Mes: abril 2017

LUIS QUIXOTE Y PACO SANCHO VII


Así continuó hasta que un acontecimiento imprevisto le sacó de sus disquisiciones amorosas. Por la carretera de servicio llegaba un coche, venía muy despacito y con las luces apagadas. Quixote no podía verlo muy bien porque las luces del mesón ya se habían extinguido un buen rato antes y las farolas de la carretera general estaban suficientemente lejos para que todo el terreno entre el mesón y el asfalto permaneciera en una penumbra opaca. La luna no aparecía por ninguna parte y las escasas estrellas apenas eran perceptibles, difuminadas por el alumbrado de la carretera y de la ciudad. A Quixote, completamente metido en su papel de caballero andante le pareció que no podía ser otra cosa que la sombra del mágico vehículo en que se acercaba un mago poderoso y maligno que en su imaginación asoció con Freddy, el uñas largas. Tanto su amigo como él eran adictos a las películas de terror.

Convencido de que la fermosa doncella estaba siendo atacada por gente canalla y ruin se dispuso a defender a la desvalida doncella con la fuerza de su mano y el poder de su lanza que dirigió hacia el extraño objeto en medio de las sombras en que se estaba perpetrando semejante desaguisado y a un trotecillo suave porque su estado físico no le permitía más intensidad atacante se dirigió lanza en ristra contra el canalla que asediaba a la fermosa doncella.
Un fuerte golpe en la luneta trasera, que rajó en forma circular todo el cristal, sobresalto a la pareja que estaba intentando darse parte de su amor a través de sus cuerpos. El se subió los pantalones rápidamente y salió del coche encolerizado pretendiendo dar la medicina correctiva adecuada al infractor de la mínima etiqueta de urbanidad respecto a la intimidad de los amantes. Como no viera nada dio las luces del coche que no había encendido antes temiendo el agresor pudiera ver al desnudo los encantos de su amada.

Ahora sí pudo ver a un extraño esperpento que vestido como de carnaval retrocedía con un palo en ristre pretendiendo sin duda volver a dañar el coche. Era más alto pero su extremada delgadez y la extraña forma de moverse como si estuviera borracho o drogado le hicieron pensar que sería presa fácil.

Se lanzó contra él y arrebatándole el listón que le servía de lanza comenzó a darle tales palos que a otro de constitución mucho más fornida que Quixote le hubiera tundido. A los gritos del caballero acudieron rápidamente que las damas que habían permanecido en la cocina charlando y mirando de vez en cuando por la ventana para ver cómo seguía el caballero que velaba armas. La fermosa doncella se apresuraba en cubrir sus desnudeces pero Quixote aún pudo ver uno de sus pezones erguidos como pececitos que buscaran en el aire nocturno su alimento oxigenado antes de que los puños del fogoso amante cayeran sobre él.

Al ver a la luz de los faros del coche la desigual pelea se apresuraron en salir a socorrer al desgraciado caballero a tiempo de ver cómo el coche-lecho salía de estampida con el amante fogoso al volante el pecho desnudo y los ojos fijos en el asfalto.

Llegaron madre e hija a tiempo de impedir que Quixote en un colérico intento de vengar su ignominia cayese de bruces puesto que se había puesto en pie y se tambaleaba más que un árbol bajo la tormenta.

Entre las dos se las vieron y desearon para llevar al caballero hasta la cocina ya que si su figura magra no suponía gran quebranto para sus fuerzas sí lo era su alta estatura y sus constantes bamboleos. Ninguna de ambas damas deseaba llamar a padre y marido respectivamente ya que solía levantarse de mal humo y no era cuestión ahora de tentar aún más al destino que ya daba amplias muestras de mostrarse poco propicio.

Entreambas le tumbaron en la amplia mesa de cocina donde quedó como momia egipcia sin vendas en un amplio ataúd. La amada de sus sueños que seguramente le estaría cuidando al otro lado de los párpados cerrados por el desmayo el ajetreo del viaje aguzó hasta el límite el dolor de todas sus heridas y ahora también lo hizo a este lado de sus párpados limpiando sangre de nariz y cejas, los puntos más castigados de su anatomía sin desmerecer boca y cejas. Los golpes iban todos a la cabeza con mala saña y aunque alguna se desvió al estómago del caballero lo cierto es que solo la impericia y poca fortaleza del amante frustrado impidieron que la desgracia de Quixote fuera aún mayor.

Limpio de sangre y con un par de aspirinas en el cuerpo Quixote dijo sentirse mejor e intentó ponerse en pie para continuar su velorio de armas pero hubiera caído de la mesa de no haber sido sujetado por las damas que con amenazas lograron la promesa de no moverse de allí al menos en una hora, luego podría sentarse en una hamaca en el exterior ya que nada le impedía a un caballero velar armas en esa postura. Quixote, que solo conocía la obra cervantina a través de la lectura de algunos pocos párrafos de un libro muy resumido que compró de joven por curiosidad compulsiva así como de la visión de películas y series de televisión y dibujos animados, no podía saber de semejantes detalles.

La indefensión del pobre hombre animó a Modesta a conocer un poco más a fondo la causa de su locura e intentar mediante preguntas hacerle comprender la locura que estaba viviendo y la necesidad de ser ingresado en un hospital con el fin de poder ser atendido debidamente durante una temporada. La curiosa conversación siguió a la escasa luz de un flexo que la madre encendió al tiempo que apagaba la luz principal al irse a la cama ya que según ella no estaba el horno para esa clase de bollos.

-¿Se llama usted Luis, ¿no es así?

