ANTOLOGÍA POÉTICA III


FEDERICO GARCÍA LORCA

Lorca

No voy a datos sobre este maravilloso poeta del siglo XX a quien todo conoce, más o menos. Tampoco voy a extractar su biografía, que también es muy conocida. En su lugar hilvanaré mis recuerdos personales del descubrimiento de su obra.

Tendría yo unos diez años cuando descubrí su romancero gitano en una maleta de cartón en la que mi padre guardaba algunos libros. Mi padre fue minero del carbón y autodidacta. Sacó el certificado de estudios primarios cuando yo estudiaba en la escuela de un pueblecito de montaña. Era un lector compulsivo aunque poco selectivo, en su maleta pude encontrar desde el romancero gitano de Lorca a Fantomas, pasando por Carmen de Próspero Merimé o así se moría en el frente de Remarque, creo recordar entre montones de libros sin el menor interés. Gustaba especialmente de las novelitas que se compraban en el quiosco, especialmente las de Marcial Lafuente Estefanía, del Oeste, que yo odiaba porque me parecían insulsas y repetitivas.

Leí con asombro el romancero gitano de Lorca. No fue mi primer contacto con la poesía, puesto que en la escuela el maestro nos hizo conocer a Antonio Machado, Jorge Manrique y algunos más. Especialmente me detuve en el poema “la casada infiel” que se convirtió al mismo tiempo en un icono de mi paupérrima y represiva sexualidad adolescente.

Antes de leer poeta en Nueva York, según creo recordar, descubrí el poema Oda a Walt Whitman cantado por Patxi Andion. No he podido encontrar en youtube la primera versión que me gusta más porque recalca con más fuerza los versos. En esta la música ahoga un poco la letra.

Los versos que más me gustan son éstos:

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz, como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.

Ni un solo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermano Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupadas en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffleurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.

 

Anuncios

Un comentario en “ANTOLOGÍA POÉTICA III

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s