UN CADÁVER EN LA CARRETERA V


SEGUNDA NOCHE

CADAVERT

Cenaron con velas y toda la parafernalia que se utiliza en estos casos. Ella le haría un regalito muy sabroso. ¿Adivinaba el pichoncito qué iba dentro del envoltorio?

Después del postre ella quiso que encendieran la chimenea. ¿Estás loca? No, no lo estaba, sudarían desnudos sobre la alfombra mientras bebían el champagne de su bodega.

Fue cariñosa –algo sorprendente en una asesina-. Muy apasionada –él pensó que hasta lo sería con la muerte, si en lugar de hembra fuera un buen macho- y muy, muy romántica (algo totalmente inconcebible en una asesina… )Le exprimió todo el jugo y aún se quedó con ganas, no obstante fue comprensiva con su debilidad de macho. Al terminar la noche a él no le importó que fuera una asesina. A ella no le molestó que él fuera su presunta víctima, aunque ¿quién era capaz de saber lo que una mujer así guardaba en su fondo de armario?

CADAVERG

SEGUNDA MAÑANA.

Ella preparó también el desayuno, ésta vez hubo hasta tortitas con nata. Al terminar dijo algo que a él le dejó de una pieza.

-Pichoncito, quiero que vayas al pueblo, compres cualquier cosa en el supermercado y hables con la cotilla.

-¿Ya te fías de mí?

-Te estoy poniendo a prueba, cariño.

Tuvo que buscar las llaves del coche bajo sus braguitas. Si él tenía alguna duda sobre lo que haría en el pueblo, eso se las disipó… Regresó pronto con noticias.

-Han estado unos matones –la cotilla no tenía dudas- preguntando por una chica. Fue ayer, por la tarde. Se marcharon convencidos, pero esta mañana a primera hora han regresado preguntando por unos extranjeros que han hecho un harén en su chalet. Al parecer se trata de unos millonarios que acogen a cuanta mujer joven se presente a su puerta. Las hay de todos los tipos y nacionalidades y su número convencería hasta al sultán más fogoso.

-¿Cuántos y cómo eran?

-Dos. Uno alto y fuerte, con una cicatriz en la mejilla derecha…

-Frankestein…

CADAVERH

-¿Cómo?

-Así le apodaban. ¿Y el otro?

-Bajito, delgaducho y con cara de mala leche.

-Pulgarcito. Prepara lo que necesites. Nos vamos.

CADAVERJ

-¿No estabas convencida de que se habían dado por vencidos?
-Estaban en el bote. Pero esos putos extranjeros lo han estropeado todo. Me conocen, saben que no despreciaría una ocasión así. Si no me encuentran allí, seguirán buscando por la zona.

En diez minutos estaban en el coche. Ella había vuelto a teñirse el pelo, usaba gafas de sol, zapatos bajos y había sufrido una transformación que a él le pareció digna del mejor maquillador de Hollywood. Salieron de estampida. Ella conducía…

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