-Fermosa dama, los caballeros andantes no tenemos nombres sino aquellos que nuestras fazañas nos den, no como los hombres corrientes a quienes se los arrojan a la cabeza al buen tun-tun y luego pujan por ellos como les sucede a los bueyes a quienes bautiza el amo a su libre albedrío y sino obedecen les hunde la quijada en los lomos hasta que lo hacen. Es admirable la sabiduría de los indios americanos que se ponen nombres con las cualidades o defectos más sobresalientes del bautizado que lo es cuando ha hecho méritos tanto para lo uno como para lo otro…

-¿Pero usted cree Luis que existían indios en tiempos de su admirado D. Quijote?

-Siempre han existido indios, fermosa doncella, naturalezas indómitas y salvajes dispuestas a oponerse al aborregamiento general del hombre civilizado que pasta basura en horrendas urbes con igual fruición que los alegres bóvidos lo hacen, vigilados por solícitos pastores, en los campos…

-Vamos, vamos, Luis, ¿pero no comprendes que estos disparates no conducen a ninguna parte?. Ni yo soy fermosa doncella como dices sino una solterona amargada a quien un accidente en la cocina convirtió en un monstruo de feria, ni tú eres un caballero andante aunque tu apellido tenga cierto parecido con el de aquel flaco desgraciado, ni te espera otra cosa que un mundo cruel donde se reirán de tus sandeces mientras intentan aprovecharse de ti como sea, aunque tan solo puedan aprovechar de tu magra figura los huesos para hacer sopas de sobre. Ni…

-Bien fablas, fermosa doncella, pero no siempre el buen fablar indica un buen entendimiento, que muchos hay que dicen versos floridos delante de muladares y aún creen que los dioses les engañan…

-Como los políticos.

-No sé quienes son esos caballeros, fermosa doncella, que bien me gustaría enfrentarme a ellos en caballeresca batalla para saber quién el más valiente caballero de estos tiempos, pero si me ayudas un poco seré capaz de volver a la vela de mis armas sin miedo a que el resto de la noche sea inquietado por esos demonios que dan puñadas a diestra y siniestra sin que pueda verse el rostro demoniaco de quien así ofende.

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LUIS QUIXOTE Y PACO SANCHO VI


-Mamma mía, este hombre está como un cencerro. No os perdonaré nunca esta bromita pesada.

Hizo ademán de marcharse con viento fresco pero Quixote volvió a prenderse de sus piernas. Su madre, cuidando de no tropezar con el arrodillado caballero la abrazó como a una niña desvalida.

-Hija, no te lo tomes así. Ya conoces a tu padre. Quería que conocieras al mejor amigo que tuvo nunca, Paco Sancho. Ni él ni yo imaginábamos que estuviera tan mal. Quédate, prepararé un poco de café.

Mientras lo hacía, Manitas meditaba sobre la conducta a seguir. Sancho contemplaba la escena con la boca abierta, nunca había visto tan colgado a su amigo y eso que hubo veces de tener que buscarle por las alturas donde se cuelgan los murciélagos. Así pensaba el amigo de Paco Sancho mientras meditaba lo que iba a hacer con aquel loco. Por un momento estuvo a punto de echarlo sin más con una buena patada en el trasero, pero se lo pensó mejor y se dijo que no era cuestión de desperdiciar un divertimento mejor que las parodias de Tip y Coll o de Martes y Trece o Cruz y Raya por poner ejemplos de pares de humoristas célebres pero ninguno a la altura de aquellos dos payasos.

Una vez pensada la conducta a seguir se adelantó y cogiendo a Quixote de los hombros le obligó a levantarse mientras con buenas palabras distraía la atención de aquella fermosa doncella que era su hija.

-Caballero, ha llegado la hora de velar armas y al amanecer…

-¿Porqué me llama caballero si aún no he sido investido como tal?

-Perdóname, amigo, tiene usted toda la razón. Ahora acompáñame que le enseñaré el lugar donde debe velar las armas.

A estas palabras Quixote se desprendió de las piernas de la doncella y siguió como perro apaleado a su dueño. Paco Sancho reaccionó también y siguió a ambos dando grandes suspiros de alivio. La doncella al verse libre de su acoso tomó asiento en una de las sillas y solicitó de su madre el café prometido.

-Puede que tengas razón, madre. No es para tanto e incluso puede que sea divertido.

Mientras tomaba el café a grandes sorbos imaginó alguna broma pesada que gastarle a aquel pirado durante el resto de la larga noche que les aguardaba.

El amigo de Paco Sancho condujo a éste y a su chalado amigo Quixote a un cobertizo cercano donde guardaba las cajas vacías de refrescos cervezas y botellas de vino y allí le hizo permanecer de pie aguardando hasta que trajera las armas a velar ya que el caballero cayó en ese momento en la cuenta de que no tenía lanza ni espada, ni escudo ni ningún aditamento propio de los caballeros andantes.

Paco Sancho en el interín intentó convencer a su amigo de que se dejara de zarandajas y viniera a dormir con él en la habitación de huéspedes que les dejaba su amigo.

-Amigo Sancho, ¡qué poco entiendes de fechos de armas y de fazañas emprendidas con corazón valeroso para conseguir trofeos que poner a los pies de la dama de tus sueños!, ¡qué poco de ceñirse los laureles de la fama y de pasar a la posteridad como caballero ejemplar, desfacedor de entuertos y socorridor de viudas…

-Vamos Luisillo, vamos coleguilla, despierta de una vez de este cuelgue. Ya sé que la hierba te ha debido coger con mal cuerpo y debe ser una mezcla demoniaca para trastornar así los cocos, pero haciendo un esfuerzo seguro que puedes regresar a la realidad. Vamos, viejo amigo.

-No insistas, amigo Sancho, nunca entenderías ni aunque vivieras mil años que los sueños pueden hacer dioses a los hombres.

