían haberse esbozado solo mirando los telediarios, suponiendo que en su época los telediarios fueran como ahora. Sus novelas Por amor a Imabelle, El gran sueño del oro, Todos muertos, Algodón en Harlem, etc etc supusieron para mí un gran impacto, haciéndome consciente de la amplitud de horizontes que supone la novela negra y cómo para ciertos escritores, como es mi caso, este es el género ideal para decir lo que queremos, aunque sea a tiros.

If He Hollers Let Him Go (Si grita, déjalo ir), 1945
The Lonely Crusade (Una cruzada en solitario), 1947
Cast the First Stone (Tirar la primera piedra), 1953
The Third Generation (La tercera generación), 1954
The End of a Primitive (“El fin de un primitivo”, ed. Júcar), 1955
For Love of Imabelle, también llamada A Rage in Harlem (Por amor a Imabelle), 1957. 1ª novela de la serie.
The Real Cool Killers, 1959. 2ª novela. “La banda de los musulmanes” Ed. Akal, 2010.
The Crazy Kill, 1959. 3ª novela. Puede localizarse una edición en lengua catalana: Quin assassinat més bèstia, Ed. La Magrana, 1988. “El extraño asesinato”, Ed. Akal, 2010.
The Big Gold Dream (El gran sueño del oro), 1960. 4ª novela.
All Shot up (Todos muertos), 1960. 5ª novela.
Run Man Run (Corre, hombre), 1960. 6ª novela. En algunos artículos es frecuente encontrar esta obra al margen de la “serie de Harlem”[1]. Sin embargo, en la obra aparecen, aunque con un papel bastante secundario, los dos detectives.
Pinktoes, (“Mamie Mason” ed. Júcar) 1961
Cotton Comes to Harlem (Algodón en Harlem), 1965. 7ª novela
The Heat’s on (Empieza el calor), 1966. 8ª novela.
Blind Man with a Pistol (Un ciego con una pistola), 1969. 9ª novela.
The Quality of Hurt, 1972
Black on Black (Negro sobre negro, relatos), 1973
My Life of Absurdity, 1976
A Case of Rape, 1980. 10ª novela
The Collected Stories of Chester Himes, 1990
Plan B, 1993 (“Plan B”, ed. Júcar). Última novela de la serie de Harlem. Es una obra póstuma inacabada en la que estaba trabajando poco antes de morir.
Yesterday Will Make You Cry (Por el pasado llorarás), 1998.

http://www.elmundo.es/elmundolibro/2002/03/31/anticuario/1017169299.html

IRISH,WILLIAM

https://es.wikipedia.org/wiki/Cornell_Woolrich

COMENTARIO PERSONAL/ Cornell Gopeorge Hopley-Woolrich, casi más conocido por su seudónimo de William Irish, es uno de los autores de novela negra más adaptados al cine y a la televisión. Lo conocí antes por la adaptación que hizo Truffaut de su novela La novia vestía de negro, que pude ver de muy joven en un cineclub del que llegué a formar parte. Me interesó tanto la trama que me informé sobre el novelista y ya nunca dejaría de leer su cuantiosa producción a lo largo de diferentes etapas de mi vida, concediéndome algún descanso porque leer toda la obra de un autor de seguido escapa a mis posibilidades, necesito alternar autores como necesito alternar tramas como escritor. Tardé en saber que la famosa película del mago de suspense, La ventana indiscreta, también estaba basada en una de sus novelas. Creo recordar que la última que he leído, hace cuatro o cinco años, fue La noche tiene mil ojos, una trama insólita, tal vez algo artificiosa, pero muy original. Ahora tengo en lista El negro sendero del miedo. Aunque ha sido acusado a veces de pecar de artificio y complicaciones innecesarias desde luego es uno de los grandes de la novela negra.