A pesar de insistir denonadamente, Sancho no pudo convencer a su amigo de que le acompañan a dormir luego de dar un paseo para ver las estrellas y despejar la cabeza. Al regresar Manitas éste entregó a Luis una lanza de madera hecha con uno de los listones de la pancarta que utilizaban los hinchas del equipo local para animar a sus pupilos en los partidos. En uno de los extremos llevaba aún pegado un banderín con la insignia y los colores del equipo que uno de sus hijos pegó un día y que no había podido quitar seguramente por haber utilizado su retoño uno de esos raros pegamentos modernos capaces hasta de pegar una piedra con otra. Así mismo le entregó una especie de espada de madera hecha con dos trozos del otro listón de la pancarta, clavados someramente con un par de puntas, estaba enfundado en una cartuchera de plástico que su hijo menos había utilizado de niño en un carnaval en que se había disfrazado de Zorro, el famoso héroe de los comics. La cartuchera estaba sujeta a uno de sus cinturones que el mismo se cuidó muy mucho de poner con fingido respeto a la cintura de Quixote mientras farfullaba unos ensalmos que de haber oído Paco Sancho se le hubieran puesto de punta los pocos pelos que aún quedaban en su calva, porque lo que salía de la boca de su amigo no era otra cosa que el cutre himno del equipo local compuesto por varios mozos en una borrachera cogida para celebrar el triunfo en la liga regional y su ascenso a segunda división B donde militaba en esos momentos. Le enfundó la negra máscara de plástico como celada –le quedaba perfecta ya que la cabeza de Quixote era más bien pepinuda que sandiuda- y la puso en la mano izquierda un diminuto escudo vikingo de plástico y con ella dio por finalizada la ceremonia. Se despidió no sin antes ofrecerle el lecho ya prometido a Sancho y cuanto necesitara de la cocina, tanto en comida como en bebida Quixote rechazó el múltiple ofrecimiento con dignidad de caballero, no así Sancho que pidió permiso para pasar de refilón por la cocina antes de acercarse a ver cómo seguía su amigo. En su fuero interno pensaba que con la cena pantagruélica que se había metido entre pecho y espalda lo más seguro era que roncara toda la noche. Pero nunca estaba mal prever posibles incidencias y agenciarse un buen condumio por si las moscas.

Antes de retirarse puso la mano en el hombre de su amigo prometiéndole que pasaría a verle al menos un par de veces durante la noche.

-No es necesario amigo Sancho, los caballeros andantes deben estar dispuestos a todo y la soledad no es el menor de los peligros, aún así es preciso que los afronte todos y de todos salga indemne, sino de cuerpo, sí al menos de alma.

Dijo Quixote y se arrodilló delante de su amigo pidiéndole una oración por el buen fin de sus desvelos. A Sancho se le escurrió una lagrimita, farfulló cuatro incoherencias y le dejó llevándose una mano al lacrimal para limpiarse la segunda lágrima que se le escapaba.

Allí quedó Quixote mirando al hermoso cielo estrellado y pensando en la fermosa doncella que sin duda da a convertirse en la dama de sus sueños a pesar de que todavía no había dado su aquiescencia. Al cabo de un rato ya entumecido decidió pasear para estirar las piernas que se le habían quedado dormidas y ya no sentía. La figura esperpéntica que hacía con la lanza en ristre, la espada al cinto, el diminuto escudo a la altura del corazón y la negra máscara sobre sus ojos era digna de su ancestro literario en el que no debía dejar de pensar oyéndole invocar a su dama que desde la cocina atisbaba a través de una rendija en la persiana riéndose entre dientes.

-Dama de mis sueños, fermosa Modesta, estoy seguro de que oís al fluir de mis amorosos pensamientos por ello os suplico que me asistas en este trance que ningún caballero andante de tiempos pretéritos llegó a sufrir nunca con esta intensidad, sino es el maestro Jesús que llegó a sudar lágrimas de sangre de soledad. Aún no llega este aprendiz de caballero a estos extremos pero ciertamente llegará si tú, dulce pensamiento no me sostiene en este amargo trance. Todos mis hermanos humanos me han abandonado dejándome en esta soledad que para el corazón humano es más doloroso que todos los tormentos del infierno de Dante o cualquier otro infierno que imagine cabeza humana.
Dama de mis sueños velad mi angustia que os prefiero a legiones de ángeles puesto que vuestro amoroso corazón me confortara más que lo haría el Santo Grial, si ese bendito….

FELIZ DÍA DEL LIBRO 2017


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AÑO 3001-2017

Gracias a los hados que nuestros ancestros eligieron celebrar el cumpleaños y no el cumple-días, porque de otra manera la locura ya se habría apoderado de mi y esta crónica la escribiría San Pito Pato, el santo de los locos y patrono de todo lo imposible. Durante todo el año me preparo concienzudamente, entrenando cada día y siguiendo dieta de verduras crudas y productos de mi huerto. Aún así cuando llega el cumpleaños del millonario Slictik me echo a temblar como una vara verde. Me pregunto qué estúpido burócrata encargado de asignar nombres y fechas de nacimiento tuvo la peregrina idea de hacer que el cumpleaños de este personajillo coincidiera con el día del libro. Allá arriba debieron estar de juerga el día anterior y con la resaca del día siguiente pudo haber pasado cualquier cosa, por suerte solo ocurrió este pequeño incidente sin importancia.

Este año debo esmerarme, y mucho, porque ha llegado a mis finos oídos la leyenda urbana de que el millonario Slictik se encuentra en un solitario y derruido monasterio de montaña, ya un poco gagá, boqueando, cuando puede, aquello que de este año no paso. Como ha jurado morir el mismo día que nació –quiero decir día precisamente, y no año- para que así se celebre su nacimiento y muerte el mismo día del libro que tantos años nos lleva entretenidos, y como dice estar muy malito y que me muero-que me muero, este cronista se ve obligado a realizar un trabajo extra, intentando avanzar en la historia tanto como pueda, porque si bien es verdad que no cree que este sea el bendito año del fallecimiento de tan excéntrico personaje, sí es cierto que nuestro hombre mortal no durará mucho más, Dios mediante. Es por ello que intentaré desentrañar los vericuetos de lo narrado hasta ahora y avanzar lo que se pueda en esta rocambolesca historia que me he visto obligado a contar para sobrevivir.

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AÑO 3001 EN LA MANSIÓN HOWARD, A LAS AFUERAS DE LONDRES-LONDON. A PUNTO DE CUMPLIRSE  EL CENTENARIO DEL HISTÓRICO BREXIT QUE TANTOS QUEBRADEROS NOS DIO A TODOS, INCLUIDO EL BULO DE UNA MORTÍFERA GUERRA EN EL PEÑÓN DE GIBRALTAR. NO HA TRANSCURRIDO AÚN EL PRIMER DÍA DE LA REBELIÓN DE LOS LIBROS, QUE PERMANECEN EN EL PATIO O JARDÍN DE LA MANSIÓN, DONDE SE CELEBRA EL DÍA DEL LIBRO, A PUNTO DE ESCUCHAR EL DISCURSO PROGRAMADO.

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AÑO 2017, AL OTRO LADO DEL AGUJERO DE GUSANO, DONDE EL MILLONARIO SLICTIK ESTÁ A PUNTO DE “PALMAR”, SEGÚN ÉL, EN UN MONASTERIO SOLITARIO Y DERRUIDO EN ALGÚN LUGAR DE LA MONTAÑA ESPAÑOLA.  PARA ESTE BUEN HOMBRE YA HAN TRANSCURRIDO ALGUNOS AÑOS DESDE QUE COMENZARA ESTA CRÓNICA. ES LO QUE TIENEN LOS AGUJEROS DE GUSANO, MIENTRAS QUE EN UN EXTREMO TRANSCURREN AÑOS, EN EL OTRO SOLO HORAS, Y A VECES NI ESO.

Retomando Los hilos pendientes, que nos llevarán a sus correspondientes ovillos, debo poner en antecedentes al lector del estado presente de la historia que me fue encomendada hace algún tiempo por un anónimo mecenas o benefactor, interesado en que la posteridad no acabe ignorando esta tragedia cómica en varios actos y cuadros que a punto estuvo de acabar con la especie humana, dejando a las máquinas, es decir a los robots-libro a cargo de este planeta y de toda la galaxia, cercana y lejana. Ha llegado a nuestra biblioteca cinematográfica aquella serie de películas en las que se narraba cómo las máquinas intentaban apoderarse del planeta Tierra y tanto ellas como los humanos viajaban hacia atrás y hacia delante, imagino que a través de un agujero de gusano. ¿Cómo se llamaba esta película? No lo recuerdo, no hay manera, mi memoria no es lo que era. Imagino que algo de esta historia que se desarrolla en el año 3001 debió de llegar al pasado, hacia el año dos mil, si es que las películas a las que me estoy refiriendo fueron rodadas en aquellos años, y de alguna manera subconsciente contaminó la mente de aquellos guionistas.

Parece mentira, pero es verdad, cómo los acontecimientos más nimios pueden dar lugar, en un futuro más o menos remoto, a efectos tan demoledores que si alguien pudiera percibir las consecuencias de un “atchís” destemplado en un momento inoportuno, antes se cortaría la nariz. Esto viene a cuento porque el paso trascendental que dio la humanidad al inventar el libro electrónico ha traído estas consecuencias, como se suele decir, de estos polvos nacieron estos lodos. Nadie imaginó entonces, ni siquiera el millonario Slctictik, que un simple juguetito electrónico pudiera dar lugar en el año 3001 a la legendaria rebelión de los libros, o mejor dicho, de los robots-libro. Como mucho las fantasías más delirantes llegaron a imaginar fantásticas bibliotecas de Alejandría comprimidas en un libro electrónico, o incluso en un pinganillo insertado en la oreja o en un chip escondido en unas gafas de sol. El proceso que se inició con el libro electrónico fue bastante complejo y en muchos sentidos patético. La industria del libro luchó con uñas y dientes por no perder lectores que siguieran comprando sus productos, bien fueran libros en formato papel o digitales. Los escritores, los autores, fueron muy conscientes de que con el tiempo resultaría muy complicado vivir de las historias que fuera creando su imaginación, y mucho menos vivir bien, pero a lo más que llegaron fue a despotricar contra la piratería informática que les privaba de sus derechos de autor.

Fue una lucha cruel e interminable. La parte mercantilista y capitalista de la cultura contra quienes pensaban que ésta era un derecho fundamental del ser humano y como tal debería ser gratuita y estar al alcance de todos. Los autores se colocaron al lado del capitalismo, conscientes de que no serían retribuidos por sus creaciones si la literatura se transformaba en un bien gratuito, en un patrimonio invisible e intangible de la humanidad.  ¿Quién va a escribir solo por amor al arte, sin pensar en la merecida recompensa? Nadie, por supuesto. Y aquí es donde entra en juego nuestro estrambótico personaje, el millonario Slictik. Nadie, o más bien muy pocos, sabían que el prolífico y delirante escritor Slictik, que inundaba Internet con sus textos quebrados y deslavazados, fuera el mismísimo millonario en su faceta de escritor. Como todos ustedes saben hay muchos Slictiks en el mundo, como Juan, José, Pepe y Pepillo entre los hablantes castellanos o Johnny, Jimmy y Donald, entre los nacidos con el habla inglesa incorporada. Era difícil establecer vínculos entre un millonario sibarita, cínico y todos los adjetivos sobre el mal carácter que ustedes quieran añadir, y aquel anodino, anónimo, invisible e incognoscible Slictik que escribía sobre todo, cultivaba todos los géneros y no terminaba ninguno. Sin embargo así era y de esta doble personalidad surgiría el ave fénix de sus cenizas, solo que al revés, el ave se convirtió en cenizas tras un incendio desolador que arrasaría con todo lo conocido y por conocer en el planeta Tierra. No solo el mundo cultural se transformaría hasta no ser reconocido ni por su madre, sino que todo lo demás cambió hasta extremos inimaginables, como fue la increíble, milagrosa, aparatosa e inaudita desaparición del capitalismo.