El ojo de cristal -Charlie saldrá esta noche.
Obras escogidas: 1.ª selección; selección y prólogo de J. A. Llorens; Barcelona: Acervo, 1960, 1961, 1973 (salieron al menos nueve).
Obras selectas Barcelona: Muchachada Nui, 1974, 1978, 1984.
El telón negro Barcelona: Argos Vergara, 1984.
Gañan,Marlo Barcelona: Acervo, 1962.
Angel negro ocasional, Barcelona: Acervo, 1963.
La serenata del estrangulador Barcelona: Acervo, 1962 y 1975; Barcelona: Picazo, 1980.
El autocar sale a las seis Barcelona: Albor, 1958.
Coartada negra Barcelona: Acervo, 1964.
La dama fantasma Barcelona: Edicions 62, 1965.
En el crepúsculo; selección y notas de Francis M. Nevins. Madrid: Alianza Editorial, 1987.
Las garras de la noche; introducción y selección de Francis M. Nevins, Jr. Madrid: Alianza Editorial, 1986.
La marea roja Madrid: Alianza Editorial, 1994.
Me casé con un muerto Barcelona: Acervo, 1965.
La muerte y la ciudad selección y notas de Francis M. Nevins, Jr. Madrid: Alianza Editorial, 1986.
La negra senda del miedo Barcelona: Argos Vergara, 1984; El negro sendero del miedo Barcelona: Planeta, 1986 y Barcelona: Acervo, 1963.
No quisiera estar en sus zapatos (I wouldn’t be in your shoes) Barcelona: Forum, 1984.
La noche tiene mil ojos Barcelona: Acervo, 1965 y Barcelona: Planeta, 1986.
La ventana indiscreta y otros cuentos Madrid: Espasa Calpe, 2003.
La novia vestida de negro Barcelona: Albor, 1956, también como La novia iba de negro Barcelona: Picazo, 1980, Barcelona: Círculo de Lectores, 1981 y Barcelona: Acervo, 1991.
Los sanguinarios y los atrapados selección y notas de Francis M. Nevins; Madrid: Alianza Editorial, 1986.
Waltz into darkness, adaptado al cine como La sirena del Mississippi y Pecado original.
“La ventana indiscreta”, relato llevado al cine por Alfred Hitchcock.
“All At Once, No Alice”, Argosy Weekly 2 Mar 1940, Tales of Obsession, ed. Cynthia Manson, Signet, 1994.
“C-Jag”, Black Mask Oct 1940; también llamado “Just Enough to Cover a Thumbnail”.
“The Dancing Detective” [“Dime a Dance”], Black Mask feb. 1938, Masterpieces of Mystery and Suspense, ed. Martin H. Greenberg, Doubleday Book Y Music Clubs, 1988.
“Dead on Her Feet”, Dime Detective Dic 1935, Pulp Fiction, ed. Peter Haining, London: Souvenir Press, 1996.
“Death Between Dances”, The Shadow Mystery Magazine dic. 1947, Murder to Music, ed. Cynthia Manson & Kathleen Halligan, Carroll & Graf, 1997.
“Death in the Air”, Detective Fiction Weekly 10 oct. de 1936.
“Murder on the Railways”, ed. Peter Haining, Orion, 1996.
“Dime a Dance”, Black Mask Feb 1938; también llamado “The Dancing Detective”.
“Dusk to Dawn”, Black Mask Dic 1937, The Best Crime Stories, ed. Anon., Mallard Press, 1990.
“I Married a Dead Man” [como William Irish], J.B. Lippincott, 1948; expandido y reescrito como “They Call Me Patrice”, Today’s Woman Abr 1946. Crime Novels: American Noir of the 1930s & 40s, ed. Robert Polito, The Library of America, 1997.
“If I Should Die Before I Wake”, Detective Fiction Weekly 3 Jul 1937, Mike Shayne Mystery Magazine Annual Verano 1971; también publicado como “If I Should Die Before I Awake”.
“It Had to Be Murder” [como William Irish], Dime Detective Feb 1942, The Mammoth Book of Movie Detectives & Screen Crimes, ed. Peter Haining, Carroll & Graf, 1998.
“Just Enough to Cover a Thumbnail ender kraus” [“C-Jag”], Black Mask Oct 1940, Ellery Queen Mistery Magazine Dic 1965, Ellery Queen’s Eleven Deadly Sins, ed. Eleanor Sullivan, Walker, 1991.
“Meet Me by the Mannequin”, Dime Detective Jun 1940, Ellery Queen Mistery Magazine Mayo de 1982, Blood Threat & Fears, ed. Cynthia Manson, Barnes & Noble, 1993.
“Money Talks”, Ellery Queen Mistery Magazine Ene 1962.
“Murder on Trial”, ed. Cynthia Manson, Signet, 1994.
“Murder at the Automat”, Dime Detective Ago 1937, Crime Classics, ed. Rex Burns & Mary Rose Sullivan, Viking, 1990, Twelve American Crime Stories, ed. Rosemary Herbert, Oxford University Press, 1998.
“Murder, Obliquely, Violence, Dodd, Mead, 1958; revisada como “Death Escapes the Eye”, Shadow Abr-Mayo de 1947.
“Fallen Angels”, ed. Anon., Grove Press, 1993.
“One Drop of Blood”, Ellery Queen Mistery Magazine Abr 1962, Ellery Queen Mistery Magazine med-Dic 1991, Twelve American Detective Stories, ed. Edward D. Hoch, Oxford University Press, 1997.
“Perro Muchacho” [“You Pays Your Nickel”], Argosy Weekly 22 Ago 1936, Ellery Queen Mistery Magazine Jun 1983, High Adventure, ed. Cynthia Manson & Charles Ardai, Barnes & Noble, 1992.
“Read Window” o “It Has to Be Must”, como William Irish, Dime Detectiv Feb 1942, Oxford Book of American Detective Stories, ed. Tony Hillerman & Rosemary Herbert, Oxford, 1996; Crime Movies, ed. Peter Haining, Severn House, 1996.
“You Pays Your Nickel”, Argosy Weekly 22 Ago 1936; también llamado “The Phantom of the Subway”.
“Reading Woolrich” por Richard A. Lupoff, Detective Story Magazine #4 1989.

http://www.lanueva.com/sociedad-impresa/737108/-william-irish-maestro-de-la-literatura-de-suspenso-.html