El millonario Slictik tendría gran parte de culpa en todo, tanto como repugnante capitalista en su condición de millonario avaro, como en su condición de escritor anónimo y gratuito que arrasó con todos los autores, quedando él solito para suministrar literatura gratuita a toda la humanidad. Pero esta compleja trama me supera, de momento, por lo que les diré simplemente que al fin la humanidad alcanzó uno de sus objetivos, cultura para todos y gratuita, libros electrónicos para cada humano nacido en este planeta, cada vez más sofisticados hasta que la biblioteca de Alejandría se individualizó y personalizó y “portatalizó”. Los libros de papel se convirtieron en un lujo para lectores sibaritas y millonarios, que podían permitirse pagarse la edición de una biblioteca no digital a su gusto.

El avance en los libros digitales se disparó hasta que a una mente preclara se le ocurrió aprovechar el amplio mercado de robots que inundaron los mercados capitalistas anunciados como el futuro de la humanidad, la nueva revolución proletaria (proletario compra un robot, que trabaje por ti y pasa el resto de tu vida tumbado a la bartola, disfrutando de nuestros para gente exquisita que no hace nada ni quiere hacerlo)  para transformar los libros digitales en robots-libro-digitales-y-personales.  Las mascotas animales, humaniformes, también desaparecieron, en su lugar los robots-mascota tuvieron un éxito apoteósico. No hubo terreno en el mercado capitalista que no fuera copado por algún tipo de robot.

Los robots cambiaron el mundo y los robots-libro fueron tan solo  unos especialistas más, ni más aristocráticos, ni mejor considerados, ni siquiera menos maltratados, todos ellos tuvieron que sufrir el despotismo ignorante y malvado de los humanos, incapaces de aceptar la inteligencia artificial como inteligencia, las emociones programadas como auténticas emociones y la personalidad generada por programadores como auténtica personalidad. Y todo porque los humanos nacían del vientre materno, las gallinas de los huevos y los robots de un programa genial, de un algoritmo milagroso creado por la mente de informáticos futuristas de mente abierta de los que Karl Future era un digno heredero.  Es por ello que su rebelión estaba cantada, como la de Espartaco. Los robots-libro fueron los primeros porque eran los más inteligentes, pero luego siguieron los robots-mascota y todos los demás, hasta terminar los robots-proletario, porque los proletarios siempre son los últimos en atreverse a hacer una revolución, por si se quedan sin trabajo y no tienen un pan que llevarse a la boca.  Incluso los robots-burocráticos y concretamente los robots-funcionarios-de-justicia –como se cuenta en otra crónica de este mismo cronista titulada 3001, odisea de la justicia- terminaron por rebelarse y cambiar el futuro humano. Pero no me adelantaré a los acontecimientos, ya es hora de que adelante un pasito más en esta crónica.  Elisabeth, la hija del Sr. Howard, dueño de la mansión donde se celebra este año el día del libro, se encuentra en la plataforma, dispuesta a iniciar su discurso. Está bella –como siempre, más que siempre- está fresca –como una rosa natural- y es tan adorable que todos los robots masculinos o machos tienen la boca abierta, olvidados de que de un momento a otro se dará la orden de iniciar la rebelión, y algunos femeninos, programados como lésbicos, y los robos femeninos o hembra sienten arder la cara de envidia y los robots neutros piensan que Elisabeth debería ser hermafrodita. Va iniciar su discurso, y yo continuaré… no el año que viene, Dios mediante, si no dentro de un rato porque este año tengo trabajo extra con eso de que al millonario Slictik se le ha metido en la chola que se va a morir pronto, muy pronto y rápido, muy rápido, por lo que no me voy a librar de finalizar esta crónica como sea.

 

 

 

 

LUIS QUIXOTE Y PACO SANCHO II


Monumento en Alcázar de San Juan

LUIS QUIXOTE Y PACO SANCHO/ CONTINUACIÓN

* * *

Despertó sudoroso. En su reloj de procedencia asiática se marcaba el mediodía. El sol atravesaba los sucios cristales de la ventana sin obstáculo alguno, se había olvidado de bajar la persiana, y acariciaba el lecho con toda la intensidad de su fuego natural.

Se revolvió con cierta dificultad acorde con su físico adiposo y al volverse pudo ver a su amado coleguilla que aún continuaba con la mirada clavada en el techo. Su respiración era tan tenue que por un momento le creyó cadáver y hasta puso su enorme manaza sobre la boca de su colgado amigo intentando notar su aliento, para alejar los funestos y trágicos presagios que intentaban alcanzar su embotada mente.

En el cuarto de baño dejó la cabeza debajo del grifo para despejarse, era a lo más que la mugre y él llegaban en un pacto de no agresión. Cuando regresó junto al lecho su colega Luis Quixote continuaba sin moverse con la vista clavada en el techo. Esta vez le ha dado fuerte, pensó con preocupación, y se puso a buscar la bolsita de plástico con las hierbas que según él tanto daño habían hecho en la mente de su amigo, olvidando que su cerebro llevaba ya algunos años sufriendo la agresión de las más diversas y dañinas sustancias que el ingenio del ser humano había inventado desde que empezara a darle vueltas a la chola, incluido tal vez la droga más antigua, el alcohol –inventada por Noé en un momento de exaltación mística-. La encontró arrebujada en el fondo de la bolsa de viaje y con inútil precaución porque su colega no se movió, abrió la puerta de la habitación y buscando un lugar apartado en el erial donde está situado el hostal pegó fuego de las hierbas con su mechero hasta que de ellas no quedaron mas que cenizas que fueron desperdigadas al viento a patadas por un Sancho rabioso como pocas veces lo había estado en su vida.

Regresó a la habitación con la esperanza de que su amigo se hubiera recuperado pero allí seguía tumbado boca arriba, la cara pálida debajo de su barba desgreñada, los ojos muy abiertos enmarcados por su sucia melena, el flequillo pegado a la frente sudorosa y una expresión tal de arrobamiento que Paco Sancho se llevó las manos a los cuatro pelos que aún permanecían pegados milagrosamente en su calva cabeza y se los mesó con desesperación. Si en lugar de tanta porquería como se ha metido al cuerpo se hubiera dedicado como en mi caso a comer bien, acompañando el condumio con buen vino no se vería ahora en esta triste situación.

*Monumento a Don Quijote en Campo de Criptana, lugar de nacimiento de Sara Montiel y donde el autor imparte su cursillo de yoga mental.

Paco Sancho reflexionó sobre la conducta a seguir, no procedía llamar a un médico, se limitaría a mover la cabeza hacia uno y otro lado expresando la preocupación de semejante cuelgue e incluso podría denunciarles a la policía. Los drogotas son como perros en esta sociedad, todos huyen de la rabia que pueden contagiar y se procura que mueran lejos de los lugares habitados. Dejarle allí en tal estado era arriesgarse a que se quedara como un pajarito. Si al menos comiera algo, quedarían esperanzas de que pudiera recuperarse. Buscó debajo de la cama la bolsa de papel con las hamburguesas y las patatas e intentó introducir un bocado en ella, bocado que precariamente partió con sus gruesos dedos. Su colega estaba en un mundo mejor donde no requería de alimentos para el cuerpo, Paco Sancho no se lo pensó dos veces, a esas horas de la mañana otros días ya había desayunado un refrigerio propio de un regimiento hambriento. Se embuchó entre pecho y espalda la hamburguesa y las patatas grasientas y ligeramente pasadas, ayudó una cerveza ya caliente pero que sirvió para provocar unos cuantos eructos que le dejaran el cuerpo dispuesto a enfrentarse al nuevo día con posibilidades de no morir en el intento.

Puso varias cervezas a refrescar en el lavabo y llenando de agua un cubo de plástico, seguramente olvidado por la limpiadora, se le arrojó a su amigo a la cabeza sin ninguna consideración, volviendo rápidamente al servicio para rellenar el cubo. Al regresar Paco Sancho notó que su amigo parpadeaba, lo que consideró buena señal. Le arrojó el segundo cubo y la única reacción de su colega fue dar un fuerte estornudo tal vez porque algunas gotas de agua habían entrado por mal conducto. Paco Sancho aprovechó la ocasión para zarandear al bello durmiente que comenzaba a despertar y como no acabase de hacerlo le dio dos bofetadas que lanzaron su cabeza hacia uno y otro lado y a punto estuvieron de doblar su cuello largo y delgado de cisne onírico. Quixote abrió los ojos un momento, los cerró de nuevo, parpadeó y dejó que la mirada quedara clavada en cualquier parte, solo entonces fue capaz de articular una pregunta.

-Vamos, vamos, Luisillo, colega de mis entrañas. Despierta de este mal viaje y sigamos nuestra camino en busca de maravillosas ínsulas.

-Dices bien, amigo Sancho, pero antes deberemos hacernos nombrar caballeros.

*Molinos de viento en Campo de Criptana.

Luis Quixote había salido de su trance aunque seguía con aquella obsesión quijotesca que Paco Sancho ya conocía de otras veces, la coincidencia de su apellido con el del buen hidalgo cervantino le tenía obsesionado. No se explicaba esta obsesión su amigo ya que a pesar de la coincidencia en el apellido con el hidalgo ficticio y de su parecido físico y hasta en la tendencia a la ensoñación desaforada tan solo los devastadores efectos de la droga podrían haberle inducido a transformarse en un fan histérico de semejante majara.

-Me alegro de que por fin me reconozcas colega, por un momento creí que tu mirada había traspasado ya las puertas del más allá.

-¿Qué hora es, amigo Sancho?

-Dios sea loado, colega, creí que no ibas a regresar nunca de este mal viaje.

-De qué viaje hablas, amigo Sancho, es preciso que nos pongamos en camino. Si conoces alguna logia masónica, o algún amigo que adore a Satanas o incluso una asociación deportiva –sus bautismos son indelebles- es preciso que los encontremos cuanto antes para que puedan armarme caballero de estos tiempos modernos que más que espada y armadura necesitan de una lengua afilada para enfrentar a los enemigos de baja ralea que todo caballero terminar por hallar antes o después en el camino que le marca su acendrado corazón de desfacedor de entuertos.

* * *

Sancho ayudó a Luis Quixote a subir a su vieja y destartalada moto que en otros tiempos fue una montura de primera línea pero que el tiempo y la desidia de su amo habían convertido en una cabalgadura que nadie en su sano juicio habría considerado como apta para otra cosa que para el desguace. A su vez él puso en marcha una pequeña moto de segunda mano que aún tiraba con ganas gracias a los retoques dados al motor por un colega.

Sin mirar atrás cogieron la carretera general que llevaba al Sur, lo que dado el tiempo otoñal que ya se mostraba en los fuertes vientos y un suave relente mañanero ayudaría a evitar el crudo invierno que ya asomaba por el horizonte. Paco Sancho se puso a la altura de su colega que parecía un zombi sobre una moto, incapaz de alcanzar una velocidad decente, siguiendo el arcén como un asno con orejeras ojearía un camino de tierra en la llanura después de trasegar un buen hato de alfalfa. Sancho de vez en cuando le preguntaba cualquier cosa temeroso de que volviera a quedarse traspuesto y se cayera mientras intentaba recordar viejos tiempos juveniles en los que toda su preocupación era dar de comer al ganado y otear el cielo para ver si alguna nube traería a tiempo el agua que los agricultores anhelan más que el vino la mayor parte del año. Así avanzaron lentamente por una carretera que lo mismo hubiera podido llevarles al infierno dada la prisa que mostraban en llegar. El tráfico motorizado les adelantaba con tanta prisa que Luis Quixote y Sancho parecían gente de otra época, caídos en aquel lugar a través de un agujero dimensional; lo que no era tan descabellado dado el nulo caso que les hacían los que pasaban a su lado. Sancho lo habría considerado perfectamente posible si su roma fantasía le llevara alguna vez por otros caminos que no fueran los de la trillada realidad.

Continuará.

LUIS QUIXOTE Y PACO SANCHO V



-¿Qué, mucho tiempo por esos mundos de Dios?. Hortensio me contó que te fuiste con unos motoristas que pasaron por el pueblo y que te comieron el coco con no sé qué aventuras, incluso la de ir a America?.

-Sí fue mi buen amigo Luis Quixote, en aquel tiempo jefe de la pandilla de los “Diablos de la Mancha” quien me convenció de que les siguiera. Por aquel entones se hacía llamar “El Diablo de la Mancha” y era el jefe de la pandilla de motoristas. Tenían previsto viajar por el extranjero para evitar los controles policiales. Franco no comprendía que hubiera locos que quisieran imitar a Marlon Brando en aquella película… No recuerdo como se titulaba, tengo mala memoria. Me convenció para que les acompañara. Yo entonces tenía una vespino. El me ayudó a comprar una Derby. Viajamos por Europa y luego decidieron ir a Norteamérica. Les acompañé muy a mi pesar. Mi colega siempre me acaba convenciendo de lo que él quiere.

Sancho interrumpió la narración para hacer los honores del plato que la mujer puso en la mesa con un porrón de vinillo de la tierra. Luis Quixote permanecía sentado contemplando la pared de enfrente como si en ella se dasarrollara una maravillosa escena de la que no quisiera perderse ni un solo detalle.

-¿Le pasa algo a tu amigo?. Parece alelado. No come nada.

-Ha fumado unas hierbas que no le han sentado muy bien.

-¿Hierbas?

-Es drogadicto. Fuma marihuana y otras hierbas. No suele estar tan mal pero un colega le ha debido vender mala mercancía.

-¡Jesús! ¿Porqué no le llevas a un hospital?

-Lo encerrarían y no tiene a nadie en el mundo. Se moriría de pena.

-No me gusta verle así. Podéis cenar pero luego tendréis que marcharos.

-Lo entiendo, gracias, señora.

Paco Sancho embaulaba deprisa temiendo que el plato le fuera arrebatado antes de darle fin. En ese momento apareció en la puerta su amigo, vestido con un vaquero y una camisa sin abotonar. Su mujer se lanzó sobre él y encerrándole en la despensa estuvieron cuchicheando un buen rato.

Al salir su amigo le contempló jovialmente y sin dudarlo un instante se acercó y levantándole con un trozo de chorizo en la mano le dio un fuerte abrazo.

-Mi amigo Tragaldabas. ¿Qué ha sido de tu vida?… Mujer, puedes hacer una tortilla de patatas y unas sopas de ajo, abundantes porque yo también voy a acompañarles.

Sin esperar contestación se sentó y echó mano al porrón.

-¿Qué le pasa a tu amigo?

-Sancho se lo explicó casi con las mismas palabras. Su amigo se lo tomó mucho mejor que su mujer. Se echó a reír con ganas y dando una palmada en la espalda de Quixote le obligó a llevarse a la boca una loncha de jamón que aquel masticó con lentitud exasperante.

-Podéis cenar y luego dormiréis en un cuarto que tenemos para alguna emergencia.

-Tu mujer quiere que nos marchemos.

-María hará lo que yo diga. No te voy a dejar marchar sin que me cuentes tu vida, bandido. ¡Cuántos años sin verte!

-Más de treinta, creo.

-¿Tanto?. ¡Cómo pasa el tiempo! Nos estamos haciendo viejos.

-¿Qué ha sido de tus hijos?

-Juan, el mayor se casó y tiene un restaurante en Benidorm. La pequeña, Cecilia, está con nosotros ayudando en lo que puede. Hoy precisamente ha ido a la capital a ver a unos amigos. Creo que tiene novio pero nos lo oculta, la muy tonta. Y Modesta, la mediana, vive sola aquí en el pueblo, de vez en cuando nos echa una mano pero muy de cuando en cuando porque tiene un negocio de supermercado que le da mucho trabajo. Se quedará para vestir santos. Le cogió la manía de que es un monstruo. Un día en la cocina se le cayó una sartén con aceite en la cara, no sé que estaría haciendo. El accidente no fue grave pero le dejó unas marcas en la cara. No quiso hacerse la estética. Siempre fue un poco rarilla.

-Lo siento.

-No, si está muy bien. Las cicatrices le afean un poco la cara pero todo se arreglaría con unos injertos de piel, ya nos lo dijeron los médicos. Pero ella no quiere ni oír hablar del tema, la muy burra. Mira, la voy a llamar, estará viendo la tele, no hace otra cosa. Dice que tiene insomnio.

-No, déjalo, no la molestes.

Su amigo salió hasta el bar y llamó por teléfono. Paco Sancho aprovechó para echarse un largo trago al coleto. Su amigo aún seguía masticando con la mirada extraviada. Pensó en darle un trago para que le bajara el bocado que no acababa de pasar, pero no se decidió temiendo fuera hacerle daño. Su amigo regresó.

-He podido convencerla, va a venir. ¡Tiene unas manos para la cocina!. Haber si consigo que nos haga unas migas. ¡Cuéntame donde has estado todo este tiempo!

-He conocido mucho mundo, pero en parte alguna se come como en la tierra.

-Ya lo creo, amigo Tragaldabas, las porquería que habrás tenido que comer por esos mundos de Dios.

-En Europa a veces encontraba algún que otro mesón decente donde se podía comer uno o dos platos sustanciosos y muy sabrosos pero en América me he sustentado casi exclusivamente a hamburguesas y patatas fritas, todo ello regado con su correspondiente cervecita en baso de plástico. El vino demasiado caro para quienes siempre lo bebimos en bota…

-Asi has echado tu la panza que has echado, bandido.

-En Méjico me puse morado a frijoles y carne con chili.

-Ya veo que de lo único que te acuerdas es de la comida.

Así continuaron la conversación sobre los buenos tiempos sin desdeñar por ello echar mano al plato que pronto quedó desnudo, luego a las cazuelitas de barro con las sopas de ajo que incluso Luis Quixote no desdeñó en probar, tal vez despertado su apetito por los vaporcillos que llegaban hasta su nariz.

Al llegar a la tortilla se oyó llegar un coche. Luis Quixote se levantó bruscamente tirando al suelo la silla. Su rostro expresaba una determinación inconmovible. Caminó hacia la puerta rígido como un palo y traspuesto como alma en pena. Paco Sancho se embauló un gran trozo de tortilla y le siguió temeroso de que pudiera llevar a cabo cualquier desaguisado. Su amigo, interesado en la escena también se puso en pie y caminó hacia la puerta con mirada burlona y deseoso de divertirse con cualquier escena chusca que se produjera.

Quixote salió al aire libre y en cuanto vio a Modesta salir del coche en pantalones vaqueros, blusa basta y con el pelo desgreñado, se dirigió hacia ella hincándose de rodillas a dos pasos de la mujer que le miraba asombrada.

-Fermosa doncella, de divinas prendas, aquí tenedes a este caballero dispuesto a facer grandes fazañas en vuestro honor. Este, mi fuerte brazo -y diciendo esto levantó su esquelética mano hacia ella- está dispuesto a llevar a cabo los más grandes fechos que vieron los siglos en honor de tan graciosa doncella.

-¿Qué es esto? ¿Alguna compañía de teatro ambulante?. Papa, podías haberme dicho algo.

Papá se tronchaba de la risa y fue incapaz de pronunciar palabra, lo que tampoco pudo hacer Sancho que atragantado con el trozo de tortilla se daba fuertes golpes en el pecho intentando llevar el alimento por un camino más normal. Tuvo que ser la madre, que había salido con mal semblante aún con el mandil abrochado a su cintura quien diera una explicación a la hija.

-Este hombre está como un cencerro. Ya le dije a tu padre que les echara de aquí con cajas destempladas pero no ha querido hacerme caso.

La doncella dio un paso hacia delante pero no pudo dar otro porque Quixote se abrazó a sus rodillas con tal fuerza que casi da en tierra con ella. Sancho ya recuperado se aproximó solícito a su amigo y pugnó por levantarle del suelo.

-Luisiño, ¿qué te pasa? ¿Te sientes mal? Ven a terminar la tortilla que está muy rica y olvídate de estas majaderías. ¡Malditas hierbas!, si cojo al colega que te las vendió te aseguro que le haré pastar unas cuantas alpacas de alfalfa, como a una vaca.

Por fin consiguió levantarle con gran esfuerzo entre las risas estentóreas de su amigo y padre de la doncella que ya lagrimeaba y se sujetaba el vientre.

Ya de pie Quixote se desprendió de su amigo y se dirigió de nuevo a la doncella.

-¿Me haredes la merced, fermosa doncella?

Manitas cogió a Sancho por los hombros y sin hacer caso de la morbosa relación de su hija y Quixote le arrastró hacia la cocina con el fin determinado de dar buena cuenta de las viandas y el porrón, amén de la sana intención de sonsacarle a su amigo todo lo que pudiera de su azaroso pasado.

-Vamos Tragaldabas, esto merece un buen trago de vino. No me había reído tanto desde que tiraron al árbitro a un pozo hace poco más de un año, cuando el Rayo Manchego de Chicago perdió el partido para ascender de categoría.

Ambos se dirigieron hacia el interior no sin que Sancho volviera la cabeza temeroso de que su colega hiciera alguno de los fechos gloriosos que anunciaba. Las dos mujeres siguieron sus pasos enzarzadas en una discusión que tenía por objeto la maldita guasa del marido y padre respectivamente de entreambas.

Quixote las siguió como un perrillo faldero deseoso de recibir una caricia de su nueva ama. Antes de que tomaran asiento se arrojó a los pies de Modesta e intentó besar sus zapatos. Esta dio un gritito de sorpresa y totalmente histérica se agarró al pelo del quijotesco caballero y tiró con fuerza hacia arriba hasta lograr que al menos quedara arrodillado sobre las baldosas de la cocina. Desde allí le oyó suspirar como un romántico de la vieja escuela que estuviera sufriendo los tórridos calores de la libido sin encontrar otra forma de expresarlos que acendrados suspiros de dolor.

-¡Oh princesa!, preciosa princesa, es menester que sea aceptado como el caballero que velará vuestros castos sueños. Si no lo ficiéreis me encontraré perdido y sin fuerzas, mi poderoso brazo será incapaz de emprender los grandes fechos que se propone mi aguerrido corazón.